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lunes, 27 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok


Thor: Ragnarok ha levantado mucha polémica, y no es para menos.
Tras Thor y su secuela, Thor: El mundo oscuro, pocos preveían que la saga tomaría estos derroteros tan poco ortodoxos. Me refiero a que la saga, de repente, ha cambiado de género. Si las dos primeras entregas eran (más o menos) un par de películas de acción con tintes épicos, algo de humor y un par de gotas shakesperianas, Thor: Ragnarok es cien por cien puro cachondeo. Las dos primeras no funcionaron por culpa de su extrema sosería y falta de cariño en su concepción, de modo que Marvel ha decidido irse al extremo contrario y convertir esta tercera entrega en algo más cercano a Guardianes de la Galaxia que a Thor. Esto es como si ves primero Alien, luego Aliens: El Regreso… y de repente la tercera es un drama musical (estoy exagerando, pero…)
Esto que comento ha molestado y desubicado a muchos, que no entienden cómo una película que trata un tema “serio” como el Ragnarok (el Apocalipsis nórdico) puede tomárselo todo a pitorreo.
En mi caso, estoy encantado. De hecho, esta era la primera vez que tenía verdaderas ganas de ver una película de Thor en solitario, y es que un trailer a ritmo de Led Zeppelin se gana el interés de cualquier ser humano con sangre en las venas. Lo mejor es que Led Zeppelin también suena en la película, ¡dos veces! En fin, como para no gustarme.

Para más hype, la película está dirigida por Taika Waititi, en cuyo currículum figuran las estupendas Lo que hacemos en las sombras y Hunt for the wilderpeople. Vamos, un director de comedia que ha hecho con Thor: Ragnarok lo que mejor sabe hacer: comedia. Y no sólo eso, sino que el tío ha pasado de todo y se ha sacado de la manga una nueva estética, de modo que donde antes había oscuridad y tonos azulados, ahora hay colores chillones. Si Thor 1 y 2 eran un callejón oscuro un lunes por la noche, Thor: Ragnarok es la cabalgata del orgullo gay. De nuevo estoy exagerando, aunque no tanto como creéis…  
Lo mejor de todo es que no se limita a la comedia; también cuenta con grandes escenas de acción, una banda sonora potentísima y retro, muchísimo ritmo (dos horas y pico que se pasan en un suspiro), unos personajes protagonistas carismáticos y bien interpretados (Cate Blanchett está enorme)… y Hulk. También tenemos a Hulk.

Muchos la acusan de ser una mala adaptación y tal y tal, pero creo que se equivocan, puesto que Marvel Studios no está adaptando sus cómics, sino reinterpretándolos para la gran pantalla. Este universo cinematográfico no es una adaptación de nada, sino, como bien indica su nombre, un universo… Uno de los varios universos alternativos que hay en Marvel. No entiendo por qué cuando un personaje es reinventado en el cómic (cosa que ocurre muy a menudo), nadie se queja, y sin embargo cuando eso mismo ocurre en una película, los puritanos sacan las hachas. Es pura contradicción.
Este Thor no es ni mejor ni peor adaptación; es, simplemente, el Thor del UCM. Podrá gustar más o menos, pero juzgarlo según lo bien adaptado que esté, es un error.

Y al contrario que otros espectadores, no tengo nada en contra del humor y la estética colorida, incluso hortera, en este tipo de cine. Con tanta oscuridad, seriedad y drama, se nos ha olvidado lo que realmente son los cómics de superhéroes: color, desenfado, locura y fantasía. En ese sentido, Nolan (y mira que me gusta su Batman) ha hecho mucho daño. Parece que las películas de superhéroes actuales están acomplejadas, de ahí tanta solemnidad, caras largas, bajona y paletas de colores invadidas por marrones y grises.

Para mi gusto, Thor: Ragnarok es una película de superhéroes con todas las de la ley, sin complejos y ridículamente divertida.

sábado, 20 de febrero de 2016

Deadpool


Tal y como sospechaba, Deadpool no sólo es una comedia salvaje, de ésas que no dan tregua (si vas a mear te perderás una media de tres chistes), y una buena película de acción, sino que también es una perfecta traslación cinematográfica del personaje visto y leído en viñetas.

