Por muy fan que sea del cine español, debo admitir que la obra de Jose Luis Garci nunca me ha llamado la atención ni he encontrado nada en ella que me resultase interesante, hasta que un día descubrí éste título, El Crack.
El argumento gira en torno a un ex policía metido a detective privado de métodos dudosos y con bastante mala leche, algo así como un Harry, el Sucio a la española, o eso pensaba yo.
No, de Harry Callahan, Charles Bronson y demás tipos duros tiene poco El Crack, pero sí mucho de Humphrey Bogart y todo el mundillo y tópicos que rodean al cine negro y las historias detectivescas. Obviamente la gracia de todo esto está en llevar ese estilo tan americano y tan emblemático, al terreno español. En otras palabras, españolizar al detective privado rudo, serio y de pocas palabras. Algo así como lo que hizo Santiago Segura con el clásico héroe de acción de Torrente, el brazo tonto de la ley, pero de una forma infinitamente más elegante y comedida.
Lo primero que llama la atención de El Crack es ver a Alfredo Landa en un papel en el que jamás me lo habría imaginado nunca; con un revólver, cara de pocos amigos y soltando todo tipo de chulerías que ríete tú de John McClane.
El magistral inicio de la película hace algo que hoy en día está muy de moda, es decir, comenzar con una escena impactante para presentarnos al protagonista y que no se nos olvide su cara. En este caso, Germán Areta (que así se llama el protagonista) disfruta en el típico mesón de carretera de un castizo plato combinado, el típico menú de 7,95€, cuando irrumpen en escena unos atracadores muy quinquis con la intención de desvalijar el lugar y a toda la gente que hay allí.
Areta, como es normal, no se inmuta. El cabrón sigue comiéndose su plato combinado, sin prestar atención a lo que está ocurriendo, hasta que uno de los atracadores se acerca a él para que le dé todo lo que lleve encima, especialmente cierto mechero de oro. Entonces Areta se saca la pistola, suelta el discursito (Bareta, dame el mechero o te quemo los huevos), y se acabó la tontería.
No sé si os habéis dado cuenta, pero en Pulp Fiction hay una escena idéntica a la que describo (cambiad el mechero de oro por la cartera de Samuel L. Jackson en la que pone Hijo de puta peligroso), y si para más inri os digo que en El Crack hay un tema musical que también aparece en Pulp Fiction, creo que resulta obvio que Tarantino es fan de ésta película.
Con una escena de introducción así muy mal tiene que ir la cosa para que el resto sea un bodrio, y por suerte no es así. La película sigue durante sus dos horas de metraje en la misma línea, con ese Alfredo Landa transformado en un personaje radicalmente opuesto a los que había interpretado con anterioridad, y con un guión entretenido, con ritmo, y con algún giro argumental que nos dejará con los huevos colgando.