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jueves, 31 de marzo de 2016

La gran apuesta



Hay varias cosas en esta película que me han llamado la atención, y me gustaría comentarlas punto por punto:

1- No he entendido nada.
Y he de aclarar que la película no está mal contada ni mucho menos, al contrario. En realidad el problema lo tengo yo, que de economía no entiendo lo más mínimo. Sin embargo es curioso que pese a haber entendido poco más de un 5% de la trama, he disfrutado como un enano. La película resulta ser una especie de híbrido entre Margin Call y El Lobo de Wall Street, tomando el tono apocalíptico y denso de la primera y el divertimento frenético y cínico de la segunda. De modo que al final tenemos una película que sólo un economista podría entender bien pero que, contra todo pronóstico, hasta un cazurro como yo podría disfrutar pese a no controlar nada del tema tratado.

2- El director.
Adam McKay, un tipo especializado en divertidas comedias tontorronas al servicio de Will Ferrell y sus habituales acompañantes, se mete de lleno en un berenjenal terriblemente espeso en el que por primera vez resulta ser un director serio. Pero es Adam McKay, así que pese a estar manejando un tema oscuro y dramático como lo es la terrible crisis económica que nos asola desde 2008 por culpa de banqueros desalmados capaces de engañar a su madre con tal de llenarse un poco más los bolsillos, toda la cinta está impregnada de un más que evidente tono humorístico y desenfadado.


3- El ritmo.
Que una película sobre economía y bancos resulte divertida y amena es una tarea complicada, pero La gran apuesta consigue captar la atención del espectador (sí, incluso la de ese espectador que, como yo, no se enteró de nada) gracias a unos diálogos ingeniosos y llenos de mala uva, un ritmo veloz que nunca decae, un estilo visual lleno de desenfoques y zooms que recuerda al de la serie The Office y un montaje que nunca sabes por dónde va a salir.
Da igual que no entiendas ni papa de economía. La película te atrapa igualmente,

4- El reparto.
Christian Bale, Steve Carell, Brad Pitt, Ryan Gosling… ¿Hace falta decir más? Sí, que todos están inmensos.

BONUS TRACK


jueves, 17 de abril de 2014

Destripando El club de la lucha.


No ando demasiado sobrado de tiempo ahora que estamos en plena Semana Fascist... quiero decir, Semana Santa, así que he pensado (mentira, me lo han pedido. ¿Qué tal, Espe?) en hacer una entrada rápida sobre  una de las películas que, no sólo están entre mis favoritas, sino que considero una de las mejores de la historia del cine. Me refiero a El club de la lucha, y habrá SPOILERS a saco, así que ojo con leer a partir de aquí los que no la hayáis visto. 
Todos sabemos de qué va la cosa, ¿verdad? Todos sabemos que al final de la película descubrimos que ese carismático terrorista con el rostro de Brad Pitt no es más que un amigo imaginario del protagonista; un álter ego que representa todo lo que él no es: guapo, libre de ataduras materiales, extraordinario en la cama y con unas pelotas de acero. 
La película está salpicada desde el inicio de sutiles pistas que nos dejan entrever que el protagonista está como un cencerro, pero es prácticamente imposible captar dichas pistas si no se ha visto la película al menos una vez. En otras palabras, El club de la lucha es de ésas películas que ganan con cada nuevo visionado. Y os lo digo yo, que la habré visto unas 10 veces y siempre encuentro algo nuevo, un matiz que había pasado por alto. Sin ir más lejos, antes de ayer me la zumbé otra vez y me di cuenta de algo en lo que nunca me había fijado. 

Aquí os dejo todas las pistas que conozco:

Los créditos iniciales.
No es una pista decisiva, pero una vez que hemos visto la película podemos interpretar que el hecho de que comience con un plano secuencia que nos lleva desde el interior del cerebro del protagonista hasta el exterior, es, en cierta forma, un guiño hacia la naturaleza psicológica que impregna toda la historia. 

El protagonista y Tyler Durden nunca hablan en presencia de más gente.
Porque son la misma persona, claro. Sería un poco extraño ver a tu líder manteniendo una conversación consigo mismo, ¿no? Aunque es verdad que en la escena del accidente de coche se ponen a hablar aún llevando como pasajeros a dos miembros del Proyecto Estragos. Ahí no sé deciros qué pasa... 

La escena de los mafiosos.
Una de las pistas más geniales y ambiguas de la película. ¿Recordáis cuando Tyler Durden está dando uno de sus discursos y de repente hacen acto de presencia un mafiosillo y su matón para pedir explicaciones de por qué están usando su sótano sin permiso? La cosa es que Tyler se pone chulo y el mafioso le da de hostias hasta tumbarlo, entonces Edward Norton (que hasta el momento ha estado en segundo plano, apoyando el pared sin hacer nada) intenta ayudar, pero Tyler le hace un gesto como diciendo estate quieto y déjame hacer a mí.
El personaje de Brad Pitt es el álter ego valiente del de Edward Norton, pero no sería de extrañar que tras los fuertes puñetazos del mafioso, la parte débil intentara, al menos momentáneamente, aflorar para que dejaran de pegarle, de ahí que Norton haga el amago de actuar (de pedir clemencia), pero Tyler Durden (la parte fuerte) consigue permanecer imperturbable, por eso le hace el gesto con la mano a Norton, para que su personalidad débil y cobarde siga en segundo plano. 

