lunes, 11 de diciembre de 2017

Leatherface


Leatherface es una de esas películas que sólo capta el interés de cuatro gatos, entre los que me incluyo orgulloso. En mi caso, esto se debe a que soy un fan incondicional de esta saga, siendo La Matanza de Texas una de mis películas de terror favoritas por motivos que podría enumerar ahora mismo… pero no es el caso.
Además, la película está dirigida por Alexandre Bustillo y Julien Maury, quienes perpetraron hace años la genial Al Interior.
¿Qué podía salir mal con semejante combinación? Pues era difícil, pero resulta que TODO ha salido mal.
Leatherface disponía de los ingredientes para ser una gran película llena de brutalidad y suciedad. Además tenía la oportunidad de dar un origen digno a uno de los personajes más legendarios del cine de terror. Pero no ocurre nada de eso. Nada.
En fin, entiendo eso que dicen muchos sobre que lo desconocido produce más miedo, y que cuanto menos se sepa sobre un personaje, más inquietante resultará. Estoy de acuerdo, aunque también soy una persona curiosa, por lo que siempre acabo preguntándome (y deseando una respuesta) por qué gente como Hannibal Lecter, el Joker o el propio Leatherface son como son. Y reconozco que al conocer los orígenes se corre el riesgo de desmitificar, pero en fin, si la película en cuestión no nos convence, siempre tenemos la opción de ignorarla… como yo he hecho con la aquí presente.

La película empieza bien, con una secuencia que resulta ser un guiño a los fans de la original, pero ahí acaba todo. Luego entramos en una dinámica de chalados adolescentes que van por ahí haciendo tropelías bastante descafeinadas y sosas (se incluye una escena necrófila, pero está tan forzada y metida con calzador, que no impacta ni lo más mínimo); una mezcolanza ridícula entre, no sé, ¿Los Goonies y Los Renegados del Diablo? En fin, qué más da.
Para colmo, la peliculilla nos toma el pelo en relación a un personaje de forma bastante tonta e innecesaria, pues no aporta nada al conjunto. No voy a entrar en detalles para no spoilear, aunque me dan ganas porque es una tontada muy grande que no venía al caso.
Y para rematar la función, la explicación que se nos da sobre los motivos por los que Leatherface cubre su rostro con una máscara (de piel humana), es de lo más convencional, tonta y predecible.
Otro puntito en contra es que la película está ambientada en Texas pero rodada en Bulgaria… Y SE NOTA. La ambientación tejana es, como quien dice, un personaje más de esta saga,  y aquí se lo han cepillado porque Bulgaria no cuela como Texas.
Las interpretaciones no destacan, la historia carece de interés, está dirigida sin fuerza y los momentos supuestamente brutales y sangrientos resultan insípidos y tópicos. La Matanza de Texas original, con su mínimo derramamiento de sangre, era infinitamente más repugnante, sucia, terrorífica y perturbadora que este bodrio, ¿y por qué? Porque te la creías.
Ni siquiera Stephen Dorff, cuyo personaje es un caramelito (anda que no dan juego los policías corruptos y/o perturbados), pasa por aquí sin pena ni gloria. Pero la culpa no es suya, sino del guión, que desaprovecha todo lo que hay en la historia.

Leatherface es, en resumen, sosa, cobarde, carente de ambición e indigna de formar parte de esta saga, por lo que para mí no existe.

Decepción mayúscula. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok


Thor: Ragnarok ha levantado mucha polémica, y no es para menos.
Tras Thor y su secuela, Thor: El mundo oscuro, pocos preveían que la saga tomaría estos derroteros tan poco ortodoxos. Me refiero a que la saga, de repente, ha cambiado de género. Si las dos primeras entregas eran (más o menos) un par de películas de acción con tintes épicos, algo de humor y un par de gotas shakesperianas, Thor: Ragnarok es cien por cien puro cachondeo. Las dos primeras no funcionaron por culpa de su extrema sosería y falta de cariño en su concepción, de modo que Marvel ha decidido irse al extremo contrario y convertir esta tercera entrega en algo más cercano a Guardianes de la Galaxia que a Thor. Esto es como si ves primero Alien, luego Aliens: El Regreso… y de repente la tercera es un drama musical (estoy exagerando, pero…)
Esto que comento ha molestado y desubicado a muchos, que no entienden cómo una película que trata un tema “serio” como el Ragnarok (el Apocalipsis nórdico) puede tomárselo todo a pitorreo.
En mi caso, estoy encantado. De hecho, esta era la primera vez que tenía verdaderas ganas de ver una película de Thor en solitario, y es que un trailer a ritmo de Led Zeppelin se gana el interés de cualquier ser humano con sangre en las venas. Lo mejor es que Led Zeppelin también suena en la película, ¡dos veces! En fin, como para no gustarme.