Creo que es científicamente imposible aburrirse con esta película. Deadpool, el personaje, es tal y como debe ser: un cachondo que no cierra la boca, que suelta palabrotas como una metralleta, que rompe la cuarta pared para dirigirse al público y que es tan adicto a matar como a la cultura pop.
La incorrección política está presente en casi todo el metraje, y bienvenida sea. En estos aburridos y mojigatos tiempos, donde hay que meditar mucho antes de abrir la boca para que evitar que te tachen de racista, machista, nazi o mala gente, se agradece que alguien mande al carajo toda esa rancia y absurda formalidad.

También me ha gustado muchísimo la selección musical y el uso de ésta. Todo lo que sea emplear canciones de los 60, 70 y 80 es ganarse mi corazón.

Otro punto a destacar son los créditos, tanto los iniciales como los finales. Creo que debería haber alguna ley que obligase a todas las películas a tener, como mínimo, una buena secuencia de créditos inicial o final... O ambas, qué cojones.

Deadpool es una de esas escasas películas comerciales hechas con sumo cariño hacia el material original y hacia el fan, porque la peli podrá gustar a un público que ante todo esté libre de prejuicios y sepa que no va presenciar una obra maestra, sino un 100 minutos de sano y necesario entretenimiento puro y sin pretensiones, pero por encima de todo es un regalo para los fans del cómic.
Al igual que ocurría con Fury Road, el guión se puede resumir en un par de líneas, pero en este tipo de casos lo importante es el viaje y no el destino.

Ryan Reynolds inmenso, con y sin disfraz. Es un actor que nunca me ha dicho gran cosa, y  sin embargo aquí se nota que está en su salsa, en un papel hecho por completo a su medida y de su agrado.
En cuanto al resto del reparto, no destaca nadie más excepto Gina Carano (para mal, porque es una actriz horrible), Morena Baccarin por su innegable química con Ryan Reynolds y T. J. Miller por básicamente lo mismo.


Sobre el equipo que forman Deadpool, Negasonic y Coloso, la chispa salta en cuanto se juntan, igual que en las buenas buddy movies, lo cual hace que me pregunte cómo habría sido esta película en manos de un tipo como Shane Black.
Coloso es un puñetero roba escenas encantador, y Negasonic una típica adolescente que, por alguna razón, me ha caído bien. Pese a la relativa poca presencia en pantalla de ambos personajes, terminan luciéndose y haciendo un hueco en la memoria del espectador.

Otro punto que me gustaría señalar, aunque en realidad no tenga demasiado que ver con la película, es que de nuevo y al igual que ocurrió con títulos como Kick-Ass, buena parte del público ha entrado en las salas de Deadpool con una bochornosa desinformación a sus espaldas, tal y como he podido comprobar tras leer ciertos comentarios vertidos en diversos foros y redes sociales. Me refiero a esos padres que han llevado con ellos a sus hijos pensando que se trataba de una película Marvel en la línea de las demás, pero también lo digo por algunos adultos, aburridos borrachines de corrección política y mojigatería, que han salido horrorizados y escandalizados de la sala ante semejante festival de groserías, violencia, chistes guarros y referencias a la cultura pop que ni siquiera han entendido.
Donde quiero llegar es a que no cuesta nada informarse antes de entrar a ver una película, especialmente si se trata de un material tan especial como Deadpool, que ni mucho menos es para todos los públicos… y no hablo de edades. Si haces los deberes antes de ir al cine o, por qué no, te lees un par de tebeos para saber de qué va la cosa y sacar conclusiones sobre si te interesa o no dicha película, puedes ahorrarte un mal trago y algunos euros; lo que no me parece válido es ir a lo loco y luego quejarte de que la película no es lo que esperabas. El espectador debe ser consecuente y responsable  de saber dónde se mete (porque eso de que el cliente siempre tiene la razón es mentira. Los nueve años que llevo trabajando de cara al público corroboran esto que digo), ya que después no vale culpar al cine o a la propia película, y menos en la actualidad, donde uno puede informarse de lo que sea con tan sólo googlear un par de minutos.
En el cómic ya está todo lo que aparece en la película, de modo que los que critican Deadpool por ser “extraña”, malhablada, sangrienta, violenta y grosera están poniéndola a parir por ser una buena adaptación. Tócate los cojones.

