martes, 23 de agosto de 2016

Hardcore Henry



Hardcore Henry es una absurda epopeya de acción y ciencia ficción chusca de la que poco podríamos rascar si no fuese por lo macarra y bruta que resulta, y también, cómo no, por la forma en que está rodada. Ahí radica su mayor baza.
Juraría que estamos ante la primera película de acción rodada íntegramente en primera persona, y si existe otra no tengo constancia. El guión es una tontería, no voy a andarme por las ramas, y eso sería criticable de no ser porque ni la propia película se toma en serio a sí misma, y lo último que pretende es contar una historia compleja llena de personajes profundos y cosas similares; sabe que es un disparate, lo asume y juega con esas cartas hasta las últimas consecuencias. Lo que Hardcore Henry pone sobre la mesa es hora y media de acción y cachondeo sin tregua contada desde los mismísimos ojos de su protagonista, colar un disparate cada cinco minutos y pringar todo el metraje de sangre, tripas y desmembramientos (atención a los magníficos créditos iniciales). Eso y toneladas de plomo, explosiones y cuchilladas, claro.

La característica más arriesgada de Hardcore Henry, y su razón de ser, es la forma en que ha sido rodada. Hay que tener las ideas claras para realizar una película tan histérica y frenética en primera persona, con el obvio peligro de acabar resultando confusa, mareante e indigesta. Es muy fácil patinar, y sólo por eso sus artífices tienen todo mi respeto.
Pero la realidad es que la película marea mucho menos de lo que podría parecer en un primer momento, siendo sus burras y disparatadas escenas de acción más claras y bien coreografiadas de lo que cabría esperar. Hay errores de montaje, algo inevitable si tenemos en cuenta cómo ha sido realizada, pero son minucias.
¿El guión? Bueno, digamos que es una mera excusa para conectar una secuencia de acción con otra. No hay más, la verdad. Al mismo nivel que una porno.

Y dicho esto, creo que ha quedado claro que Hardcore Henry es una película mala pero muy divertida. ¿A quién no le apetece eso de vez en cuando?

jueves, 11 de agosto de 2016

Escuadrón Suicida


Basada en un cómic de DC y dirigida por David Ayer, la película nos cuenta las aventuras de un grupo de peligrosos criminales reclutado por la fuerza para hacer frente a un enemigo que hará peligrar a todo el planeta. Algo así como una revisión de Doce del patíbulo protagonizado por supervillanos.

Como viene siendo costumbre con las últimas adaptaciones de cómics de DC, la polémica está servida con Escuadrón Suicida, y aunque entiendo ciertas quejas por parte del público, en absoluto estoy de acuerdo con las críticas profesionales vertidas poco antes del estreno. También me parece lamentable que haya un público que se deje influenciar por lo que digan los demás o que directamente permita que otros le digan lo que tiene que ver, pero ese es otro tema que daría para un artículo más largo si cabe. La cuestión es que no entiendo por qué algunos valoran tanto la opinión ajena. 
Sea como sea, siempre intento ser objetivo aunque haya salido contento del cine, como es el caso, de modo que empezaré comentando lo que menos me ha gustado.
Lo primero que debo admitir es que el nuevo Joker me ha decepcionado. Recuerdo que cuando salió la primera imagen oficial, yo fui uno de los pocos que lo defendió. Uno de los pocos que pensó que Jared Leto lo haría genial. Uno de los pocos a los que no les molestó su cuerpo tatuado y sus dientes metálicos. Y, sin embargo, me ha decepcionado porque esperaba mucho.
Por un lado no creo que la interpretación sea tan revolucionaria y rompedora como la de Heath Ledger en la película de Christopher Nolan. Bueno, no lo creo: lo sé. No se acerca ni un poquitín a lo que hizo Ledger. Y se nota que Jared Leto le puso ganas e interés al tema, pero se ha quedado a medio camino.
Al personaje le faltan escenas que se marquen a fuego en nuestro cerebro, pero ahí el problema radica en el guión, no en Leto. Este Joker está en la película por estar, y su participación aporta entre poco y nada. Es una película protagonizada por villanos de DC, de modo que hubiese sido decepcionante no ver al Joker entre ellos, pero si la historia no lo requiere, mejor dejarlo fuera de la ecuación en vez de meterlo con calzador o, mejor aún, limitar su presencia a un simple y digno cameo (como han hecho con Batman).
Mucho se ha hablado también de su aspecto físico, más cercano a un hortera Tony Montana actual que al criminal demente de los cómics, pero teniendo en cuenta la estética general del filme, este Joker encaja a las mil maravillas.
Mención especial para su pésimo doblaje, digno de cárcel.

