miércoles, 12 de abril de 2017

Sangre en la pared (versión ampliada)


¿Y si os digo que ya os podéis descargar mi libro, SANGRE EN LA PARED, revisado y ampliado hasta límites incomprensibles? ¡HECHO!

¿Y si os digo que es gratis? ¡HECHO!

¿Y si os digo que es una lectura perfecta para compartir en familia y leerla en la sobremesa de la cena de Noche Buena mientras vuestro cuñado, en esmoquin, toca el violín con lágrimas en los ojos junto a la chimenea? Eso ya sería MENTIRA.

Hay mucha sangre, muchas palabras malsonantes, mucha violencia y muchos personajes desagradables. ¡Y monstruos, muchos monstruos! Incluso encontraréis un relato medio porno con drogas, pijos lisiados, sexo fuertecito y degollamientos a navaja de afeitar.

En el enlace tenéis todo lo necesario para gozar hasta el éxtasis de esta obra magna de la literatura chusca.

Y ahora hablemos en serio. El tema de revisarlo y ampliarlo se debe a dos factores: 
1- En el libro había erratas, gazapos y demás residuos que llevaba tiempo queriendo corregir para sentirme mejor conmigo mismo. No digo que ahora esté impoluto; aún habrá cagaditas y estará lejos de ser un material perfecto, pero al menos lo he pulido, le he sacado brillo y, a mi juicio, ahora es bastante mejor. 
2- Al haber participado en varios certámenes literarios desde que acabé Sangre en la pared, tenía en el cajón, muertos de asco y risa, varios relatos sueltos que no me daban para una segunda antología. Son cinco relatos que me gustan, no os voy a mentir (de lo contrario no los habría incluido en el libro), y me daba pena que se quedaran ahí flotando en el limbo, en ese purgatorio eterno que es mi disco duro. ¿Solución? Colarlos en una segunda y mejorada versión de Sangre en la pared. No es que ahora vayan a ser leídos por millones de personas (¡o sí!), pero al menos les he dado un lugar fijo y localizable para que cualquiera que desee leerlos pueda acceder a ellos. 

Y aquí va la lista de los relatos que componen la antología:
-La nueva realidad de Ismael Santalla
-Dinero sangriento para Farrow
-Mundo Muerto
-Cinofobia
-Caos fecal
-El hombre adecuado (este relato ya estaba en la primera versión del libro, pero con un título diferente: ONLINE. Se lo he cambiado porque encaja mejor con lo que cuenta la historia)
-Laura
-Cara de rata
-Al otro lado de la frontera (nuevo)
-El círculo bendito (nuevo)
-Residuos interdimensionales (nuevo)
-La bestia atmosférica (nuevo)
-Giallo Night Club (nuevo)


PD: Hago hincapié en que TODO es sangre y vulgaridad, pero es un farol para vender (aunque sea gratis... ¡paradojas!). En realidad he hecho todo lo posible, dentro de mis colosales limitaciones, por crear atmósferas inquietantes más allá de la casquería.

domingo, 9 de abril de 2017

Trainspotting 2


No hace falta ver Trainspotting 2 para saber que no supondrá lo que supuso la primera entrega. Aquella película gamberra, atrevida y dura, muy dura, alteró a toda una generación (aunque yo la descubrí bastante tarde) y se convirtió en un clásico de culto instantáneo. La escena inicial al ritmo de Iggy Pop y su Lust for life, con ese largo monólogo sobre las cosas que hay que elegir en la vida, es casi un himno para aquellos que vivieron el momento dorado de Trainspotting.
Ahora, después de casi dos décadas, llega Trainspotting 2 siguiendo la reciente estela de secuelas tardías (Jurassic World, Mad Max: Fury Road o la inminente Blade Runner 2049), y lo hace con bastante soltura y calidad.
Es innegable que el factor sorpresa se ha perdido, pero eso no significa que la película sea mala ni poco disfrutable.