La escena con el jefe.
Una de las pistas más obvias tras haber visto la película; Norton va hablar con su jefe con la intención de chantajearlo, pero como ve que la cosa no va por buen camino, decide darse una paliza a sí mismo para culpar al jefe en caso de que éste no ceda. En un momento de la escena, la voz en off de Norton dice por alguna razón, me acordé de mi primera pelea con Tyler. ¡Pues claro que se acordó! Tyler es él mismo, de modo que en su primera pelea con Tyler, se estaba hostiando a sí mismo, exactamente igual que en el despacho de su jefe. 

Imágenes subliminales.
El personaje de Edward Norton es un tío con insomnio y mucho tiempo libre, y eso te pasa factura. Si nos fijamos con atención, al principio de la película, antes de que él y Tyler se conozcan, en unas cuantas escenas se nos muestran apariciones subliminales de Tyler Durden que son casi imperceptibles para el ojo humano (duran un par de fotogramas). Es la forma que el director usa para decirnos que la cabeza del protagonista está haciendo catacrocker, y que algo muy chungo va a salir de ella. Su álter ego está gestándose y a punto de nacer.



PD: La sexta regla del club de la lucha es que se pelea sin camiseta ni zapatos, pero Bob, el gordo tetudo, lucha con la camiseta puesta. 
Entendemos que es un error de guión, o quizá los miembros del club decidieron hacer una excepción para ahorrarse la desagradable experiencia de ver a un hombre con una 120 de pecho. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

El Consejero


Ya me ha pasado dos veces seguidas con las dos últimas películas de Ridley Scott (Prometheus y El Consejero): la gente las crucifica, y a mí me encantan. Eso sí, reconozco que estuve a un paso de esperarme a ver El Consejero en DVD, porque pese a que las críticas ajenas me son indiferentes, en éste caso concreto veía tal unanimidad que realmente me acojoné, pero al final tomé la decisión correcta y fui a verla.

A ver, vamos a ser honestos. El Consejero es una película difícil de digerir, y es posible que mucha gente la vea pensando que va a encontrarse un thriller de policías y narcotraficantes, pero la realidad es que está lejos de ser eso, y si a la ecuación añadimos un trailer bastante engañoso, entonces las decepciones están aseguradas. No obstante, que la película no sea lo que esperábamos no significa que sea mala. Yo, por suerte quizá, leí varias críticas antes de ir a verla, así que además de ir con las expectativas bajas, fui sabiendo lo que iba a encontrarme.

El Consejero nos cuenta la historia de un abogado que, para comprarle regalitos a su prometida y tenerla contenta, se mete en el turbio negocio del tráfico de drogas, y todos sabemos como terminan estas cosas, especialmente cuando hay mejicanos y desierto de por medio.
Mucho se ha hablado ya de esos largos diálogos en los que se ven inmersos los protagonistas, y aunque a veces choque un poco ver a un posadero sin estudios hablando como si acabase de leerse la obra completa de Shakespeare, no me parece que esos diálogos sean tan sumamente profundos y filosóficos como los han pintado en multitud de críticas. Es verdad que los personajes tienen una verborrea de aúpa, con predisposición a las frases lapidarias propias de un western, pero en absoluto me parecieron diálogos malos o barrocos, y total, ya se han hecho cientos de thrillers con tiroteos, explosiones y buenas dosis de acción, así que ¿por qué no plantear uno en el que los personajes, además de matarse, se sientan a hablar? Porque me imagino que en el mundillo de los negocios que describe la película se debe hablar mucho.
Es una historia sobre tráfico de drogas contada desde el punto de vista de los tipos con traje y las chicas con vestidos caros que se pasean por fiestas de lujo y despachos preciosos. Es decir, desde el punto de vista de aquellos que están en la sombra y no hacen el trabajo sucio. 

Tampoco tenemos que olvidar que el guión corre a cargo del novelista Cormac McCarthy, así que no entiendo por qué la gente se ha sorprendido tanto de la presencia de esos diálogos, puesto que ya estaban en, por ejemplo, No es país para viejos o Meridiano de Sangre, y en ese sentido no me ha parecido que El Consejero se aleje demasiado de esas dos obras (salvando las distancias).
McCarthy no es un tipo comercial, y eso se nota.
Eso sí, reconozco que en este punto no soy demasiado objetivo, ya que soy bastante fan de McCarthy, y me encanta su estilo lento y sus puntuales pero impactantes explosiones de violencia, y ya que hablo de esto, creo que ahí radica una de las mayores bazas de El Consejero; es una película lenta, llena de diálogos, y eso es precisamente lo que hace que los escasos momentos violentos e impactantes impresionen mucho más que si estuviesen mostrándonos muertes cada cinco minutos.

El reparto está genial, empezando por un Javier Bardem interpretando a un mafioso que aparenta tenerlo todo bajo control y ser el rey del mambo (repito: aparenta), una Cameron Diaz dando vida a toda una zorra hija de puta follacoches, un Brad Pitt en la piel de un mafiosete con pitas de chuloputas (y cuyo final es bastante cafre) y un Michael Fassbender encarnando a un abogado metido en la boca del lobo por culpa de su avaricia. El consejero que da nombre a la película, aunque la realidad sea que más que dar consejos los recibe.
Bueno, y luego está Penélope Cruz, que no sé si hace un papel bueno o malo porque su personaje es sencillamente inútil.

Por cierto, la banda sonora merece una mención especial. Hacía tiempo que no daba con una película cuya banda sonora (el tema principal en concreto) se me meta en la cabeza y la esté tarareando durante días. 

 

En resumidas cuentas, El Consejero es, bajo mi punto de vista, una elegante película que no es perfecta pero sí notable siempre y cuando sepas lo que vas a ir a ver. Una buena historia sobre la avaricia, las malas decisiones y sus fatales consecuencias.
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