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martes, 25 de septiembre de 2018

The Meg



La novela homónima en que se basa The Meg, escrita por Steve Alten, y sus correspondientes secuelas, cuentan con un número bastante alto de fans y seguidores que esperaban como agua de mayo la adaptación cinematográfica, la cual llevaba intentando salir adelante, sin éxito, desde el 2000. Algunos de los directores asociados al proyecto fueron Jan de Bont, Guillermo del Toro y Eli Roth. No sé qué habrían hecho ellos, pero seguro que algo más potable y digno que lo de Jon Turteltaub. La cuestión es que al final, tras casi 20 años, han conseguido hacer la dichosa película.
El director elegido es alguien que no me dice nada, pero tampoco esperaba encontrar una película con personalidad, ya que este tipo de cine está hecho por productores, no por cineastas, de modo que el resultado suele ser poco o nada personal y carente de valor artístico. Un producto realizado en cadena de montaje, con la misma personalidad de una pizza congelada respecto a una hecha en casa con cariño y buenos ingredientes. Pero como iba con las ideas claras, sabiendo a lo que me enfrentaba, esperaba que al menos The Meg me ofreciese un par de horas de entretenimiento loco, gamberro y desvergonzado… pero oye, ni eso.

The Meg es de esas películas que todo el mundo pone a parir menos yo (como Iron Man 3 o Prometheus). Yo soy el que sale del cine satisfecho, alegando que la película no pretendía otra cosa que entretener y evadir. Jason Stathan contra un tiburón prehistórico, ¿qué queréis, trasfondo y metáforas? ¡Sacaos la escoba del culo, hombre!
Y sin embargo, no puedo defenderla. Estoy de acuerdo con todos, es una mierda. Me ha parecido una película lamentable con la que hay que tirar de imaginación si se pretende encontrar en ella algo positivo.
The Meg no funciona a ningún nivel, y para colmo es aburrida.

1: El tono
Si vas a hacer una película sobre un megalodón contra Jason Stathan, no te queda más remedio que recurrir a la parodia, la tontería, la locura. Si intentas sacar de ahí algo mínimamente serio, te caes con todo el equipo.
Stathan es un actor malísimo que no sabe interpretar más que a un personaje (el que lleva interpretando toda su carrera. De hecho, creo que todas sus películas forman parte de la misma saga) y poner dos caras como máximo, pero aquí podría haberse marcado un papel resultón, ya que la premisa da para un protagonista chulo, malhablado y pendenciero, como Bruce Willis en El último boy scout o algo así. Pero no, el protagonista carece de carisma, tanto como su compañera, la insípida Ruby Rose, que es todavía peor actriz.
Estoy cebándome con Stathan, pero la realidad es que todo el reparto está para dárselo de comer a los cerdos.
Lo que quiero decir con esto es que, ya que la película, artísticamente hablando (porque el trabajo del director es inexistente y ni voy a mencionarlo), es nula, lo mínimo sería tomarse el asunto a cachondeo y tirar la casa por la ventana en lo que a guasa se refiere. Pero The Meg está en tierra de nadie: demasiado seria para ser graciosa, y demasiado graciosa para ser seria. Cuando pretende ponerse seria (algo que no debería ni intentar), la cosa no funciona porque ni el tono ni la premisa son los de una película seria; y cuando intenta ser graciosa tampoco lo consigue porque no tiene chispa. Es un huevo sin sal.

2: La estética
No diré que parece un telefilme porque esa frase empieza a ser demasiado recurrente, y además no creo que parezca tal cosa, pero desde luego su estética es impropia de una película cara. Normalmente, cuando una película es aburrida se lo achacamos al guión o el ritmo, pero os aseguro que la estética (trabajo de cámara, fotografía) también cuenta, y en este caso es muy aburrida, lo cual contribuye a que The Meg sea un tostón.
Vale, no quiero engañar a nadie ni a mí mismo: PARECE UN TELEFILME.

