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jueves, 21 de junio de 2018

Twin Peaks: The return


Diga lo que diga en este artículo, no va a estar a la altura de la tremenda barbaridad que David Lynch regaló a sus fans el pasado verano. Me falta vocabulario y talento para reseñar esta monstruosidad como es debido.
Pese a todo, me gustaría dedicar unos párrafos a hablar no de la serie en sí, sino concretamente de su tercera temporada. ¿El motivo? Si el Twin Peaks original de los 90 fue rompedor, lo que ha sucedido con su tercera temporada, estrenada 25 años después, resulta indescriptible.
Quizá no sea objetivo, ya que todo lo que hace David Lynch me vuelve loco, pero es innegable que Twin Peaks: The return ha sido un puñetazo sobre la mesa. Tal vez sea la primera vez en la historia de la televisión que un autor tan poco digerible por los mainstreams ha hecho lo que le ha dado la real gana, sin complejos, y además con un presupuesto y un reparto más que considerables.
Quisiera condensar mi opinión en un solo artículo, así que voy a dividirlo en secciones para organizar las ideas y no acabar haciendo un caótico gazpacho.
Vamos allá.



1. NUEVO LOOK
Creo que todos los fans de Twin Peaks esperábamos de esta tercera temporada un producto similar a las temporadas una y dos, pero no ha sido así. Esto, como no podía ser de otra forma, ha provocado ira y admiración a partes iguales, dividiendo al público y bla, bla, bla… Vamos, lo que ocurre siempre. ¿Alguna película o serie no divide al público? ¿Hay algo que guste o sea odiado de forma cien por cien unánime?
Pero es verdad que la primera toma de contacto, ese momento mágico en que ves los minutos iniciales del primer episodio, se hace raro. Bastante raro, de hecho, y eso que Twin Peaks siempre ha sido una serie rara y marciana, pero es que ahora había que sumarle a eso un radical cambio estético, con una fotografía bastante fea, como de película barata o amateur, y unos efectos especiales que son, casi siempre, una chufla. Pero nada de eso es casual, porque nada es casual cuando se trata de gente como David Lynch.
De modo que sí, la primera toma de contacto con The return se atraganta, se observa con rechazo, pero acabas entrando de lleno, y lo haces porque, aunque esto a priori no parezca Twin Peaks, huele al inconfundible sello de su director. Tal vez nos sintamos desubicados al principio, pero no tardamos en comprender que estamos en el mismo lugar de siempre, ese lugar al que somos arrastrados cuando decidimos bucear en la obra de David Lynch. Volvemos a estar inmersos en una de sus histéricas y aterradoras pesadillas. Nada nuevo, por suerte.
Quisiera pensar que esto es lo que siempre quiso Lynch para Twin Peaks. Me explico: la serie original, formada por dos temporadas, acaba mutando en algo que poco o nada tenía que ver con lo que nos ofrecía al principio, y todo eso fue, como de costumbre, por culpa de los ejecutivos, los de la pasta, empeñados en poner freno a los artistas. De modo que Lynch perdió interés por la serie, la abandonó, y no fue hasta su recta final que decidió regresar y trata de poner las cosas en orden, aunque para entonces ya era tarde. La audiencia había caído en picado y la serie iba a morir cancelada.
Con esto quiero decir que, aunque esas dos primeras temporadas fuesen extrañas y lynchnianas, estaban domesticadas, o al menos lo estaban en parte. No es que fuesen un producto de consumo masivo, pero… casi. En cambio, The return es una temporada en la que David Lynch y Mark Frost (la otra mitad de esta obra) han tenido libertad para hacer lo que quisieran, de ahí que no haya compasión hacia el espectador. Twin Peaks: The return es una serie desatada que no pretende caer bien a nadie, ni siquiera a los fans de la original.
Tengo la impresión de que Lynch y Frost siempre quisieron hacer esto, pero como en su momento no pudieron o no les dejaron, ahora han dado rienda suelta al maravilloso cacao mental que a estos señores les burbujea en la cabeza.



2. FUEGO, CAMINA CONMIGO
La película de Twin Peaks, revalorada con el paso de los años, fue odiada e incomprendida en su momento, principalmente porque en lugar de desvelar dudas, planteaba más. Por eso y porque, al igual que sucede con la tercera temporada, se parecía más bien poco a la serie original. Fuego, camina conmigo era mucho más oscura, adulta y deprimente, y a esto debemos sumarle el hecho de que su metraje fue reducido en más de una hora. Eso significa un buen puñado de cabos sueltos y momentos que, se miren por donde se miren, no tienen explicación.
Entonces, ¿Lynch ha obviado la película a la hora de escribir la temporada tres? ¡NO! No sólo no la ha ignorado, sino que es imprescindible haberla visto para poder “entender” (nótense las comillas) algunos momentos clave de la nueva temporada. Pero es que además de eso, The return ha heredado el tono y la atmósfera onírica y pesadillesca de la película, elementos más remarcados en el film que en la serie original (que ya es decir).
Para muchos, esto será una tortura. Para mí, que la película me parece fabulosa, es un regalo.
Hay una escena de la película, uno de esos momentos sin sentido que huelen a que hubo que cortar metraje explicativo, que ha sido más o menos aclarada en la tercera temporada. Es una explicación extraña, muy loca, muy de vamos a improvisar algo mientras nos tomamos el décimo café del día, pero resulta efectiva y da a la serie una nueva lectura sobrenatural. Y no es que Twin Peaks ande escasa de elementos sobrenaturales, pero uno más siempre es bienvenido.
Me refiero a la demencial escena en la que aparece el agente especial Philip Jeffries, interpretado por David Bowie. En esta secuencia, Jeffries hace acto de presencia mediante una ¿teletransportación? ¿Cruzando una puerta interdimensional? ¿Viajando en el tiempo? No lo sé. La cuestión es que el tío aparece en la oficina del FBI muy desubicado y desorientado, pero su presencia también llama la atención de su jefe, Gordon Cole, que se sorprende mucho al verle, e incluso hace alusión a que Jeffries desapareció tiempo atrás sin dejar rastro…  Hasta ahora, que ha regresado de nadie sabe donde.
En esta escena, Jeffries dice dos cosas clave. Primero comenta que no quiere que nadie mencione a Judy, y segundo se pone un poquitín histérico al ver al bueno de Dale Cooper, a quien acusa de ser un impostor. Todo el mundo presente en la oficina se queda con cara de ¿pero qué me estás contando?, y el espectador también, claro.
¿Quién es Judy? Un misterio que se planteó en 1992 y que desde entonces ha sido tema de conversación entre los fans de esta serie. Pero el enigma se resolvió en 2017 gracias a la tercera temporada, donde se nos revela que Judy es en realidad una antiquísima entidad maligna llamada Jiao Dai, y que resulta ser el villano principal de la serie, causante de todos los males.
Otra cosa que se nos aclara es que dentro del FBI existe un departamento especial secreto llamado Rosa Azul, encargado de resolver casos de índole sobrenatural o extraterrestre. A ese departamento especial pertenecía el ilocalizable Philip Jeffries, motivo por el cual terminó viajando en una de sus misiones a una dimensión paralela y cruzándose con la peligrosa Judy, de ahí que conozca su existencia.
Y queda otra cuestión: ¿por qué se altera tanto cuando Jeffries ve a Dale Cooper? Muy sencillo, al ser un viajero en el tiempo y conocer el futuro, sabe que Cooper acabará teniendo un doppelgänger maligno, motivo por el cual no sabe si ese Cooper es el bueno o el malo.
Lamentablemente, David Bowie falleció durante el rodaje de la tercera temporada sin darle tiempo a rodar su regreso como el agente Philip Jeffries. Pero estamos en una obra de David Lynch, así que todo es posible. De modo que sí, amigos, en la tercera temporada tenemos de vuelta a Jeffries, aunque no con la apariencia que esperábamos. En esta ocasión, y dado que Bowie no estaba disponible, Lynch decidió convertir al agente Jeffries en una cafetera parlante. ¿Por qué? Porque sí, chavales, porque sí. ¿No es maravilloso?
David Lynch ha sido muy valiente al no ser complaciente con nadie, ni siquiera con los fans de Twin Peaks.



