viernes, 23 de marzo de 2018

El espectador solitario

¿No os habéis fijado en que existe una opinión generalizada, según la cual ir solo al cine denota rareza? En fin, no sé, yo me he cruzado con mucha gente que ha dicho o dado a entender que ir al cine sin compañía es algo extraño, poco sano, incluso digno de lástima.
¿Por qué? Ver una película, al igual que escuchar música o leer un libro, es una actividad solitaria. Cierto es que de esos tres ejemplos, el único que de verdad acepta la presencia de más gente involucrada es el cine, pero que la acepte no significa que sea imprescindible. Nadie pone en tela de juicio escuchar música en soledad, con tus cascos o tirado en el sofá con los altavoces a todo trapo, entonces ¿por qué está relativamente mal visto ir solo al cine, si prácticamente es lo mismo?

Krypton Planeta Antequera
Yo siempre he sido un tipo independiente. Aprendí a estar solo y hacer cosas solo, porque total, no me quedaba más remedio. Era adaptarme o morir de asco.
Pasé buena parte de mi infancia y adolescencia en un cortijo en mitad del campo, sin gente de mi edad cerca, por lo que, si quería entretenerme, debía hacerlo por mi cuenta y sin contar con nadie. Ver películas (bendita difunta Vía Digital. Me salvó la vida y me descubrió todo un abanico de películas que, hasta ese momento, no conocía ni estaban a mi alcance), leer, escribir, tirar piedras al río, dibujar o perderme por los caminos de tierra con mi bicicleta eran las únicas actividades que podía hacer si quería sobrevivir al sopor.
No he vivido una infancia llena de amigos con los que jugar en el parque por la tarde después del cole. Lo que me encontraba cuando ponía un pie fuera de casa era una basta llanura repleta de caminos polvorientos, campos de cultivo, siniestras casas rurales (para mí lo eran, sobre todo desde que vi La matanza de Texas), cabras y tractores.
Con semejante panorama, me acostumbré a estar solo, y cuando por fin pude salir del mundo rural y dar con mis huesos en la urbe, no necesitaba la compañía de nadie.
De acuerdo, sí, hice amigos, pero no me desvivía por tener una vida social rica y abundante. Con una o dos personas de confianza, me bastaba. Lo justo para salir a dar una vuelta y comernos una bolsa de patatas en el Paseo Real.

Después de esta chapa, comprenderéis la razón por la que nunca me ha hecho falta nadie para, entre otras cosas, plantarme en el cine.
Salvo excepciones muy puntuales, mis amistades de aquellos años no compartían conmigo aficiones, razón por la cual debía descartar ir al cine con ellos. No concebían la idea de gastar dinero en ver algo que podían descargar en Internet. No eran cinéfilos, y por lo tanto no entendían esa pasión, de la misma forma que yo no gastaría noventa minutos de mi vida en ver un partido de fútbol. Cuestión de preferencias.
En cualquier caso, ¿qué podía hacer yo, renunciar a mi sesión semanal cinematográfica por no tener acompañante? Ni hablar. Así que todas las semanas, eligiendo las sesiones adecuadas para no encontrarme la sala hasta arriba de peña (la primera sesión suele ser la mejor si quieres compartir la sala con el menor número posible de seres humanos), pateaba hasta el antiguo Eroski, escuchando música en mi Mp3. Solo y contento.

Pero independiente de las circunstancias personales que me han llevado a manejar mi tiempo libre sin necesidad de que haya gente conmigo, creo que ir solo al cine es un acierto y una mina de ventajas. Si te toca una persona afín a tus gustos y manías, es un placer ver películas acompañado, pero si eso no ocurre, y no suele ocurrir, se convierte en una pesadilla.

Krypton Planeta Antequera
Las ventajas básicas de ir solo al cine son estas:

No llegas tarde
Ya sabéis que existe gente que vive con la hora pegada al culo, corriendo y llegando tarde a todas partes. Yo ODIO eso. Me gusta ir tranquilo, con tiempo, y llegar al cine media hora antes para sacar las entradas, comprar palomitas, buscar mi asiento y ver los trailers.
Son manías que no todos entienden, por eso prefiero hacer las cosas solo, a mi manera, y ahorrarme dar explicaciones.

Ves la película que quieres
Así de sencillo. Si no compartes gustos con la otra persona, es posible que terminéis decidiendo a cara o cruz qué vais a ver. Pero como a mí no me gusta el azar, prefiero ir solo y ver lo que me apetezca sin entrar en discusiones.

Fuera móviles
Te puede tocar ir con uno de estos tecnozombis que necesitan mirar el móvil cada cinco minutos. ¿Y quién quiere eso? Si ya me molestan los que no conozco, imaginad ver una película acompañado por alguien que desvía su atención continuamente para echar un vistazo a ese aparato infernal, y de paso deslumbrarte.

