martes, 6 de diciembre de 2016

Nuevo cortometraje... Doctor Zacarías.

Mi única forma de venderos el corto es recopilando en el trailer un montón de tacos fuera de contexto y coñas obscenas... Ah, y una explosión. 




viernes, 2 de diciembre de 2016

Army of One


Army of One, basada en hechos reales, cuenta la historia Guy Faulkner, un norteamericano chiflado que tomó la decisión de viajar a Pakistán, armado con una katana, con la intención de cazar con sus propias manos a Bin Laden, y todo esto por mandato divino.
Por supuesto que la película adereza los hechos reales con ficción y cachondeo, pero la base es verídica (podéis comprobarlo en youtube), y si existe en nuestro sistema solar un actor capacitado para protagonizar algo de este calibre, ese es el gran Nicolas Cage.

Si eres director de cine y te encuentras con este proyecto entre manos, lo más inteligente es dejar que Cage haga lo que le dé la gana frente a la cámara. Dejarle llevar las riendas de su papel, porque el puñetero es especialista en personajes histriónicos, excesivos y excéntricos, tal y como es él en la vida real. Personaje loco, historia loca… ¿A quién llamamos? A Nicolas Cage.
Ya hacía tiempo que Cage no protagonizaba una película que de verdad mereciese la pena ser vista, y aunque Army of One no es ninguna obra maestra debido a sus nulas pretensiones, resulta una comedia divertida y con algo de trasfondo. Una película correcta, en definitiva.

El personaje de Guy Faulkner, pese a su absoluta demencia e irresponsabilidad, acaba siendo entrañable y más o menos encantador, y eso que en ocasiones dan ganas de meter la mano en la pantalla y darle una bofetada. Es un tipo que habla con Dios, que pasa de la oportunidad de ser feliz junto a su pareja e ignora su tratamiento de diálisis para marcharse a Pakistán con una katana y allí ir, no tras un sueño, pero sí tras un deber, una obligación que le ha llegado por vías de dudosa validez. Puede que el mensaje más claro y evidente que puede sacarse de Army of One es que las obsesiones, el ir por ahí persiguiendo molinos de viento, puede llevarnos a tirar muchas cosas por la borda. De hecho, la película nos presenta a Faulkner como un personaje que, si dejara a un lado sus obsesiones y fantasías, podría ser feliz junto a la mujer que ama, pero en lugar de eso prefiere viajar al culo del mundo y acumular fracasos persiguiendo un objetivo absurdo e irreal. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

jueves, 3 de noviembre de 2016

Desierto


Jonás Cuarón, hijo del conocido cineasta Alfonso Cuarón, es el director de Desierto, una curiosa película rodeada por una envoltura de cine de autor, cine de denuncia social, que en realidad es (además de eso) un survival lleno de tiros y muertos. El contraste.
Sí, cuando me dispuse a ver Desierto imaginaba un drama social sobre el tema de la inmigración mejicana, las fronteras estadounidenses, las aduanas y esas movidas que tanto juego dan para cascarse un drama con todas las de la ley, y os mentiría si dijera que Desierto no es, al menos en parte, eso… Pero añadiendo a la ecuación un psicópata dedicado en cuerpo y alma a cazar inmigrantes con su rifle de largo alcance.

La película nos cuenta cómo un grupo de inmigrantes mejicanos, cuyo objetivo es cruzar la frontera para llegar a los EEUU, acaban tirados en mitad del desierto cuando el camión que los transporta sufre una avería. Como si estar abandonados en un lugar hostil y con el agua justa no fuera suficiente, un perturbado mental (posible metáfora de Donald Trump), interpretado por el siempre sobresaliente Jeffrey Dean Morgan, se empeña en cazarlos uno a uno con la ayuda de un rifle y su fiel perro de presa. A partir de aquí, estos mejicanos liderados por Moisés (estupendo Gael García Bernal, como de costumbre) tendrán que hacer lo posible por sobrevivir y evitar ponerse a tiro del letal cazador.


