lunes, 30 de octubre de 2017

IT (2017)


Malos augurios
Todo apuntaba a desastre, y es que el último director asociado a este proyecto, Cary Fukunaga, eran palabras mayores, y sin embargo abandonó el proyecto por diferencias creativas. En su lugar colocaron a Andy Muschietti, director de la pésima Mamá. El bajón fue muy grande, y de repente parecía que la novela se quedaría sin una buena película. Y digo película porque la versión de los noventa no cuenta, ya que se trataba de una miniserie (bastante sobrevalorada, por cierto). Por lo tanto, no es justo referirse a IT como un remake.
Pese a todo, yo tenía cierta esperanza. Aunque el director elegido no fuese gran cosa, lo importante era que el material de base, la novela, era sobresaliente. A poco que lo respetasen, saldría algo digno. 


Una adaptación difícil
Adaptar la novela de Stephen King no era un trabajo fácil debido a su naturaleza adulta y truculenta y a su gran extensión (más de mil páginas), pero Warner ha sabido sortear ambos obstáculos. Para empezar, IT obtuvo la calificación R (vamos, que no se anda con tonterías a la hora de ponerse perturbadora), y además se tomó la acertada decisión de estrenarla en dos partes para así abarcar la novela como es debido. En total, es de suponer que ambas entregas sumarán más de cuatro horas de película.

El nuevo payaso Pennywise
Como todo en la vida, el nuevo diseño gustó a unos… y a otros no. Yo estaba en el primer grupo, pero aunque estéticamente me pareciese acertado, una cosa era eso y otra muy distinta verlo en acción y averiguar qué tal la interpretación de Bill Skargard, actor que hasta ese momento no me decía absolutamente nada. Ni me sonaba.
El precedente era Tim Curry, quien interpretó a Pennywise en la famosa mini serie. Vamos a ver, yo sé que el trabajo que hizo Curry está en un altar y que su payaso forma parte de la mitología del cine de terror… pero a mí no me parece para tanto. Creo que el nuevo es superior en todos los sentidos, tanto en diseño como en interpretación. No me da miedo porque no tengo fobia a los payasos, pero aún así lo considero mucho aterrador que el original.

El club de los perdedores
Aunque no suele pasar, la película está protagonizada por un grupo de chavales que no resultan repelentes y odiosos; al revés, tienen carisma, gracia y para nada son cargantes. Yo soy de los que quieren que el monstruo se coma a los niños y se ponen a favor del villano, pero estos chavales me han caído bien. He llegado a sufrir con ellos, a querer que todo salga bien y que le dieran una paliza a Pennywise. 
Al igual que en la novela, cada protagonista tiene sus propios problemas personales en casa, bien sea una madre sobreprotectora, la pérdida de un familiar, un padre que abusa sexualmente de su hija o un caso de bullyng bastante feo y peligroso. A la ecuación, por tanto, hay que añadir otro problemilla: un payaso asesino devorador de niños.
Pero de eso se trata, y de eso va la novela: superar los miedos y traumas. Y es que si nos paramos a pensarlo, puede que el menor de los problemas del Club de los Perdedores sea el payaso. Esto es tan así, que si en la película no hubiese ningún monstruo, seguiría siendo un drama terrorífico. ¿Por qué? Porque el ser humano es el peor de los engendros. No hacen falta payasos con colmillos.