 El cine de superhéroes, debido a sus grandes presupuestos, se ve obligado a llegar al mayor número posible de espectadores. Es lógico. Pero sin duda se agradecen títulos como Deadpool o la serie de Daredevil. Es necesario que entre tanto producto para todos los públicos haya algunos exclusivos para adultos, del mismo modo que también resultan imprescindibles cositas como Guardianes de la Galaxia o Ant-Man, que pese a estar dentro de lo apto para todas las edades, se alejan de la oscuridad, el drama, la seriedad y la rectitud de títulos más "gordos" y pretenciosos como Batman VS Superman o Civil War, ofreciendo un entretenimiento ligero, eficaz y riquísimo. 
Ya que el mercado está saturado de superhéroes, lo mínimo que pueden hacer los estudios es variar el tono y la franja de edad de vez en cuando. Es la única forma de romper la monotonía y no cansarse, porque hasta de helado se puede uno hartar si nunca cambia de sabor.

En fin, lo único que puedo recriminarle a esta película es que no dure 20 minutos más y que la secuela no se estrene la semana que viene. 

Sin duda, Deadpool pasa a entrar en mi Top de las películas más divertidas y políticamente incorrectas que he visto en mi vida. 

domingo, 2 de agosto de 2015

Ant-Man



Yo sé, y vosotros sabéis, que cuando se empieza a marear mucho la perdiz durante la realización de una película suele ser señal de que las cosas no van bien y de que, por tanto, el resultado va a ser un truño. Ant-Man llevaba fraguándose desde hace un buen puñado de años, siendo Edgar Wright el encargado de llevar a cabo el proyecto. Los problemas empezaron cuando Wright abandonó el barco debido a ciertos desacuerdos creativos, y a partir de ahí comenzó a surgir un aluvión de posibles directores encargados de sustituir el vacío dejado por el director de, entre otras, Hot Fuzz. También hubo que arreglar el guión de Wright para que la película, que en un principio iba a ser completamente independiente, encajase en el universo cinematográfico de Marvel. En fin, problemillas que muchos auguraron que echarían a perder la película entera, y en parte yo también lo creí, porque pasar de un director como Edgar Writght a uno completamente desconocido es, cuanto menos, deprimente. 
Pese a todo no fui al cine esperando encontrarme un bodrio infumable, sino algo más bien insípido que no me disgustase (a secas), sin embargo me alegra mucho poder decir que salí del cine verdaderamente encantado con Ant-Man. Mucho más de lo que esperaba. 

He de reconocer que no estoy familiarizado con el personaje, y que más allá de haberlo visto pululando por ahí en algún que otro tebeo mi experiencia con él es muy profana, de modo que no puedo afirmar si es o no fiel al cómic, pero ya sabéis que a mí eso me importa poco, porque cuando voy a ver una película la juzgo como tal, no como adaptación. Que sí, puede ser mejor o peor adaptación, pero a mí lo que me importa es que sea una buena película. Eso es lo que de verdad cuenta. 

Ant-Man es una película en la que funciona prácticamente todo, empezando por un reparto encabezado por Michael Douglas (impresionante cómo lo han rejuvenecido en la escena inicial) y Paul Rudd, un actor que desde siempre me ha caído bien. Los amiguetes del personaje interpretado por Rudd también están geniales, dándole a la película un toque de humor extra, y no es que Ant-Man ande escasa de humor precisamente, porque ya desde los carteles promocionales se olía a cachondeo. Este es un punto que pondrá los pelos de punta a algunos, pero yo lo agradezco. El humor Marvel, por muy tontorrón que sea, siempre me saca una sonrisa. 

El guión no es especialmente original, y de hecho el planteamiento parece un híbrido entre Iron Man y Ocean´s Eleven, pero termina siendo efectivo. Además el toque de Edgar Wright está ahí y por momentos asoma la cabeza, lo cual siempre es bueno. Al final lo que importa es que la película sea divertida, y en este caso lo es de sobra. 
El director, Peyton Reed, no posee ni el carisma ni la marca personal de Wright, pero se desenvuelve muy bien con las escenas de acción en general, aunque cuando más se luce es cada vez que el protagonista reduce su tamaño y, en cierta forma, accede a un mundo ajeno a nosotros, la gente de tamaño normal. En ese sentido es una maravilla visual, y prueba de ello son la secuencia en la que el protagonista usa el traje por primera vez, la batalla en el tren de juguete o la psicodélica escena de la reducción descontrolada. 

Puede que Ant-Man no tenga el empaque Los Vengadores: la era de Ultrón, y puede que tampoco sea tan espectacular... ¡pero es que tampoco lo necesita! Ant-Man es épica y espectacular a su manera, a una escala más reducida (nunca mejor dicho) pero igualmente efectiva. 
Es una película que funciona, que transmite buen rollo, que resulta simpática y que, ante todo, es divertida a rabiar. 
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