Cuando leí que para no perderse y entender medio correctamente la novela homónima en la que se basaba Inherent Vice hacía falta papel y lápiz, me eché a temblar. ¿Por qué? Porque no me gustan las historias de detectives excesivamente enrevesadas, complejas e innecesariamente liosas. Inherent Vice es todo eso, pero hasta un punto tan elevado que ha terminado gustándome porque he llegado a la conclusión de que, si al finalizar la película no has entendido un pijo, no es porque seas cortito de mente, sino porque la película está pensada para que ocurra precisamente eso.
Bebiendo de fuentes como El largo adiós o El Gran Lebowski, Paul Thomas Anderson construye una película de trama detectivesca indescifrable pero fascinante a la vez, como siempre ocurre con este director, cuyas películas podrán gustar más o menos, pero su calidad técnica e interés artístico es innegable.
Sin embargo, la gran cantidad de críticas que acusan a la película de tener un argumento terriblemente lioso hacen que me pregunte una vez más si no estará el público en general demasiado acomodado a lo estándar, a la narrativa típica y tópica, la cual es eficaz, sí, pero también aburrida y poco interesante en muchas ocasiones.
El público se ha acostumbrado a películas con inicio, nudo y desenlace. Películas que, una vez acabadas, deben haber conseguido que el espectador lo haya entendido todo, de principio a fin y sin cabos sueltos, ¡y si no se entiende es porque la película es mala! Error. Creo que hay que romper un poco con esa actitud y esa mecánica, y concienciarse de que el hecho de no haber conseguido entender una película no significa que sea mala. Sólo significa que tú no la has entendido (sin contar con esas películas que, sí, están mal narradas, pero eso es otra cosa).
Ya sé que esto suena a pedantería chunga, pero sólo os pido que lo toméis como una posibilidad más a la hora de juzgar una película. A veces, las películas que no gustan no tienen ningún problema... Lo tenemos nosotros.
El mayor inconveniente de Inherent Vice es su excesiva duración, la cual hace que se resienta el ritmo. Con una hora y cuarenta minutos habría bastado.
Resumiendo, una película notable que no le recomiendo a prácticamente nadie. Guiaos por vuestro instinto a la hora de decidir si la veis o no. Yo me lavo las manos.