3: Descafeinada
Puede que este sea el punto que más me molesta.
Imaginad que cogemos una película para mayores de 18 años y la modificamos, cambiando y quitando cosas, con la intención de conseguir una calificación para mayores de 13. El resultado sería un engendro, ¿verdad? Eso es porque cada película tiene su público, lo que significa que si algo es para mayores de 18, debe ser para mayores de 18. Amoldar esa calificación a edades más jóvenes, supone hacer un destrozo. Una película para mayores de 18 no puede ser para nadie más, del mismo modo que no podemos incluir un personaje esnifando cocaína en una película de Pixar.
En The Meg tenemos a un tiburón prehistórico desatado, y sin embargo la película es para mayores de 13 porque así se recauda más, se llega a más espectro de público y tal y tal. Una película que debería haber sido gamberra y sangrienta, porque es lo que la historia REQUIERE, pero en lugar de eso nos encontramos con un producto nada gamberro y nada sangriento. Una peliculita que no se moja ni arriesga.
Piraña 3D es un tostón porque tarda horrores en arrancar y llegar a la parte buena, pero al menos es una película adulta, con sangre, desnudos gratuitos, mala leche y mucha, mucha casquería… aunque solo sea durante los 20 minutos finales. Incluso sale una piraña escupiendo el pene de una de sus víctimas, y al ser en 3D lo escupe directamente hacia la cara del espectador… ¡¡UNA POLLA!! ¿Sabéis qué es lo más gamberro que veréis en The Meg? La escena en la que el bicho se zampa una ballena bebé… ¡Venga ya!

The Meg es un despropósito que no destaca en nada positivo. Hay que tener muy pocas ganas de trabajar para lograr que una película sobre un tiburón de 25 metros intentando matar a Jason Stathan no sea nada espectacular. Es que ni queriendo se consigue algo así, tan insípido y carente de buenas ideas.
Conclusión: los guionistas deberían de haberse aliñado las neuronas con sustancias ilegales antes de ponerse a escribir. Quizá así hubiesen producido algo con más gracia y salsa picante que esta tontería con tiburón para toda la familia.

martes, 10 de mayo de 2016

Techo y comida


Con Techo y Comida me ha pasado algo que hacía tiempo que no me ocurría: me ha parecido mala. Pero mala en el sentido más estricto de la palabra. MALA. Porque en general suelo hablar de películas que me gustan más, me gustan menos o no me gustan, pero casi nunca veo películas que de verdad considere malas dejando a un lado mis gustos personales, y en fin, le ha tocado a Techo y comida.
La película trata un tema tan actual como la crisis, la pobreza y el drama de los desahucios, y hasta ahí todo bien. El problema es que detrás de la cámara hay un director y guionista que ha jugado a ser Fernando León de Aranoa, pero le falta chispa e ingenio para llegar a ese nivel. Ha querido hacer Los lunes al sol de la década y la cosa no ha salido bien por diversas razones.

Para empezar, en un drama social de estas características hay que cuidar las interpretaciones, maldita sea. Para mí ese es un pilar básico, y los intérpretes de Techo y comida, encabezados por Natalia de Molina, están fatal. Su forma de actuar es digna de un corto amateur, y es una lástima porque poco después vi la genial KIKI, el amor se hace, de Paco León, y Natalia de Molina está genial… pero aquí no te la crees. Ni a ella ni a nadie, aunque si tengo que salvar a un actor sería al niño, que más o menos cumple.

También está por ahí Manuel Tallafé haciendo un papel pequeñito, pero entre que tampoco es un actor para tirar cohetes y que su personaje está mal llevado hasta el extremo (aparece en plano de forma brusca y metido con calzador, dice sus frases de villano esclavista arquetípico y desaparece hasta la próxima escena en la que le toca hablar), pues seguimos en las mismas.
Esta película debería haber sido desgarradora, pero la mediocridad de las interpretaciones consigue que a veces te salgas de la historia y que los momentos de mayor tensión dramática resulten ridículos.

Otro problema es la falta de sutilidad que tiene el director a la hora de contar la historia. Es todo tan directo, superficial y lleno de clichés rancios que a la media hora estás saturado por culpa del discurso panfletista en busca del aplauso y la lágrima fácil.
Todos los tópicos de este tipo de cine están concentrados aquí, y no sólo eso, sino que el director nos los restriega por la cara como si fuésemos tontos, para que nos quede claro (como si no lo supiésemos ya), que la crisis es muy mala, que los recortes son dañinos y que muchas familias lo están pasando mal. Insisto, en Los lunes al sol se habla más o menos de lo mismo y en ningún momento sientes que la cosa chirríe por ningún lado.