Basada en la novela Porno, de Irvine Welsh, que a su vez es la secuela de la novela en la que se basa la película original, Trainspotting 2 (no ha habido huevos de titularla igual que el libro) es en realidad muy distinta a su antecesora. Regresa a lugares ya conocidos y está llena de guiños nostálgicos que harán las delicias de los fans, pero por suerte no se basa únicamente en el regodeo nostálgico. Trainspotting 2 tiene alma propia, y aunque el director, el reparto y el tono gamberro sean los mismos, esta secuela tiene un aroma distinto, y eso se agradece. Vamos, que no es un refrito para sacarle la pasta a los fans. Trainspotting 2 tiene algo que aportar.
Si la película original narraba el día a día de un grupo de drogadictos sin futuro, la secuela se estructura de un modo más formal, más de película. Hay una historia definida, un objetivo, un villano… No digo que esto sea mejor, solo que le da a la película entidad propia. Original y secuela son distintas, muy distintas, pero se complementan.

El reencuentro con estos personajes que dejamos atrás hace veinte años, siendo interpretados otra vez por el mismo reparto, ha sido de lo más estimulante. Algunos de ellos han evolucionado (no necesariamente para bien), mientras que otros continúan anclados en la misma espiral de drogas y vicio. No obstante, Trainspotting 2 es, a su manera, mucho más optimista que su oscura, deprimente y sucia primera parte. El broche final de la película es un destello de luz necesario después de tanta miseria.
También es, como cabría esperar teniendo en cuenta los antecedentes y al director tras la cámara, Danny Boyle, una cinta de gran poder audiovisual. La banda sonora posee mucha fuerza e importancia, y las virguerías visuales psicodélicas, heredadas de la película de los 90, están presentes desde el primer momento.


Trainspotting 2 no puede significar lo mismo que aquella primera parte ni plantar cara a algo tan irracional como la nostalgia de los fans, pero desde luego es una digna continuación y una muy buena película que cierra, como es debido, la historia de estos personajes. 

sábado, 1 de abril de 2017

Logan


A estas alturas ya sabemos de sobra que la saga X-Men es un cacao indescriptible. Tras reinicios, spin offs irregulares (los de Lobezno. El primero horrible; el segundo, bastante digno) y sobresalientes (Deadpool), y líneas temporales que se cruzan aquí y allá, queda claro que la continuidad no es algo que esta saga se tome demasiado en serio.  
Es una franquicia extraña, donde ocurre algo que no recuerdo haber visto en ninguna otra: dentro de la misma saga, hay películas para todos los públicos y otras para mayores de 18 años. El niño que disfrutó con la primera de X-Men no podrá ver (o no debería ver) Deadpool ni Logan.


Y hablando de Deadpool, es a esa película a la que tenemos que agradecer la existencia de Logan. Bueno, quizá no la existencia en sí misma, pero si su naturaleza adulta. Gracias a Deadpool, película para mayores de 18 que arrasó en taquilla, Fox abrió los ojos y vio que una película para adultos puede dar beneficios… y por eso decidieron que en Logan hubiera algo que debería haber habido siempre: lenguaje soez, sangre y desmembramientos. Lobezno ha salido en ocho películas, y es ahora, AHORA, cuando los efectos de sus garras se ven realistas y coherentes. ¿Quién puede creerse que un tío con garras en las manos no deje un reguero de sangre y casquería después de cada batalla? Pues eso es lo que nos llevan colando desde la primera película… hasta ahora.
Pero Logan no sólo es adulta porque contenga palabras malsonantes, violencia y sangre, sino también porque toca temas, como la vejez, la muerte o la paternidad, que poco o nada interesarían a un público juvenil.

Me alegra que se hagan películas de superhéroes adultas. Es un subgénero que muchos puristas conservadores no terminan de tomarse en serio, por eso me parece fenomenal que algunas de estas películas no vayan dirigidas al público adolescente, demostrando así que pueden ofrecer mucho más que simple entretenimiento y efectos especiales. Logan es una buena película pensada para callar bocas.
Quien vaya a verla esperando encontrar dos horas de acción desenfrenada, que cambie el chip ahora mismo. En Logan hay acción y escenas espectaculares, pero también abundan los momentos de reflexión y humanidad que harán mirar la hora al espectador casual que sólo busque desconectar. Logan demuestra lo que muchos niegan: que un blockbuster puede tener sustancia y ser buen cine. 