3. SALIMOS DE TWIN PEAKS
Otra decisión arriesgada por parte de Lynch y Frost ha sido expandir la historia más allá de las fronteras del idílico pueblo que da nombre a la serie. De esta forma, Nueva York y Las Vegas son dos de los nuevos escenarios habituales en The return. Y digo que es una decisión arriesgada porque ampliar el universo twinpeaksniano del modo en que lo han hecho, puede suponer un rompecabezas al que no todos estén dispuestos a jugar. Al haber más localizaciones, se abren frentes, muchos frentes, cada vez más frentes… ¡Una puñetera tonelada de frentes! Sólo en los dos primeros episodios ocurren más cosas que en algunas temporadas completas de otras series. Es demencial. Lo más estresante es que la serie avanza y, en lugar de resolver las quinientas subtramas pendientes, crea otras o retuerce las ya existentes, y llega un punto, cuando la serie se acerca peligrosamente al episodio final, el dieciocho, en que parece que no habrá tiempo de zanjar los asuntos que se llevan planteando desde el primer capítulo. Experimentos secretos relativos a otras dimensiones, asesinatos inexplicables, vórtices, dobles malignos, tipos con superpoderes, vagabundos terroríficos que van por ahí pidiendo fuego y asesinando, viajes en el tiempo, monstruos, realidades alternativas, mafiosos… Quizá sea la mezcla más extraña y desquiciada de la historia del audiovisual. Para un guionista, lidiar con todo eso debe ser una labor titánica.



4. GOTTA LIGHT
Toda la serie, incluyendo sus dos o tres episodios más flojos e insustanciales, es una obra de arte contada en dieciocho horas. Quizá el evento televisivo más arriesgado, personal y LIBRE con el que nos hayamos topado en décadas.
Y luego está el episodio ocho, un punto y aparte. Ningún capítulo de The return es normal ni comercial, pero la locura desatada en el octavo, titulado Gotta light, es digno de estudio. Es el capítulo más surrealista y desquiciado, y al mismo tiempo uno de los que arrojan más luz, al menos en lo referente a un tema muy concreto: la llegada de Jiao Dai a nuestro mundo… o algo así. Sólo diré que la culpa de todo la tiene una explosión atómica ocurrida en los años 40.
El episodio, de una belleza estética superior (esa preciosa y sugerente fotografía en blanco y negro contrasta con el feísmo visual de los otros capítulos), funciona como un relato de ciencia ficción dura, a lo Philip K. Dick (toda la temporada parece influenciada por este escritor, dicho sea de paso) y una historia de terror.
Es duro hablar de este capítulo sin perder pelo mientras se hace, ya que como ocurre con buena parte de la filmografía de David Lynch, se puede describir pero no explicar.



CONCLUSIÓN
Twin Peaks: The return es una serie (o película de dieciocho horas, como la describe el propio David Lynch) que se mueve en tierra de nadie. Por una parte, y como ya he explicado antes, no busca complacer a nadie, ni siquiera a los fans de la serie original... Tal vez podría decirse que el público perfecto para The return se encuentra en la gente que disfrutó con alguna de las obras más crípticas de Lynch, como Mulholland Drive, Fuego, camina conmigo, Inland Empire o Carretera Perdida. Y por otro lado, ningún consumidor de series convencionales aguantaría más de un episodio de este experimento audiovisual.
Pero resulta que, justo por eso, estamos ante una serie magnífica, única, compleja y terrorífica que ha conseguido algo que muy pocas series logran conmigo: mantenerme en vilo y hacerme desear la llegada del siguiente lunes para poder disfrutar de un nuevo capítulo, una nueva dosis de televisión gourmet. Y no sólo eso, sino que también ha dinamitado todas las expectativas y conjeturas, ya que resulta imposible saber por dónde van a ir los tiros de un capítulo a otro. Da igual lo que haya ocurrido en el episodio que acabas de ver; el próximo saldrá por donde menos te esperas, te cortocircuitará la cabeza… y querrás más.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Leatherface


Leatherface es una de esas películas que sólo capta el interés de cuatro gatos, entre los que me incluyo orgulloso. En mi caso, esto se debe a que soy un fan incondicional de esta saga, siendo La Matanza de Texas una de mis películas de terror favoritas por motivos que podría enumerar ahora mismo… pero no es el caso.
Además, la película está dirigida por Alexandre Bustillo y Julien Maury, quienes perpetraron hace años la genial Al Interior.
¿Qué podía salir mal con semejante combinación? Pues era difícil, pero resulta que TODO ha salido mal.
Leatherface disponía de los ingredientes para ser una gran película llena de brutalidad y suciedad. Además tenía la oportunidad de dar un origen digno a uno de los personajes más legendarios del cine de terror. Pero no ocurre nada de eso. Nada.
En fin, entiendo eso que dicen muchos sobre que lo desconocido produce más miedo, y que cuanto menos se sepa sobre un personaje, más inquietante resultará. Estoy de acuerdo, aunque también soy una persona curiosa, por lo que siempre acabo preguntándome (y deseando una respuesta) por qué gente como Hannibal Lecter, el Joker o el propio Leatherface son como son. Y reconozco que al conocer los orígenes se corre el riesgo de desmitificar, pero en fin, si la película en cuestión no nos convence, siempre tenemos la opción de ignorarla… como yo he hecho con la aquí presente.

La película empieza bien, con una secuencia que resulta ser un guiño a los fans de la original, pero ahí acaba todo. Luego entramos en una dinámica de chalados adolescentes que van por ahí haciendo tropelías bastante descafeinadas y sosas (se incluye una escena necrófila, pero está tan forzada y metida con calzador, que no impacta ni lo más mínimo); una mezcolanza ridícula entre, no sé, ¿Los Goonies y Los Renegados del Diablo? En fin, qué más da.
Para colmo, la peliculilla nos toma el pelo en relación a un personaje de forma bastante tonta e innecesaria, pues no aporta nada al conjunto. No voy a entrar en detalles para no spoilear, aunque me dan ganas porque es una tontada muy grande que no venía al caso.
Y para rematar la función, la explicación que se nos da sobre los motivos por los que Leatherface cubre su rostro con una máscara (de piel humana), es de lo más convencional, tonta y predecible.
Otro puntito en contra es que la película está ambientada en Texas pero rodada en Bulgaria… Y SE NOTA. La ambientación tejana es, como quien dice, un personaje más de esta saga,  y aquí se lo han cepillado porque Bulgaria no cuela como Texas.
Las interpretaciones no destacan, la historia carece de interés, está dirigida sin fuerza y los momentos supuestamente brutales y sangrientos resultan insípidos y tópicos. La Matanza de Texas original, con su mínimo derramamiento de sangre, era infinitamente más repugnante, sucia, terrorífica y perturbadora que este bodrio, ¿y por qué? Porque te la creías.
Ni siquiera Stephen Dorff, cuyo personaje es un caramelito (anda que no dan juego los policías corruptos y/o perturbados), pasa por aquí sin pena ni gloria. Pero la culpa no es suya, sino del guión, que desaprovecha todo lo que hay en la historia.