Como adaptación
Adaptar la novela con absoluta fidelidad habría requerido casi tres películas: una para la etapa infantil de los protagonistas, otra para la etapa adulta y una tercera para los interludios. Esto significa que la película no adapta la obra literaria con total fidelidad, pero sí que sabe quedarse con lo necesario: la esencia, el alma, el tono, la textura. Y aunque haya cambios, la historia central que da forma a la película es la misma. Con algunas modificaciones y algunas partes suprimidas, pero nada que resulte imprescindible.
Como ya digo, el tono es lo más importante, y la película lo ha sabido reflejar.
Uno de los mayores y más evidentes cambios respecto a la novela es la época durante la cual transcurre la historia. En la novela, la infancia de los protagonistas transcurría en los cincuenta, y su adultez a principios de los noventa. En la película cambiamos los cincuenta por los ochenta y los noventa por nuestra actualidad. Me gusta muchísimo la estética de los cincuenta norteamericanos, de modo que la he echado en falta, pero han sabido aprovechar los ochenta para convertir IT es una especie de versión macabra de Los Goonies y darle ese toque nostálgico que tan bien funciona hoy en día (véase Stranger Things, serie que bebe muchísimo de IT y Stephen King).
Como es lógico, el cambio de contexto histórico repercute en varios puntos que han debido eliminarse, como el hecho de que Pennywise no se convierta en monstruos clásicos de la Universal, como el hombre lobo o la momia, por ejemplo.
Pero estos cambios resultan insignificantes porque lo más importante, lo que contribuye a que la novela sea una obra maestra, está en la película: los personajes (y aquí no me refiero a Pennywise) están bien construidos y son importantes y creíbles.

Por ponerle una pega, diré que, como siempre ocurre con el cine de terror comercial, se abusa de los sustos fáciles y los sobresaltos, pero en conjunto tiene muchas más virtudes que defectos.
IT es una película hecha con cariño y respeto hacia el género y la novela de Stephen King, por eso han acertado de lleno. 

lunes, 23 de octubre de 2017

Blade Runner 2049


No voy a entrar en la cantinela de siempre sobre si la primera película es insuperable y tal y tal. Ya sabemos que Blade Runner, adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, no sólo es buena, sino una obra maestra que repercutió en todo el cine de ciencia ficción que vino después, pero de ahí a dar por sentado que no se puede hacer una secuela digna que se le acerque o la iguale, pues no, no estoy de acuerdo. Lo digo porque cada vez que se “toca” un clásico infinito, no faltan los ataques de histeria por parte de los cinéfilos más conservadores o directamente carcas, que se echan las manos a la cabeza antes de ver la película (antes de que se haya rodado, a decir verdad). Huyo de esa mentalidad.
Y dicho esto, no sé cómo alguien podía dudar de esta secuela. Primero porque la dirige uno de los directores más potentes de la actualidad, Denis Villeneuve; y segundo porque la protagoniza, además de Harrison Ford y Ana de Armas (que está genial), Ryan Gosling, alguien perfecto para el papel de agente frío, calculador y callado. Podría decirse que repite la metodología que usó en la estupenda Drive.
Y añadiría una tercera razón por la que saber que Blade Runner 2049 iba a ser buena estaba cantado: repite Hampton Fancher, guionista de la original.

Blade Runner 2049 dura cerca de tres horas, pero son tres horas de espectáculo visual y argumental que no aburren en ningún momento. Es lenta, claro que sí, como debe ser, como lo era la primera Blade Runner, pero tanto en la forma como en el fondo resulta hipnótica, apabullante, bellísima, elegante. Cada imagen y cada diálogo rezuman buen gusto y estilo.
Pero aunque Blade Runner 2049 sea una película de estética impresionante, no se limita a mostrar escenarios que quitan el hipo, sino que se asegura de contar una buena historia sobre dilemas, filosofía y la sombra de la naturaleza humana. Todo lo que debe contener la ciencia ficción de calidad y con sustancia, en definitiva.
La película recurre al fanservice lo justo y necesario, optando por contar algo diferente a lo visto en la original. Blade Runner 2049 complementa a su predecesora pero, al mismo tiempo, se asegura de poseer entidad propia y hablar de temas diferentes. No es un refrito, para que nos entendamos. 

Por suerte para los que no queríamos un simple blockbuster de acción complaciente con las aburridas y facilonas preferencias del espectador medio, quien se pierde y aburre en cuanto una película supera los convencionalismos narrativos y argumentales a los que está acostumbrado, Blade Runner 2049 no busca ser amiga de ese tipo de público. Sus escenas de acción son tan impactantes como escasas, y el sonido de los disparos y puñetazos se clava en los tímpanos. Pero la historia prevalece por encima del efectismo, y eso que la película va hasta arriba de efectos especiales y planos que pretenden causar impacto. Es un film que aburrirá al espectador casual, y eso, en este caso, es bueno.
Dicho de otra forma, resulta sorprendente que una película tan cara no esté interesada en llegar al público masivo, sino a su público.