Del trío protagonista sólo se pueden decir cosas positivas. Hugh Jackman lleva muchos años interpretando notablemente a Lobezno (otra cosa es que el personaje haya sido edulcorado, pero el actor no tiene culpa de eso), Patrick Stewart lo borda dando vida a un involuntariamente peligroso Charles Xavier senil (¿Qué ocurre cuando enferma el cerebro más poderoso del planeta? Pues que hay que tener mucho cuidado) y la jovencísima Dafne Keen, de tan sólo 12 años, encarna a Laura/X-23, una mutante letal provista de garras, igual que Lobezno.
Teniendo en cuenta lo conservadores que son los americanos (para algunas cosas), me pregunto si Fox se las habrá tenido que ver con la censura a la hora de mostrar imágenes de una niña masacrando y mutilando personas. Me recuerda a lo ocurrido en su momento con Hit-Girl, el personaje estrella de la estupenda Kick-Ass.

En resumidas cuentas, Logan es una muy buena película. Un western crepuscular, duro y pesimista que pone punto y final de la forma más digna posible a este personaje. Lo único que me da lástima es que la mejor película de Lobezno haya llegado tan tarde, justo ahora que nos dice adiós para siempre. 

martes, 21 de marzo de 2017

Kong: la Isla Calavera


Un equipo de científicos y militares viaja hasta Isla Calavera con el objetivo de explorar la zona, que hasta ese momento ha permanecido oculta a los ojos del hombre.
Una vez allí, descubren que alguien gobierna el lugar y no desea visitas. Se trata de Kong, un gigantesco gorila que ejerce de guardián y absoluto rey de la isla.

Después de la espectacular pero imperfecta Godzilla (Gareth Edwards, 2014), y tras ver Kong: la Isla Calavera, uno puede pensar que Warner Bros se ha puesto las pilas y tomado nota de todo aquello que no convenció en la película del lagarto atómico. Vamos, que Godzilla salía poco y, para colmo, de noche. El público en general lanzó piedras contra la película (y en parte lo entiendo, aunque la película me gustó), por eso Kong toma un rumbo muy distinto. ¿Hacia dónde? Hacia el pulp y el entretenimiento sin complejos, alejándose así del ineficaz drama que Godzilla intentaba poner sobre la mesa. En una película de monstruos, los personajes humanos me suelen dar igual. Si están bien desarrollados lo agradezco, pero si no tampoco voy a perder el sueño. Lo que sí quiero que haya, y eso no lo perdono, es monstruos…, y en Godzilla no se lucían. El drama no funcionaba porque los personajes humanos importaban un pimiento, pero es que, para colmo, el bicho que da nombre a la película sale diez minutos en las dos horas de metraje… y casi siempre de noche. Godzilla me gusta porque es una película arriesgada y valiente, y también porque cuando acierta lo hace a lo grande y te deja con la boca abierta, pero eso no quita que esté salpicada de malas decisiones.

Y tres años después llega Kong: la Isla Calavera, una película que suple los defectos de Godzilla porque hace lo que aquella no hacía: si tus personajes humanos importan poco (y los de Kong no importan nada), céntrate en los monstruos y dales todo tu maldito cariño… y el protagonismo.
Kong es una película que, a diferencia de Godzilla (luego os explicó por qué no dejo de comparar ambos títulos), se regodea en su aspecto lúdico y nos da monstruos antes de que hayan pasado ni cinco minutos. La película no busca complicarse ni ser trascendente ni seria, y eso es justo lo que necesita este tipo de productos. Quizá se eche en falta un guión más sorprendente y menos plano, pero no se puede tener todo. La película da lo que promete, y yo sabía bien lo que iba a ver, así que salí encantado.

