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jueves, 28 de junio de 2018

Poner nota al cine

Ponerle nota al cine es igual de absurdo que ponerle nota a cualquier obra artística, sea de la disciplina que sea, pero resulta ser una práctica tan extendida y normalizada que, en ocasiones, pienso que igual el raro soy yo por pensar que puntuar películas es algo carente de sentido y utilidad.
Confieso que yo lo hacía, tenía cuenta en Filmaffinity (y la sigo teniendo, pero mayoritariamente para estar al día de los próximos estrenos y llevar una cuenta de las películas que veo) y remataba todas mis reseñas con un numerito. Por suerte, he dejado atrás esas costumbres por todo lo que voy a decir a continuación.

Supongamos que somos uno de esos tipos que opinan en términos numéricos y PUNTO, o uno de esos otros que, aunque hayan escrito una reseña, no pueden evitar terminarla con un número o unas estrellas.
En el primer caso, el que pasa de escribir y se limita a puntuar, nos está dando una información del todo inútil en caso de que seamos un espectador miedoso, de gustos inseguros y criterio propio poco desarrollado que necesite de opiniones externas para decidirse a ver o no una película. Y esto es así porque la nota no dice nada. Es un dato tan subjetivo, tan radicalmente subjetivo, que carece de sentido compartirlo con el resto. Si yo necesito la opinión de alguien para elegir película, pero ese alguien sólo me ofrece un número, no podré sacar nada en claro. El número no es más que una representación extremadamente escueta de tu opinión. Si la unidad más pequeña de una ferretería es el clavo, la unidad mínima de una reseña es la nota. Es, en resumen, lo que ocurre cuando te pasas quitando paja y puliendo un texto. Si se te va la mano, lo único que quedará será un numerito triste y solitario. Poner nota es tan útil como describir con una sola palabra la película que has visto: buena, mala, regular.

¿Pero qué ocurre cuando has escrito una reseña y, aún así, sientes el impulso de terminarla poniendo nota? Mi pregunta es: ¿para qué? Creo que la gente que hace eso, en realidad teme que su opinión no haya quedado clara, porque de lo contrario no entiendo la necesidad de apoyarse en una nota si tú consideras que ya has plasmado tu punto de vista de forma correcta. Poner nota en estos casos se me antoja redundante (la expresión se me antoja me parece de lo más repelente y redicha, pero, fijaos qué gracia, hoy me apetecía usarla. Intentaré que no se repita).
Si eres el espectador sin criterio de antes, el que necesita buscar ayuda en la opinión de los demás, encontrarás información más o menos útil en la reseña escrita. Ahí, el autor hablará de su opinión y la justificará aportando datos y descripciones, y aunque todo sea personal y, casi siempre, subjetivo, contribuirá a tu curiosidad con más referencias imparciales que un simple número.
Poner nota al final de una reseña escrita, además de denotar inseguridad en el autor, es una tentación para los lectores perezosos, y no queremos lectores perezosos en nuestra vida, ¿verdad? Ese lector es el que ignora los siete párrafos que te has currado la noche anterior y va directamente al final, a ver qué notita le has puesto a la dichosa película… Esto se contradice con lo que he comentado antes, ya sabéis, que guiarse única y exclusivamente por un número no le sirve de nada a nadie, pero en el caso del lector vago se conformará con el numerito si así se ahorra leer el texto.

Pero existe algo más absurdo que poner nota: poner decimales ¿Qué pasa con eso? ¿Cómo se supone que debe masticarse tamaña memez?
Navegando en foros, he llegado a leer cosas como “estoy dudando entre ponerle un 6 y un 6´3”.
Me gustaría saber en qué puñetas se diferencia una película puntuada con más o menos décimas que otra… ¡DÉCIMAS!  ¿En qué punto subatómico se diferencia una de otra? ¿Cuál es el micromatiz definitivo en el trabajo de dirección, iluminación o interpretativo que convierte a una película en un 8`2 en lugar de un 8?

¡Me marcho! Tengo que practicar mis noventa minutos de meditación o me dará un colapso nervioso.

viernes, 4 de mayo de 2018

Humildad cinéfila

“¡Qué película más mala! No se entiende, es rara”. Es una afirmación que he escuchado y leído en infinidad de ocasiones, más las que me quedan. Es agotador, chavales, muy agotador. Cada vez que escucho decir algo así, me salen canas.
Esa frase habría que meterla en el mismo saco donde metieron a “no me gusta porque es mala”, otra sentencia que tiene miga. Y es que, del mismo modo que una película no es mala sólo porque a ti no te guste, tampoco está mal contada sólo porque tú no la hayas entendido. Baja los humos.
Una película, pongamos Mulholland Drive, de mi querido David Lynch, puede ser atípica, puede saltarse todos los convencionalismos narrativos que quiera, y aún así estar bien contada dentro del contexto y estilo pretendidos por su autor. ¿No la has comprendido? Quizá el problema sea tuyo, espectador. Siempre hay que plantearse eso. Y ahí es a donde quería llegar.
El espectador no es Dios, no es infalible, no es todopoderoso. A veces, una película es más grande que el espectador, y está por encima de él. Le supera. Cuanto antes entendamos eso, cuanto antes se nos meta en la cabeza, antes dejaremos de decir gilipolleces.  


Hay muchas razones por las que nunca hago caso a la crítica, ya sea profesional o de “gente normal”, y sólo me fío de mi criterio, mis preferencias y mi instinto cinéfilo. Y una de las razones por las que no me guío por opiniones ajenas es que nunca, jamás, en mi vida he escuchado decir “la película no me ha gustado, pero es culpa mía”. Y eso, amigos, ocurre muchísimo. A veces no es la película, eres tú.
Margin Call, por ejemplo. Entiendo que es una buena película, reconozco sus valores cinematográficos, su buen guión y sus grandes interpretaciones… pero no es una película para mí, y por eso no me gustó. Trata temas bastante espesos relacionados con la economía, y como yo soy un gañán que no tiene ni idea de esos asuntos, no entendí nada. No es que sea mala, que no lo es, lo que ocurre es que YO no estoy a la altura. Carezco de los conocimientos necesarios para no perderme en su trama.
¿Veis? Una película puede no gustar y, al mismo tiempo, ser buena. Porque preferencias aparte, los valores cinematográficos de que dispone una película están ahí, y no todo es subjetivo. Es sano ser consciente de que una película que te ha gustado es mala, tanto como saber que una película es buena pese a no haberte entusiasmado. La objetividad existe aunque muchos lo nieguen: un guión puede ser bueno o malo, una escena de acción puede rodarse bien o mal, una interpretación puede ser creíble o mediocre. Ni todo lo que nos gusta es bueno, ni todo lo que rechazamos es malo, pero este otro asunto da para todo un artículo, así que mejor lo dejamos aquí.

Tenemos que empezar a plantearnos cambiar el “no se entiende” por el “YO no la entiendo”, el “la película es mala” por el “A MÍ no me ha gustado”. Y sí, hay películas mal contadas y plagadas de errores de guión, pero nuestra labor como espectadores es saber diferenciar cuándo el problema lo tiene la película y cuándo lo tenemos nosotros.

El espectador y la crítica deberían quitarse la mala costumbre de juzgar siempre desde un trono elevado, creyéndose superiores a cualquier película que decidan fusilar, y considerar la opción de admitir, aunque sólo sea de vez en cuando, que algunas de las películas que no les han gustado están bien, y que son ellos quienes, por el motivo que sea, no han estado a la altura o simplemente no eran los espectadores apropiados para ese título.

viernes, 23 de marzo de 2018

El espectador solitario

¿No os habéis fijado en que existe una opinión generalizada, según la cual ir solo al cine denota rareza? En fin, no sé, yo me he cruzado con mucha gente que ha dicho o dado a entender que ir al cine sin compañía es algo extraño, poco sano, incluso digno de lástima.
¿Por qué? Ver una película, al igual que escuchar música o leer un libro, es una actividad solitaria. Cierto es que de esos tres ejemplos, el único que de verdad acepta la presencia de más gente involucrada es el cine, pero que la acepte no significa que sea imprescindible. Nadie pone en tela de juicio escuchar música en soledad, con tus cascos o tirado en el sofá con los altavoces a todo trapo, entonces ¿por qué está relativamente mal visto ir solo al cine, si prácticamente es lo mismo?

