Vi esta película el día del estreno, así que la reseña llega con bastante retraso, y la razón es que se trata de un título que no me ha inspirado lo suficiente como para hablar de él. De hecho, no sé muy bien qué decir, ya que la razón que me ha empujado a escribir sobre 8 apellidos vascos no tiene casi nada que ver con la propia película.
A estas alturas está claro que nadie tiene la fórmula del éxito en el negocio del cine, porque de ser así todas las películas serían taquillazos, ¿no? Creo que es bastante obvio. Pero, ¿por qué 8 apellidos vascos ha sido un éxito tan abrumador? La fórmula usada en esta película se ha empleado ya miles de veces, sin dar nunca tan buenos resultados, pero ahora llega 8 apellidos vascos, una película que no inventa nada ni resulta novedosa, y ¡zasca! Exitazo. ¿La razón? PORQUE SÍ. No se me ocurre otra cosa. ¿La fuerte campaña publicitaria? ¿El boca-oreja? No sé, de repente se alinean los planetas y la gente va en masa a ver una película que, vamos a ser sinceros, no tiene nada de interesante.
Una gran campaña publicitaria funciona sólo cuando el material que promociona es bueno, ya que engañarás a los primeros que vayan a verla, pero cuando ésos mismos salgan del cine dirán pues menudo bodrio me he tragado, y lo pregonarán por ahí, a sus amigos y conocidos; les aconsejarán que vayan a ver otra cosa. Imagino que la cosa funciona así, entonces ¿por qué ha gustado tanto 8 apellidos vascos y ha recaudado tantísimo? Pues eso, ni zorra idea.
Sin ir más lejos, recientemente se estrenó la infinitamente superior 3 bodas de más, y oye, no he visto a nadie hablando de esa película. Y hace unos años se estrenó la estupenda Primos, y de nuevo no tuvo ninguna repercusión. Pero cuidado, llega 8 apellidos vascos, una película muy estándar, plagada de tópicos (y no me refiero a los tópicos regionales que parodia), sin carisma y con aspecto de serie de Telecinco, y ala, a triunfar. No entiendo nada.
En el guión está Borja Cobeaga, un tío muy válido que ya nos regaló la más que disfrutable Pagafantas y la aún mejor No Controles, pero, de nuevo, ninguna de las dos se acercó al éxito de 8 apellidos vascos, en la que hay algún destello del Cobeaga que a mí me gusta, pero nada, muy poca cosa. Lo peor que ha guionizado este hombre, y sin embargo, lo que más éxito ha cosechado.
No me malinterpretáis. Me alegro horrores de que una película española triunfe, ya que me encanta el cine patrio (tanto como el de cualquier otro país), y ojalá tuviéramos más éxitos de este tipo, que nos vienen fenomenales, pero he de reconocer que en este caso concreto, me parece un triunfo bastante irracional e inmerecido, porque si le echamos un vistazo a otras películas españolas estrenadas en los últimos años, y luego vemos la taquilla de 8 apellidos vascos, al menos yo no puedo evitar preguntarme pero qué me estás contando. Hay por ahí películas que merecían muchísimo más, y sin embargo el premio gordo se lo ha llevado un título de lo más normalito, tirando a insulso.
Me lo pasé bien con la película, no me aburrí y hubo algún momento que me hizo gracia pese a no ser el tipo de comedia que me gusta (Karra Elejalde y los compadres fueron los únicos que de verdad me hicieron gracia. Rovira, méh, ni fu ni fa; y Carmen Machi insoportable y sin gracia, como siempre), pero lo siento, lo único que puedo sacar en claro de todo esto es que 8 apellidos vascos no es para tanto, y que la calidad de la película no está a la altura de su exagerado éxito. Ni por asomo.
Algo así pasó con ese otro inesperado éxito de taquilla que fue Bienvenidos al Norte, que todo el mundo la vendía como la mejor comedia de los últimos años, prometiendo risas desde el primer minuto al último.
Pues yo no la soporté más de 40 minutos.