Leatherface es, en resumen, sosa, cobarde, carente de ambición e indigna de formar parte de esta saga, por lo que para mí no existe.

Decepción mayúscula. 

lunes, 30 de octubre de 2017

IT (2017)


Malos augurios
Todo apuntaba a desastre, y es que el último director asociado a este proyecto, Cary Fukunaga, eran palabras mayores, y sin embargo abandonó el proyecto por diferencias creativas. En su lugar colocaron a Andy Muschietti, director de la pésima Mamá. El bajón fue muy grande, y de repente parecía que la novela se quedaría sin una buena película. Y digo película porque la versión de los noventa no cuenta, ya que se trataba de una miniserie (bastante sobrevalorada, por cierto). Por lo tanto, no es justo referirse a IT como un remake.
Pese a todo, yo tenía cierta esperanza. Aunque el director elegido no fuese gran cosa, lo importante era que el material de base, la novela, era sobresaliente. A poco que lo respetasen, saldría algo digno. 


Una adaptación difícil
Adaptar la novela de Stephen King no era un trabajo fácil debido a su naturaleza adulta y truculenta y a su gran extensión (más de mil páginas), pero Warner ha sabido sortear ambos obstáculos. Para empezar, IT obtuvo la calificación R (vamos, que no se anda con tonterías a la hora de ponerse perturbadora), y además se tomó la acertada decisión de estrenarla en dos partes para así abarcar la novela como es debido. En total, es de suponer que ambas entregas sumarán más de cuatro horas de película.

El nuevo payaso Pennywise
Como todo en la vida, el nuevo diseño gustó a unos… y a otros no. Yo estaba en el primer grupo, pero aunque estéticamente me pareciese acertado, una cosa era eso y otra muy distinta verlo en acción y averiguar qué tal la interpretación de Bill Skargard, actor que hasta ese momento no me decía absolutamente nada. Ni me sonaba.
El precedente era Tim Curry, quien interpretó a Pennywise en la famosa mini serie. Vamos a ver, yo sé que el trabajo que hizo Curry está en un altar y que su payaso forma parte de la mitología del cine de terror… pero a mí no me parece para tanto. Creo que el nuevo es superior en todos los sentidos, tanto en diseño como en interpretación. No me da miedo porque no tengo fobia a los payasos, pero aún así lo considero mucho aterrador que el original.

El club de los perdedores
Aunque no suele pasar, la película está protagonizada por un grupo de chavales que no resultan repelentes y odiosos; al revés, tienen carisma, gracia y para nada son cargantes. Yo soy de los que quieren que el monstruo se coma a los niños y se ponen a favor del villano, pero estos chavales me han caído bien. He llegado a sufrir con ellos, a querer que todo salga bien y que le dieran una paliza a Pennywise. 
Al igual que en la novela, cada protagonista tiene sus propios problemas personales en casa, bien sea una madre sobreprotectora, la pérdida de un familiar, un padre que abusa sexualmente de su hija o un caso de bullyng bastante feo y peligroso. A la ecuación, por tanto, hay que añadir otro problemilla: un payaso asesino devorador de niños.
Pero de eso se trata, y de eso va la novela: superar los miedos y traumas. Y es que si nos paramos a pensarlo, puede que el menor de los problemas del Club de los Perdedores sea el payaso. Esto es tan así, que si en la película no hubiese ningún monstruo, seguiría siendo un drama terrorífico. ¿Por qué? Porque el ser humano es el peor de los engendros. No hacen falta payasos con colmillos.

Como adaptación
Adaptar la novela con absoluta fidelidad habría requerido casi tres películas: una para la etapa infantil de los protagonistas, otra para la etapa adulta y una tercera para los interludios. Esto significa que la película no adapta la obra literaria con total fidelidad, pero sí que sabe quedarse con lo necesario: la esencia, el alma, el tono, la textura. Y aunque haya cambios, la historia central que da forma a la película es la misma. Con algunas modificaciones y algunas partes suprimidas, pero nada que resulte imprescindible.
Como ya digo, el tono es lo más importante, y la película lo ha sabido reflejar.
Uno de los mayores y más evidentes cambios respecto a la novela es la época durante la cual transcurre la historia. En la novela, la infancia de los protagonistas transcurría en los cincuenta, y su adultez a principios de los noventa. En la película cambiamos los cincuenta por los ochenta y los noventa por nuestra actualidad. Me gusta muchísimo la estética de los cincuenta norteamericanos, de modo que la he echado en falta, pero han sabido aprovechar los ochenta para convertir IT es una especie de versión macabra de Los Goonies y darle ese toque nostálgico que tan bien funciona hoy en día (véase Stranger Things, serie que bebe muchísimo de IT y Stephen King).
Como es lógico, el cambio de contexto histórico repercute en varios puntos que han debido eliminarse, como el hecho de que Pennywise no se convierta en monstruos clásicos de la Universal, como el hombre lobo o la momia, por ejemplo.
Pero estos cambios resultan insignificantes porque lo más importante, lo que contribuye a que la novela sea una obra maestra, está en la película: los personajes (y aquí no me refiero a Pennywise) están bien construidos y son importantes y creíbles.

Por ponerle una pega, diré que, como siempre ocurre con el cine de terror comercial, se abusa de los sustos fáciles y los sobresaltos, pero en conjunto tiene muchas más virtudes que defectos.
IT es una película hecha con cariño y respeto hacia el género y la novela de Stephen King, por eso han acertado de lleno. 

martes, 20 de junio de 2017

Alien: Covenant


Ridley Scott retoma la saga Alien tras la desastrosa Prometheus, película que me gusta y fascina por ciertos motivos, pero que, como ya digo, es un desastre por otro puñado de motivos que no voy a entrar a detallar. No es mala, pero tampoco es tan buena como debería haberlo sido.
Hablo de Prometheus principalmente porque Alien: Covenant ha resultado ser, al menos en parte, un desastre similar… ¿De quién es la culpa? De Prometheus y de los fans más cerrados de mente. ¿Es mala? No, pero, insisto, tampoco es tan buena como debería ser. De eso se trata.
Esto daría para cuatro artículos, así que voy a intentar ser breve y conciso.

Cuando Ridley Scott se planteó hacer Prometheus, no tenía intención de realizar otra película de aliens asesinos, revienta-pechos y toda la fauna que ya nos conocemos. Él quería hacer una película situada en el universo Alien, pero sin xenomorfos. Y ahí empezó el desastre, porque el guión tenía agujeros, introducía elementos con calzador (ese xenomorfo final bellísimo e impactante pero innecesario), los personajes se comportaban como imbéciles (más de lo habitual en este tipo de películas, quiero decir. A fin de cuentas, si los personajes fuesen demasiado racionales y listos, igual la peli duraba quince minutos y adiós… ¡esta y cualquiera!), y al final, más que despejar dudas, creaba más. Y pese a todo esto, me gusta Prometheus… pero tampoco estoy ciego.