Elegir asiento
Hay gente que, por alguna razón extraña, acostumbra a sentarse en la última fila, la de arriba. A esa altura, chaval, es casi como ver la película en la pantalla de tu televisor. Para eso, mejor no vayas al cine.
Yo he tenido que sentarme en esa última fila por cortesía y por no ponerme a explicar a mis acompañantes (¡y encima era yo contra todos!) las razones por las que sentarse ahí voluntariamente me parece tontísimo.
Tampoco es cuestión de sentarse en la primera fila; eso es un horror incluso mayor. Lo ideal es hacerlo por la mitad.

Se mire por donde se mire, salvo que tu acompañante comparta tus mismas filias y fobias, ir al cine con gente suele ser un calentamiento de cabeza que, a poco que nos importe tres narices lo que los demás piensen, podemos evitar con mucha facilidad.


jueves, 8 de marzo de 2018

JUGGERNAUT

Ya que JUGGERNAUT, mi segunda novela, está en la recta final de su escritura (sin contar la corrección, que será otro trecho), creo oportuno dar un poquito la brasa y contar un par de cosas sobre ella.
Para empezar, la cosa se me ha ido de las manos (profesional... Muy profesional). Lo que tenía pensado que fuese relativamente serio y terrorífico, ha terminado convirtiéndose en chufla, disparate y situaciones de mear y no echar gota. Pero da igual, porque al final el cambio de tono ha servido para relajarme, dejarme llevar y tirar por la borda cualquier pretensión. Juggernaut es cachondeo, humor negro y mala uva, y tengo que asumirlo.

Para hacernos una idea de lo que hablo, en la realidad alternativa que habita Neil Sanderson, el villano, se dan las siguientes circunstancias:
-La película de Superman protagonizada por Nicolas Cage existe. 
-John Lennon sigue vivo, pero Paul McCarthey acaba de ser tiroteado a manos de un fan cabreado por haber usado auto-tune en su último éxito. 
-El incidente de Roswell es de dominio público. Todo el mundo sabe que allí se estrelló una nave extraterrestre.



lunes, 29 de enero de 2018

ANTOLOGÍA SECTARIA

¿Os he hablado ya del proyecto literario que estoy intentando sacar adelante? Se trata de la antología EN NOMBRE DEL MAL.
Para todo aquel que quiera participar, estas son las bases:
1-La temática estará enfocada hacia el mundo de las sectas, pero el género de las obras será libre; comedia, terror, ciencia ficción... Todo vale.
2- La extensión máxima por relato será de 40 páginas, en formato Times New Roman, tamaño 12.
3- Un relato por autor.
4- La fecha límite de entrega será el 31 de Marzo
5- La antología será publicada (al menos de momento) de forma gratuita, con el objetivo de dar a conocer a nuevos autores y promover la lectura.
6- Las obras se enviarán al correo electrónico dr_gonzo@hotmail.es en formato .doc, con el asunto "SECTAS".
¡A escribir, chavales!


lunes, 11 de diciembre de 2017

Leatherface


Leatherface es una de esas películas que sólo capta el interés de cuatro gatos, entre los que me incluyo orgulloso. En mi caso, esto se debe a que soy un fan incondicional de esta saga, siendo La Matanza de Texas una de mis películas de terror favoritas por motivos que podría enumerar ahora mismo… pero no es el caso.
Además, la película está dirigida por Alexandre Bustillo y Julien Maury, quienes perpetraron hace años la genial Al Interior.
¿Qué podía salir mal con semejante combinación? Pues era difícil, pero resulta que TODO ha salido mal.
Leatherface disponía de los ingredientes para ser una gran película llena de brutalidad y suciedad. Además tenía la oportunidad de dar un origen digno a uno de los personajes más legendarios del cine de terror. Pero no ocurre nada de eso. Nada.
En fin, entiendo eso que dicen muchos sobre que lo desconocido produce más miedo, y que cuanto menos se sepa sobre un personaje, más inquietante resultará. Estoy de acuerdo, aunque también soy una persona curiosa, por lo que siempre acabo preguntándome (y deseando una respuesta) por qué gente como Hannibal Lecter, el Joker o el propio Leatherface son como son. Y reconozco que al conocer los orígenes se corre el riesgo de desmitificar, pero en fin, si la película en cuestión no nos convence, siempre tenemos la opción de ignorarla… como yo he hecho con la aquí presente.

