Llevo una racha en la que estoy revisando películas que de primeras no me gustaron o me gustaron muy poco, como Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, Avatar, La Jungla 2: Alerta Roja, o Hostel, entre otras.
Y la verdad es que me estoy llevando muchas alegrías porque todas, sin excepción, me han gustado en el segundo visionado, y las que me gustaron poco, ahora me gustan mucho más. Pero quizá ha sido con Hostel con la que más he cambiado de parecer, y es que aunque sigue siendo una película mediocre, la considero mucho más divertida y menos pretenciosa que títulos similares como la saga Saw.
Hostel parte de unos supuestos hechos reales que Eli Roth, el director, descubrió casualmente navegando por internet. Al parecer encontró una noticia según la cual, en alguna zona de Tailandia (¿Tailandia? No estoy seguro, pero tampoco importa) alguien con problemas económicos se había ofrecido a sí mismo para ser asesinado a cambio de dinero, con el propósito de entregar dicho dinero a su familia una vez muerto.
La historia es rocambolesca y macabra, pero perfectamente posible si se lleva a cabo en lo márgenes más alejados de la ley, y es ahí dónde comienza Hostel. El negocio de la muerte; pagar por matar, al igual que también se paga por follar. Esto último también está presente en la película, por lo que funciona como contraste entre ambos negocios, radicalmente opuestos y al mismo tiempo tan parecidos.
Ahora convirtamos esa noticia que Eli Roth encontró en internet en una película de terror ochentera, con el tono desenfadado y divertido que eso conlleva, y el resultado es Hostel.
Pero amigos, no voy a ponerme a filosofar ni a buscarle los tres pies al gato. Si hay algo que detesto es sobre-analizar algo que es más simple que el mecanismo de un botijo, y Hostel es así, así que aquí no valen las dobles lecturas más allá de lo que ya he comentado.
También me gusta ser objetivo, así que sí, todas las malas críticas que habéis leído sobre ésta película están en lo cierto. Es mala, hay que admitirlo, como también hay que admitir que tarda en arrancar y que quizá no haya tanta carnaza como se nos prometió, pero eso no quita que sea rematadamente divertida, y que después de una primera media hora bastante mediocre (parece American Pie, joder), la cosa se pone gamberra y salvaje.
No voy a engañaros. La historia base de la película daba para mucho más, pero aún así creo que no es tan mala como la pintan, y que como mínimo nos puede hacer pasar un rato entretenido viendo torturas y amputaciones (ains, mi querida salud mental ¿cuándo volveré a saber de ti?).
Dicho de otra forma, es una película para verse con la mente abierta de par en par, sin esperar un producto de calidad, sólo diversión y casquería, y algunos momentos que realmente consiguen dar mal rollo.