Luego llegaron los fans, que entre el guión regular y la ausencia de xenomorfos, rompieron en cólera y crucificaron a Prometheus en un linchamiento bastante injusto y desmedido, al menos en mi opinión.
¿Las consecuencias de todo esto? Que Alien: Covenant es lo que es por culpa de esos fans que reclamaban más de lo mismo, así que lo que debería haber sido Paradise (el título original), se terminó convirtiendo por la fuerza en una entrega más de la saga Alien. Estoy convencidísimo de que esta película no se parece en nada a lo que Ridley Scott tenía en mente para la secuela de Prometheus… Y cambiar de rumbo de forma tan brusca conlleva unas consecuencias negativas e irreparables. Ridley se ha visto obligado a realizar una película pura y dura de Alien, pero lo ocurrido en Prometheus seguían ahí, esos cabos sueltos continuaban reclamando ser atados. ¿La solución para quitarse de en medio el marrón y ajustarse a las nuevas exigencias del estudio? Obviamente no voy a soltar tamaño spoiler, pero digamos que Scott se ha quitado de en medio todo lo referente a Prometheus con una triste secuencia de tres minutos. Borrón y cuenta nueva… y así no se hacen las cosas si quieres que queden bien. Ahora ha dejado el camino abierto para hacer todas las películas de Alien que quiera sin que Prometheus se entrometa. Y es una lástima, porque, recordemos, Scott no quería hacer otra película más de la saga Alien cuando anunció Prometheus… ¡y fijaos cómo ha terminado el asunto! En fin, Hollywood.


Pero la cuestión es la siguiente: pese al cambio de rumbo en los planes de Ridley Scott, y pese a que le hayan metido un petardo por el culo a Prometheus con tal de ajustarse a las exigencias del público, ¿es Alien: Covenant una película potable? Yo creo que sí. Vale que hubiese preferido ver una secuela 100% directa de Prometheus centrada en el mundo de los Ingenieros, pero soy demasiad fan del universo Alien como para despreciar una película en la que aparecen xenomorfos, engancha-caras, revienta-pechos, etc, y todo eso aderezado con mucha sangre y casquería.

Alien: Covenant no es una película perfecta, pero, al igual que ocurría con su predecesora, dudo que merezca los palos que está recibiendo.
Pese a ciertos problemas de ritmo, algunos efectos especiales regulares que contrastan con otros de primer nivel y una premisa que dista mucho de ser original e innovadora, Alien: Covenant me ha parecido una película disfrutable siempre y cuando se vaya con las expectativas no muy altas.
En fin, es una película de contrastes. Por un lado me ha parecido un producto aceptable, pero por otro no puedo evitar pensar que esto merecía más, mucho más, y que ser aceptable a secas es como dar por bueno que Albert Einstein saque un seis en un examen de física.

Estoy hecho un lío, ¡dejadme en paz! 

lunes, 13 de febrero de 2017

La autopsia de Jane Doe


El director de la notable Troll Hunter vuelve a la carga con una película rodada de forma tradicional (la anterior era un found footage) que promete más de lo que da.
No hago más que leer buenas críticas y elogios, y siendo sincero me cuesta entender y compartir ese entusiasmo.
Quizá lo mío con La autopsia de Jane Doe sea algo personal, puesto que tenía tantas esperanzas depositadas en ella y tantas, tantas malditas ganas de que no perdiese fuelle tras una primera mitad perfecta, que en cierto modo me enfadé cuando ocurrió lo que deseaba que no ocurriese.
Como ya digo, la primera mitad es soberbia. No sólo el planteamiento es original, sino que además engancha y capta la atención del espectador. Consigue que cierres la boca y atiendas única y exclusivamente a lo que está sucediendo en pantalla.
Mientras veía la película me decía a mí mismo que ojalá fuese así hasta el final, noventa minutos de autopsia en la que los forenses van despiezando el cadáver y encontrando cada vez más elementos extraños e ilógicos al tiempo que tratan de descubrir a quién pertenece el cuerpo y por qué ha muerto. ¿Os imagináis? Toda una película para contar la autopsia de un cadáver que es de todo menos normal, y al final se desvela el misterio… o no. Da igual.

De verdad llegué a pensar que la película entera sería así, pero me equivocaba.
A partir de la segunda mitad, el asunto da un cambio bastante feo. La película se vuelve tópica, empiezan los sustos fáciles tan de moda en el actual cine de terror mainstream, comienzan las apariciones fantasmales… En definitiva, se vuelve una película de horror convencional, de esas que pueblan las multisalas cada fin de semana.
Una verdadera lástima, porque si toda la película hubiese estado en sintonía con los primeros cuarenta minutos, La autopsia de Jane Doe se habría convertido en un clásico instantáneo, pero se queda a medio gas.
Sin embargo admito que pese al bajón que sufre de la mitad en adelante, incluso cuando se vuelve tópica y predecible, sigue estando por encima de la media.
No es un bodrio, desde luego no, pero sí una oportunidad desaprovechada.
Las películas que van de más a menos siempre me dejan mal sabor de boca.

Vídeo reseña

sábado, 22 de octubre de 2016

No Respires


Con el notable remake de Evil Dead, Fede Álvarez demostró ser un director con entidad propia y un gusto por la estética que siempre es bienvenido. Su debut fue sorprendente y estimulante, un regalo para los fans de la película original (incluso se preocupó de que los efectos prácticos tuviesen más peso que los digitales), y ahora regresa con No Respires, una película muy diferente que, sin embargo, sigue dejando ver que su director es alguien a tener en cuenta.

No Respires es la historia de un grupo de ladrones que decide llevar a cabo un trabajo tan fácil como despreciable: robar en la casa de un ciego. Pero las cosas se torcerán cuando descubran que su “víctima” es una implacable máquina de matar que no necesita ojos para despacharte.

De modo que estamos ante una película de robos llena de suspense y tensión en lugar del festival de tripas y sangre que Álvarez nos ofreció en su ópera prima, y eso es bueno; no porque no me guste una buena ración de gore, sino porque los directores que en cada película hacen algo nuevo, huyendo del encasillamiento, me parecen los más interesantes.
No sabría decir si No Respires es una película de terror, un thriller de suspense… o todo a la vez, puesto que la mezcla de géneros está ahí, es un hecho, y ambos en proporciones más o menos similares. Es una película que habría gustado a Hitchcock, pero también al Tobe Hopper de La Matanza de Texas.

Por un lado, la película empieza fuerte, sin rodeos, al grano, y así se mantiene hasta el último minuto. La sucesión de momentos cargados de tensión o terror es constante, llegando a su punto álgido en la recta final, cuando un par de giros de guión nos dejan chafados y con las perspectivas renovadas. Porque No Respires juega con la empatía del espectador: logra que uno esté de parte de los ladrones (sobre todo de ella, por su precaria situación), pero también de la víctima, que a fin de cuentas sólo es un ciego (enorme Stephen Lang) tratando de defender su casa, ¿y qué hay más rastrero que robar a un ciego? Entonces, sin que lo veamos venir, la película vuelve a hacernos cambiar de opinión respecto a nuestras simpatías.

Más allá del gran trabajo de dirección y sonido (muy importante este último elemento) del que hace gala No Respires, hay que reconocerle, por encima de todo, un guión logradísimo en el que prima el uso de la atmósfera agobiante y el suspense para inquietar al espectador, en vez de los típicos sustos baratos con subida de volumen tan socorridos en el actual cine de terror comercial, y no es que no los haya aquí, pero son una minoría que ni merece mención. Ves la película y no sientes que vaya destinada a un público idiota.

En resumen, buen cine de terror/suspense, del que cada fin de semana echo de menos en las grandes salas.

