sábado, 10 de septiembre de 2016

Blood Father


Blood Father supone el regreso de Mel Gibson al cine, quien últimamente se prodiga poco y casi exclusivamente en producciones de baja o nula calidad. Tampoco es que Blood Father sea una obra maestra, pero desde luego destaca por encima de los últimos trabajos de Gibson.
La historia cuenta cómo un padre ex convicto se las tiene que apañar contra una banda de narcotraficantes que pretenden ajustar cuentas con su querida y problemática hija.

La película puede recordar a Venganza, de Liam Neeson, y con razón. No es exactamente un calco, pero la premisa es similar en cuanto a planteamiento: un padre obligado a sacar la artillería con tal de defender a su hija. La mayor diferencia entre ambas cintas es que Blood Father transcurre en un escenario mucho más bello y fotogénico que Venganza, y el director lo sabe y le saca partido, de ahí que se contrarreste la sencillez del guión con una bella fotografía y unos planos que casi podrían enmarcarse y colgarse en la pared. Además de eso, tras la cámara hay un director que demuestra tener buena mano para las escenas de acción, lo cual es de agradecer. Si vas a rodar un guión simple, al menos procura que el apartado técnico brille.

El mayor aliciente de la película es ver a Mel Gibson haciendo de borracho tatuador con mala uva, pegando tiros, diciendo tacos y con perpetua cara de estar harto de todo, lo cual no es poca cosa. Lo que quiero decir es que sin Mel Gibson la película perdería enteros. Y no nos olvidemos de la presencia de William H. Macy y del siempre impecable Michael Parks, dos actores con apariciones breves, pero tan carismáticos y resultones como de costumbre.


Puestos sobre la mesa los pros y contras, tras ver Blood Father uno queda con la sensación de haber presenciado algo imperfecto y sin demasiado valor artístico (tampoco es que el trailer engañe a nadie) pero terriblemente efectivo con sus intenciones: entretener.

lunes, 5 de septiembre de 2016

The Neon Demon


El drama del director Nicolas Winding Refn fue darse a conocer al gran público con una película fabulosa, bellísima… pero que en absoluto representa el verdadero ADN del director danés. Estoy hablando de Drive, claro. Por supuesto que en ella está impresa la marca de su director (largos silencios, violencia, cuidada estética), pero pasada por un filtro que la hace accesible a un elevado porcentaje del público. El problema de todo esto reside en que, después de Drive, Refn siguió haciendo sus cosas; películas muy suyas, y a la gente se le arrugó la nariz. Ellos querían más Drive porque pensaban que este director era siempre así, y la realidad es otra. La realidad es que Drive es un pequeño oasis en la filmografía del director. Un caramelo.
Por eso, cuando se estrenó Sólo Dios Perdona le dieron palos hasta en la foto del carnet; el público masivo, el que había disfrutado con Drive, quería más de lo mismo… y Sólo Dios Perdona no es más de lo mismo: es Nicolas Winding Refn en estado puro. Volvía a ser él, y la gente que no conocía sus anteriores trabajos se llevó un decepcionante desengaño.
Ahora llega su nueva película, The Neon Demon, y auguro que con ella ocurrirá exactamente lo mismo, pues su visionado resulta aún más duro y complejo que el de Sólo Dios perdona.

The Neon Demon narra la historia de Jesse, una jovencísima chica que huye a Los Ángeles con la intención de triunfar en el mundo de la moda. Allí encontrará belleza y glamour, pero también envidia, enfermiza competitividad y gente sin alma. La mayor maldición de Jesse es ser preciosa por naturaleza, sin que ningún cirujano la haya modificado para ajustarse a los cánones. Jesse irradia una luz con la que sus compañeras sólo aspiran a soñar, y eso puede ser peligroso en un ambiente competitivo, frío y deshumanizado. 