Sin embargo, pese a que Kong es una película destinada al público masivo, gris y estándar, se vislumbra en sus imágenes, sus efectos especiales, en el diseño de los monstruos y en la forma en que está rodada, que han puesto cariño y ganas en esta demencial aventura. Hay planos bellísimos, la selección musical es brutal (es una de las ventajas de ambientar la película en los 70), la fotografía es puntualmente impresionante (la del prólogo me recordó a Fury Road… y eso son palabras mayores) y las escenas de acción están rodadas a plena luz del día y de forma clara y limpia, para que podamos ver con todo lujo de detalles cada puñetazo, cada hueso roto y cada burrada.

El reparto es muy poderoso (Samuel L. Jackson, Brie Larson, John Goodman, Tom Hiddelston, John C. Reilly), aunque todos o casi todos acaban eclipsados por el catálogo de alimañas que habita en la isla. El director, Jordan Vogt-Roberts, sabe que los verdaderos protagonistas son los monstruos, y en ellos se centra. Así debería haber sido en Godzilla, porque aunque el tono de aquella cinta no se amolde al cachondeo generalizado que hay en Kong, nada justifica la continua sensación de coitus interruptus.

¿Y mis continuas comparaciones entre Kong y Godzilla? Quedaos hasta el final de los créditos y os llevaréis una sorpresa, aunque imagino que ya sabéis que ambas películas transcurren en el mismo universo, y eso sólo puede significar una cosa: Godzilla vs Kong próximamente. 


Si buscáis una buena película que entretenga desde el primer minuto hasta el último, y si os gustan los monstruos, dejad de leer esto y corred a ver Kong: la Isla Calavera.  

jueves, 16 de marzo de 2017

La La Land


La La Land empieza con una brutal escena musical que tiene como protagonista a un monumental atasco de tráfico en una autopista cualquiera de Los Ángeles. En esta secuencia se deja claro que Damien Chazelle, director de la brillante Whiplash, pretende hacer un épico homenaje al cine clásico, especialmente al musical.

La pareja protagonista formada por Emma Stone y Ryan Gosling no puede tener más química, de hecho ya les hemos visto juntos anteriormente (Gangster Squad y Crazy Stupid Love). Es un punto crucial para que la historia funcione, ya que todo se apoya en la relación entre ambos personajes. Si esto no funcionase, no funcionaría nada.
Conforme avanza la trama vemos las luces y sombras de ese romance entre espectaculares y bellas secuencias musicales que permanecen en la retina días después del visionado. Es complicado salir del cine sin tararear la banda sonora.

Uno de los mayores desafíos de la película subyace en la propia trama del filme. Hay un momento en el que al personaje de Ryan Gosling le preguntan cómo pretende llegar al público siendo tan conservador con la música que toca. Pues bien, eso es justo lo que ha hecho el director: ser tradicional hasta las últimas consecuencias y, a la vez, llegar a un público acostumbrando a los efectos especiales, el ritmo vertiginoso y la violencia explícita. Puede que el personaje de Ryan Gosling no consiguiera su objetivo, pero Damien Chazelle sí.

El tema principal de la película es el amor, pero no necesariamente entre los protagonistas. La La Land habla del amor por la ciudad de Los Ángeles y, por encima de todo, del amor por lo sueños que no se han cumplido pero día a día luchamos para que así sea. Chazelle tiene la valentía de emplear la bonita relación entre la actriz y el pianista para hablar de temas que poco o nada tienen que ver con la típica historia de amor que nos han contado miles de veces. Dicho de otra forma, Chazelle convierte el amor que sienten ambos protagonistas en el combustible que mueve sus vidas dirección a los sueños por los que luchan.

La La Land es una película de corte clásico pero a la vez fresco, con un desenlace valiente que no busca contentar al espectador, y todo ello es digno de aplauso.

Sin duda, una de las mejores películas del año. Para ver La La Land no es necesario que te gusten los musicales, sino el buen cine.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...