Fede Álvarez sigue mereciendo toda nuestra atención. 

viernes, 14 de octubre de 2016

No Respires (vídeo reseña)

Pues eso, yo hablando en la internacionalmente conocida televisión local de Antequera.
No Respires, una de las sorpresas más agradables de este por fin acabado verano.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

31


Siempre me ha resultado curiosa la forma en que Rob Zombie hace sus películas: usa como armazón una trama vista y poco original, y la pinta a su manera, como si de un lienzo se tratase. En cierta y salvando las distancias, hace lo mismo que Quentin Tarantino, aunque Rob Zombie no disponga de sus presupuestos ni de su aceptación general por parte del público. Esto último es especialmente preocupante, ya que si un buen cineasta como él debe recurrir al crowdfunding para financiarse una película, es que las cosas están más jodidas de lo que imaginaba. Pero sí, hay que reconocer que Zombie no hace cine para todos (bien por él), por mucho que use como base elementos tan trillados como las películas de asesinos en serie y familias de psicópatas, por ejemplo. Son argumentos que ya hemos visto cientos de veces, pero en sus manos todo adquiere un cariz especial, único y reconocible a simple vista. Incluso su trabajo más comercial, el remake de La Noche de Halloween, es, en cierta forma, una película que consigue hacer suya.


¿Pero de qué va 31? De un macabro juego perpetrado por ricachones aburridos de la alta sociedad, consistente en secuestrar a un grupo de personas, encerrarlas en un recinto y obligarlas a enfrentarse con psicópatas y perturbados de todos los colores. Transcurridas doce horas, los supervivientes (si es que queda alguno), son puestos en libertad.
Como puede verse, la historia no es el colmo de la innovación ni se intuye que ahí haya una historia profunda protagonizada por personajes complejos, etc. ¿Y sabéis por qué no hay nada de eso? Porque no lo necesita, y quien vea una película de Rob Zombie esperando algo por el estilo, el problema lo tiene el espectador, no el director. Zombie ya ha dejado claro con su filmografía que lo que le interesa es el espectáculo. Quizá en la estupenda The Lords of Salem dejó a un lado su frenesí furioso para regalarlos una cinta diferente, más pausada y elegante, pero no dejaba de ser eso, un espectáculo.

Con 31 Rob Zombie vuelve a sus orígenes más puros, viscerales y crudos, como en La casa de los Mil Cadáveres o Los Renegados del Diablo. Aquí el director se olvida de los planos simétricos Kubrickianos de The Lords of Salem y se recrea en la nerviosa cámara al hombro (uno de los pocos puntos negativos; moverla menos siempre es mejor), la estética sucia, lo obsceno, la violencia y lo grotesco, por no mencionar el desfile de personajes demenciales e imposibles que se pasean frente a la cámara durante la hora y media de metraje.

Si tengo que poner sobre la mesa algo que de verdad no me haya gustado de 31, es lo mucho que Rob Zombie desaprovecha la oportunidad de profundizar un poco más en ese caramelo que son las altas esferas corruptas y enfermas, capaces de matar a alguien por diversión. Entiendo que el director no buscaba realizar una extensa y detallada crítica social, pero no deja de ser una lástima que, disponiendo de libertad creativa, no haya desarrollado más un tema tan jugoso para aumentar la mala uva de la película.

Y no, no hay nada más allá de esa historia de supervivencia salvaje que Rob Zombie nos propone, pero existe una gran diferencia entre esta película y cualquier otra similar que podamos encontrar en el videoclub ahora o hace unos años: Rob Zombie trabaja y esculpe sus películas desde el amor absoluto hacia el género, y eso es casi siempre lo que distingue al buen director del mediocre e intrascendente.

Así que, si tuviese que describir 31 con dos palabras que atendiesen más a las sensaciones depositadas en el espectador tras el visionado (lo verdaderamente importante, a mi juicio) que a lo que la película es en sí misma por su composición y materias primas, se me llenaría la boca afirmando que es eficaz y honesta. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

The Neon Demon


El drama del director Nicolas Winding Refn fue darse a conocer al gran público con una película fabulosa, bellísima… pero que en absoluto representa el verdadero ADN del director danés. Estoy hablando de Drive, claro. Por supuesto que en ella está impresa la marca de su director (largos silencios, violencia, cuidada estética), pero pasada por un filtro que la hace accesible a un elevado porcentaje del público. El problema de todo esto reside en que, después de Drive, Refn siguió haciendo sus cosas; películas muy suyas, y a la gente se le arrugó la nariz. Ellos querían más Drive porque pensaban que este director era siempre así, y la realidad es otra. La realidad es que Drive es un pequeño oasis en la filmografía del director. Un caramelo.
Por eso, cuando se estrenó Sólo Dios Perdona le dieron palos hasta en la foto del carnet; el público masivo, el que había disfrutado con Drive, quería más de lo mismo… y Sólo Dios Perdona no es más de lo mismo: es Nicolas Winding Refn en estado puro. Volvía a ser él, y la gente que no conocía sus anteriores trabajos se llevó un decepcionante desengaño.
Ahora llega su nueva película, The Neon Demon, y auguro que con ella ocurrirá exactamente lo mismo, pues su visionado resulta aún más duro y complejo que el de Sólo Dios perdona.

The Neon Demon narra la historia de Jesse, una jovencísima chica que huye a Los Ángeles con la intención de triunfar en el mundo de la moda. Allí encontrará belleza y glamour, pero también envidia, enfermiza competitividad y gente sin alma. La mayor maldición de Jesse es ser preciosa por naturaleza, sin que ningún cirujano la haya modificado para ajustarse a los cánones. Jesse irradia una luz con la que sus compañeras sólo aspiran a soñar, y eso puede ser peligroso en un ambiente competitivo, frío y deshumanizado. 

La película, una suerte de híbrido entre Suspiria, de Darío Argento, Mulholland Drive, de David Lynch, y la literatura de Bret Easton Ellis, cimienta sus mayores armas en una estética perfectamente diseñada, donde la luz, el color y el uso de la cámara en combinación con la música cobran protagonismo absoluto. También posee una fuerte carga onírica y simbólica, de modo que verla con la idea preconcebida de estar ante un thriller de terror al uso con inicio, nudo y desenlace es un error. The Neon Demon va más allá de los convencionalismos, algo que desde luego no resulta nuevo en el cine de Winding Refn, y no busca contar una historia que vaya del punto A al C pasando por el B; en lugar de eso nos ofrece una trama no del todo lineal, difusa, donde las sensaciones acaban siendo más importantes que lo narrado. No es de extrañar, pues, que a pesar de tener un ritmo pausado y contemplativo, donde reinan los grandes silencios, las hipnóticas dos horas de película atrapen al espectador igual que a un conejo que sucumbe ante las luces del coche que se aproxima en la oscuridad.
Y como no podía ser de otra forma, bajo el glamour mostrado en The Neon Demon subyace una crítica feroz hacia ese mundo superficial e implacable, donde lo único que importa es poseer un físico impecable. El demoledor momento en que un personaje afirma que con veintiún años ya estás mayor para esos menesteres resume el espíritu de la película. De ahí que, entre las palmeras, los atardeceres y los locales de moda de Los Ángeles, surjan monstruos capaces de cualquier cosa por una dosis de belleza y juventud. 
En el reparto destaca sobre todo la protagonista, Elle Fanning. Su aspecto frágil y delicado ayuda a que nos creamos su personaje, una chica desubicada, temerosa y fuera de lugar que poco a poco irá mutando hacia una oscura dirección.

