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miércoles, 4 de noviembre de 2015

La Cumbre Escarlata


¡La hostia, llevo más de dos meses sin actualizar el blog! La verdad es que tenía pensado darle un parón de un mes, por eso de que era verano y tal, pero es que ya estamos en noviembre y sigo tocándome los huevos de forma indiscriminada y con alevosía. 
No, ya en serio. Soy consciente del tiempo que llevo sin escribir, y es verdad que todo empezó como unas "vacaciones", pero al final las alargué voluntariamente porque no tenía ganas de escribir. Esto es así, no hay más excusa que esa; no me apetecía escribir. Para empezar, sigo trabajando en mi novela, con lo cual cada vez que saco tiempo para escribir lo dedico al libro, ya que de otra forma siento que estoy "perdiendo el tiempo". Y luego, en general, me invadió cierta desgana respecto al blog... Pero bueno, creo que este parón de dos meses me ha venido bien para renovar energías y ganas.

Durante este tiempo he visto bastante cine (como no podía ser de otra forma tratándose de mí), así que tengo material de sobra para futuras entradas, pero de momento quiero empezar hablando de La Cumbre Escarlata, una película que reúne todos los ingredientes para no gustarme (terror -más o menos- comercial y género de fantasmas) y que sin embargo me ha entusiasmado como hacía tiempo que no me entusiasmaba. Y todo gracias a Guillermo del Toro, pues de haber sido otro el director dudo mucho que la hubiera visto. 

Una película con un guión predecible y poco original no augura nada bueno, pero si detrás hay un director capaz de hacer brillar otros elementos hasta el punto de que las carencias del guión pasen desapercibidas, entonces podemos decir que estamos ante una buena película. Claro que para que esto ocurra, el director debe ser un fuera de serie, alguien con la habilidad de convertir lo aburrido en oro. Es una lección que aprendí gracias a Avatar, de James Cameron. Vale, el guión era absolutamente tópico y carecía de originalidad, ¡pero no me negaréis que todo lo demás es maravilloso! Pues eso también hay que tenerlo en cuenta a la hora de evaluar. El problema viene cuando en una película no destaca nada, pero ese es otro tema. 

Si La Cumbre Escarlata hubiese caído en manos de un director insulso, sin estilo propio ni talento, ahora mismo no estaría hablando de ella, o lo que diría sería poco agradable; por suerte, la persona que hay detrás de las cámaras es Guillermo del Toro, alguien cuyas películas son siempre, como mínimo, interesantes y dignas de verse, y esto se debe en parte a que es un hombre que ama el cine de terror y pone en sus películas todo el cariño del mundo.

El director mejicano toma una historia de fantasmas (lo cual no implica que La Cumbre Escarlata sea necesariamente un filme de terror, ojo) arquetípica, en la que los espectros no son los villanos ni la verdadera amenaza, sino que están ahí para avisar de los peligros que se vienen encima o para dar pistas que sirvan para detener al auténtico villano. Como bien dicen en la propia película, “esto no es una historia de fantasmas, sino con fantasmas”. Entre una cosa y otra hay una diferencia abismal, de modo que si hubiera que encajar de forma justa a la película dentro de un género, sería el thriller. Otras películas que juegan en esta ligan podrían ser Extraterrestre, de Nacho Vigalondo, o Zombies Party, de Edgar Wright. Tanto en una como en otra hay un elemento extraño o paranormal, pero ni mucho menos es el eje central de la historia. Están ahí, de fondo, pero el corazón de la trama es otro. Es como si en Seven a Brad Pitt se le apareciera su abuela muerta para advertirle de que un asesino en serie se lo piensa hacer pasar muy mal. Tendríamos exactamente la misma película, pero con un fantasma pululando por ahí. Un fantasma de quita y pon, prescindible pero resultón... Pues eso es lo que ocurre más o menos en La Cumbre Escarlata


Siendo justos, a los veinte minutos de película es fácil deducir cuál va a ser el final, pero como ya he dicho, habiendo un director tan potente como Guillermo del Toro detrás del proyecto, es inevitable y necesario juzgar el conjunto. Claro, la historia es predecible y arquetípica (no confundir con mediocre), pero todo eso se compensa con un diseño de producción precioso donde todo es bonito, desde los escenarios y el vestuario hasta los propios fantasmas, que por supuesto llevan el peculiar sello del director y su buen gusto e imaginación a la hora de diseñar objetos y monstruos. A todo esto hay que sumarle el pulso narrativo, el gran trabajo de dirección y la facilidad de Guillermo del Toro para captar todo el interés del espectador, porque una historia, sin importar lo innovadora u original que sea, se puede contar bien o mal, y La Cumbre Escarlata está muy bien contada.


