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viernes, 2 de septiembre de 2016

Cazafantasmas (2016)


Tras un largo e injusto linchamiento fruto de la nostalgia más enfermiza y los prejuicios más dañinos, llega la nueva entrega de Cazafantasmas, un reboot que reinicia la famosa franquicia, esta vez en versión femenina.
Sin embargo, antes de empezar a hablar de la película me gustaría comentar brevemente todo lo sucedido antes del estreno. Lo cierto es que yo fui el primero al que esta película le dio igual en un primer momento. No la odié ni me la tomé como un insulto personal (algo que muchos extremistas no pueden decir), simplemente no me interesaba. Luego, conforme comenzaron a publicarse las primeras imágenes y trailers, empecé a considerar que era más interesante de lo que parecía al principio, y que la campaña de odio que había levantado era, a grandes rasgos, una mamarrachada; a Cazafantamas 2016 había que odiarla más por moda y tendencia que por verdadera convicción, lo cual es lamentable. Internet se llenó de opiniones clónicas y de dudoso fundamento, y en seguida salieron los carcas ultra conservadores de siempre acusando a la película de haberles violado la infancia (tíos de más de treinta años lloriqueando por eso. Pensadlo), de haber destruido un clásico (ya me diréis cómo se destruye una película que ya está hecha. Difícil sin una máquina del tiempo a mano) y de ser fruto de la falta de ideas en Hollywood (algo completamente falso. Lo que falta en Hollywood no son ideas, sino confianza en las nuevas ideas; dos cosas muy distintas). Todo un catálogo de cuñadismos que provocaron en mí el efecto contrario al pretendido: mi simpatía hacia la película subía como la espuma.
Pero, tal y como sospechaba, la película me gustó, así que todo salió bien. Aún así, aunque mi opinión no fuese tan positiva, hubiera seguido pensando que el linchamiento fue exagerado, absurdo y provocado por una borrachera de nostalgia nada sana. Mucho se ha hablado de la actitud machista de los detractores, pero yo creo que el principal problema de esa gente reside en no saber lidiar con la nostalgia que corre por sus venas, porque la nostalgia está bien y es bonita si se toma con moderación, pero en el instante en que condiciona la forma de pensar y juzgar, la cosa se enturbia. Dicho de otra forma, se puede ser fan sin actuar como un energúmeno.


¿Y qué tal la película? Simplemente en la línea de las anteriores, de las que soy muy fan, algo que no me ha impedido disfrutar de esta nueva entrega. Claro que no cuenta con la ventaja de la nostalgia (aunque nostalgia y calidad son dos elementos sin relación alguna) ni con el carisma del reparto original, pero eso no quita que sea una digna sucesora que además de homenajear con cariño a la película de Ivan Reitman, comparta su mismo espíritu. No creo que Bill Murray y compañía sean imprescindibles, ni que la película carezca de sentido sin ellos, puesto que Cazafantasmas era más que su reparto; también era el concepto en sí mismo: un grupo de amigos científicos que montan una empresa disparatada con el objetivo de hacer negocio atrapando espectros. Eso se puede hacer con y sin Bill Murray, Dan Akroyd, Harold Ramis, etc. Mientras el elenco principal tenga química y chispa se podrá hacer una película de Cazafantasmas, y el reboot posee todas esas características, por eso funciona.
Su estructura es similar a la de la película de 1984, pero ya está. De ahí a decir, como muchos han dicho, que se trata de un remake hay un trecho bastante grande.
Algunos la han acusado de tener un exceso de efectos especiales, como si la original no los tuviese a puñados… y más tendría si se lo hubiera podido permitir. Pero yo me pregunto, ¿y qué más da que haya muchos efectos especiales? ¿Qué hay de malo? ¿Acaso este tipo de cine los pide a gritos? Sí, ahora son generados por ordenador y antiguamente con marionetas y látex, ¿y? Mientras sean buenos, y los de Cazafantasmas 2016 lo son,  ¿qué importa? Algunos deben pensar que el CGI se hace metiéndole un billete de cinco dólares al ordenador, y no se paran a pensar en que detrás de un personaje o paisaje CGI hay un gran trabajo técnico y artístico.

Al final me quedo con lo que de verdad importa: dada la naturaleza de esta película, un puro blockbuster de verano sin más pretensión que la de entretener, ¿podemos decir que cumple con su parte? Por supuesto que cumple. A cada película hay que juzgarla en función de sus intenciones, y si lo que Cazafantasmas 2016 buscaba era hacer pasar un buen rato, lo ha conseguido de sobra. Y no, el reparto no tiene el mismo carisma que el original, pero reconozco a boca llena haberme reído con Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y la genial Kate Mackinnon. Da igual que no sean Bill Murray y compañía porque lo hacen suficientemente bien como para brillar con luz propia. Ya sabemos que en estos casos las comparaciones son inevitables, pero no lo hagamos más de lo necesario.

Eso sí, como no todo es de color de rosa he de admitir que esta no es la película que los fans queríamos, o al menos no era la que yo quería. Han sido muchos años de idas y venidas con la posibilidad en el aire de una tercera entrega, y que al final esto haya resultado ser un reboot en lugar de Cazafantasmas 3 es algo decepcionante. Además, se podría haber contentando incluso a los detractores más conservadores si en lugar de hacer borrón y cuenta nueva, la película contase cómo los cazafantasmas originales pasan el testigo a una generación más joven para que siga desempeñando las mismas labores. Creo que de esa forma, todos hubiésemos ganado: los talibanes se habrían calmado (algunos), y los demás nos habríamos ahorrado escucharlos.

En cualquier caso, y aunque el punto de partida no sea el más adecuado, la película cumple con su función de blockbuster  y es un regalo para los fans… de mente abierta y estable. 
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