A veces es mejor mostrar la mitad y dejar que sea el espectador quien termine de atar cabos, sobre todo cuando el director se limita a encadenar momentos dramáticos de manual para llegar del punto A al B y luego al C. El resultado final es una rabieta de bar, de esas que todos escupimos cuando llevamos encima un par de cervezas y nos creemos capaces de arreglar el país.
Uno de los momentos más bochornosos y que resume todos los errores de la cinta viene en la escena donde la madre se abraza a su hijo y ambos rompen a llorar porque van a ser desahuciados, al mismo tiempo que de fondo vemos un grupo de futboleros celebrando por todo lo alto que España ha ganado el mundial. Una estampa que refleja la mala educación de un país adormecido que parece preocuparse más y estar dispuesto a sacar las uñas por cosas tan insignificantes e intrascendentes como el fútbol que por plantar cara al sistema que nos asfixia y roba día a día. Pan y circo.
Estoy completamente de acuerdo con lo que esta secuencia plantea, de hecho estoy de acuerdo con toda la película, pero no me parece que esté bien ejecutada. El momento fútbol queda forzado y artificial porque el director parece tener miedo de que su mensaje no quede claro, por eso recurre a lo explícito en vez de a lo sutil. Esta misma secuencia podría haberse realizado de una forma más discretita y, sobre todo, creíble.


Pero al final de todo, tras darle algunas vueltas a la película, creo que el principal problema está más en la época de su concepción que en la mediocre realización.
No hay un día en que no escuchemos hablar, en la calle o en los medios de comunicación, sobre desahucios, crisis, corrupción, recortes, etc. Es un tema demasiado habitual, demasiado actual y demasiado repetido como para pretender que una película que trata literalmente y punto por punto sobre esos mismos asuntos funcione. Es posible que si Techo y comida se hubiera estrenado dentro de diez años mi opinión acerca de ella fuese distinta, pero viéndola en 2016 y abarcando ésta el tema de la crisis tal y como se nos presenta a diario, no puedo más que considerarlo un filme poco interesante que no cuenta nada de lo que no estemos ya cansados de escuchar hablar.

Con más alegoría y menos panfletismo barato, el resultado hubiese sido mejor.

PD: Hay una escena en la que la protagonista resbuca comida en la basura. Pues bien, la tía se encuentra no sé cuántos paquetes de alimentos (galletas y cosas así) en perfecto estado, sin abrir ni manchar. Todo bien colocadito para que lo encuentre ella.
¡Anda y te vas por ahí! 

miércoles, 28 de mayo de 2014

8 apellidos vascos


Vi esta película el día del estreno, así que la reseña llega con bastante retraso, y la razón es que se trata de un título que no me ha inspirado lo suficiente como para hablar de él. De hecho, no sé muy bien qué decir, ya que la razón que me ha empujado a escribir sobre 8 apellidos vascos no tiene casi nada que ver con la propia película.
A estas alturas está claro que nadie tiene la fórmula del éxito en el negocio del cine, porque de ser así todas las películas serían taquillazos, ¿no? Creo que es bastante obvio. Pero, ¿por qué 8 apellidos vascos ha sido un éxito tan abrumador? La fórmula usada en esta película se ha empleado ya miles de veces, sin dar nunca tan buenos resultados, pero ahora llega 8 apellidos vascos, una película que no inventa nada ni resulta novedosa, y ¡zasca! Exitazo. ¿La razón? PORQUE SÍ. No se me ocurre otra cosa. ¿La fuerte campaña publicitaria? ¿El boca-oreja? No sé, de repente se alinean los planetas y la gente va en masa a ver una película que, vamos a ser sinceros, no tiene nada de interesante. 
Una gran campaña publicitaria funciona sólo cuando el material que promociona es bueno, ya que engañarás a los primeros que vayan a verla, pero cuando ésos mismos salgan del cine dirán pues menudo bodrio me he tragado, y lo pregonarán por ahí, a sus amigos y conocidos; les aconsejarán que vayan a ver otra cosa. Imagino que la cosa funciona así, entonces ¿por qué ha gustado tanto 8 apellidos vascos y ha recaudado tantísimo? Pues eso, ni zorra idea.

Sin ir más lejos, recientemente se estrenó la infinitamente superior 3 bodas de más, y oye, no he visto a nadie hablando de esa película. Y hace unos años se estrenó la estupenda Primos, y de nuevo no tuvo ninguna repercusión. Pero cuidado, llega 8 apellidos vascos, una película muy estándar, plagada de tópicos (y no me refiero a los tópicos regionales que parodia), sin carisma y con aspecto de serie de Telecinco, y ala, a triunfar. No entiendo nada. 
En el guión está Borja Cobeaga, un tío muy válido que ya nos regaló la más que disfrutable Pagafantas y la aún mejor No Controles, pero, de nuevo, ninguna de las dos se acercó al éxito de 8 apellidos vascos, en la que hay algún destello del Cobeaga que a mí me gusta, pero nada, muy poca cosa. Lo peor que ha guionizado este hombre, y sin embargo, lo que más éxito ha cosechado.