En resumen, The Neon Demon es una película impecable y no apta para todos los públicos; si lo fuese no resultaría ni la mitad de interesante de lo que es.

viernes, 22 de julio de 2016

El bosque de los suicidios (vídeo reseña)

Mi vídeo reseña sobre El bosque de los suicidios, una película que parte de una buena idea y un gran escenario, pero que no es capaz de sacar provecho a nada.

martes, 19 de julio de 2016

La Invitación


La directora Karyn Kusama, quien no había hecho ninguna película demasiado destacable, ha sorprendido con esta minimalista y efectiva propuesta titulada La invitación.
La premisa nos traslada a una fiesta insoportablemente pija en las afueras de Los Ángeles, donde un grupo de antiguos  amigos ha sido reunido allí por una pareja con, en principio, la intención de recordar viejs tiempos y ponerse al día. Poco a poco se va descubriendo que hay algo más.
Podría decirse que La invitación es un híbrido perfecto entre Un dios salvaje, The Sacrament y, por qué no, La semilla del Diablo.
La película juega con una atmósfera agradable que pese a ello despierta cierta inquietud, pues se sabe de antemano que algo malo se está fraguando. ¿O no? Porque esa es otra: el guión logra que en cuestión de minutos pasemos de estar del lado del protagonista (el único convencido de que allí sucede algo extraño) a mirarlo como si de un psicótico se tratara. En ese sentido la película es una montaña rusa que no lanza luz sobre los verdaderos motivos de la invitación hasta bien avanzado el metraje. Algo similar ocurría con La Bruja; ¿se trataba de una amenaza real o de un simple espejismo provocado por la paranoia?

El guión es el cimiento fundamental de La invitación. En realidad lo es de cualquier película que pretenda ser buena, pero en el caso de este tipo de cine, de bajo presupuesto y medios muy limitados, el guión no es sólo importante, sino crucial e imprescindible, puesto que eso y las interpretaciones son lo único de que dispone el realizador. Por suerte, el guión está calculado al milímetro y sus engranajes bien engrasados, de modo que la película funciona.

La Invitación no es sólo una historia de suspense y terror con sectas de por medio, sino también una feroz crítica hacia la cultura del positivismo excesivo, fantasioso y estúpido que desde hace algún tiempo parece estar de moda. Porque el exceso siempre, siempre, es malo, incluido el de buen rollo y perspectiva rosa chicle de la vida. Ya era hora de que alguien hiciese una película sobre el tema y nos mostrara que tras esta gente que siempre está contenta, borracha de felicidad y pensando que vive en un mundo maravilloso de duendes, unicornios y gominolas puede haber verdaderos monstruos perturbados y peligrosos. 

sábado, 2 de julio de 2016

El bosque de los suicidios


El bosque de Aokigahara, situado a los pies del monte Fuji, en Japón, es el lugar que muchos suicidas eligen cada año para quitarse la vida. Se desconocen los motivos, aunque hay quien especula con la tranquilidad y belleza del lugar o con algún tipo de influjo desconocido como las razones por las cuales este bosque posee tan triste y macabra fama.

Tratándose de un lugar tan espiritual como Japón, no podían faltar las historias de fantasmas y maldiciones relacionadas con el lugar, y no entiendo cómo han tardado tanto en hacer una película sobre este asunto.
¿El problema? Que la han hecho los americanos.

El argumento es muy sencillo. La protagonista (Natalie Dormer) descubre que su hermana gemela se ha adentrado en el bosque y lleva días sin dar señales de vida, así que ni corta ni perezosa toma un vuelo a Japón con la intención de adentrarse en el lugar y dar con ella.
El problema está en que en occidente no tenemos la sensibilidad que existe en oriente para abordar estas historias. Aquí solemos abarcar el tema de forma superficial e idiota, colando sustos baratos y sin gracia como en toda cinta de terror comercial que se precie. En el cine oriental esto no ocurre (o no suele ocurrir. Habrá excepciones, supongo) porque se toman el tema más en serio, y aunque al final la película resulte fallida, podemos tener por seguro que la parte relacionada con los espíritus habrá sido tratada como se merece, y de paso nos habrán puesto los pelos de punta. 

El bosque de los suicidios empieza más o menos bien, con un escenario escalofriante, una fotografía decente y una ambientación más que digna, pero poco a poco se le empiezan a ver las costuras por culpa de los típicos sustos con subida de volumen, y es ahí cuando descubrimos que todo ha sido un espejismo. Estamos ante otra película estándar de terror comercial, hecha sin imaginación ni talento y dando preferencia total al dinero en vez de al valor artístico.
Y si durante el metraje vamos viendo cositas que huelen mal, una vez llegados al minuto cincuenta aproximadamente la película es ya todo un desastre insalvable que desperdicia de la forma más descarada posible una idea tan buena y un escenario con tanto juego como lo es el bosque de Aokigahara.
Esperemos que dentro de un tiempo los japoneses hagan la película que este lugar merece, y si la vuelven a realizar en los Estados Unidos recemos para que el proyecto caiga en manos de un autor con talento y no en las de un asalariado.

En fin, no puedo decir que sea una película aburrida, pero sí una película entretenida que no me apetece volver a ver jamás. Mal asunto entonces, ¿no? 

jueves, 21 de abril de 2016

La Bruja



Todavía no entiendo por qué el cine de terror más comercial sigue empleando los sustos fáciles, los sobresaltos y esas tonterías que, en vez de dar miedo, lo que hacen es señalar una falta de talento considerable.
La industria debe concienciarse de que lo que funciona, el camino correcto, es La Bruja. No la película en sí misma, claro, sino las materias primas que la componen. Ahí está la clave para realizar una buena película de terror, aunque por desgracia todo esto que estoy diciendo es una gran utopía, puesto que el principal motivo de que el cine de terror comercial sea tan mediocre no es la industria, sino el público que demanda esos subproductos. A fin de cuentas esto es un negocio.
Lo digo y lo seguiré diciendo mientras la situación sea la misma: el 99% de las películas de terror buenas o interesantes están en el terreno independiente, no en el comercial.
 
¡Spin Off de Black Phillip YA!
Y tras este sermón, paso a contar algunas cosillas a cerca de La Bruja, la genial película del debutante Robert Eggers, un director del que a partir de ahora quiero ver todo lo que haga.
La trama es sencilla. Una familia de la Nueva Inglaterra del S. XVII es desterrada, no sabemos exactamente por qué, de su pueblo. De esta forma se ven obligados a marcharse e instalarse en una granja en mitad del páramo, junto al bosque. A partir de aquí empieza el mal rollo, la ruina y los problemas, porque resulta que en ese bosque habita una horrible bruja que se dedicará a acosarlos.
Tenemos todos los ingredientes para una película chusca y saturada de sustos fáciles, pero en vez de eso lo que encontramos es una cinta cocinada a fuego lento, más preocupada por crear atmósfera y ser realista que por dar miedo… y por eso da miedo.