El otro punto negativo es el montaje de la película, donde se han recortado aproximadamente unos cuarenta minutos de metraje, y se nota. Sin ir más lejos, los trailers están plagados de escenas que en la película no aparecen (ya lo harán en una previsible edición extendida en bluray), y como ya digo, la cosa rechina. Es necesario ver la película para saber a qué me refiero exactamente, pero basta con ser un poco observador para darse cuenta de que hay lagunas y personajes que actúan de forma forzada e incoherente, como si ahí, entre medias, hubiese ocurrido algo de lo que no se nos ha informado.

Pero dejemos ya de dar caña. ¿Qué es lo bueno de Escuadrón Suicida? Visualmente es muy potente (la presentación de cada personaje, por ejemplo), dando por momentos la sensación de estar ante un videoclip de dos horas. Y hablando de videoclips, la selección musical de la película es una gozada; parece que han elegido las canciones pensando en mí.
Margot Robbie se come la pantalla con su interpretación de Harley Quinn, la demente novia del Joker. Ya de por sí la actriz tiene un físico más que acorde con el personaje, pero es que además lo interpreta a la perfección, dándole ese particular toque a su personalidad, a medio camino entre lo ingenuo y lo letal. Resulta adorable y terrorífica a partes iguales.
Quien también se luce es Will Smith con su personaje, Deadshot, un asesino a sueldo carismático, bocazas y, a su manera, entrañable.
Y lo principal: Escuadrón Suicida es muy divertida de principio a fin. ¿Imperfecta? Claro que sí, como cualquier película, pero su encanto reside en su falta de pretensiones. No busca cambiar la forma de hacer cine ni convertirse en un clásico del séptimo arte, sino hacer pasar al espectador un rato divertido a base de acción, risas y fantasmadas de todos los colores. Vamos, el propósito de cualquier blockbuster veraniego. Nada nuevo.
De modo que sí, pienso que las críticas la han machado de forma injusta. Si esta misma película se hubiese estrenado en los 80/90, hoy sería de culto (mayores bodrios son venerados actualmente sólo por nostalgia), pero parece que una parte del público actual se ha olvidado de cómo disfrutar una película sin más, sin sobreanalizar y quitándose las gafas de pasta para descubrir que existe un tipo de cine concebido única y exclusivamente para entretener y desconectar, y bendito sea. Ahora, de repente, todos tenemos un gusto exquisito y elitista (he llegado a leer estupideces como que estas películas son para gente mediocre), y todo nos parece una mierda, de esa forma, nada más salir del cine podemos ir a nuestras redes sociales para arrugar la nariz con cara de asco y dárnoslas de críticos malotes, mordaces y exigentes. Ellos quizá tengan esa imagen de sí mismos, pero para mí son simplemente unos tristes a los que es mejor no hacer caso.
Hemos llegado a un punto en que el público disfruta más metiéndose con las películas que viéndolas. Pocas cosas hay más anticinéfilas que esa.

¿Mi veredicto final? Sólo diré que con Escuadrón Suicida me lo he pasado como un crío pese a sus fallos y decisiones más cuestionables. Cuando entré al cine buscaba un sano entretenimiento sin complicaciones, y es lo que encontré. Me quedo con eso. A fin de cuentas, a las películas hay que juzgarlas en base a sus pretensiones.

Y como siempre digo, a la crítica, sea profesional o no, ni caso. Ved y juzgad vosotros mismos, y que nadie os quite las ganas de ver una película con su opinión personal y, por lo tanto, objetable. 

domingo, 31 de julio de 2016

Green Room


Tras Blue Ruin, el anterior trabajo de Jeremy Saulnier, no era necesario ver Green Room para saber que iba a gustarme, y por suerte estaba en lo cierto.
Todos cometemos estupideces durante nuestra juventud y adolescencia. Es algo normal que lleva siendo así, posiblemente, desde el inicio de los tiempos. Y los protagonistas de Green Room son jóvenes, son rebeldes y son punks, ¿qué puede salir mal? Todo, por supuesto, sobre todo cuando estos chicos deciden dar un concierto en un local neonazi en mitad de ninguna parte y comenzar el repertorio musical con un explícito tema antifascista. Es lógico pensar que los problemas van a comenzar ahí, sin embargo no. El detonante es otro, y a partir de ese punto comienza una noche infernal en la que sobrevivir dependerá de la audacia y mala leche de los protagonistas.