No me malinterpretáis. Me alegro horrores de que una película española triunfe, ya que me encanta el cine patrio (tanto como el de cualquier otro país), y ojalá tuviéramos más éxitos de este tipo, que nos vienen fenomenales, pero he de reconocer que en este caso concreto, me parece un triunfo bastante irracional e inmerecido, porque si le echamos un vistazo a otras películas españolas estrenadas en los últimos años, y luego vemos la taquilla de 8 apellidos vascos, al menos yo no puedo evitar preguntarme pero qué me estás contando. Hay por ahí películas que merecían muchísimo más, y sin embargo el premio gordo se lo ha llevado un título de lo más normalito, tirando a insulso. 
Me lo pasé bien con la película, no me aburrí y hubo algún momento que me hizo gracia pese a no ser el tipo de comedia que me gusta (Karra Elejalde y los compadres fueron los únicos que de verdad me hicieron gracia. Rovira, méh, ni fu ni fa; y Carmen Machi insoportable y sin gracia, como siempre), pero lo siento, lo único que puedo sacar en claro de todo esto es que 8 apellidos vascos no es para tanto, y que la calidad de la película no está a la altura de su exagerado éxito. Ni por asomo. 

Algo así pasó con ese otro inesperado éxito de taquilla que fue Bienvenidos al Norte, que todo el mundo la vendía como la mejor comedia de los últimos años, prometiendo risas desde el primer minuto al último. 
Pues yo no la soporté más de 40 minutos. 

sábado, 8 de marzo de 2014

Cuerdas


No soy muy aficionado a hablar en el blog de películas que no me gustan, pero de vez en cuando creo que es necesario y sano despotricar un poco, así que vamos a salir de la rutina y la dinámica general del blog.

Creo que cualquiera que tenga un mínimo de experiencia en cine de terror y sepa apreciar la calidad y el buen hacer de un director y un guionista, sabrá que esas películas de miedo que basan toda su gracia en hacer que el espectador dé un espaviento a base de súbitas subidas de volumen y un ¡¡chan chaaannn!! potente no valen un céntimo. Es un recurso fácil y barato con el que hasta un mono podría conseguir que el espectador diera un salto de su silla, pero amigos, eso no es miedo, sino un puñetero acto reflejo. El mérito está en conseguir que el espectador se asuste haciendo uso de elementos como la ambientación, cosa que es bastante más difícil que limitarse a subir el volumen de la música, algo que, como ya digo, no tiene el menor mérito y cualquiera puede hacer.
Pues bien, esta regla es también aplicable a los dramas, como el cortometraje de animación Cuerdas (que ha sido viral en las redes sociales). Lo mismo que el terror mediocre usa recursos fáciles y traicioneros, los dramas marca Hacendado también lo hacen, sólo que estos, en vez de subir el volumen de la música, meten niños, enfermedades y amores imposibles, y si combinamos todo eso en un cortometraje imaginad el resultado; un pastelón EXAGERADAMENTE dramático y ñoño que busca la lágrima fácil al igual que el cine de terror de baja calidad busca el repullo.

Cuerdas es un cortometraje en el que lo único destacable es su cuidada animación, pero por lo demás es una obra perezosa que tira de recursos fáciles (sólo les ha faltado incluir un cachorrito atropellado), traicioneros y nada imaginativos para que el espectador poco experimentado se enternezca y suelte un oooiish, qué boniiiito..., y automáticamente lo comparta en facebook o se lo pase a su amiga choni por whatsapp.
La Luna, por ejemplo, es un maravilloso y original corto que emociona como es debido, de forma sutil, sin echar mano de los grillados recursos baratos de siempre, pero Cuerdas es pura pornografía dramática para abuelas. Una horterada.

lunes, 16 de abril de 2012

Battleship


A ver por dónde empiezo, porque tiene miga la cosa.
Para empezar, el protagonista, Taylor Kitsch. ¿Este tío ha conseguido superar en mediocridad interpretativa a Sam Worthington? Increíble, sólo por eso le aplaudo. De verdad, ni tiene carisma, ni tiene gracia, ni tiene talento. No hay más que hablar.