Para más hype, la película está dirigida por Taika Waititi, en cuyo currículum figuran las estupendas Lo que hacemos en las sombras y Hunt for the wilderpeople. Vamos, un director de comedia que ha hecho con Thor: Ragnarok lo que mejor sabe hacer: comedia. Y no sólo eso, sino que el tío ha pasado de todo y se ha sacado de la manga una nueva estética, de modo que donde antes había oscuridad y tonos azulados, ahora hay colores chillones. Si Thor 1 y 2 eran un callejón oscuro un lunes por la noche, Thor: Ragnarok es la cabalgata del orgullo gay. De nuevo estoy exagerando, aunque no tanto como creéis…  
Lo mejor de todo es que no se limita a la comedia; también cuenta con grandes escenas de acción, una banda sonora potentísima y retro, muchísimo ritmo (dos horas y pico que se pasan en un suspiro), unos personajes protagonistas carismáticos y bien interpretados (Cate Blanchett está enorme)… y Hulk. También tenemos a Hulk.

Muchos la acusan de ser una mala adaptación y tal y tal, pero creo que se equivocan, puesto que Marvel Studios no está adaptando sus cómics, sino reinterpretándolos para la gran pantalla. Este universo cinematográfico no es una adaptación de nada, sino, como bien indica su nombre, un universo… Uno de los varios universos alternativos que hay en Marvel. No entiendo por qué cuando un personaje es reinventado en el cómic (cosa que ocurre muy a menudo), nadie se queja, y sin embargo cuando eso mismo ocurre en una película, los puritanos sacan las hachas. Es pura contradicción.
Este Thor no es ni mejor ni peor adaptación; es, simplemente, el Thor del UCM. Podrá gustar más o menos, pero juzgarlo según lo bien adaptado que esté, es un error.

Y al contrario que otros espectadores, no tengo nada en contra del humor y la estética colorida, incluso hortera, en este tipo de cine. Con tanta oscuridad, seriedad y drama, se nos ha olvidado lo que realmente son los cómics de superhéroes: color, desenfado, locura y fantasía. En ese sentido, Nolan (y mira que me gusta su Batman) ha hecho mucho daño. Parece que las películas de superhéroes actuales están acomplejadas, de ahí tanta solemnidad, caras largas, bajona y paletas de colores invadidas por marrones y grises.

Para mi gusto, Thor: Ragnarok es una película de superhéroes con todas las de la ley, sin complejos y ridículamente divertida.

lunes, 30 de octubre de 2017

IT (2017)


Malos augurios
Todo apuntaba a desastre, y es que el último director asociado a este proyecto, Cary Fukunaga, eran palabras mayores, y sin embargo abandonó el proyecto por diferencias creativas. En su lugar colocaron a Andy Muschietti, director de la pésima Mamá. El bajón fue muy grande, y de repente parecía que la novela se quedaría sin una buena película. Y digo película porque la versión de los noventa no cuenta, ya que se trataba de una miniserie (bastante sobrevalorada, por cierto). Por lo tanto, no es justo referirse a IT como un remake.
Pese a todo, yo tenía cierta esperanza. Aunque el director elegido no fuese gran cosa, lo importante era que el material de base, la novela, era sobresaliente. A poco que lo respetasen, saldría algo digno. 


Una adaptación difícil
Adaptar la novela de Stephen King no era un trabajo fácil debido a su naturaleza adulta y truculenta y a su gran extensión (más de mil páginas), pero Warner ha sabido sortear ambos obstáculos. Para empezar, IT obtuvo la calificación R (vamos, que no se anda con tonterías a la hora de ponerse perturbadora), y además se tomó la acertada decisión de estrenarla en dos partes para así abarcar la novela como es debido. En total, es de suponer que ambas entregas sumarán más de cuatro horas de película.

El nuevo payaso Pennywise
Como todo en la vida, el nuevo diseño gustó a unos… y a otros no. Yo estaba en el primer grupo, pero aunque estéticamente me pareciese acertado, una cosa era eso y otra muy distinta verlo en acción y averiguar qué tal la interpretación de Bill Skargard, actor que hasta ese momento no me decía absolutamente nada. Ni me sonaba.
El precedente era Tim Curry, quien interpretó a Pennywise en la famosa mini serie. Vamos a ver, yo sé que el trabajo que hizo Curry está en un altar y que su payaso forma parte de la mitología del cine de terror… pero a mí no me parece para tanto. Creo que el nuevo es superior en todos los sentidos, tanto en diseño como en interpretación. No me da miedo porque no tengo fobia a los payasos, pero aún así lo considero mucho aterrador que el original.

