sábado, 17 de diciembre de 2016

War Dogs


Todd Phillips regresa a la palestra con una película que le viene como anillo al dedo. Tras cerrar la trilogía Resacón en Las Vegas, nadie debería poner en duda la pericia de este director cuando se trata de contar historias disparatadas sobre tíos que se meten en serios problemas por culpa de sus malas decisiones.
War Dogs va de eso, aunque quizá no sea tan graciosa como cabría esperar. Eso no es ni bueno ni malo, sólo que viendo el trailer, la sinopsis y el director esperaba una comedia pura y dura que no he encontrado, pero eso no significa que el material sea defectuoso, simplemente que mis expectativas eran otras.

War Dogs trata sobre un joven y fracasado masajista Miami que, harto de su aburrida y poco productiva vida, se embarca con un viejo amigo en un proyecto tan rentable como peligroso: el tráfico de armas. Como es evidente, los problemas no tardan en asomar las orejas.

Películas sobre el lado oscuro del sueño americano y perdedores que deciden arriesgar su existencia metiéndose en berenjenales siniestros hay muchas (Fargo, Dolor y Dinero), de modo que cuando uno ve War Dogs no puede esquivar la sensación de deja vu. La película de Phillips carece de entidad propia, porque si además de comprobar que la historia parte de una base arquetípica (el mencionado perdedor que emprende ilegalmente y la caga), en absoluto ayuda ese aroma a Scorsese tan evidente: planos congelados, voz en off, negocios ilegales, auge y caída estrepitosa… Todo eso lo hemos visto ya en Uno de los nuestros, Casino o la reciente El lobo de Wall street.
Pero no pasa nada. Da igual que War Dogs sea un collage de otras películas, porque al final resulta que es divertidísima y, aunque la originalidad no sea su fuerte, cumple con su cometido más que de sobra, es decir, entretener y presentarnos una historia que engancha y capta nuestro interés por mucho que sepamos cómo suelen acabar estas películas.

Como he dicho antes, la película puede parecer una comedia descacharrante sobre dos chavales que, viéndose hasta los topes de pasta, se sumergen en el mundo del desenfreno, las mujeres y las fiestas salvajes… Pero no, gracias a Dios no es eso. War Dogs resulta, no cruda ni adulta, tampoco nos pasemos, pero sí más seria y comedida de lo que esperaba. Hay humor y hay momentos locos, pero jamás se abusa de ellos. Puede decirse que War Dogs está en tierra de nadie: demasiado graciosa para ser un drama y demasiado seria para ser una comedia. Dicho de otra forma, la película nunca llega a ser exagerada ni caricaturesca. Dentro de la locura que se nos cuenta (basada en hechos reales, por cierto), siempre mantiene los pies en el suelo.
Todo esto aderezado con dos actores protagonistas con química y talento: Miles Teller (quien ya protagonizó la estupenda Whiplash) y el siempre gracioso, incluso cuando no lo pretende, Jonah Hill, quien parece haber nacido para este tipo de papeles.   

No, War Dogs no es brillante ni una obra maestra de las que te cambian la vida, pero sí es una película que gustosamente vería dos veces seguidas sin que se me atragantase. Decir que es divertida sería quedarse corto. 

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