El argumento de la película, tal y como ya sabía, es inexistente. La historia en sí es una excusa barata para meter explosiones y efectos especiales, pero bueno, esto ya lo sabíamos todos.
Sinembargo, que esto sea una película palomitera a muerte NO es excusa (y me da igual lo que digan los aficionados a este tipo de cine) para que el guión sea una diarrea mal cagada de tópicos, personajes mil veces vistos y situaciones predecibles.
A diferencia de lo que muchos dicen, para mí eso no es entretenido. Saber lo que va a ocurrir a cada minuto no es entretenido, joder, por muchas explosiones, tiros y efectos especiales que metas. Me aburre, soy así de raro.
Parece que por ser un blockbuster hay que perdonarle las toneladas de estupideces que salen en la película, pues no, señores. Hay dos formas de hacer cine palomitero: bien y mal, y esta peli está mal. 
Una cosa es una película sencillita y sin pretensiones, y otra es una película que nos tome por retrasados mentales. 
Al menos se podrían haber currado un poco el diseño de las naves extraterrestre, pero no, que va. Otra putísima mierda más vista que el TBO. Más naves barrocas, de esas que no sabes ni por dónde se entra ni por dónde se sale. Un amasijo de hierros retorcidos, vamos. 

Los efectos especiales, que aunque muchos se corran vivos al ver explosiones y derrumbamientos, a mí me han parecido mediocres, cantosos y empachosos. Deberían resultar impactantes, pero no lo son porque terminan saturando. 
Bueno, lo de la cámara con parkinson no hace falta ni que lo diga ¿verdad? Este tipo de directores se creen que moviendo la cámara como gilipollas le van a dar a la película un ritmo del copón, pero lo único que consiguen en cargársela aún más si cabe y tocar los huevos

Y no sé por dónde seguir, porque la verdad es que no hay nada positivo que decir. Es que lo demás son detallitos que terminan de estropear el conjunto, por ejemplo:
-El barco con los viejos
-El gordo sin piernas y el friki que grita ¡es un cyborg!
-Cada vez que habla Rihanna y lo mal que actúa.
-TODA la escena del burrito de pollo, de principio a fin. De lo más lamentable que he visto en el cine últimamente.
-El 99´9% de los diálogos

Resumiendo: Repugnante, no vale la pena gastar dinero y tiempo en esta payasada. Lo único salvable es la presencia en la banda sonora de dos grupazos como AC/DC y Creedence Clearwater Revival. Lo demás no vale nada.

lunes, 7 de febrero de 2011

Una noche para descuartizar


Puedo decir con seguridad que es la peor película que he visto en mi vida.
Eso si, tiene un mérito: está tan sumamente mal contada, que la trama (sencillísima) resulta casi imposible de seguir, ya que se tiene la sensación de estar viendo escenas inconexas.

La banda sonora es insoportablemente repetitiva. Las escenas gore son tan cutres que es imposible no partirte de risa. Sin ir mas lejos, al final, la asesina le pega 4 o 5 hachazos en el pecho a un detective (que luego se levanta como si nada, pero bueno...), pero se nota que usaron un hacha de verdad, de modo que vemos descaradamente como los hachazos se dan muuuuuy despaciiiiiiito. Increible, vamos.

Escenas que se cortan en mitad de un dialogo, algunas miradas directas a cámara, la musica cambia bruscamente de un tema a otro y las "interpretaciones" efectivamente, son a nivel amateur, o ni eso.

Lo dicho,  una película terriblemente mala que nadie puede tomarse en serio.

miércoles, 12 de enero de 2011

El infierno bajo tierra

Usando como base argumental una leyenda urbana real (esa que contaba que unos mineros habían encontrado en Siberia a varios km bajo tierra el mismísimo infierno, y que incluso habian grabado las voces de las almas en pena, que por cierto, dicha grabación está en youtube) la pelicula nos cuenta eso, como unos mineros, excavando en el Sahara, encuentran algo muy raro.

Pero no tenemos monstruos, ni sucesos paranormales, sólo una sucesión continua de alucinaciones y engaños al espectador. Vale que una vez mola eso de hacerte creer algo que no es, pero que te hagan eso durante la hora y media de pelicula, una vez, y otra, y otra... cansa.

La ambientación es fenomenal, todo sea dicho. Interpretaciones de pena, y un argumento original, desaprovechado al máximo, pero original.

Esta película, en manos de un buen director y un buen guionista, habría pasado a ser un clásico del género fantástico y de terror.

¡ah! y el final es lamentable.
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