El club de los perdedores
Aunque no suele pasar, la película está protagonizada por un grupo de chavales que no resultan repelentes y odiosos; al revés, tienen carisma, gracia y para nada son cargantes. Yo soy de los que quieren que el monstruo se coma a los niños y se ponen a favor del villano, pero estos chavales me han caído bien. He llegado a sufrir con ellos, a querer que todo salga bien y que le dieran una paliza a Pennywise. 
Al igual que en la novela, cada protagonista tiene sus propios problemas personales en casa, bien sea una madre sobreprotectora, la pérdida de un familiar, un padre que abusa sexualmente de su hija o un caso de bullyng bastante feo y peligroso. A la ecuación, por tanto, hay que añadir otro problemilla: un payaso asesino devorador de niños.
Pero de eso se trata, y de eso va la novela: superar los miedos y traumas. Y es que si nos paramos a pensarlo, puede que el menor de los problemas del Club de los Perdedores sea el payaso. Esto es tan así, que si en la película no hubiese ningún monstruo, seguiría siendo un drama terrorífico. ¿Por qué? Porque el ser humano es el peor de los engendros. No hacen falta payasos con colmillos.

Como adaptación
Adaptar la novela con absoluta fidelidad habría requerido casi tres películas: una para la etapa infantil de los protagonistas, otra para la etapa adulta y una tercera para los interludios. Esto significa que la película no adapta la obra literaria con total fidelidad, pero sí que sabe quedarse con lo necesario: la esencia, el alma, el tono, la textura. Y aunque haya cambios, la historia central que da forma a la película es la misma. Con algunas modificaciones y algunas partes suprimidas, pero nada que resulte imprescindible.
Como ya digo, el tono es lo más importante, y la película lo ha sabido reflejar.
Uno de los mayores y más evidentes cambios respecto a la novela es la época durante la cual transcurre la historia. En la novela, la infancia de los protagonistas transcurría en los cincuenta, y su adultez a principios de los noventa. En la película cambiamos los cincuenta por los ochenta y los noventa por nuestra actualidad. Me gusta muchísimo la estética de los cincuenta norteamericanos, de modo que la he echado en falta, pero han sabido aprovechar los ochenta para convertir IT es una especie de versión macabra de Los Goonies y darle ese toque nostálgico que tan bien funciona hoy en día (véase Stranger Things, serie que bebe muchísimo de IT y Stephen King).
Como es lógico, el cambio de contexto histórico repercute en varios puntos que han debido eliminarse, como el hecho de que Pennywise no se convierta en monstruos clásicos de la Universal, como el hombre lobo o la momia, por ejemplo.
Pero estos cambios resultan insignificantes porque lo más importante, lo que contribuye a que la novela sea una obra maestra, está en la película: los personajes (y aquí no me refiero a Pennywise) están bien construidos y son importantes y creíbles.

Por ponerle una pega, diré que, como siempre ocurre con el cine de terror comercial, se abusa de los sustos fáciles y los sobresaltos, pero en conjunto tiene muchas más virtudes que defectos.
IT es una película hecha con cariño y respeto hacia el género y la novela de Stephen King, por eso han acertado de lleno. 

lunes, 23 de octubre de 2017

Blade Runner 2049


No voy a entrar en la cantinela de siempre sobre si la primera película es insuperable y tal y tal. Ya sabemos que Blade Runner, adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, no sólo es buena, sino una obra maestra que repercutió en todo el cine de ciencia ficción que vino después, pero de ahí a dar por sentado que no se puede hacer una secuela digna que se le acerque o la iguale, pues no, no estoy de acuerdo. Lo digo porque cada vez que se “toca” un clásico infinito, no faltan los ataques de histeria por parte de los cinéfilos más conservadores o directamente carcas, que se echan las manos a la cabeza antes de ver la película (antes de que se haya rodado, a decir verdad). Huyo de esa mentalidad.
Y dicho esto, no sé cómo alguien podía dudar de esta secuela. Primero porque la dirige uno de los directores más potentes de la actualidad, Denis Villeneuve; y segundo porque la protagoniza, además de Harrison Ford y Ana de Armas (que está genial), Ryan Gosling, alguien perfecto para el papel de agente frío, calculador y callado. Podría decirse que repite la metodología que usó en la estupenda Drive.
Y añadiría una tercera razón por la que saber que Blade Runner 2049 iba a ser buena estaba cantado: repite Hampton Fancher, guionista de la original.