Krypton Planeta Antequera
Yo siempre he sido un tipo independiente. Aprendí a estar solo y hacer cosas solo, porque total, no me quedaba más remedio. Era adaptarme o morir de asco.
Pasé buena parte de mi infancia y adolescencia en un cortijo en mitad del campo, sin gente de mi edad cerca, por lo que, si quería entretenerme, debía hacerlo por mi cuenta y sin contar con nadie. Ver películas (bendita difunta Vía Digital. Me salvó la vida y me descubrió todo un abanico de películas que, hasta ese momento, no conocía ni estaban a mi alcance), leer, escribir, tirar piedras al río, dibujar o perderme por los caminos de tierra con mi bicicleta eran las únicas actividades que podía hacer si quería sobrevivir al sopor.
No he vivido una infancia llena de amigos con los que jugar en el parque por la tarde después del cole. Lo que me encontraba cuando ponía un pie fuera de casa era una basta llanura repleta de caminos polvorientos, campos de cultivo, siniestras casas rurales (para mí lo eran, sobre todo desde que vi La matanza de Texas), cabras y tractores.
Con semejante panorama, me acostumbré a estar solo, y cuando por fin pude salir del mundo rural y dar con mis huesos en la urbe, no necesitaba la compañía de nadie.
De acuerdo, sí, hice amigos, pero no me desvivía por tener una vida social rica y abundante. Con una o dos personas de confianza, me bastaba. Lo justo para salir a dar una vuelta y comernos una bolsa de patatas en el Paseo Real.

Después de esta chapa, comprenderéis la razón por la que nunca me ha hecho falta nadie para, entre otras cosas, plantarme en el cine.
Salvo excepciones muy puntuales, mis amistades de aquellos años no compartían conmigo aficiones, razón por la cual debía descartar ir al cine con ellos. No concebían la idea de gastar dinero en ver algo que podían descargar en Internet. No eran cinéfilos, y por lo tanto no entendían esa pasión, de la misma forma que yo no gastaría noventa minutos de mi vida en ver un partido de fútbol. Cuestión de preferencias.
En cualquier caso, ¿qué podía hacer yo, renunciar a mi sesión semanal cinematográfica por no tener acompañante? Ni hablar. Así que todas las semanas, eligiendo las sesiones adecuadas para no encontrarme la sala hasta arriba de peña (la primera sesión suele ser la mejor si quieres compartir la sala con el menor número posible de seres humanos), pateaba hasta el antiguo Eroski, escuchando música en mi Mp3. Solo y contento.

Pero independiente de las circunstancias personales que me han llevado a manejar mi tiempo libre sin necesidad de que haya gente conmigo, creo que ir solo al cine es un acierto y una mina de ventajas. Si te toca una persona afín a tus gustos y manías, es un placer ver películas acompañado, pero si eso no ocurre, y no suele ocurrir, se convierte en una pesadilla.

Krypton Planeta Antequera
Las ventajas básicas de ir solo al cine son estas:

No llegas tarde
Ya sabéis que existe gente que vive con la hora pegada al culo, corriendo y llegando tarde a todas partes. Yo ODIO eso. Me gusta ir tranquilo, con tiempo, y llegar al cine media hora antes para sacar las entradas, comprar palomitas, buscar mi asiento y ver los trailers.
Son manías que no todos entienden, por eso prefiero hacer las cosas solo, a mi manera, y ahorrarme dar explicaciones.

Ves la película que quieres
Así de sencillo. Si no compartes gustos con la otra persona, es posible que terminéis decidiendo a cara o cruz qué vais a ver. Pero como a mí no me gusta el azar, prefiero ir solo y ver lo que me apetezca sin entrar en discusiones.

Fuera móviles
Te puede tocar ir con uno de estos tecnozombis que necesitan mirar el móvil cada cinco minutos. ¿Y quién quiere eso? Si ya me molestan los que no conozco, imaginad ver una película acompañado por alguien que desvía su atención continuamente para echar un vistazo a ese aparato infernal, y de paso deslumbrarte.

Elegir asiento
Hay gente que, por alguna razón extraña, acostumbra a sentarse en la última fila, la de arriba. A esa altura, chaval, es casi como ver la película en la pantalla de tu televisor. Para eso, mejor no vayas al cine.
Yo he tenido que sentarme en esa última fila por cortesía y por no ponerme a explicar a mis acompañantes (¡y encima era yo contra todos!) las razones por las que sentarse ahí voluntariamente me parece tontísimo.
Tampoco es cuestión de sentarse en la primera fila; eso es un horror incluso mayor. Lo ideal es hacerlo por la mitad.

Se mire por donde se mire, salvo que tu acompañante comparta tus mismas filias y fobias, ir al cine con gente suele ser un calentamiento de cabeza que, a poco que nos importe tres narices lo que los demás piensen, podemos evitar con mucha facilidad.


miércoles, 4 de octubre de 2017

La movida catalana

No os toméis esto como una opinión sesuda sobre política, ni sobre el conflicto independentista ni nada, ya que son temas que no controlo. Esto es una simple conclusión personal (cargadita de asco) que he sacado a fuerza de leer opiniones en Facebook y escuchar otras tantas en el trabajo, en la calle, etcétera. 
Puede que esté diciendo chorradas, pero esto es lo que yo he visto o creo haber visto. 

Allá voy.

Muchos de los que están dando la brasa con la bandera española, la unidad nacional y el satanismo catalán, son los mismos que cuando se destapa un nuevo caso de corrupción, se llevan a cabo recortes o tipos como Urdangarín no pisan la cárcel, SE CALLAN COMO PERRAS y no ponen nada en su Facebook ni en ningún sitio. Les da igual. 

Gente que lleva meses sin actualizar su muro, están desde el viernes pasado publicando diariamente ochenta movidas anti independencia, noticias falsas, fotos sacadas de contexto, "yo soy español", "a la cárcel los de las urnas", "mandad al ejército", "pobres policías", "respetad la democracia y la constitución, hijueputas", etcétera. 

Esos mismos son los que luego se autodenominan DE CENTRO... Pues me vais a perdonar, pero y una polla son de centro. La gente que dice ser de centro es de derechas, sólo que no se atreven a reconocerlo, por lo tanto son todavía más indignos. 

Los que asoman las orejas y enseñan los dientes para atacar a Cataluña, pero luego se mantienen en silencio con el terrorismo social del PP y sus chanchullos, son unos verdaderos fachas, cómplices de la asquerosa situación de España y, seguramente, franquistas. Por este tipo de cosas, y citando a Pepe Rubianes, la unidad nacional me suda la polla por delante y por detrás. Y es que España, por mucho que le pique a algunos, no es un país del que sentirse orgulloso... Al menos no ahora. En el futuro no lo sé. 

Y desde luego, la banderita no me representa, ni el presidente subnormal que tenemos, ni el gobierno corrupto ni, obviamente, el rey (figura antidemocrática donde las haya).  

Lo bueno de todo esto es que muchos han aprovechado el revuelo para quitarse la máscara y mostrarse como de verdad son... De hecho, he de admitir que más de un conocido mío al que consideraba, no de derechas ni de izquierdas, pero sí moderado en ambas direcciones, me ha decepcionado muchísimo al revelarse como un verdadero derechoso rancio y un cuñao de manual. 

Es bueno tener a esta gente localizada y saber de qué palo van. 

martes, 10 de enero de 2017

Mi novela

Hace algún tiempo os conté que estaba escribiendo una novela. Al terminar el año 2015 me propuse acabarla y empezar una nueva. Ese rea mi propósito. 
Bien, el año 2016 ha terminado y mis propósitos se han cumplido a medias. Por una parte puedo afirmar con cierto orgullo que la novela está terminada, pero también es cierto que no he empezado la siguiente tal y como me propuse. Tengo ideas, eso sí. 

También dije que os tendría al día sobre el proceso creativo y los enredos que supone construir una historia más o menos extensa. Todo eso me lo he pasado por el forro, lo admito, y la falta de actividad en el blog por parte de los lectores (si es que los hay. Quiero creer que no estoy hablándole a un infinito vacío oscuro) es una de las causantes.
Siendo sincero, creo que la era de los blogs ha terminado y que seguir escribiendo en este medio es como tratar de reanimar con un masaje cardíaco a un cadáver en descomposición. Sin embargo aquí sigo, aun sabiendo que los blogs están muertos y el futuro de todo esto se encuentra en youtube y las redes sociales como facebook. 

Pero tampoco quiero quejarme ni ponerme a lloriquear por lo muerto que está el blog, ni daros la chapa cada vez que pienso que esto es una pérdida de tiempo y que debería cerrarlo. No voy a hablar de eso porque... prefiero hablar del libro, que para eso me he animado a escribir hoy. 

En aquel artículo que publiqué en abril del 2015 os contaba que la novela se basaba en una leyenda urbana nacida de Internet, que el título iba a ser La destrucción de Claudia y que mi intención era, y cito textualmente, "No pretendo dar mensajes morales ni de ningún tipo, ni elaborar una trama complicada y enrevesada que termine implicando a Obama y los Illuminatis". 
Bien, la novela ya no se llama La destrucción de Claudia, sino Juguemos con Claudia, y el tema de no meter conspiraciones también se ha ido un poco al traste. No hay Iluminatis ni presidentes negros, pero... en fin, ya la leeréis. 
Lo que si puedo decir es que el final que en un principio tenía planeado fue mutando hacia algo más positivo y, paradójicamente, apocalíptico. 

