Thor: Ragnarok ha levantado mucha polémica, y no es para menos.
Tras Thor y su secuela, Thor: El mundo oscuro, pocos preveían que la saga tomaría estos derroteros tan poco ortodoxos. Me refiero a que la saga, de repente, ha cambiado de género. Si las dos primeras entregas eran (más o menos) un par de películas de acción con tintes épicos, algo de humor y un par de gotas shakesperianas, Thor: Ragnarok es cien por cien puro cachondeo. Las dos primeras no funcionaron por culpa de su extrema sosería y falta de cariño en su concepción, de modo que Marvel ha decidido irse al extremo contrario y convertir esta tercera entrega en algo más cercano a Guardianes dela Galaxia que a Thor. Esto es como si ves primero Alien, luego Aliens: El Regreso… y de repente la tercera es un drama musical
(estoy exagerando, pero…)
Tras Thor y su secuela, Thor: El mundo oscuro, pocos preveían que la saga tomaría estos derroteros tan poco ortodoxos. Me refiero a que la saga, de repente, ha cambiado de género. Si las dos primeras entregas eran (más o menos) un par de películas de acción con tintes épicos, algo de humor y un par de gotas shakesperianas, Thor: Ragnarok es cien por cien puro cachondeo. Las dos primeras no funcionaron por culpa de su extrema sosería y falta de cariño en su concepción, de modo que Marvel ha decidido irse al extremo contrario y convertir esta tercera entrega en algo más cercano a Guardianes de
Esto que comento ha molestado y
desubicado a muchos, que no entienden cómo una película que trata un tema
“serio” como el Ragnarok (el Apocalipsis nórdico) puede tomárselo todo a
pitorreo.
En mi caso, estoy encantado. De
hecho, esta era la primera vez que tenía verdaderas ganas de ver una película
de Thor en solitario, y es que un trailer a ritmo de Led Zeppelin se gana el interés
de cualquier ser humano con sangre en las venas. Lo mejor es que Led Zeppelin
también suena en la película, ¡dos veces! En fin, como para no gustarme.
Para más hype, la película está
dirigida por Taika Waititi, en cuyo currículum figuran las estupendas Lo que hacemos en las sombras y Hunt for the wilderpeople. Vamos, un
director de comedia que ha hecho con Thor:
Ragnarok lo que mejor sabe hacer: comedia. Y no sólo eso, sino que el tío
ha pasado de todo y se ha sacado de la manga una nueva estética, de modo que
donde antes había oscuridad y tonos azulados, ahora hay colores chillones. Si Thor 1 y 2 eran un callejón oscuro un
lunes por la noche, Thor: Ragnarok
es la cabalgata del orgullo gay. De nuevo estoy exagerando, aunque no tanto
como creéis…
Lo mejor de todo es que no se
limita a la comedia; también cuenta con grandes escenas de acción, una banda
sonora potentísima y retro, muchísimo ritmo (dos horas y pico que se pasan en
un suspiro), unos personajes protagonistas carismáticos y bien interpretados
(Cate Blanchett está enorme)… y Hulk. También tenemos a Hulk.
Muchos la acusan de ser una mala
adaptación y tal y tal, pero creo que se equivocan, puesto que Marvel Studios
no está adaptando sus cómics, sino reinterpretándolos para la gran pantalla. Este
universo cinematográfico no es una adaptación de nada, sino, como bien indica
su nombre, un universo… Uno de los
varios universos alternativos que hay en Marvel. No entiendo por qué cuando un
personaje es reinventado en el cómic (cosa que ocurre muy a menudo), nadie se
queja, y sin embargo cuando eso mismo ocurre en una película, los puritanos
sacan las hachas. Es pura contradicción.
Este Thor no es ni mejor ni peor
adaptación; es, simplemente, el Thor del UCM. Podrá gustar más o menos, pero
juzgarlo según lo bien adaptado que esté, es un error.
Y al contrario que otros
espectadores, no tengo nada en contra del humor y la estética colorida, incluso
hortera, en este tipo de cine. Con tanta oscuridad, seriedad y drama, se nos ha
olvidado lo que realmente son los cómics de superhéroes: color, desenfado,
locura y fantasía. En ese sentido, Nolan (y mira que me gusta su Batman) ha
hecho mucho daño. Parece que las películas de superhéroes actuales están
acomplejadas, de ahí tanta solemnidad, caras largas, bajona y paletas de
colores invadidas por marrones y grises.