Blade Runner 2049 dura cerca de tres horas, pero son tres horas de espectáculo visual y argumental que no aburren en ningún momento. Es lenta, claro que sí, como debe ser, como lo era la primera Blade Runner, pero tanto en la forma como en el fondo resulta hipnótica, apabullante, bellísima, elegante. Cada imagen y cada diálogo rezuman buen gusto y estilo.
Pero aunque Blade Runner 2049 sea una película de estética impresionante, no se limita a mostrar escenarios que quitan el hipo, sino que se asegura de contar una buena historia sobre dilemas, filosofía y la sombra de la naturaleza humana. Todo lo que debe contener la ciencia ficción de calidad y con sustancia, en definitiva.
La película recurre al fanservice lo justo y necesario, optando por contar algo diferente a lo visto en la original. Blade Runner 2049 complementa a su predecesora pero, al mismo tiempo, se asegura de poseer entidad propia y hablar de temas diferentes. No es un refrito, para que nos entendamos. 

Por suerte para los que no queríamos un simple blockbuster de acción complaciente con las aburridas y facilonas preferencias del espectador medio, quien se pierde y aburre en cuanto una película supera los convencionalismos narrativos y argumentales a los que está acostumbrado, Blade Runner 2049 no busca ser amiga de ese tipo de público. Sus escenas de acción son tan impactantes como escasas, y el sonido de los disparos y puñetazos se clava en los tímpanos. Pero la historia prevalece por encima del efectismo, y eso que la película va hasta arriba de efectos especiales y planos que pretenden causar impacto. Es un film que aburrirá al espectador casual, y eso, en este caso, es bueno.
Dicho de otra forma, resulta sorprendente que una película tan cara no esté interesada en llegar al público masivo, sino a su público.

Dejando a un lado la nostalgia, el postureo y el conservadurismo atroz, yo voy a decir AHORA, en 2017, no dentro de treinta años, cuando todo dios se ponga de acuerdo en alabarla (como pasó con la primera; ahora es muy fácil dárselas de erudito y ponerle la etiqueta de obra maestra… ¡pero en 1982 no hubo huevos!), que Blade Runner 2049 es una maravilla cinematográfica de principio a fin. No me importa afirmar que está a la altura de la original. Y dicho esto, ¿qué más puedo decir? 

miércoles, 4 de octubre de 2017

La movida catalana

No os toméis esto como una opinión sesuda sobre política, ni sobre el conflicto independentista ni nada, ya que son temas que no controlo. Esto es una simple conclusión personal (cargadita de asco) que he sacado a fuerza de leer opiniones en Facebook y escuchar otras tantas en el trabajo, en la calle, etcétera. 
Puede que esté diciendo chorradas, pero esto es lo que yo he visto o creo haber visto. 

Allá voy.

Muchos de los que están dando la brasa con la bandera española, la unidad nacional y el satanismo catalán, son los mismos que cuando se destapa un nuevo caso de corrupción, se llevan a cabo recortes o tipos como Urdangarín no pisan la cárcel, SE CALLAN COMO PERRAS y no ponen nada en su Facebook ni en ningún sitio. Les da igual. 

Gente que lleva meses sin actualizar su muro, están desde el viernes pasado publicando diariamente ochenta movidas anti independencia, noticias falsas, fotos sacadas de contexto, "yo soy español", "a la cárcel los de las urnas", "mandad al ejército", "pobres policías", "respetad la democracia y la constitución, hijueputas", etcétera. 

Esos mismos son los que luego se autodenominan DE CENTRO... Pues me vais a perdonar, pero y una polla son de centro. La gente que dice ser de centro es de derechas, sólo que no se atreven a reconocerlo, por lo tanto son todavía más indignos. 

Los que asoman las orejas y enseñan los dientes para atacar a Cataluña, pero luego se mantienen en silencio con el terrorismo social del PP y sus chanchullos, son unos verdaderos fachas, cómplices de la asquerosa situación de España y, seguramente, franquistas. Por este tipo de cosas, y citando a Pepe Rubianes, la unidad nacional me suda la polla por delante y por detrás. Y es que España, por mucho que le pique a algunos, no es un país del que sentirse orgulloso... Al menos no ahora. En el futuro no lo sé. 

Y desde luego, la banderita no me representa, ni el presidente subnormal que tenemos, ni el gobierno corrupto ni, obviamente, el rey (figura antidemocrática donde las haya).  

Lo bueno de todo esto es que muchos han aprovechado el revuelo para quitarse la máscara y mostrarse como de verdad son... De hecho, he de admitir que más de un conocido mío al que consideraba, no de derechas ni de izquierdas, pero sí moderado en ambas direcciones, me ha decepcionado muchísimo al revelarse como un verdadero derechoso rancio y un cuñao de manual. 

Es bueno tener a esta gente localizada y saber de qué palo van. 
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