La película empieza bien, con una secuencia que resulta ser un guiño a los fans de la original, pero ahí acaba todo. Luego entramos en una dinámica de chalados adolescentes que van por ahí haciendo tropelías bastante descafeinadas y sosas (se incluye una escena necrófila, pero está tan forzada y metida con calzador, que no impacta ni lo más mínimo); una mezcolanza ridícula entre, no sé, ¿Los Goonies y Los Renegados del Diablo? En fin, qué más da.
Para colmo, la peliculilla nos toma el pelo en relación a un personaje de forma bastante tonta e innecesaria, pues no aporta nada al conjunto. No voy a entrar en detalles para no spoilear, aunque me dan ganas porque es una tontada muy grande que no venía al caso.
Y para rematar la función, la explicación que se nos da sobre los motivos por los que Leatherface cubre su rostro con una máscara (de piel humana), es de lo más convencional, tonta y predecible.
Otro puntito en contra es que la película está ambientada en Texas pero rodada en Bulgaria… Y SE NOTA. La ambientación tejana es, como quien dice, un personaje más de esta saga,  y aquí se lo han cepillado porque Bulgaria no cuela como Texas.
Las interpretaciones no destacan, la historia carece de interés, está dirigida sin fuerza y los momentos supuestamente brutales y sangrientos resultan insípidos y tópicos. La Matanza de Texas original, con su mínimo derramamiento de sangre, era infinitamente más repugnante, sucia, terrorífica y perturbadora que este bodrio, ¿y por qué? Porque te la creías.
Ni siquiera Stephen Dorff, cuyo personaje es un caramelito (anda que no dan juego los policías corruptos y/o perturbados), pasa por aquí sin pena ni gloria. Pero la culpa no es suya, sino del guión, que desaprovecha todo lo que hay en la historia.

Leatherface es, en resumen, sosa, cobarde, carente de ambición e indigna de formar parte de esta saga, por lo que para mí no existe.

Decepción mayúscula. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok


Thor: Ragnarok ha levantado mucha polémica, y no es para menos.
Tras Thor y su secuela, Thor: El mundo oscuro, pocos preveían que la saga tomaría estos derroteros tan poco ortodoxos. Me refiero a que la saga, de repente, ha cambiado de género. Si las dos primeras entregas eran (más o menos) un par de películas de acción con tintes épicos, algo de humor y un par de gotas shakesperianas, Thor: Ragnarok es cien por cien puro cachondeo. Las dos primeras no funcionaron por culpa de su extrema sosería y falta de cariño en su concepción, de modo que Marvel ha decidido irse al extremo contrario y convertir esta tercera entrega en algo más cercano a Guardianes de la Galaxia que a Thor. Esto es como si ves primero Alien, luego Aliens: El Regreso… y de repente la tercera es un drama musical (estoy exagerando, pero…)
Esto que comento ha molestado y desubicado a muchos, que no entienden cómo una película que trata un tema “serio” como el Ragnarok (el Apocalipsis nórdico) puede tomárselo todo a pitorreo.
En mi caso, estoy encantado. De hecho, esta era la primera vez que tenía verdaderas ganas de ver una película de Thor en solitario, y es que un trailer a ritmo de Led Zeppelin se gana el interés de cualquier ser humano con sangre en las venas. Lo mejor es que Led Zeppelin también suena en la película, ¡dos veces! En fin, como para no gustarme.

Para más hype, la película está dirigida por Taika Waititi, en cuyo currículum figuran las estupendas Lo que hacemos en las sombras y Hunt for the wilderpeople. Vamos, un director de comedia que ha hecho con Thor: Ragnarok lo que mejor sabe hacer: comedia. Y no sólo eso, sino que el tío ha pasado de todo y se ha sacado de la manga una nueva estética, de modo que donde antes había oscuridad y tonos azulados, ahora hay colores chillones. Si Thor 1 y 2 eran un callejón oscuro un lunes por la noche, Thor: Ragnarok es la cabalgata del orgullo gay. De nuevo estoy exagerando, aunque no tanto como creéis…  
Lo mejor de todo es que no se limita a la comedia; también cuenta con grandes escenas de acción, una banda sonora potentísima y retro, muchísimo ritmo (dos horas y pico que se pasan en un suspiro), unos personajes protagonistas carismáticos y bien interpretados (Cate Blanchett está enorme)… y Hulk. También tenemos a Hulk.

Muchos la acusan de ser una mala adaptación y tal y tal, pero creo que se equivocan, puesto que Marvel Studios no está adaptando sus cómics, sino reinterpretándolos para la gran pantalla. Este universo cinematográfico no es una adaptación de nada, sino, como bien indica su nombre, un universo… Uno de los varios universos alternativos que hay en Marvel. No entiendo por qué cuando un personaje es reinventado en el cómic (cosa que ocurre muy a menudo), nadie se queja, y sin embargo cuando eso mismo ocurre en una película, los puritanos sacan las hachas. Es pura contradicción.
Este Thor no es ni mejor ni peor adaptación; es, simplemente, el Thor del UCM. Podrá gustar más o menos, pero juzgarlo según lo bien adaptado que esté, es un error.

Y al contrario que otros espectadores, no tengo nada en contra del humor y la estética colorida, incluso hortera, en este tipo de cine. Con tanta oscuridad, seriedad y drama, se nos ha olvidado lo que realmente son los cómics de superhéroes: color, desenfado, locura y fantasía. En ese sentido, Nolan (y mira que me gusta su Batman) ha hecho mucho daño. Parece que las películas de superhéroes actuales están acomplejadas, de ahí tanta solemnidad, caras largas, bajona y paletas de colores invadidas por marrones y grises.

Para mi gusto, Thor: Ragnarok es una película de superhéroes con todas las de la ley, sin complejos y ridículamente divertida.
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