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jueves, 19 de marzo de 2015

Inherent Vice


Cuando leí que para no perderse y entender medio correctamente la novela homónima en la que se basaba Inherent Vice hacía falta papel y lápiz, me eché a temblar. ¿Por qué? Porque no me gustan las historias de detectives excesivamente enrevesadas, complejas e innecesariamente liosas. Inherent Vice es todo eso, pero hasta un punto tan elevado que ha terminado gustándome porque he llegado a la conclusión de que, si al finalizar la película no has entendido un pijo, no es porque seas cortito de mente, sino porque la película está pensada para que ocurra precisamente eso. 

Bebiendo de fuentes como El largo adiós o El Gran Lebowski, Paul Thomas Anderson construye una película de trama detectivesca indescifrable pero fascinante a la vez, como siempre ocurre con este director, cuyas películas podrán gustar más o menos, pero su calidad técnica e interés artístico es innegable. 
Inherent Vice se pierde en una maraña de situaciones más o menos rocambolescas, personajes de todos los colores y mucha droga, y eso la convierte en una película no apta para todos los paladares. Si buscáis algo de fácil digestión, no os acerquéis a Inherent Vice

Sin embargo, la gran cantidad de críticas que acusan a la película de tener un argumento terriblemente lioso hacen que me pregunte una vez más si no estará el público en general demasiado acomodado a lo estándar, a la narrativa típica y tópica, la cual es eficaz, sí, pero también aburrida y poco interesante en muchas ocasiones. 
El público se ha acostumbrado a películas con inicio, nudo y desenlace. Películas que, una vez acabadas, deben haber conseguido que el espectador lo haya entendido todo, de principio a fin y sin cabos sueltos, ¡y si no se entiende es porque la película es mala! Error. Creo que hay que romper un poco con esa actitud y esa mecánica, y concienciarse de que el hecho de no haber conseguido entender una película no significa que sea mala. Sólo significa que  no la has entendido (sin contar con esas películas que, sí, están mal narradas, pero eso es otra cosa). 

¿A cuánta gente he escuchado decir que Mullholland Drive es mala porque no se entiende? Partiendo de la base de que con un poquito de esfuerzo (aquí radica el problema, en lo vago que se ha vuelto el espectador medio) sí se entiende, ¿por qué hay que decir que es mala si no la entendemos? ¿Y si el problema no es de la película, sino nuestro? Damos por hecho las cosas con demasiada facilidad: no entiendo la película, por lo tanto es mala y yo soy un gran cinéfilo. NO, echa el freno, amigo. Quizá 
la película sea de puta madre y no la has entendido porque tienes la mala costumbre de no darle caña a la masa encefálica y porque tus neuronas se han atrofiado y acomodado con tanto A Todo Gas y tanto Transformers
Ya sé que esto suena a pedantería chunga, pero sólo os pido que lo toméis como una posibilidad más a la hora de juzgar una película. A veces, las películas que no gustan no tienen ningún problema... Lo tenemos nosotros. 

Digo todo esto aunque en realidad Inherent Vice se mueva por otros cauces, pero quiero que veáis el revuelo que se forma (y casi siempre para mal) cuando una película se sale de lo común narrativamente hablando. Inherent Vice es confusa e indescifrable (yo no entendí nada), pero no como Mullholland Drive, cuya clave puede desvelarse con un poco de atención y un par de visionados. Inherent Vice es así porque el director quiere que lo sea, y porque su intención no es que nos enteremos de la trama, sino que nos dejemos llevar por el colocón que llevan todos los personajes, por las interpretaciones (enorme y graciosísimo Joaquin Phoenix), por la belleza e hipnotismo de sus imágenes, por la estupenda y nostálgica ambientación y por el aire paranoico que se respiraba en los 70. Eso es lo que quiere Paul Thomas Anderson, no que te enteres de una mierda. Y seguro que Inherent Vice puede descifrarse, quizá tomando notas en una libretita y viendo la peli ochenta veces. Puede ser, sí, pero se nota que ésa no era la preferencia que tenía Anderson en mente cuando hizo la película. 
El mayor inconveniente de Inherent Vice es su excesiva duración, la cual hace que se resienta el ritmo. Con una hora y cuarenta minutos habría bastado. 

Resumiendo, una película notable que no le recomiendo a prácticamente nadie. Guiaos por vuestro instinto a la hora de decidir si la veis o no. Yo me lavo las manos. 
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