La película, una suerte de híbrido entre Suspiria, de Darío Argento, Mulholland Drive, de David Lynch, y la literatura de Bret Easton Ellis, cimienta sus mayores armas en una estética perfectamente diseñada, donde la luz, el color y el uso de la cámara en combinación con la música cobran protagonismo absoluto. También posee una fuerte carga onírica y simbólica, de modo que verla con la idea preconcebida de estar ante un thriller de terror al uso con inicio, nudo y desenlace es un error. The Neon Demon va más allá de los convencionalismos, algo que desde luego no resulta nuevo en el cine de Winding Refn, y no busca contar una historia que vaya del punto A al C pasando por el B; en lugar de eso nos ofrece una trama no del todo lineal, difusa, donde las sensaciones acaban siendo más importantes que lo narrado. No es de extrañar, pues, que a pesar de tener un ritmo pausado y contemplativo, donde reinan los grandes silencios, las hipnóticas dos horas de película atrapen al espectador igual que a un conejo que sucumbe ante las luces del coche que se aproxima en la oscuridad.
Y como no podía ser de otra forma, bajo el glamour mostrado en The Neon Demon subyace una crítica feroz hacia ese mundo superficial e implacable, donde lo único que importa es poseer un físico impecable. El demoledor momento en que un personaje afirma que con veintiún años ya estás mayor para esos menesteres resume el espíritu de la película. De ahí que, entre las palmeras, los atardeceres y los locales de moda de Los Ángeles, surjan monstruos capaces de cualquier cosa por una dosis de belleza y juventud. 
En el reparto destaca sobre todo la protagonista, Elle Fanning. Su aspecto frágil y delicado ayuda a que nos creamos su personaje, una chica desubicada, temerosa y fuera de lugar que poco a poco irá mutando hacia una oscura dirección.

En resumen, The Neon Demon es una película impecable y no apta para todos los públicos; si lo fuese no resultaría ni la mitad de interesante de lo que es.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cazafantasmas (2016)


Tras un largo e injusto linchamiento fruto de la nostalgia más enfermiza y los prejuicios más dañinos, llega la nueva entrega de Cazafantasmas, un reboot que reinicia la famosa franquicia, esta vez en versión femenina.
Sin embargo, antes de empezar a hablar de la película me gustaría comentar brevemente todo lo sucedido antes del estreno. Lo cierto es que yo fui el primero al que esta película le dio igual en un primer momento. No la odié ni me la tomé como un insulto personal (algo que muchos extremistas no pueden decir), simplemente no me interesaba. Luego, conforme comenzaron a publicarse las primeras imágenes y trailers, empecé a considerar que era más interesante de lo que parecía al principio, y que la campaña de odio que había levantado era, a grandes rasgos, una mamarrachada; a Cazafantamas 2016 había que odiarla más por moda y tendencia que por verdadera convicción, lo cual es lamentable. Internet se llenó de opiniones clónicas y de dudoso fundamento, y en seguida salieron los carcas ultra conservadores de siempre acusando a la película de haberles violado la infancia (tíos de más de treinta años lloriqueando por eso. Pensadlo), de haber destruido un clásico (ya me diréis cómo se destruye una película que ya está hecha. Difícil sin una máquina del tiempo a mano) y de ser fruto de la falta de ideas en Hollywood (algo completamente falso. Lo que falta en Hollywood no son ideas, sino confianza en las nuevas ideas; dos cosas muy distintas). Todo un catálogo de cuñadismos que provocaron en mí el efecto contrario al pretendido: mi simpatía hacia la película subía como la espuma.
Pero, tal y como sospechaba, la película me gustó, así que todo salió bien. Aún así, aunque mi opinión no fuese tan positiva, hubiera seguido pensando que el linchamiento fue exagerado, absurdo y provocado por una borrachera de nostalgia nada sana. Mucho se ha hablado de la actitud machista de los detractores, pero yo creo que el principal problema de esa gente reside en no saber lidiar con la nostalgia que corre por sus venas, porque la nostalgia está bien y es bonita si se toma con moderación, pero en el instante en que condiciona la forma de pensar y juzgar, la cosa se enturbia. Dicho de otra forma, se puede ser fan sin actuar como un energúmeno.