Ahora mismo estoy esperando a que la novela sea leída por un par de personitas de cuyo criterio me fío y así poder evaluar la obra desde otras perspectivas y saber qué se puede mejorar, qué se puede añadir y qué se debe dejar como está. 
Mi intención es publicarla, vender los derechos para una película y hacerme obscenamente rico, pero no quiero ir con prisas. Antes toca pulirla un poco más, y como yo la he revisado ya, toca dejarla en manos de otra gente. Un testeo, vamos. 

¿Y qué va a ser lo siguiente? Tengo varias ideas en mente, casi todas con elementos fantásticos o de ciencia ficción (todo lo que no hay en Juguemos con Claudia, y lo he echado de menos). 
Es muy probable que lo próximo que escriba sea algo llamado Festival 1984, una historia sobre el éxito prematuro, el trauma de verse en el punto de mira de las altas expectativas y... el fantasma de un viejo festival de cine. No el fantasma de los implicados, ¡el fantasma del propio festival! ¿Pero qué chorrada es esta, amigos? 
También tengo por ahí una idea de algo llamado Juggernaut, sobre un psicópata que usa un coche teledirigido de tamaño real y acorazado para sembrar el terror desde el puto salón de su casa.
Y por último, una historia protagonizada por científicos que trabajan en una base secreta con el único objetivo de evitar que algo que han descubierto (un inmenso ente lovecraftiano fruto del Big Bang de una realidad alternativa) cruce a nuestro mundo y se cargue el sistema solar a patadas. 
Son ideas que aún deben trabajarse y desarrollarse mucho, pero ya improvisaré. 

Me despido con un par de posibles diseños de portada para Juguemos con Claudia



jueves, 31 de diciembre de 2015

Reflexión de medianoche + lo mejor y lo peor del 2016

Se acaba el año y toca lo que toca. ¿Las uvas? ¿La cena de nochevieja? ¡NO! Las putas listas con lo mejor y lo peor del año en lo que a películas se refiere. Entiendo que otros elaborarán listas sobre otros asuntos, porque hay que listarlo todo, hasta las pajas, pero aquí se habla de cine.
Nótese mi relación de amor/odio con las listas. Me parecen innecesarias pero a la vez muy satisfactorias... Poder poner sobre la mesa tu opinión y criterio; sí, esos mismos que no le importan a nadie a no ser que seas Quentin Tarantino, pero claro, tú haces la lista para que los demás vean lo especiales que son tus gustos y bla, bla, bla.

No, en serio, las listas no me parecen tan repulsivas... Pero ponerle nota a las películas sí. Elegid como propósito para el 2016 no puntuar películas JAMÁS, y mucho menos con decimales. Si sois de los que ponéis notas del tipo "8´4" o "6´3" no volváis a entrar a este blog. Es más, no volváis a ver cine nunca.
Os juro que se puede reflejar la opinión que se tenga acerca de una película sin necesidad de rematar la faena con un número o un puñado de estrellitas.

Bueno, ya basta de divagar. Vayamos al grano antes de que sea más tarde y empiece a decir (más) chorradas.

Lo mejor:
-Mad Max: Fury Road
-Ant-Man
-Whiplash
-Frío en Julio
-Babadook
-Ted 2
-Love & Mercy
-Slow West
-Operación UNCLE
-Misión Imposible: Nación Secreta
-Nightcrawler
-The Guest
-Kingsman
-Ex-Machina
-Star Wars: El despertar de la fuerza
-Bone Tomahawk
-La cumbre escarlata
-Los Vengadores 2
-It Follows
-A girl walk home alone at night
-Sicario
-Lo que hacemos en las sombras
-Negociador
-Krampus
-Cop Car

Lo peor:
-El gurú de las bodas
-Cenicienta
-Insidious 3 
-Área 51
-Project Almanac
-Eliminado
-A todo gas 7
-Pixels
-Cuatro Fantásticos 
-Golpe de Estado

Ni fu ni fa:
-Terminator: Génesis
-Spectre
-Jurassic World
-Y de repente tú
-Espías
-The Interview
-Calvary
-Bernie
-Un día perfecto
-Maps to the stars
-Chappie
-Lost River
-Murieron por encima de sus posibilidades
-Sweet Home
-Princesa
-Ahora o nunca
-Marte

¡Y ya está! Feliz año y todas esas movidas. 


Por cierto, ¿recordáis que hace un par de meses o así comenté que estaba escribiendo una novela? Bien, pues sigo con ello, lo cual ya es más de lo que he logrado otras veces que intenté realizar la misma hazaña. Siempre abandonaba pronto, tiraba la toalla al primer bache creativo..., pero esta vez sigo batallando porque me apetece poder decir que he escrito una novela y porque, maldita sea, me gusta contar historias. Mejor o peor, con más o menos talento, pero a fin de cuentas será una novela sacada de mi cabeza y escrita con mis manos. De modo que mi propósito para el nuevo año es terminar el libro y... empezar otro. 
No prometo nada, pero lo voy a intentar. A ver qué pasa. 

jueves, 16 de abril de 2015

Estoy escribiendo una novela

Mentira, aún no he empezado. Lo que sí he hecho ha sido escribir un resumen de catorce páginas desglosando toda la historia capítulo a capítulo, porque de esa forma evito quedarme atascado cuando me ponga manos a la obra. 
¿Por qué de repente estoy hablando de esto? No quería decir nada porque soy un pelín supersticioso, y me he dado cuenta de que cuando hablo con demasiada antelación de proyectos que tengo entre manos, dichos proyectos se van al cuerno. Pero me he decidido a dar un poco la brasa porque:

A- Para eso es mi blog.
B- Porque me han recomendado que lo haga para dar a conocer lo que escribo.
C- Porque el punto B tiene todo el sentido del mundo y nunca me había planteado hacerlo de forma regular. 

De modo que a partir de ahora me gustaría compartir con vosotros el proceso creativo, el placer y los quebraderos de cabeza que supone escribir una novela. Quiero hablar de los progresos, de la escasez de ideas y de las buenas rachas. De todo un poco, a modo de diario (aunque no va a ser diario). 
Con esto pretendo, por una parte crear cierto interés hacia lo que escribo, y por otra dejar constancia de su existencia. Y bueno, si de paso os son útiles mis experiencias y consejillos, pues mucho mejor. 
Mi intención es seguir escribiendo sobre películas y tebeos, pero intercalar de vez en cuando una entrada en la que os cuente cómo va la cosa y qué demonios pasa por mi cabeza. 

¿Por qué quiero escribir una novela? Porque me gusta escribir y contar historias, eso para empezar. Es lo básico, y si eso falla, falla todo. Pero llevo desde los trece años escribiendo relatos, así que imagino que el entrenamiento para dar el gran paso (la novela) ha finalizado. La única forma de averiguarlo es poniéndose manos a la obra. 

¿De qué trata la novela? Va a titularse La destrucción de Claudia, y tiene su punto de origen en una leyenda urbana que circula por internet (buscad por ahí Daisy´s Destruction, a ver qué pasa) y que me dejó con los huevos colgando. Tras leer bastante sobre el tema, se me ocurrió la siguiente idea: ¿Y si alguien decidiese buscar al autor del vídeo para hacer justicia? Tras darle mucha vueltas al asunto terminé concibiendo una historia que podría definirse como una versión 2.0 de Asesinato en 8mm
Ya en mi libro Sangre en la pared incluí un relato de temática más o menos similar (Online), pero el planteamiento de La destrucción de Claudia va a ser radicalmente distinto. El relato y la novela serán hermanos espirituales, nada más. 
No pretendo dar mensajes morales ni de ningún tipo, ni elaborar una trama complicada y enrevesada que termine implicando a Obama y los Illuminatis. Nada de eso, yo sólo quiero contar una historia entretenida que haga pasar un buen rato al lector, que es lo que llevo intentando hacer desde que escribo relatos. 