Dejando a un lado la nostalgia, el postureo y el conservadurismo atroz, yo voy a decir AHORA, en 2017, no dentro de treinta años, cuando todo dios se ponga de acuerdo en alabarla (como pasó con la primera; ahora es muy fácil dárselas de erudito y ponerle la etiqueta de obra maestra… ¡pero en 1982 no hubo huevos!), que Blade Runner 2049 es una maravilla cinematográfica de principio a fin. No me importa afirmar que está a la altura de la original. Y dicho esto, ¿qué más puedo decir? 

miércoles, 4 de octubre de 2017

La movida catalana

No os toméis esto como una opinión sesuda sobre política, ni sobre el conflicto independentista ni nada, ya que son temas que no controlo. Esto es una simple conclusión personal (cargadita de asco) que he sacado a fuerza de leer opiniones en Facebook y escuchar otras tantas en el trabajo, en la calle, etcétera. 
Puede que esté diciendo chorradas, pero esto es lo que yo he visto o creo haber visto. 

Allá voy.

Muchos de los que están dando la brasa con la bandera española, la unidad nacional y el satanismo catalán, son los mismos que cuando se destapa un nuevo caso de corrupción, se llevan a cabo recortes o tipos como Urdangarín no pisan la cárcel, SE CALLAN COMO PERRAS y no ponen nada en su Facebook ni en ningún sitio. Les da igual. 

Gente que lleva meses sin actualizar su muro, están desde el viernes pasado publicando diariamente ochenta movidas anti independencia, noticias falsas, fotos sacadas de contexto, "yo soy español", "a la cárcel los de las urnas", "mandad al ejército", "pobres policías", "respetad la democracia y la constitución, hijueputas", etcétera. 

Esos mismos son los que luego se autodenominan DE CENTRO... Pues me vais a perdonar, pero y una polla son de centro. La gente que dice ser de centro es de derechas, sólo que no se atreven a reconocerlo, por lo tanto son todavía más indignos. 

Los que asoman las orejas y enseñan los dientes para atacar a Cataluña, pero luego se mantienen en silencio con el terrorismo social del PP y sus chanchullos, son unos verdaderos fachas, cómplices de la asquerosa situación de España y, seguramente, franquistas. Por este tipo de cosas, y citando a Pepe Rubianes, la unidad nacional me suda la polla por delante y por detrás. Y es que España, por mucho que le pique a algunos, no es un país del que sentirse orgulloso... Al menos no ahora. En el futuro no lo sé. 

Y desde luego, la banderita no me representa, ni el presidente subnormal que tenemos, ni el gobierno corrupto ni, obviamente, el rey (figura antidemocrática donde las haya).  

Lo bueno de todo esto es que muchos han aprovechado el revuelo para quitarse la máscara y mostrarse como de verdad son... De hecho, he de admitir que más de un conocido mío al que consideraba, no de derechas ni de izquierdas, pero sí moderado en ambas direcciones, me ha decepcionado muchísimo al revelarse como un verdadero derechoso rancio y un cuñao de manual. 

Es bueno tener a esta gente localizada y saber de qué palo van. 

martes, 29 de agosto de 2017

Doctor Zacarías: the movie

Como ya sabéis (en realidad no lo sabéis porque nadie lee este blog), hace algunos meses, ya casi un año (o más, ¡yo qué se! Tengo el sentido del tiempo atrofiado), grabé un cortometraje protagonizado por un peculiar, tóxico y desagradable personaje: el Doctor Zacarías, un tipo que, ante la imposibilidad de superar la ruptura con su pareja, decide tomar cartas en el asunto y meterse de lleno en el apasionante mundo de la parapsicología... A su manera, claro. 
Pues bien, por motivos que hoy no voy a entrar a relatar, ha surgido la posibilidad de convertir ese cortometraje en una película low cost en la línea de Carmina o Revienta y Diamond Flash
La película contaría lo mismo que el corto, pero profundizando más en el personaje y sus motivos para ser tan... tan... tan así.
Gracias a Dios no seré yo el director (mi la facilidad para estresarme no me lo permite), sino el guionista... Y el guión ya está escrito. Puedo adelantar que el resultado final mezcla comedia a lo Seth Rogen, terror y "humor" DavidLynchniano (el guión está sanamente contaminado por Twin Peaks 2017, como no podía ser de otra forma tratándose de mí). 

