Tras un largo e
injusto linchamiento fruto de la nostalgia más enfermiza y los prejuicios más
dañinos, llega la nueva entrega de Cazafantasmas,
un reboot que reinicia la famosa franquicia, esta vez en versión femenina.
Sin embargo, antes
de empezar a hablar de la película me gustaría comentar brevemente todo lo
sucedido antes del estreno. Lo cierto es que yo fui el primero al que esta
película le dio igual en un primer momento. No la odié ni me la tomé como un
insulto personal (algo que muchos extremistas no pueden decir), simplemente no
me interesaba. Luego, conforme comenzaron a publicarse las primeras imágenes y
trailers, empecé a considerar que era más interesante de lo que parecía al
principio, y que la campaña de odio que había levantado era, a grandes rasgos,
una mamarrachada; a Cazafantamas 2016 había que odiarla más por moda y
tendencia que por verdadera convicción, lo cual es lamentable. Internet se
llenó de opiniones clónicas y de dudoso fundamento, y en seguida salieron los
carcas ultra conservadores de siempre acusando a la película de haberles
violado la infancia (tíos de más de treinta años lloriqueando por eso.
Pensadlo), de haber destruido un clásico (ya me diréis cómo se destruye una
película que ya está hecha. Difícil sin una máquina del tiempo a mano) y de ser
fruto de la falta de ideas en Hollywood (algo completamente falso. Lo que falta
en Hollywood no son ideas, sino confianza en las nuevas ideas; dos cosas muy
distintas). Todo un catálogo de cuñadismos que provocaron en mí el efecto contrario
al pretendido: mi simpatía hacia la película subía como la espuma.
Pero, tal y como sospechaba,
la película me gustó, así que todo salió bien. Aún así, aunque mi opinión no
fuese tan positiva, hubiera seguido pensando que el linchamiento fue exagerado,
absurdo y provocado por una borrachera de nostalgia nada sana. Mucho se ha
hablado de la actitud machista de los detractores, pero yo creo que el
principal problema de esa gente reside en no saber lidiar con la nostalgia que
corre por sus venas, porque la nostalgia está bien y es bonita si se toma con
moderación, pero en el instante en que condiciona la forma de pensar y juzgar,
la cosa se enturbia. Dicho de otra
forma, se puede ser fan sin actuar como un energúmeno.
¿Y qué tal la
película? Simplemente en la línea de las anteriores, de las que soy muy fan, algo
que no me ha impedido disfrutar de esta nueva entrega. Claro que no cuenta con
la ventaja de la nostalgia (aunque nostalgia y calidad son dos elementos sin
relación alguna) ni con el carisma del reparto original, pero eso no quita que
sea una digna sucesora que además de homenajear con cariño a la película de
Ivan Reitman, comparta su mismo espíritu. No creo que Bill Murray y compañía
sean imprescindibles, ni que la película carezca de sentido sin ellos, puesto
que Cazafantasmas era más que su
reparto; también era el concepto en sí mismo: un grupo de amigos científicos
que montan una empresa disparatada con el objetivo de hacer negocio atrapando
espectros. Eso se puede hacer con y sin Bill Murray, Dan Akroyd, Harold Ramis,
etc. Mientras el elenco principal tenga química y chispa se podrá hacer una
película de Cazafantasmas, y el
reboot posee todas esas características, por eso funciona.
Su estructura es
similar a la de la película de 1984, pero ya está. De ahí a decir, como muchos
han dicho, que se trata de un remake hay un trecho bastante grande.
Algunos la han
acusado de tener un exceso de efectos especiales, como si la original no los
tuviese a puñados… y más tendría si se lo hubiera podido permitir. Pero yo me
pregunto, ¿y qué más da que haya muchos efectos especiales? ¿Qué hay de malo? ¿Acaso
este tipo de cine los pide a gritos? Sí, ahora son generados por ordenador y
antiguamente con marionetas y látex, ¿y? Mientras sean buenos, y los de Cazafantasmas 2016 lo son, ¿qué importa?
Algunos deben pensar que el CGI se hace metiéndole un billete de cinco dólares
al ordenador, y no se paran a pensar en que detrás de un personaje o paisaje
CGI hay un gran trabajo técnico y artístico.
Al final me quedo
con lo que de verdad importa: dada la naturaleza de esta película, un puro
blockbuster de verano sin más pretensión que la de entretener, ¿podemos decir
que cumple con su parte? Por supuesto que cumple. A cada película hay que
juzgarla en función de sus intenciones, y si lo que Cazafantasmas 2016
buscaba era hacer pasar un buen rato, lo ha conseguido de sobra. Y no, el
reparto no tiene el mismo carisma que el original, pero reconozco a boca llena
haberme reído con Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y la genial Kate
Mackinnon. Da igual que no sean Bill Murray y compañía porque lo hacen suficientemente
bien como para brillar con luz propia. Ya sabemos que en estos casos las
comparaciones son inevitables, pero no lo hagamos más de lo necesario.
Eso sí, como no
todo es de color de rosa he de admitir que esta no es la película que los fans
queríamos, o al menos no era la que yo quería. Han sido muchos años de idas y
venidas con la posibilidad en el aire de una tercera entrega, y que al final
esto haya resultado ser un reboot en lugar de Cazafantasmas 3 es algo decepcionante. Además, se podría haber
contentando incluso a los detractores más conservadores si en lugar de hacer
borrón y cuenta nueva, la película contase cómo los cazafantasmas originales pasan
el testigo a una generación más joven para que siga desempeñando las mismas
labores. Creo que de esa forma, todos hubiésemos ganado: los talibanes se
habrían calmado (algunos), y los demás nos habríamos ahorrado escucharlos.
En cualquier caso,
y aunque el punto de partida no sea el más adecuado, la película cumple con su
función de blockbuster y es un regalo
para los fans… de mente abierta y estable.