La película, como buena película de Guillermo del Toro, posee todos los elementos característicos que hacen de este director lo que es; autopsias, insectos, seres sobrenaturales bellos y horribles al mismo tiempo, maquinarías y engranajes, explosiones de violencia, auto homenajes, etc. Con esto quiero decir que aquellos que disfrutan del cine de este director se van a sentir como en casa, y los que no lo soportan seguirán sin soportarlo porque, para bien o para mal (para bien, en mi caso), Guillermo del Toro sigue siendo él mismo.

lunes, 12 de agosto de 2013

Pacific Rim


Cuando director ama su trabajo, y sobre todo ama el material que tiene entre manos, es complicado que no salga un producto, como mínimo, notable. Guillermo Del Toro es uno de esos directores, y por esa razón sus películas son casi siempre fabulosas, destilando amor por el género y mucho cariño. 
Se nota, y no me preguntéis por qué, que están hechas con ganas, no por dinero. 

Pacific Rim va más allá del homenaje al cine de monstruos gigantes, a Godzilla, a Mazinger Z y a Evangelion. Además de ser una declaración de amor por todo eso que he mencionado es, ante todo, una película de acción sin pretensiones de ninguna clase. Cine palomitero de calidad, de ese al que todo le importa una mierda, y si hay que meter una secuencia en la que un monstruo del tamaño de un rascacielos recibe una paliza con un barco, ¡pues se mete! Y no pasa nada, porque esto es cine
fantástico a la vieja usanza, de ese que era consciente de su naturaleza inverosímil (y a mucha honra) y de su finalidad: entretener a toda costa y hacer pasa un buen rato viendo todo tipo de cosas imposibles. 

Todo esto conlleva, casi de forma inevitable, un guión sin demasiada chicha. Un guión lleno de tópicos, personajes estereotipados y planos, frases lapidarias de esas que no dice nadie (pero que molan), y un sinfín de elementos que ya hemos visto pero que son imprescindibles para dar forma a una película de éste tipo, y os aseguro que cuando el trabajo está hecho con amor y cariño, en el resultado final se nota, y poco o nada importan los tópicos y los momentos de manual, porque todo encaja perfectamente y uno termina de ver la película con muy sabor de boca, disfrutando como un niño. 

Una de las cosas que temía cuando vi el primer trailer (algo que creo que temíamos todos) era que las peleas no se viesen correctamente y todo quedase reducido a un batiburrillo de hierros, fuego y pedazos de escombros volando por los aires, pero estaba totalmente equivocado porque, salvo en algunos momentos muy puntuales (no olvidemos que las peleas son entre monstruos y robots de dimensiones gigantescas, y generalmente se llevan a cabo entre edificios o en el océano, así que es normal y compresible que haya momentos caóticos), vemos claramente los combates; desde un puño que se estampa contra la cara de un monstruo hasta un pisotón que revienta siete coches al mismo tiempo. 


Pacific Rim tiene también unas notas de humor (los dos científicos histriónicos y zumbados, por ejemplo) que ayudan a amenizar un metraje plagado de efectos especiales, acción y destrucción, así como alguna subtrama muy interesante (el tema del tráfico de órganos de Kaijus) que hace que nos sumerjamos más en ese mundo aterrorizado por monstruos interdimensionales gigantes. 

Y para terminar, comentar un apunte que me ha gustado: por primera vez Estados Unidos no es el salvador de la humanidad, sino que en ésta ocasión precisa de la ayuda de todo el planeta para salvar a la humanidad.
Eso sí, el robot más chulo y el que nos saca las castañas del fuego en última instancia es el americano, pero bueno. 
También mencionar que los monstruos son una pasada, con un 50% de belleza y otro 50% de fealdad, además del puntito surrealista lovecraftiano tan propio de Del Toro.

En resumen; Pacific Rim es una película hecha por un friki, destinada a los frikis y amantes del fantástico, y sólo por eso ya es una pasada, pero es que además hay peleas entre monstruos y robots gigantes ¿qué más queréis? 
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