¿Y qué tal la película? Simplemente en la línea de las anteriores, de las que soy muy fan, algo que no me ha impedido disfrutar de esta nueva entrega. Claro que no cuenta con la ventaja de la nostalgia (aunque nostalgia y calidad son dos elementos sin relación alguna) ni con el carisma del reparto original, pero eso no quita que sea una digna sucesora que además de homenajear con cariño a la película de Ivan Reitman, comparta su mismo espíritu. No creo que Bill Murray y compañía sean imprescindibles, ni que la película carezca de sentido sin ellos, puesto que Cazafantasmas era más que su reparto; también era el concepto en sí mismo: un grupo de amigos científicos que montan una empresa disparatada con el objetivo de hacer negocio atrapando espectros. Eso se puede hacer con y sin Bill Murray, Dan Akroyd, Harold Ramis, etc. Mientras el elenco principal tenga química y chispa se podrá hacer una película de Cazafantasmas, y el reboot posee todas esas características, por eso funciona.
Su estructura es similar a la de la película de 1984, pero ya está. De ahí a decir, como muchos han dicho, que se trata de un remake hay un trecho bastante grande.
Algunos la han acusado de tener un exceso de efectos especiales, como si la original no los tuviese a puñados… y más tendría si se lo hubiera podido permitir. Pero yo me pregunto, ¿y qué más da que haya muchos efectos especiales? ¿Qué hay de malo? ¿Acaso este tipo de cine los pide a gritos? Sí, ahora son generados por ordenador y antiguamente con marionetas y látex, ¿y? Mientras sean buenos, y los de Cazafantasmas 2016 lo son,  ¿qué importa? Algunos deben pensar que el CGI se hace metiéndole un billete de cinco dólares al ordenador, y no se paran a pensar en que detrás de un personaje o paisaje CGI hay un gran trabajo técnico y artístico.

Al final me quedo con lo que de verdad importa: dada la naturaleza de esta película, un puro blockbuster de verano sin más pretensión que la de entretener, ¿podemos decir que cumple con su parte? Por supuesto que cumple. A cada película hay que juzgarla en función de sus intenciones, y si lo que Cazafantasmas 2016 buscaba era hacer pasar un buen rato, lo ha conseguido de sobra. Y no, el reparto no tiene el mismo carisma que el original, pero reconozco a boca llena haberme reído con Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y la genial Kate Mackinnon. Da igual que no sean Bill Murray y compañía porque lo hacen suficientemente bien como para brillar con luz propia. Ya sabemos que en estos casos las comparaciones son inevitables, pero no lo hagamos más de lo necesario.

Eso sí, como no todo es de color de rosa he de admitir que esta no es la película que los fans queríamos, o al menos no era la que yo quería. Han sido muchos años de idas y venidas con la posibilidad en el aire de una tercera entrega, y que al final esto haya resultado ser un reboot en lugar de Cazafantasmas 3 es algo decepcionante. Además, se podría haber contentando incluso a los detractores más conservadores si en lugar de hacer borrón y cuenta nueva, la película contase cómo los cazafantasmas originales pasan el testigo a una generación más joven para que siga desempeñando las mismas labores. Creo que de esa forma, todos hubiésemos ganado: los talibanes se habrían calmado (algunos), y los demás nos habríamos ahorrado escucharlos.

En cualquier caso, y aunque el punto de partida no sea el más adecuado, la película cumple con su función de blockbuster  y es un regalo para los fans… de mente abierta y estable. 

martes, 30 de agosto de 2016

La broma asesina


La película nos cuenta cómo el peligroso criminal conocido como Joker secuestra al comisario Gordon con la intención de demostrar su teoría: cualquier persona puede convertirse en un desquiciado mental tras un día lo suficientemente malo, replanteando de esta forma la psicología del propio Batman. ¿Son Batman y Joker dos personajes peligrosamente similares? Desde luego que sí.

Una de las grandes paradojas de La broma asesina es que, adaptando viñeta a viñeta el maravilloso y reflexivo cómic de Alan Moore, no consiga estar a la altura. ¿Cómo es eso posible?
Para empezar, la película comienza con un prólogo de media hora, escrito por Brian Azzarello, que profundiza en la relación entre Batman y Batgirl, lo cual habría resultado una jugada inteligente y acertada para conseguir que el espectador sintiera mayor empatía una vez llegado cierto momento fatídico de la historia, de no ser por lo mal llevado que está todo lo demás. Hacer que la relación de esos dos personajes sea más profunda de cara al oscuro porvenir está bien, pero ese contraste, ese cambio de tono y estilo entre el prólogo y lo que viene después, la verdadera adaptación del cómic, es lo que hace que todo se derrumbe. Es como si media película estuviese dirigida por Michael Bay y la otra mitad por David Fincher, siendo demasiado gruesa la línea que separa a una de otra. Y si a eso le sumamos que la historia que narra dicho prólogo no es nada del otro mundo, apaga y vámonos.