No voy a enrollarme más por el momento. El blog seguirá su cauce habitual, pero ya sabéis que de vez en cuando me tendréis por aquí dando la chapa sobre mis lamentables aventuras en la fascinante labor que es escribir ficción. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Su voto vale igual que el tuyo


Como ya sabéis, ayer hubo un terrible accidente aéreo en el que murieron al menos 150 personas, 45 de ellas españolas.
Bien, esta fue la reacción de algunos individuos:


Como podéis ver, el berrinche viene provocado por un asqueroso reality (hombres, mujeres y viceversa), cuya emisión se canceló para hablar de la lamentable noticia, a todas luces más importante. No cabe discusión, de hecho.
La cuestión es la siguiente: ¿qué se puede hacer con semejantes criaturas? Tengo entendido que les han cerrado las cuentas de twitter, pero en mi opinión con eso no basta. Esta clase de personajes no sólo son desagradables de por sí, sino que además dañan a la sociedad. ¿Por qué? Porque existe el sufragio universal, lo cual no sólo les da derecho a votar, sino que además su voto vale igual que el de una persona normal, válida y con sentido común. 
Dios mío, ¿estoy diciendo que no todo el mundo debería tener derecho al voto? Sí, eso estoy diciendo. 
¿Qué puede esperarse de un gobierno elegido, entre otros, por los autores de esos tweets? ¿Es un gobierno de fiar? No, y salta a la vista. El bipartidismo es la prueba principal de que el votante medio es tonto. No hay más que ver el resultado de las últimas elecciones andaluzas... ¿quién volvió a ganar? ¡Sí, los de siempre! Pese a los escándalos por corrupción, el continuo robo al ciudadano, las muestras de inutilidad y los recortes. Pese a todo eso seguimos (siguen, no me incluyo) votando a la escoria podrida de siempre. Una democracia en manos de tontos es letal, y a la vista está. Como leí el otro día en twitter: si los españoles fuésemos dinosaurios, votaríamos al meteorito. Es un hecho. 

Hasta qué punto no sería buena idea retirar a ciertas personas el derecho a votar, del mismo modo que se quita la libertad cuando se comete un crimen ¿No sería buena idea eliminar de la ecuación a la escoria inmadura, deshumanizada y descerebrada para sanear las votaciones? Yo tengo clarísimo que permitir que ciertas personas formen parte de las actividades políticas es perjudicial para el país, de ahí que, si de mi dependiera, el derecho al voto podría ser retirado. Un fanático de Hombres, mujeres y viceversa, que considera más importante su mierda de programa que una tragedia con decenas de muertos, ¿tiene capacidad para elegir qué gobernante es el más apropiado para España? ¿Debería tener derecho a votar? Lo dudo muchísimo, por eso creo firmemente que a estas personas habría que dejarlas fuera del proceso electoral y que no tengan ni voz ni voto a la hora de decidir sobre un tema tan importante. 

Dicen que gilipollas como los de los comentarios de twitter han habido siempre, lo que ocurre es que ahora, gracias a las redes sociales, se prodigan más. Es cierto, pero también creo que la juventud actual está, en un alto porcentaje, podrida y carece de los valores más básicos como la empatía y el raciocinio. Y esto os lo dice alguien que adora el humor negro y la incorrección política, así que imaginad la visión que tengo de esta nueva hornada de chavales y adolescentes. Porque una cosa es la incorrección política (bendita sea), y otra la deshumanización y ser un burro por decisión propia. 

PD: Y si no les quitan el derecho a votar, espero que al menos los esterilicen. Que no se reproduzcan y esparzan sus defectuosos genes es primordial. 

lunes, 9 de febrero de 2015

Borrachera de nostalgia

Pues eso, mi nuevo artículo para La Sociedad Supersecreta. En él hablo de esos espectadores, jóvenes y mayores, que han anclado sus gustos en el cine de hace tres o cuatro décadas, convirtiéndose, a mi parecer, en unos carcas que solo ven cine actual para ponerle pegas, arrugar la nariz y decir que todo lo que se hacía antes era mejor.

Así me imagino a la gente de la que hablo
en mi artículo.
https://lasociedadsupersecreta.wordpress.com/2015/02/09/borrachera-de-nostalgia/

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Especial CRISMAS

Bueno, pues vamos con la entrada navideña de rigor, que aunque de estas fechas sólo me interesan los regalos y la comida (no creo en el Niño Jesús ni en su padrazo, así que para mí la navidad no es más que la celebración del nacimiento de un personaje ficticio), no me importa contribuir un poco al espíritu de la navidad y tal. Es una época que, no sé por qué, me gusta. 

Tenía pensado recomendar algunas películas apropiadas para ver en estas fechas, pero seamos realistas, hay quinientos blogs haciendo eso y recomendando las mismas putas películas de siempre, las mismas que se recomiendan cada año y todos conocemos. Por favor, no más, ¡parad! 
Así que, como tampoco tengo mucho tiempo (en casa soy yo el cocinero, así que ya sabéis quién hace la cena de Noche Buena), voy a comentar algunas cosillas que podéis regalar estas navidades. Y cuando digo "cosillas" quiero decir obras de arte con las que es imposible no acertar, a no ser que decidáis regalárselas a ese amigo cani que todos o casi todos tenemos. Si no lo tenéis, mejor.
Son tres ideas basadas en las cosas que más me gustan: cine, libros y cómics. 

Una película: Heat (en bluray a ser posible), de Michael Mann.
¿Por qué? Porque es una película perfecta en la que confluyen casi todos los géneros: drama, acción, thriller, romance... A eso hay que sumarle un guión maravilloso, un reparto que quita el hipo y una realización técnica que incita al onanismo. Es muy difícil que alguien no encuentre un mínimo de cinco razones por las que sentir amor hacia Heat, y si no le gusta no merece vuestra amistad, así que no le regaléis nada. 

Un libro: Meridiano de Sangre, de Cormac McCarthy.
¿Por qué? Porque es mi libro favorito, PUNTO. 
No, en serio, es una novela fascinante y aterradora que refleja, de la forma más pesimista posible, la condición humana y la fragilidad de la línea que separa el raciocinio de la demencia y la deshumanización. 
Un libro duro, cruel y alucinógeno que conforme avanza se va volviendo más potente y rotundo. Plagado de personajes a los que amar y odiar, aunque mi consejo es que os centréis en los villanos; primero porque son más interesantes, y segundo porque los buenos, esos con los que cabe la posibilidad de encariñarse, tienen finales poco agradables. 
Y bueno, si sois tan poco originales de regalar 50 sombras de Grey, Los juegos del hambre o El Hobbit, merecéis morir. 

Un cómic: The Ultimates: Superhumanos, de Mark Millar.
¿Por qué? Porque posiblemente sea una de las historias de Los Vengadores mejor guionizadas y dibujadas de la historia. He leído por ahí que es tan bueno que hasta se lo puedes prestar a tu novia...,¡y le gustará! 
Efectivamente es un cómic maravilloso, con una buena idea en cada página y un argumento adulto (influenciado por el 11-S) que redefinió a los superhéroes y los convirtió en lo que actualmente son tanto en el mundo de las viñetas como en el cine. The Ultimates sentó cátedra, es divertido de narices y se toma en serio lo que está contando, haciendo que chorradas enormes resulten lógicas y verosímiles. Por eso hay que tenerlo, amigos. 

Si regaláis estas tres cosas, o al menos una, quedaréis como unos campeones. Acordaros de mí cuando se os abracen llorando de la emoción. 

Y nada más. Felices fiestas, comed mucho, trabajad poco y ved mucho cine. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

La sala de cine, ese infierno

Si vas al cine con uno de estos de la mano,
legalmente se te debería prohibir la entrada, Y LO SABES.
La razón por la que la mayoría de las veces voy solo al cine. ¿Por qué? Porque compartir la sala con otros seres humanos se me suele hacer muy desagradable.

LA SALA DE CINE, ESE INFIERNO, mi nuevo artículo para la web La Sociedad Supersecreta.


viernes, 1 de agosto de 2014

Vacaciones

Hace tiempo comenté lo absurdo que me resulta eso de tomarse vacaciones en algo puramente ocioso como escribir un blog, pero creo que ha llegado el momento de contradecirme a mí mismo, y por varias razones. La primera es que en esta época del año tengo bastante trabajo, y cuando saco un par de ratos libres no me apetece sentarme a escribir en el blog a comerme el tarro sobre qué escribo y de qué forma lo hago, sino que prefiero relajarme, ponerme el ventilador lo más cerca posible y dedicarme a leer y ver pelis y series. 
La segunda razón es que, como siempre, en estos meses de verano la gente se dedica a tocarse los huevos, tomar el sol, drogarse, follar con guiris, emborracharse, irse de terracitas, piscinita, tapitas, playita y un montón de cosas que acaban en -ita, y por lo tanto no les queda demasiado tiempo para Internet. Eso queda especialmente reservado para los antisociales como yo que detestamos el calor, el buen tiempo y toda esa mierda, y preferimos quedarnos en casa tranquilitos con el puñetero ventilador, leyendo, viendo películas y series, y... Creo que me estoy repitiendo. Como veis, todo forma parte de un círculo vicioso. Al final todo desemboca en lo mismo: pocas ganas de hacer nada con este asqueroso calor. 
En resumen: hay poca actividad en la red porque la gente tiene mejores cosas que hacer que leer mis paridas, y yo ando escaso de tiempo por culpa del trabajo, así que en septiembre volveremos (volveremos, en plural, como si detrás de este blog hubiese alguien más que yo. Como si esto fuese una web seria en la que trabajan multitud de profesionales que se esfuerzan por ofrecer unos contenidos maravillosos). 