Dejando a un lado las varias secuencias perturbadoras que hay salpicadas a lo largo del metraje, lo que Eggers pretende resaltar por encima de todo es ese clima de inquietud constante, de incertidumbre y de no saber a ciencia cierta qué está ocurriendo con la familia protagonista, la cual posee unas fortísimas creencias religiosas cercanas al fanatismo. Este último dato ayuda a que el espectador pueda llegar a pensar que todo lo relacionado con la bruja no es más que una alucinación, un caso de
histeria colectiva que afecta a la familia. 
Por suerte los tiros no van por ahí, y aunque el tono de la película es realista y verosímil, Eggers no se priva de incluir brujas de verdad, con escobas, narices ganchudas y toda la parafernalia propia de estos personajes. De hecho, hasta se permite introducir al mismísimo Satán en la historia. ¿Se resiente entonces ese realismo del que hablaba antes? No, porque todos estos ingredientes están introducidos de forma sabia y sutil, sin abusar de la presencia de elementos fantásticos. Tenemos una magistral mezcla de realismo y fantasía tan bien combinada que no solo no chirría, sino que resulta perturbadora. ¿Por qué? Porque te la crees. Porque se evoca más de lo que se muestra, incluso siendo explícita cuando la situación lo requiere. El truco está en que nunca se recrea más de lo estrictamente necesario.

Por desgracia el tono y el ritmo de la cinta no van acordes con el gusto general del espectador de ahora, el cual se aburre con una facilidad pasmosa y preocupante. De modo que dudo mucho que esta joya, ya no del terror, sino del cine actual, a medio camino entre El Resplandor, Häxan y El proyecto de la Bruja de Blair, reciba el reconocimiento, la acogida y el interés que merece.

Una película que impacta y dejará poso en el espectador que sepa apreciar sus muchas virtudes. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Bone Tomahawk


Existe una ley no escrita entre los espectadores, según la cual el western es un género al que no se le puede añadir ningún elemento fantástico ni sobrenatural. Si se hace, la gente suele llevarse las manos a la cabeza y tildar a la película en cuestión de extravagancia. En otras palabras: el western debe estar siempre cortado por el mismo patrón y ceñirse a las reglas establecidas desde hace décadas.
No hace falta decir que discrepo con este planteamiento. De hecho, opino que el western, tanto por la época como el lugar en el se ambienta este género, es perfecto para introducir elementos terroríficos. Sin embargo es algo que no suele hacerse. Ahora mismo sólo se me vienen a la cabeza dos títulos que mezclaron el salvaje oeste con la ciencia ficción o el terror: Cowboys contra Aliens y Ravenous. Quizá haya alguno más por ahí, pero ahora mismo no lo recuerdo. Sea como sea, estoy seguro de que no abundan.

Bone Tomahawk no es exactamente una película con tintes paranormales, y de hecho no hay nada paranormal en ella. En muchos sentidos es una clásica película del oeste con indios y vaqueros, pero con la particularidad de que su tono es terrorífico. A veces el tono lo es todo. Ajustando este elemento debidamente, se podría conseguir que Solo en Casa fuese una película de terror.
La historia que nos cuenta Bone Tomahawk no se anda por las ramas ni busca la complejidad; la doctora del pueblo ha sido raptada por una tribu de indios caníbales y un grupo de valientes se ofrece para ir a rescatarla.


El reparto de lujo encabezado por Kurt Russell, Patrick Wilson, Mathew Fox y Richard Jenkins da empaque a una película a la que la falta de presupuesto la hace cojear un poco. Si esto hubiese sido un drama intimista o una comedia romántica no habría pasado nada, pero al tratarse un filme de época se nota mucho más la falta de presupuesto. Aunque  tampoco es un obstáculo que eche por tierra toda la película, ya que resulta igualmente disfrutable y conseguida en muchos sentidos, como por ejemplo en sus efectos especiales clásicos o en la efectividad de un guión con bastantes buenas ideas y momentos verdaderamente brutales y crudos.


En definitiva, Bone Tomahawk es una película humilde, atípica y áspera como el papel de lija en la que merece la pena invertir las más de dos horas que dura. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

The Green Inferno


Eli Roth tiene un problema, el mismo que Robert Rodríguez: no se toma en serio el oficio de hacer cine. Hace lo que quiere, y posiblemente esté encantado con su carrera cinematográfica, pero si cuidase un poco más sus productos y los dotase de un mínimo de seriedad ganaría enteros.
Se trata de un director que trabaja con historias de gran potencial, pero éste se ve lastrado al estar lleno de chuflas y momentos más propios de una comedia. Cabin Fever, la ópera prima de Eli Roth, trataba el tema de las pandemias y los virus asesinos, algo que hubiese dado para un filme aterrador y agobiante, pero queda en nada por culpa del tono jocoso del conjunto, donde por encima de todo prima el disparate.
Luego está Hostel, otra película que de haberse tomado en serio, con esa idea base de la que parte su trama, habría resultado un título perturbador como pocos. Sin embargo, en manos de Eli Roth no pasa de ser una broma con algún que otro momento angustioso e inquietante.
Que no se me malinterprete. Eli Roth me cae bien y lo respeto por ser tan honesto con su obra, pero da algo de rabia que un director con tanto potencial no sea tomado en serio por nadie porque, para empezar, ni él mismo se toma en serio. Veo sus películas y las disfruto y me divierten muchísimo, pero no puedo evitar pasarme todo el visionado pensando que el tono que Roth emplea no es el apropiado y que todo podría estar mucho mejor.

The Green Inferno, el cariñoso homenaje que Eli Roth rinde al viejo (y bestia) cine de caníbales, como Holocausto Caníbal, Comidos Vivos o Caníbal Feroz, vuelve a caer en los mismos errores de siempre, aunque en esta ocasión me los he visto venir. De nuevo se nos presenta una materia prima que hubiera dado para una película terrorífica y desquiciante, pero que por culpa de unos momentos cómicos, escatológicos o simplemente fuera de lugar, no acaba de cuajar. Y que conste en acta que me ha gustado y he pasado un buen rato viéndola, pero sigo opinando que las películas de Eli Roth podrían estar mucho mejor si éste pusiera algo más de cuidado en su realización. Está bien que no se tengan demasiadas pretensiones… ¡pero no tan pocas!

El argumento es ya de por sí un chiste: un grupo de activistas viaja al Amazonas para proteger a unos indígenas cuyo hogar, la jungla, está siendo arrasado. Cuando los activistas pretenden volver a casa sufren un accidente aéreo y terminan siendo las víctimas (y el almuerzo) de los mismos indígenas a los que pretendían ayudar.
Por supuesto que hay gore, sangre, muerte y unos efectos especiales bastante decentes, pero por culpa del tono mayormente chusco y paródico nada llega a impactar de verdad. Le ocurre igual que a Hostel: el conjunto es divertido y está salpicado de buenos momentos, pero la película pedía a gritos una realización más seria, cuidada y exenta de bromas.


No obstante, si tenemos claro lo que vamos a ver, conocemos cómo se las gasta Eli Roth y no ponemos el listón demasiado alto, podremos pasar un rato divertido. 

lunes, 9 de noviembre de 2015

El abominable Dr. Phibes


Protagonizada por el mítico Vincent Price, El abominable Dr. Phibes es una extraña y retorcida película de venganzas con reminiscencias a El fantasma de la ópera, pero un fantasma muy pasado de rosca. En varios aspectos podría decirse que esta película se adelantó a su tiempo por motivos que ahora comentaré.