Como ya he mencionado, la estética de la película, incluso parte de su premisa, contrasta con lo que de verdad acaba siendo el conjunto: una historia de supervivencia llena de tensión y horror. No es nada nuevo, puesto que esta historia del gato y el ratón nos la han contado ya mil veces, pero el resultado final es un título bien resuelto y con un ritmo que no decae jamás. Esto último se beneficia del escaso metraje, que no llega a los noventa minutos, y eso es bueno. Del mismo modo que durando lo que dura aprovecha los escasos recursos que ofrece la historia (transcurre en mitad del desierto, y ahí no hay mucho que rascar), consiguiendo salir del paso de una forma sobradamente digna y hábil, no quiero pensar cómo habría terminado esto si les hubiese dado por alargar la película hasta las habituales dos horas. Desierto dura lo que debe durar una película de este tipo, es decir, menos de hora y media. Salirse de ese esquema suele desembocar en el fracaso, y es que hay películas que por su premisa no deberían extenderse más allá de lo puramente necesario. Quince minutos de más pueden arruinar una película que hasta ese momento iba de perlas.


Desierto tiene sus fallos, por supuesto, y también cagadas que no pueden considerarse errores pero que algo dentro de ti grita que eso sobra, que eso no está bien. Por ejemplo, la obviedad de llamar al protagonista Moisés me parece un guiño bíblico descarado y poco sutil.
También hay que mencionar los bruscos cambios en las habilidades del villano con su rifle. Dicho de otra forma: su puntería se altera según le convenga al guionista. Lo mismo se cepilla a cinco blancos en movimiento, que falla un disparo que incluso yo sería capaz de acertar.
Los problemas de Desierto restan calidad pero ni mucho menos la estropean. No es una película de las que cambian la vida o revolucionan el cine, pero dentro de su trillada premisa hace todo lo posible por resultar original, y relativamente lo consigue.

La cuestión, lo que a mí me importa de verdad, es que me hizo pasar un buen rato sin mirar el reloj ni una sola vez. 

sábado, 22 de octubre de 2016

No Respires


Con el notable remake de Evil Dead, Fede Álvarez demostró ser un director con entidad propia y un gusto por la estética que siempre es bienvenido. Su debut fue sorprendente y estimulante, un regalo para los fans de la película original (incluso se preocupó de que los efectos prácticos tuviesen más peso que los digitales), y ahora regresa con No Respires, una película muy diferente que, sin embargo, sigue dejando ver que su director es alguien a tener en cuenta.

No Respires es la historia de un grupo de ladrones que decide llevar a cabo un trabajo tan fácil como despreciable: robar en la casa de un ciego. Pero las cosas se torcerán cuando descubran que su “víctima” es una implacable máquina de matar que no necesita ojos para despacharte.

De modo que estamos ante una película de robos llena de suspense y tensión en lugar del festival de tripas y sangre que Álvarez nos ofreció en su ópera prima, y eso es bueno; no porque no me guste una buena ración de gore, sino porque los directores que en cada película hacen algo nuevo, huyendo del encasillamiento, me parecen los más interesantes.
No sabría decir si No Respires es una película de terror, un thriller de suspense… o todo a la vez, puesto que la mezcla de géneros está ahí, es un hecho, y ambos en proporciones más o menos similares. Es una película que habría gustado a Hitchcock, pero también al Tobe Hopper de La Matanza de Texas.

Por un lado, la película empieza fuerte, sin rodeos, al grano, y así se mantiene hasta el último minuto. La sucesión de momentos cargados de tensión o terror es constante, llegando a su punto álgido en la recta final, cuando un par de giros de guión nos dejan chafados y con las perspectivas renovadas. Porque No Respires juega con la empatía del espectador: logra que uno esté de parte de los ladrones (sobre todo de ella, por su precaria situación), pero también de la víctima, que a fin de cuentas sólo es un ciego (enorme Stephen Lang) tratando de defender su casa, ¿y qué hay más rastrero que robar a un ciego? Entonces, sin que lo veamos venir, la película vuelve a hacernos cambiar de opinión respecto a nuestras simpatías.

Más allá del gran trabajo de dirección y sonido (muy importante este último elemento) del que hace gala No Respires, hay que reconocerle, por encima de todo, un guión logradísimo en el que prima el uso de la atmósfera agobiante y el suspense para inquietar al espectador, en vez de los típicos sustos baratos con subida de volumen tan socorridos en el actual cine de terror comercial, y no es que no los haya aquí, pero son una minoría que ni merece mención. Ves la película y no sientes que vaya destinada a un público idiota.

En resumen, buen cine de terror/suspense, del que cada fin de semana echo de menos en las grandes salas.

Fede Álvarez sigue mereciendo toda nuestra atención. 
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