¡Ale! Que lo paséis bien, seáis felices, bebáis mucho a la luz de la luna y, dentro de un par de semanas, decidles a todos los niños que conozcáis eso de andaaaa, ya mismo empieza el cole, ¿tienes ganas? No sabéis cómo jode que te digan eso cuando eres un crío, y los adultos parece que, o son imbéciles y no se dan cuenta, o lo hacen por fastidiar. A mí me lo decían cada año, y por eso ahora soy como soy. 

jueves, 27 de marzo de 2014

La democracia y tal...

La verdad es que a veces me da lástima ver a esos manifestantes dejándose la piel en las calles, luchando por un país más digno en el que el bien del pueblo esté por encima de los bolsillos de los políticos. Y me da lástima porque mientras la buena gente se manifiesta y muestra su descontento, los políticos están en sus casas partiéndose de risa y haciéndose una paja a nuestra salud.

A todos se nos llena la boca de orgullo cuando hablamos de DEMOCRACIA, y está bien. La democracia es el sistema político ideal, qué duda cabe, pero hay un problema muy gordo en todo esto; la democracia consiste en el poder del ciudadano para elegir a sus gobernantes, de modo que, ¿qué ocurre si el ciudadano es, en general, imbécil e ignorante? Pues que los gobernantes serán un reflejo de ellos: imbéciles e ignorantes, y sólo hay que ver el panorama actual para descubrir que los políticos se ajustan perfectamente a esos adjetivos.

Un pueblo como el español, sin capacidad de reacción ni rebelión, que sólo sabe lloriquear cuando se trata de fútbol, NO MERECE ni está preparado para una democracia. La democracia debería ser exclusiva para países bien preparados, en los que la ignorancia sea anecdótica y no cotidiana. Países en los que se sepa parar los pies a los gobernantes inútiles y corruptos (no como en España, que llevamos décadas votando PP y PSOE aún habiéndonos dejando claro que ambos son basura).

Nos gusta tropezar 40 veces en la misma piedra, por eso nos va como nos va. Por eso no estamos preparados para una democracia, porque la democracia en malas manos es MORTAL para un país.

viernes, 28 de febrero de 2014

Apocalipsis whatsapp


La gente da cosas por hecho, eso es así. Dan por hecho que si criticas al PP es porque eres del PSOE, si no te gusta el reggeaton es porque eres un heavy, y dan por hecho que si criticas el whatsapp es porque eres un detractor de la tecnología. Entiendo que una mayor parte de la población española anda regular en lo que a razonar y pensar se refiere, pero ¿por qué tiene que ser todo blanco o negro? ¿Acaso no hay más opciones que los puntos extremos? 

Nunca he dicho que el whatsapp sea algo maligno, sino todo lo contrario. Me parece una aplicación bastante útil, y si no tengo whatSapp ni line ni telegram, es porque no necesito nada de eso, ya que mi relación con el móvil se reduce a atenderlo únicamente cuando suena o cuando tengo que hacer una llamada puntual. No soy de esos que se ponen a trastear el teléfono cada vez que tienen un par de segundos libres o se aburren. Si tengo que hacer una llamada, la hago; si recibo una llamada, la atiendo; si no tengo que hacer nada de eso, dejo el teléfono en el bolsillo. 
Lo que sí creo es que un gran porcentaje de usuarios de whatsapp están como una puta cabra, a dos pasos de la drogadicción, y ahí es donde radica, al menos bajo mi punto de vista, el problema de muchas nuevas tecnologías: se les da un PÉSIMO uso. 
Llevaba pensando esto desde hace tiempo, desde que es casi imposible encontrarse por la calle o en una cafetería a un grupo de amigos o una pareja que estén hablando y riendo en vez de encerrados en su mundo, cada uno de ellos a su bola, tecleando sin parar con el móvil. En ese sentido creo que la tecnología y la idiotez de la gente están consiguiendo que involucionemos, porque la tecnología nos hace avanzar, pero si se le da un mal uso conseguimos el efecto contrario. 
Pues a lo que iba. Llevaba tiempo pensando y convencido de que el whatsapp es un arma de doble filo. Una buena herramienta que, por culpa del mal uso que se le está dando, desearía que fuese eliminada para siempre, pero fue hace unos días cuando me di cuenta de que la cosa está más jodida de lo que pensaba. Me refiero al día en que whatsapp dejó de funcionar durante 4 miserables horas y a la gente le entró el pánico, se agobió, se descargó rápidamente aplicaciones alternativas para poder seguir enviando gilipolleces a sus amigos, y por supuesto compartieron en sus redes sociales lo DRAMÁTICO de la situación.
A ver, diré lo que pienso de esto con las mejores palabras que se me ocurren: iros a tomar por culo un ratito, zumbaos. Sólo sabéis llorar y quejaros cuando se trata de gilipolleces como el fútbol o el whatsapp. Ojalá el gobierno eliminase ambas cosas, a ver si así os espabiláis y despertáis, porque está visto que con la ley del aborto y los recortes en sanidad y educación no os basta (ni os importa). 

Visto lo visto, desearía que la única opción en telefonía móvil fuesen esos ladrillacos que había antes y que sólo servían para llamar y recibir llamadas, y es que en aquella época se podía hablar con una persona con fluidez, sin temor a que la conversación fuese interrumpida cada pocos minutos por el móvil. Porque muchísima gente tiene la mala costumbre (y la poca educación) de no saber desconectar, y atienden al teléfono cada puta vez que suena, aunque el 99´9% de los whatsapp recibidos sean estupideces sin importancia: una absurda frase filosófica barata, un dibujo de un gato o una polla con esmoquin. ¿Cuántos whatsapp realmente importantes y útiles recibe una persona a lo largo del día?
Antes, cuando a alguien le sonaba el móvil era porque lo estaban llamando, y si te llamaban era por algo mínimamente importante, ya fuese para concretar una hora y un lugar o para preguntarte cuánto dinero ibas a poner para el regalo de fulanito. Que interrumpiesen una conversación por eso no me molestaba, pero que me interrumpan porque a la otra persona le han mandado cuatro tontás al whatsapp me toca un poquito las pelotas, para qué os voy a engañar. 
Señores, no pasa nada por desconectar. Antes podías pasarte unos cuantos días sin saber nada de un amigo y no había ningún problema; ahora, si tardan más de 15 minutos en responderos a un whatsapp se os va la cabeza y hasta os enfadáis, porque a muchos os cuesta entender que no todos dependen del móvil las 24 horas ni están constantemente pendiente de él. De hecho, y por suerte, hay gente que no siempre lleva el teléfono encima. 

Pero como ya he dicho, no tengo nada en contra de la tecnología ni del whatsapp, de hecho, ni la tecnología ni el whatsapp tienen nada de malo; sois vosotros, los usuarios obsesos, idiotizados y maleducados que le dais un mal uso, los que convertís una herramienta útil en algo odioso y repugnante. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Quiénes son los frikis y raros en realidad?

Es curioso que se les llame, con desprecio casi siempre, “frikis” a los que sienten inquietudes artísticas y culturales, viven apasionadamente sus aficiones, se lo pasan mejor leyendo un libro o charlando tranquilamente antes que metiéndose en una discoteca infestada de gente y música de dudosa calidad, y a los que prefieren gastarse el dinero en ir al cine o en comprar una película, un libro, un videojuego o un cómic antes que malgastarlo en alcohol, tabaco o porros. Pero, por otra parte, el que se pone a berrear como un animal de bellota cuando su equipo de fútbol pierde o marca un gol, el que se pasa las horas viendo en la tele los cotilleos absurdos y asquerosos referentes a si fulanita se ha follado a menganito, el que se pone un disfraz raro con capirote para sacar un muñeco en Semana Santa, el que siente un absoluto desinterés por la cultura, importándole muy poco ser un ignorante, y, en general, los más cazurros, inútiles y brutos, están socialmente aceptados, respetados y se les considera “normales”.
Pues señores, yo diría que los verdaderamente frikis son esos, y que aquellos a los que se les llama frikis o raros de forma despectiva son precisamente los más normales, coherentes y, por qué no decirlo, interesantes (por norma general, aquella persona con inquietudes artísticas y culturales, que ve cine, que lee, que se interesa por las cosas que desconoce y que no cierra su mente ante lo que hay más allá de su nariz, es, por lógica, alguien con un nivel intelectual más alto y con quien se puede hablar un poquito de todo. Obviamente más que con el típico estándar al que no le interesa nada salvo el fútbol, la cervecita, el trabajo y poco más, que está muy bien, pero oye, las cosas como son.).