Siempre he pensado que las películas que abusan de la violencia pierden fuelle enseguida. No puedes pretender estar 90 minutos impactando al espectador a base de gore y sangre, porque el efecto se pierde, se disipa y la audiencia se insensibiliza. La mejor forma de tocar la moral es tomándote tu tiempo, preparando el terreno y, cuando nadie lo vea venir, metes el bombazo. Por eso puedo decir que Green Room posee algunas de las escenas de violencia más impactantes y bien llevadas que he visto últimamente. Sin ir más lejos, la imagen del brazo acuchillado me descolocó más que toda la saga Saw junta. Basta con no recrearse más de lo necesario ni buscar causar repulsión para conseguir buenos resultados.
Aunque la premisa de la película no inventa nada que no hayamos visto en títulos como La noche de los muertos vivientes, Río Bravo o Asalto a la comisaría del distrito 13, el conjunto posee entidad propia y calidad a raudales como para no tener que estar a la sombra de nadie.  
En el reparto tenemos al recientemente fallecido Anton Yelchin, Imogen Poots y, destacando por encima de todos debido a que rara vez le vemos en papeles tan oscuros, Patrick Stewart, quien da vida al dueño del local neonazi en el que transcurre la acción.


Y aquí la vídeo reseña, por si en vez de leer preferís verme el careto.

viernes, 22 de julio de 2016

El bosque de los suicidios (vídeo reseña)

Mi vídeo reseña sobre El bosque de los suicidios, una película que parte de una buena idea y un gran escenario, pero que no es capaz de sacar provecho a nada.

martes, 19 de julio de 2016

La Invitación


La directora Karyn Kusama, quien no había hecho ninguna película demasiado destacable, ha sorprendido con esta minimalista y efectiva propuesta titulada La invitación.
La premisa nos traslada a una fiesta insoportablemente pija en las afueras de Los Ángeles, donde un grupo de antiguos  amigos ha sido reunido allí por una pareja con, en principio, la intención de recordar viejs tiempos y ponerse al día. Poco a poco se va descubriendo que hay algo más.
Podría decirse que La invitación es un híbrido perfecto entre Un dios salvaje, The Sacrament y, por qué no, La semilla del Diablo.
La película juega con una atmósfera agradable que pese a ello despierta cierta inquietud, pues se sabe de antemano que algo malo se está fraguando. ¿O no? Porque esa es otra: el guión logra que en cuestión de minutos pasemos de estar del lado del protagonista (el único convencido de que allí sucede algo extraño) a mirarlo como si de un psicótico se tratara. En ese sentido la película es una montaña rusa que no lanza luz sobre los verdaderos motivos de la invitación hasta bien avanzado el metraje. Algo similar ocurría con La Bruja; ¿se trataba de una amenaza real o de un simple espejismo provocado por la paranoia?

El guión es el cimiento fundamental de La invitación. En realidad lo es de cualquier película que pretenda ser buena, pero en el caso de este tipo de cine, de bajo presupuesto y medios muy limitados, el guión no es sólo importante, sino crucial e imprescindible, puesto que eso y las interpretaciones son lo único de que dispone el realizador. Por suerte, el guión está calculado al milímetro y sus engranajes bien engrasados, de modo que la película funciona.

La Invitación no es sólo una historia de suspense y terror con sectas de por medio, sino también una feroz crítica hacia la cultura del positivismo excesivo, fantasioso y estúpido que desde hace algún tiempo parece estar de moda. Porque el exceso siempre, siempre, es malo, incluido el de buen rollo y perspectiva rosa chicle de la vida. Ya era hora de que alguien hiciese una película sobre el tema y nos mostrara que tras esta gente que siempre está contenta, borracha de felicidad y pensando que vive en un mundo maravilloso de duendes, unicornios y gominolas puede haber verdaderos monstruos perturbados y peligrosos. 
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