Aquí la campaña de crowdfunding. Si no podéis aportar económicamente, os agradecería mucho que compartierais esto por ahí, en cualquier red social.  

Algunos pósters promocionales





































El corto original

lunes, 31 de julio de 2017

Baby Driver


Baby es un conductor especializado en huir de la policía, por eso se gana la vida conduciendo para atracadores. La particularidad de Baby es que para hacer bien su trabajo necesita dos herramientas esenciales: música y auriculares.


Me encanta cuando en alguna película combinan un temazo con las imágenes que estamos viendo, así que haceos una idea de lo que he sentido viendo Baby Driver, una película que VA DE ESO.
Edgar Wright, director que para mí es sinónimo de calidad, vuelve con una película que, siendo honestos, no parte de una idea demasiado original. The Driver, de Walter Hill, y Drive, de Nicolas Winding Refn, son dos películas que tratan de lo mismo, exactamente la misma propuesta: conductores que trabajan para delincuentes. ¿Entonces por qué Baby Driver, que básicamente es un remake alegre y edulcorado de Drive, es tan buena? No es por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Ahí reside la cuestión, ahora y siempre. Es complicado que un blockbuster resulte original, y podría decirse que el 99% parten de ideas que ya hemos visto antes, pero a veces los directores y guionistas se preocupan por coger una idea de sobra conocida y embellecerla de tal manera que tenga sabor a nuevo. Si a esto le sumamos que Edgar Wright es un fuera de serie de leguaje cinematográfico y el manejo de la cámara, el resultado ha de ser positivo sí o sí.


Baby Driver cuenta con un reparto espectacular encabezado por el sorprende y poco conocido Ansel Elgort, Lily James, Kevin Spacey, Eiza González, John Hamm y un desatado y jokeriano Jamie Foxx.
Otro elemento crucial en esta película es la enorme banda sonora, cargada de buen gusto y buenas canciones. La música no es un simple adorno colocado como telón de fondo, sino que, además de ser parte de la trama (el protagonista necesita escuchar música para silenciar los pitidos que retumban en sus oídos a raíz de un accidente de coche), varias escenas están rodadas y montadas al ritmo de la música que suena en ese momento, de modo que el resultado final recuerda poderosamente a un musical en el que se sustituyen los pasos de baile y las coreografías por persecuciones automovilísticas, golpes y disparos.
Está claro que la artillería de Wright está en la fusión de música e imagen, en lo bien rodada que está en general y en el carisma que desprende cada fotograma, personajes incluidos. La película es, casi por encima de todo, una oda al lenguaje cinematográfico.

Lo único que le achaco es que Wright está algo contenido... De hecho, creo que su estilo queda diluido casi por completo. Veo que la película es técnicamente impecable, pero no encuentro los habituales tics que hacen Wright a Wright. No entiendo por qué ha de contenerse un director que, siendo él mismo, resulta divertido, fresco y espectacular.
En cualquier caso, esto es una pequeñez que no enturbia el conjunto.

Soy el primero que a veces dice eso de que a un blockbuster no se le puede pedir mucho, pues su única función es entretener y hacer desconectar las neuronas, pero viendo cosas como Baby Driver, un blockbuster que además de entretenimiento es BUEN CINE, me arrepiento de pensar así en ocasiones. Qué demonios, un blockbuster puede ser inteligente, no estar encorsetado ni prefabricado y poseer valor cinematográfico... ¿Por qué no exigirlo más a menudo en lugar de conformarnos con cualquier cosa que simplemente entretenga? Puede que así se estrenasen Baby Drivers con más regularidad.

Imprescindible.

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