Pero no, en ésta sociedad tan cutre se les ríen las gracias a diario a los más cazurros, tontos e ignorantes, y para colmo se les deja hablar públicamente en los medios de comunicación. Además se dan por normalizadas y socialmente aceptadas cosas como gastar el dinero (y no poco) en, por poner un ejemplo, un producto que te jode los pulmones y te llena de nicotina el organismo, pero ¡cuidado! si dices que te has gastado 20 euros en un dvd o un libro tienen los santos cojones de mirarte como a un bicho raro, y acto seguido soltarte eso de ¡¡pErO zi hEn HiNtErNeC hEztÁ GrAtiZ!!

Y que conste lo siguiente antes de que se me lancen a la yugular:
No tengo nada en contra de los fumadores (mientras no me echen el humo a la cara)
No tengo nada en contra de los bebedores (mientras no me afecten las chorradas que hagan estando borrachos)
No tengo nada en contra de los futboleros (mientras no me calienten el coco, puesto que ese tema me importa -0)
No tengo nada en contra de los religiosos (mientras no intenten cambiar mis ideas y sustituirlas por otras)

Lo que opino de todo esto es que la sociedad debería replantearse un poco lo que es "normal" y lo que es "friki", y eso es lo que critico. A decir verdad, lo suyo sería dejar de poner tantas putas etiquetas, pero como es algo que se va a seguir haciendo, estaría bien ser un poquito más justo y coherente. 

En fin, ojalá un día se cambien las tornas. Igual nos va mejor.  

jueves, 20 de junio de 2013

El orgullo español

Admito que con éste tema soy un poco bipolar, ya que por una parte detesto a la gente que reniega de su tierra, pues creen que todo, absolutamente todo lo extranjero es mejor, y que lo español es como mínimo mediocre; y por otra parte me repatean esos que se golpean el pecho cada vez que suena el himno español y consideran que todo lo patrio es superior. 

¿Con cuál de las dos partes me quedo? Partiendo de la base de que ambas actitudes me parecen repugnantes, debo decir que no me siento identificado con ninguna de ellas.
No soy patriótico ni me siento orgulloso de ser español por varios motivos que ahora comentaré, pero tampoco creo que todo lo que está dentro de nuestra península sea basura. En otras palabras, me siento orgulloso de ciertos elementos, no del país en general. 

Los políticos
No comprendo cómo es posible que a día de hoy, tal y cómo están las cosas, haya gente que grite a los cuatro vientos lo orgullosos que están de ser españoles, cuando lo más correcto sería decirlo en voz bajita. Por favor, vivimos en un país gobernado por corruptos e inútiles, y nuestra fiesta más emblemática consiste en torturar y matar a un toro... ¿De qué orgullo habláis? 
Creo que en España tenemos una gastronomía envidiable (de hecho, creo que la mejor comida es la española, y será muy, muy difícil hacerme cambiar de opinión), buena gente (con matices que ahora recalcaré), paisajes maravillosos (no hace falta irse a China para disfrutar de un paisaje envidiable) y una gran cinematografía (teniendo en cuenta la mala fama que tiene el cine español en su tierra, cada vez que digo lo orgulloso que me siento del cine patrio parece que estoy siendo sarcástico. Pues no.), pero la cagamos en otras muchas cosas, la mayoría básicas.

Para empezar, y como ya he comentado, no puedo sentirme orgulloso de un país gobernado por simios, corruptos e inútiles. Gentuza que prefiere desahuciar a familias enteras y anteponer el dinero por encima de la humanidad. Gentuza que se burla del pueblo diciéndonos que nos tenemos que apretar el cinturón y chorradas similares, cuando lo que deberían de hacer es empezar por apretárselo ELLOS, rebajándose esos inmerecidos sueldazos y enviando al paro al 70% de los políticos, pues sobran. 
¿Ellos, que cobran una millonada por no hacer nada, nos van a hablar de apretarnos el cinturón? Es de puta risa, y nosotros les permitimos reírse. 
Aún así hay españolitos (a los que me gustaría partirles la cara, añado) que piensan que la crisis es culpa de todos, porque el que más y el que menos ha especulado y tenido por ahí algún chanchullo o vivido por encima de sus posibilidades. A eso siempre respondo lo mismo: Y UNA POLLA. Así de claro, UNA POLLA como un camión de grande. 
Vamos a ver, cazurrillos, nadie discute que algunos hayan especulado y hecho las cosas mal, pero la inmensa mayoría de la gente se ha dedicado a levantarse a las putas 6 de la mañana para ir a currar y llevar el pan a casa... ¿ellos también son culpables de la crisis? ¿Ellos también han vivido por encima de sus posibilidades? Chavales, una familia puede vivir por encima de sus posibilidades una o dos semanas, nada más. 
¿Vais a decirme que Cristina la pescadera, que ni pincha ni corta, es responsable de la crisis? La culpa la tienen los gobernantes, porque tal y como la palabra indica, ellos son los que gobiernan y los que mandan... ¿vais a echarle la culpa al currante que se está dejando el lomo trabajando, hijos de la gran puta? La culpa es de los que controlan el país, algo muy obvio que muchos no quieren entender, posicionándose del lado de los políticos. 


Pero seamos justos, la culpa de que seamos gobernados por unos imbéciles es del pueblo, pues es quien da el poder a los políticos. 
Alguna que otra vez me han dicho que nos la meten doblada porque nos engañan, y que por lo tanto la gente no tiene la culpa de que el gobierno sea tan inútil y ladrón. Y yo respondo: SÍ que tiene culpa, y la tiene por dos razones:

   1º- Por hacerle caso a un político. Hay que ser tonto para hacer tal cosa.
   2º- Porque nos la llevan clavando desde que la palmó Franco. PP o PSOE, no hay más opciones en éste país, pese a que cada vez que salen elegidos la cagan, nos mienten y nos roban... ¡pero les volvemos a votar! Menudo alarde de inteligencia.

Todo eso es culpa de un pueblo mal educado, ignorante y borrego. Eso desemboca en la elección de gobernantes inadecuados. 
En cualquier caso, las urnas son el timo de la estampita, ya que da igual quién salga elegido. Una vez en el poder nos va a joder igualmente, pero claro, con las votaciones nos hacen creer que somos libres y bla, bla, bla. Somos libres para elegir al ladrón que nos va a robar, punto. 

En fin, con todo lo que he comentado hasta el momento tenemos razones de sobra para no sentirnos especialmente orgullosos de España, pero no he acabado aún. La cosa se puede enmierdar mucho más.

Los Toros
Algunos se empeñan en defender esta repugnante y salvaje fiesta alegando que es arte, cultura, y una tradición. No hace falta aclarar que, tanto los que disfrutan con los toros, como aquellos que creen que la tauromaquia es arte y cultura están mal de la cabeza ¿verdad? Pero mal en el sentido más literal, ya que no puede que una persona normal y corriente disfrute viendo cómo se tortura y mata a un animal de forma gratuita, innecesaria y morbosa. 
Imagino que no tengo que aclarar las razones por las que esta mierda NO es arte ni cultura. En serio, confío en los lectores de mi blog y estoy convencido de que no es necesario explicarlo, ya que cae por su propio peso. 
¿Tradición? Eso sí que es verdad. La tauromaquia es una tradición, claro ¿Y? ¿Eso hace que sea intocable? Las tradiciones, cuando son de ésta calaña, no deben respetarse por muy antiguas que sean. No creo que una tradición debe llevarse a cabo hasta el fin de los días si resulta ser una salvajada propia de tiempos asilvestrados. Estamos en el año 2013, seamos conscientes de ello (esto también se lo dedico a los creyentes en Dios y en la Iglesia). 
Hay gente que ve las tradiciones como algo sagrado, intocable, pero cuando esas tradiciones implican la muerte y el sufrimiento, deberían borrarse de un plumazo, sin pensarlo y sin importar su antigüedad. 
Hay formas mucho más divertidas, útiles, dignas y humanas de pasar un buen rato, pero claro, explícale eso a uno que sea pro tauromaquia. El hecho de que le guste ya denota poca inteligencia... 
Por no hablar de la vergüenza que siento como español cuando me cuentan que un turista se ha horrorizado al descubrir en qué consisten la corridas de toros. ¿Qué imagen estamos dando de España? ¿De verdad hay gente que se siente orgullosa de ésta tradición? Nos ven como un país cuya mayor parte de festejos consisten en hacerle la puñeta a un animal, especialmente a los toros, y es que las corridas no son las únicas burradas con las que disfruta el habitante de la España profunda. 
¡Ah! Y si este blog lo está leyendo algún extranjero, por favor, en el caso de que alguna vez visitéis España, absteneos de comprar las típicas figuritas de toros y toreros que venden en las tiendas de souvenirs. No le deis más publicidad y negocio a esa aberración de festejo.  