Dejando a un lado este segmento exclusivo de la película, la parte que adapta el cómic de Moore es completamente fiel al material original, como también lo fueron las películas animadas de Batman: año uno o El regreso del caballero oscuro, pero hay algo que no me cuadra. Algo que nunca me ha cuadrado, en realidad, y que en este caso termina por desquiciarme un poco. ¿Dónde radica el sentido de adaptar un cómic tal cual a formato animado? Entiendo que estas películas susciten interés en quienes no hayan leído el tebeo, pero, ¿qué nos aportan a los sí lo hemos hecho? Una traslación viñeta a viñeta, en la que lo único que se hace es añadir sonido y movimiento al cómic es, bajo mi punto de vista, algo carente de interés. Una mera curiosidad y poco más.

Pero no seamos apocalípticos. Existen casos, como la adaptación de El regreso del caballero oscuro, donde un buen dibujo, una buena calidad de animación y una banda sonora impresionante hacen que el visionado merezca la pena (aunque hayas leído el cómic y la película apenas tenga oportunidad de sorprenderte), mientras que La broma asesina, donde no hay nada que destaque, sino todo lo contrario (la animación no hace justicia, y el dibujo del cómic es mejor. Es decir, no están dando lo mismo… ¡pero peor!), es una propuesta pobre y sosa que en absoluto está a la altura del cómic. Si vas a ceñirte al material original con tanto ahínco que no te quede margen de maniobra para la innovación, al menos asegúrate de que el aspecto técnico sea impecable. De lo contrario, mejor quédate quieto.

Esto demuestra una vez más que ni una mala adaptación es sinónimo de mala película, ni una buena adaptación implica que la película también lo sea. 

martes, 23 de agosto de 2016

Hardcore Henry



Hardcore Henry es una absurda epopeya de acción y ciencia ficción chusca de la que poco podríamos rascar si no fuese por lo macarra y bruta que resulta, y también, cómo no, por la forma en que está rodada. Ahí radica su mayor baza.
Juraría que estamos ante la primera película de acción rodada íntegramente en primera persona, y si existe otra no tengo constancia. El guión es una tontería, no voy a andarme por las ramas, y eso sería criticable de no ser porque ni la propia película se toma en serio a sí misma, y lo último que pretende es contar una historia compleja llena de personajes profundos y cosas similares; sabe que es un disparate, lo asume y juega con esas cartas hasta las últimas consecuencias. Lo que Hardcore Henry pone sobre la mesa es hora y media de acción y cachondeo sin tregua contada desde los mismísimos ojos de su protagonista, colar un disparate cada cinco minutos y pringar todo el metraje de sangre, tripas y desmembramientos (atención a los magníficos créditos iniciales). Eso y toneladas de plomo, explosiones y cuchilladas, claro.

La característica más arriesgada de Hardcore Henry, y su razón de ser, es la forma en que ha sido rodada. Hay que tener las ideas claras para realizar una película tan histérica y frenética en primera persona, con el obvio peligro de acabar resultando confusa, mareante e indigesta. Es muy fácil patinar, y sólo por eso sus artífices tienen todo mi respeto.
Pero la realidad es que la película marea mucho menos de lo que podría parecer en un primer momento, siendo sus burras y disparatadas escenas de acción más claras y bien coreografiadas de lo que cabría esperar. Hay errores de montaje, algo inevitable si tenemos en cuenta cómo ha sido realizada, pero son minucias.
¿El guión? Bueno, digamos que es una mera excusa para conectar una secuencia de acción con otra. No hay más, la verdad. Al mismo nivel que una porno.

Y dicho esto, creo que ha quedado claro que Hardcore Henry es una película mala pero muy divertida. ¿A quién no le apetece eso de vez en cuando?
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