La historia es cuestión es bastante sencilla y directa, ahorrándonos giros extraños y piruetas argumentales innecesarias. Va directa al grano, presentándonos una trama de asesino en serie cuyos extravagantes métodos traen de cabeza a la policía.
La motivación del asesino es sencilla: un equipo de cirujanos metió la pata operando a su esposa, y ahora el Dr. Phibes piensa vengarse de todos y cada uno de ellos. Él va por ahí cometiendo sus crímenes usando métodos loquísimos mientras que la policía trata de echarle el guante, no hay más. Como ya he dicho, la película no se entretiene con subtramas ni profundidad argumental ni pretensiones. No hace falta, ya que ahí radica la gracia de esta película pura como el diamante; un thriller sencillo salpicado de humor negro, muertes grotescas y un villano con carisma magníficamente interpretado por Vincent Price, con la dificultad añadida de que el personaje no mueve la boca al hablar, de modo que sólo puede emitir su voz mediante un aparato. La cuestión es que Price tuvo que darle expresividad al personaje sin mover la boca, sólo con gestos y miradas, y deduzco que eso no es fácil. 

Como dije antes, en algunos aspectos se trata de una película que se adelantó a su tiempo y es por eso por lo que me parece tan atípica, original y recomendable.  
Para empezar tenemos el hecho de que el asesino mate siguiendo el esquema de las plagas de Egipto narradas en la Biblia. Esto de emplear un patrón religioso es algo que vimos décadas después en títulos como Seven y Resurrection

Luego tenemos al propio Dr. Phibes en sí mismo; sus métodos, su aspecto, sus taras físicas... Por el amor de Dios, ¡es un villano de cómic! Si mañana dijeran que el Dr. Phibes va a ser el villano de la próxima película de Marvel o DC, no me chocaría en absoluto ya que el personaje encaja como un guante dentro de ese mundo. Alguien que perfectamente podría hacer equipo con el Joker o el Duende Verde. 
Y para finalizar está el tema de los asesinatos realizados de forma creativa y macabra. Cuando vi la película por primer vez, a mitad del visionado más o menos, empezó todo a recordarme ligeramente a Saw, pero cuando llegó la escena final del ácido, la operación a contrarreloj y la llave dentro del cuerpo pensé "¡pero qué cojones!". Juraría que gracias a esa escena existe la saga Saw, y no sé hasta qué punto sus creadores han confirmado su inspiración en El abominable Dr. Phibes, pero da igual que lo digan o no porque es evidente que lo han hecho. 

Así que, en definitiva, se trata de una película que quizá no sea gran cosa en su apartado técnico (lo cual no quita que posea escenas visualmente espectaculares e hipnóticas), pero que en todo lo demás es de sobra notable y, por supuesto, divertida, original y visionaria. 
Vale la pena verla. 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La Cumbre Escarlata


¡La hostia, llevo más de dos meses sin actualizar el blog! La verdad es que tenía pensado darle un parón de un mes, por eso de que era verano y tal, pero es que ya estamos en noviembre y sigo tocándome los huevos de forma indiscriminada y con alevosía. 
No, ya en serio. Soy consciente del tiempo que llevo sin escribir, y es verdad que todo empezó como unas "vacaciones", pero al final las alargué voluntariamente porque no tenía ganas de escribir. Esto es así, no hay más excusa que esa; no me apetecía escribir. Para empezar, sigo trabajando en mi novela, con lo cual cada vez que saco tiempo para escribir lo dedico al libro, ya que de otra forma siento que estoy "perdiendo el tiempo". Y luego, en general, me invadió cierta desgana respecto al blog... Pero bueno, creo que este parón de dos meses me ha venido bien para renovar energías y ganas.

Durante este tiempo he visto bastante cine (como no podía ser de otra forma tratándose de mí), así que tengo material de sobra para futuras entradas, pero de momento quiero empezar hablando de La Cumbre Escarlata, una película que reúne todos los ingredientes para no gustarme (terror -más o menos- comercial y género de fantasmas) y que sin embargo me ha entusiasmado como hacía tiempo que no me entusiasmaba. Y todo gracias a Guillermo del Toro, pues de haber sido otro el director dudo mucho que la hubiera visto. 

Una película con un guión predecible y poco original no augura nada bueno, pero si detrás hay un director capaz de hacer brillar otros elementos hasta el punto de que las carencias del guión pasen desapercibidas, entonces podemos decir que estamos ante una buena película. Claro que para que esto ocurra, el director debe ser un fuera de serie, alguien con la habilidad de convertir lo aburrido en oro. Es una lección que aprendí gracias a Avatar, de James Cameron. Vale, el guión era absolutamente tópico y carecía de originalidad, ¡pero no me negaréis que todo lo demás es maravilloso! Pues eso también hay que tenerlo en cuenta a la hora de evaluar. El problema viene cuando en una película no destaca nada, pero ese es otro tema. 

Si La Cumbre Escarlata hubiese caído en manos de un director insulso, sin estilo propio ni talento, ahora mismo no estaría hablando de ella, o lo que diría sería poco agradable; por suerte, la persona que hay detrás de las cámaras es Guillermo del Toro, alguien cuyas películas son siempre, como mínimo, interesantes y dignas de verse, y esto se debe en parte a que es un hombre que ama el cine de terror y pone en sus películas todo el cariño del mundo.

El director mejicano toma una historia de fantasmas (lo cual no implica que La Cumbre Escarlata sea necesariamente un filme de terror, ojo) arquetípica, en la que los espectros no son los villanos ni la verdadera amenaza, sino que están ahí para avisar de los peligros que se vienen encima o para dar pistas que sirvan para detener al auténtico villano. Como bien dicen en la propia película, “esto no es una historia de fantasmas, sino con fantasmas”. Entre una cosa y otra hay una diferencia abismal, de modo que si hubiera que encajar de forma justa a la película dentro de un género, sería el thriller. Otras películas que juegan en esta ligan podrían ser Extraterrestre, de Nacho Vigalondo, o Zombies Party, de Edgar Wright. Tanto en una como en otra hay un elemento extraño o paranormal, pero ni mucho menos es el eje central de la historia. Están ahí, de fondo, pero el corazón de la trama es otro. Es como si en Seven a Brad Pitt se le apareciera su abuela muerta para advertirle de que un asesino en serie se lo piensa hacer pasar muy mal. Tendríamos exactamente la misma película, pero con un fantasma pululando por ahí. Un fantasma de quita y pon, prescindible pero resultón... Pues eso es lo que ocurre más o menos en La Cumbre Escarlata


Siendo justos, a los veinte minutos de película es fácil deducir cuál va a ser el final, pero como ya he dicho, habiendo un director tan potente como Guillermo del Toro detrás del proyecto, es inevitable y necesario juzgar el conjunto. Claro, la historia es predecible y arquetípica (no confundir con mediocre), pero todo eso se compensa con un diseño de producción precioso donde todo es bonito, desde los escenarios y el vestuario hasta los propios fantasmas, que por supuesto llevan el peculiar sello del director y su buen gusto e imaginación a la hora de diseñar objetos y monstruos. A todo esto hay que sumarle el pulso narrativo, el gran trabajo de dirección y la facilidad de Guillermo del Toro para captar todo el interés del espectador, porque una historia, sin importar lo innovadora u original que sea, se puede contar bien o mal, y La Cumbre Escarlata está muy bien contada.


La película, como buena película de Guillermo del Toro, posee todos los elementos característicos que hacen de este director lo que es; autopsias, insectos, seres sobrenaturales bellos y horribles al mismo tiempo, maquinarías y engranajes, explosiones de violencia, auto homenajes, etc. Con esto quiero decir que aquellos que disfrutan del cine de este director se van a sentir como en casa, y los que no lo soportan seguirán sin soportarlo porque, para bien o para mal (para bien, en mi caso), Guillermo del Toro sigue siendo él mismo.
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