La ignorancia
Los españoles son en general gente buena, cálida y amable, pero también es cierto que somos un pueblo profundamente ignorante e inculto a grandes rasgos (no hay más que ver la cantidad de canis que pululan por la calle).
Un pueblo al que le gusta demasiado la juerga, el fútbol, la cervecita, la telebasura y el cachondeo, y que no se interesa por aprender o culturizarse, ya que eso no entra dentro de su lista de cosas con las que uno se lo pasa bien porque hay que pensar.
No quiero decir que querer pasarlo bien y que nos guste el jolgorio sea algo malo, pero es que cada vez, especialmente las nuevas generaciones, somos más y más cazurros. Yo entiendo que una persona mayor no haya recibido una preparación por falta me medios, ya que era otra época (aunque hay mayores que no han ido al colegio porque no les ha salido de los cojones. Por preferir dar bandazos detrás de las cabras antes que aprender a leer y escribir), pero ¿los jóvenes? ¿Un tío de 20 años que no sepa escribir ni leer bien? No hay excusa, excepto que en el ADN español está implantada esa atracción por no querer aprender y sentir indiferencia hacia la cultura. 
Gente cuya cultura general es alarmantemente baja, incapaz de escribir sin faltas o vocalizar correctamente al hablar. Que alguien cometa una falta no es razón para pegarle un tiro, ya que todos las cometemos a veces, el problema viene cuando de cada 10 palabras 8 están mal escritas, y lo peor de todo es que tampoco ponemos empeño ni interés en aprender  y rectificar lo que hacemos mal. 
Somos un pueblo que no valora el arte ni la cultura (salvo las corridas de toros, claro. Ese es el concepto que muchos -demasiados- españoles tienen del arte y la cultura), y precisamente eso, que es lo que nos enriquece y engrandece como personas, es de lo que más falto estamos.

Esta última parte nos lleva a los dos puntos anteriores, como si de un bucle se tratase; Si la gente no fuese de esta manera, tendríamos en el poder a gobernantes dignos, elegidos de forma inteligente en vez de por mala costumbre (PP o PSOE, y de ahí no salimos), por no hablar de que salvajadas como la tauromaquia serían cosa del pasado y muy pocos las echarían de menos. 

Y aclaro que por supuesto no creo que todos los españoles sean así. Hay muchísima gente educada, culta, válida y estupenda, pero el porcentaje de cazurros debería ser bastante más bajo para sentirme realmente orgulloso de mi país. 

miércoles, 24 de abril de 2013

¿Es caro el cine?

Hace pocos días leí que la distribuidora Alta Films (especializada en cine de autor) había chapado por culpa, cómo no, de la crisis. Las cosas funcionan así; sin público, las distribuidoras mueren. No hay más vueltas que darle.
En cuanto se dio a conocer la noticia se empezó a acusar de todo a los precios de las entradas de cine y el daño que la última subida del IVA hizo a éstos, pero a mí no me cuadra. No creo que la culpa sea de los precios, de verdad. 

¿Es caro el cine? Un poco. Más que un paquete de pipas, eso está claro. Pero también es caro el tabaco, los porros, el alcohol, el fútbol... ¡Y lo único que cierran son cines, señores! Si la teoría del precio excesivo fuese algo más que una excusa barata para no pagar por el cine, en España no serían rentables los estancos, los bares, los estadios de fútbol, y por supuesto no vería cada fin de semana a los típicos porretas dándole caña al pulmón, y como podréis comprobar ninguno de esos negocios está de capa caída. Y no es que sean precisamente baratos...
Dejadme de cuentos, esto no es una cuestión de precios, sino de prioridades. 
Al españolito medio le da grima gastar dinero en cultura, ya sean libros, cómics, música o cine, ¿Por qué? Porque, además de poder descargarse, en este país no se valora el arte ni la cultura (fijaos si se valora poco que a la tauromaquia la llaman "arte y cultura"), y mira que somos cuna de incontables artistas, pero nada.
Coño, si hace 10 años recuerdo que aquí costaban las entradas menos de 4 euros ¡y aún así se quejaban del precio!

Al español le gusta el cachondeo, la juerga, el cubatita, el meneo, y mientras pueda permitírselo paga por ello sin rechistar, mientras que cuando ven a alguien comprando un dvd o una entrada de cine lo miran con cara de pena, pensando qué tonto, no sabe que se la puede descargar. Anda que no me han dado la brasa con eso...

Entiendo que si a alguien no le gusta el cine no gaste dinero en eso, igual que yo no me gasto ni un céntimo en fútbol o tabaco. 
También entiendo a los que les gusta el cine y no pueden permitirse comprar películas o ir a las salas por razones puramente económicas... ¡Y aquí está la trampa! Muchos de esos se quejan de que el cine es caro, pero luego se dejan sus buenos euros en otras cosas (tabaco, porros, alcohol... lo de siempre), entonces pienso yo: ¿qué pasa, que para eso sí y para el cine no, que supuestamente te gusta tanto? 
Yo tengo un calificativo para esa gente: HIJOS DE PUTA. Así de claro. 
Sois unos hijos de puta por estar hundiendo el negocio del cine con vuestro pasotismo y con vuestras excusas de mierda con tal de no pagar por lo que os gusta, a no ser que eso que os gusta esté en un bar o en un estadio de fútbol. Así la cosa cambia y vale la pena pagar ¿verdad? ¡Anda y os vais a cagar!
Si un supuesto cinéfilo me dice que no tiene pasta para las entradas, pero tampoco para el cubata ni para el cigarrito, entonces me lo tomo en serio. ¿No tienes dinero? Pues ya está, qué le vamos a hacer. Pero si lo único que considera un derroche innecesario es ir al cine o comprar películas porque todo eso se puede descargar, entonces su credibilidad se va al garete. 

Y es que es así. Ya resulta cansina la excusa de los precios del cine, máxime cuando hay ofertas, descuentos, días especiales, 2x1, etc. El que no va al cine es, o bien porque no le gusta (muy respetable, aunque no lo entiendo), o bien porque no le sale de los cojones aunque alardee de su supuesta cinefilia, o bien porque realmente no tiene ni un duro (¡¡pero para nada!! No vayan a ser de esos que para lo único que no tienen dinero es para cine).
También he escuchado varias veces la excusa de que las películas en 3D y las palomitas son muy caras, y que al final te sale todo por casi 20 euros. Pero vamos a ver... ¿El 3D es necesario? ¿Las palomitas son necesarias? Esos son gastos adicionales que el espectador elige, porque el precio REAL del cine es la entrada que compras en la taquilla, punto final. Todo lo demás son añadidos innecesarios, como cuando las tías se quejan de que salir en Noche Vieja es caro. ¿Cómo no va a ser caro si cada año te compras un vestido nuevo? ¿Realmente es necesario? Pues lo mismo digo del 3D y las palomitas.

Pero pongamos la verdad sobre la mesa. ¿Todo esto quiere decir que yo no me haya descargado algo? Por supuesto que no. Yo me he descargado películas, y sigo haciéndolo, pero no por inercia.
¿Cuándo me descargo una película? En estos casos:

1-Cuando una película que me interesa no se estrena donde yo vivo. En ese caso espero a que esté en calidad dvdrip y la descargo, y por supuesto si me gusta la compro sin falta, por lo que no estoy haciendo daño a la industria. 

2-Cuando una película no se edita en España, ya sea un título actual o un clásico. 
Hay muchísimas películas que no las editan porque no les sale de los cojones a las distribuidoras. ¿Tengo que quedarme sin ver la película por ser español y vivir en España? Por supuesto que no. Hay peliculones como Martyrs o The Cabin in the woods, por poner dos ejemplos, que podrían haberse editado pero no lo hacen por incompetencia, y como no me gusta que me tomen por gilipollas, pues me las descargo. Eso sí, el maravilloso día que las editen me las compraré encantado, por lo que tampoco estoy haciendo daño a la industria. Es más, en este caso concreto quiero colaborar, pero no me dejan al no editar ciertos títulos. Si no los editan no puedo comprarlos aunque esté deseando hacerlo. ¿Qué más puedo decir?
Claro que alguno me dirá que compre de importación, y con razón. Pero aquí hay factores que también cuentan ¿Y si la película es región 1? ¿Y si no incluye subtítulos en mi idioma? ¿Y si me sale de los cojones verla doblada en castellano? 
He comprado de importación varias veces pero, no me preguntéis por qué, me siento más cómodo comprando en tiendas españolas, olvidándome de mirar si incluye o no subtítulos en mi idioma, o si es  región 2 o libre.  

En fin, el día en que cierre un estadio de fútbol o una plaza de toros hablamos. Mientras tanto, eso de que el cine es caro y bla, bla, bla me parece una excusa de mierda. Hay formas de ocio tan o más caras que triunfan a día de hoy, así que lo del cine no cuela. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

prototipos de blogs que detesto


Antes de empezar con el tema principal de ésta entrada, quiero recalcar algo que llevo observando desde hace unos meses.
Me he dado cuenta de que las entradas dedicadas al verdadero tema que trata éste blog, es decir, el cine, los cómics, los libros, etc, casi no reciben comentarios. No digo que no se lean, digo que no comenta ni Dios. Posiblemente sea porque a veces no existe esa necesidad imperiosa de dar a conocer nuestra opinión con según qué temas, y nos conformamos con leer la entrada y ya está.
Sinembargo, cuando hablo sobre temas más, digamos, mundanos, como puede la alergia que le tengo a los pueblos (aquí) o cuando yo mismo pongo en duda mi masculinidad (aquí) la gente se anima y comenta mucho.

Diría que no sé por qué ocurre esto, pero creo que sí lo sé. Cuando escribo sobre una película, por ejemplo, la gente lee la entrada, le gusta más o le gusta menos, se informa sobre la película en cuestión, y adiós muy buenas (aunque hay casos en los que sí se comenta, también es verdad).
Podría decirse que no hay conexión con los lectores. No se empatiza. Estás hablando de una película y al lector puede interesarle el tema, pero nada más. No le estás tocando la fibra (o los huevos, algo que también ayuda a conseguir comentarios).
Cuando hablo de otro tipo de temas sí que la gente participa bastante más, quizá porque siente la necesidad de dar su opinión al respecto, bien porque le he tocado los cojones a alguien y se quieren cagar en mi puta madre, o bien porque están de acuerdo conmigo y me quieren dar la enhorabuena.
En cualquier caso, todo se reduce a opiniones, ya sean sobre películas o sobre la iglesia, sólo que en el primer caso la gente lee y se va, y en el segundo lee y opina.

Pero no quiero que parezca que todo esto me molesta ni mucho menos. Al contrario.
Yo mismo leo muchos blogs y luego no comento nada, bien porque no sé qué decir (y para decir una chorrada mejor me estoy calladito), o bien porque estoy tan de acuerdo con el autor, que lo único que podría decir es ESTOY DE ACUERDO EN TODO, y no es plan.
Cuando uno habla sobre una película o un cómic, hay muchas posibilidades de que el lector no sepa qué decir, no quiera decir nada o no le interese lo que estás escribiendo, pero si pones verde a los políticos, la iglesia o a los garrulos de pueblo, SEGURO que todo el mundo tiene algo que opinar.
Cuando se tratan ese tipo de temas, al lector le cuesta más estarse callado, y me parece fantástico, porque no hay nada peor que la apatía.
Más de una vez me han dicho que soy muy crítico, aunque yo no veo qué hay de malo en querer compartir tu opinión sobre algo, ya sea una opinión buena o una mala.
Casualmente, todos los que me han tachado de crítico de forma despectiva son gente bastante apática. De los de botellón, móvil y poco más, para que me entendáis.

Y bueno, dejo ya el tema, que sólo era un pequeño apunte y al final se ha convertido en toda una entrada.

De lo que quería hablar era de los blogs que no me gustan. No me refiero a blogs concretos, sino a tipos de blogs, en general, que no me interesan o no me gustan por ciertas razones.

Blogs profundos
No puedo con ellos, lo siento. Cada cual escribe lo que le sale de las narices en su blog, que para eso es suyo, pero a mí personalmente me repatean esos blogs profundos y dramáticos que los autores usan para contar sus movidas mentales, sus penas y sus alegrías (aunque generalmente, la gente que tiene éste tipo de blogs no cuentan muchas alegrías que digamos). 
En éstos blogs no se toca ningún tema concreto, ya que sólo tratan sobre el mundo interior del autor y sus reflexiones lastimeras, aderezadas con algún poema cutre y ñoño de cosecha propia.
Como ya digo, cada cual escribe sobre lo que quiere, pero yo, como lector, debo decir que éste tipo de blogs me aburren profundamente y no consigo verles el lado interesante. 
Entiendo que algunos autores escriben sus penas y sus pajas mentales para desahogarse y exorcizar fantasmas interiores (¿?), pero ¿es necesario que lo compartan con la humanidad? ¿No pueden limitarse a abrir un documento de word y escribir ahí todo lo que se les ocurra? No es necesario que lo lea toda la humanidad, entre otras cosas porque no le importa a nadie. 
Es un poco lo mismo que ocurre con los estados de messenger y facebook y la gente que los usa para compartir con todo Dios sus problemas personales y penas (que lo escriben de forma muy escueta, sin aclarar nada, con la intención de crear suspense, que la gente les pregunte "¿qué te pasa?", y ellos poder responder "NADA, COSAS MÍAS". So hijo de puta, si fuesen "cosas tuyas" no las estarías haciendo públicas).
Pues así son los blogs profundos; como un estado ñoño y dramático del facebook, pero cien veces más extenso y repelente. 

Blogs que no responden a los comentarios
Es algo que de verdad me revienta, no puedo evitarlo. ¿Qué le cuesta al autor responder a los mensajes que le han dejado? ¿Tan guay se cree como para no emplear medio minuto en contestar a la gente que se ha molestado en comentarle? Me parece una falta de respeto hacia los lectores, por eso yo siempre respondo a todos los comentarios, por muy breves o vacíos que sean, y mira que hay muuuchas veces en las que no sé qué contestar... ¡pero contesto!
Yo lo tengo clarísimo, cuando he comentado un par de veces y no me han respondido, no vuelvo a comentar más. 
A mí parecer, la labor del autor no es sólo escribir entradas, sino también atender a los lectores, que para eso leen y le dan vida al blog. 
Y si le doy tanta importancia a éste tema es porque antes de Motivos para Levantarse tuve otros blogs que no llegaron a nada (falta de paciencia, lo admito), y ahora que por fin tengo un blog con algún público, me gusta atenderlo correctamente y que se sienta cómodo comentando y opinando lo que quiera, y por supuesto le dedico el tiempo que sea necesario a responder a sus comentarios, para que no dé la sensación de que se quedan ahí flotando sin que nadie los lea. 
En resumen; responder a los comentarios no cuesta una puta mierda y anima al lector a volver. 

Blogs que borran comentarios porque sí
Entiendo que nadie va a dejar ahí comentarios ofensivos, trolls o spam, pero no me refiero a eso. Me refiero a borrar comentarios que no sean una lamida de polla al autor, y aunque ésto sólo me ha pasado una vez, me llamó la atención (y obviamente no he vuelto a entrar en ese blog, del que no daré el nombre para no hacerle publicidad, ya que no la merece).
En ese blog, al parecer, y digo al parecer porque el único que comentaba era yo, se borran los comentarios de aquellos que no están de acuerdo con lo que el autor escribe (y creedme, el buen hombre decía algunas chorradas dignas de mención, como que Roland Emmerich era el director de cine alemán más importante de la historia. Y lo decía en serio. De hecho, uno de los comentarios que me borró era aquel en el que le decía que en absoluto estaba de acuerdo con esa afirmación). 
Es decir, flipante ¿no? O le lames el rabo al autor, o te borra los comentarios. 
¿Qué mierda de blog es ese? Se supone que lo interesante es intercambiar opiniones y discutir sanamente, porque si todos los comentarios que un blog recibiera fuesen diciendo SÍ a todo lo que escribe el autor, menudo coñazo chavales. 
Ya os digo que ésto sólo me ha pasado en ese blog, por lo que imagino que no es algo que ocurra frecuentemente (por suerte). 

Blogs que actualizan muy de vez en cuando
Y que conste que no soy el más indicado para hablar de ésto, puesto que no soy de los que actualiza todos o casi todos los días, pero los que me seguís sabéis que como mínimo subo una entrada nueva a la semana, y a veces dos. 
Es mi ritmo, y a no ser que por alguna causa excepcional no pueda, por lo menos una vez a la semana subo algo sí o sí. 
Pero hay por ahí algunos blogs que no siguen ningún tipo de ritmo a la hora de publicar, y que generalmente actualizan muy poco. Con muy poco me refiero a que suben algo una vez al mes o cada dos meses, y no creo que eso sea muy correcto, especialmente cuando tienes cierto número de seguidores que te siguen porque les gusta lo que escribes... pero si no escribes una puta mierda están en su derecho de mandar a tu blog a tomar por saco. 

Es como si te encantan las tapas que ponen en un bar, pero dicho bar no tiene formalidad alguna y abre cuando le da la gana. ¿Qué ocurre? Que al final te buscas otro bar. 
Tener un blog no es una responsabilidad de vida o muerte, pero ya que te has molestado en crearte uno y darle su tiempo para que tenga lectores más o menos asiduos, lo menos que puedes hacer es darle a un poco de ritmo a las publicaciones y tener formalidad. No digo que haya que publicar siete veces a la semana, pero un poquito de ritmo se agradece muchísimo. 

Cada cual lleva su blog como mejor le parece, pero que hagáis las cosas a vuestra manera no significa que las estéis haciendo bien. Ahí lo dejo.
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