Mostrando entradas con la etiqueta ciencia ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia ficción. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de junio de 2018

Twin Peaks: The return


Diga lo que diga en este artículo, no va a estar a la altura de la tremenda barbaridad que David Lynch regaló a sus fans el pasado verano. Me falta vocabulario y talento para reseñar esta monstruosidad como es debido.
Pese a todo, me gustaría dedicar unos párrafos a hablar no de la serie en sí, sino concretamente de su tercera temporada. ¿El motivo? Si el Twin Peaks original de los 90 fue rompedor, lo que ha sucedido con su tercera temporada, estrenada 25 años después, resulta indescriptible.
Quizá no sea objetivo, ya que todo lo que hace David Lynch me vuelve loco, pero es innegable que Twin Peaks: The return ha sido un puñetazo sobre la mesa. Tal vez sea la primera vez en la historia de la televisión que un autor tan poco digerible por los mainstreams ha hecho lo que le ha dado la real gana, sin complejos, y además con un presupuesto y un reparto más que considerables.
Quisiera condensar mi opinión en un solo artículo, así que voy a dividirlo en secciones para organizar las ideas y no acabar haciendo un caótico gazpacho.
Vamos allá.



1. NUEVO LOOK
Creo que todos los fans de Twin Peaks esperábamos de esta tercera temporada un producto similar a las temporadas una y dos, pero no ha sido así. Esto, como no podía ser de otra forma, ha provocado ira y admiración a partes iguales, dividiendo al público y bla, bla, bla… Vamos, lo que ocurre siempre. ¿Alguna película o serie no divide al público? ¿Hay algo que guste o sea odiado de forma cien por cien unánime?
Pero es verdad que la primera toma de contacto, ese momento mágico en que ves los minutos iniciales del primer episodio, se hace raro. Bastante raro, de hecho, y eso que Twin Peaks siempre ha sido una serie rara y marciana, pero es que ahora había que sumarle a eso un radical cambio estético, con una fotografía bastante fea, como de película barata o amateur, y unos efectos especiales que son, casi siempre, una chufla. Pero nada de eso es casual, porque nada es casual cuando se trata de gente como David Lynch.
De modo que sí, la primera toma de contacto con The return se atraganta, se observa con rechazo, pero acabas entrando de lleno, y lo haces porque, aunque esto a priori no parezca Twin Peaks, huele al inconfundible sello de su director. Tal vez nos sintamos desubicados al principio, pero no tardamos en comprender que estamos en el mismo lugar de siempre, ese lugar al que somos arrastrados cuando decidimos bucear en la obra de David Lynch. Volvemos a estar inmersos en una de sus histéricas y aterradoras pesadillas. Nada nuevo, por suerte.
Quisiera pensar que esto es lo que siempre quiso Lynch para Twin Peaks. Me explico: la serie original, formada por dos temporadas, acaba mutando en algo que poco o nada tenía que ver con lo que nos ofrecía al principio, y todo eso fue, como de costumbre, por culpa de los ejecutivos, los de la pasta, empeñados en poner freno a los artistas. De modo que Lynch perdió interés por la serie, la abandonó, y no fue hasta su recta final que decidió regresar y trata de poner las cosas en orden, aunque para entonces ya era tarde. La audiencia había caído en picado y la serie iba a morir cancelada.
Con esto quiero decir que, aunque esas dos primeras temporadas fuesen extrañas y lynchnianas, estaban domesticadas, o al menos lo estaban en parte. No es que fuesen un producto de consumo masivo, pero… casi. En cambio, The return es una temporada en la que David Lynch y Mark Frost (la otra mitad de esta obra) han tenido libertad para hacer lo que quisieran, de ahí que no haya compasión hacia el espectador. Twin Peaks: The return es una serie desatada que no pretende caer bien a nadie, ni siquiera a los fans de la original.
Tengo la impresión de que Lynch y Frost siempre quisieron hacer esto, pero como en su momento no pudieron o no les dejaron, ahora han dado rienda suelta al maravilloso cacao mental que a estos señores les burbujea en la cabeza.



2. FUEGO, CAMINA CONMIGO
La película de Twin Peaks, revalorada con el paso de los años, fue odiada e incomprendida en su momento, principalmente porque en lugar de desvelar dudas, planteaba más. Por eso y porque, al igual que sucede con la tercera temporada, se parecía más bien poco a la serie original. Fuego, camina conmigo era mucho más oscura, adulta y deprimente, y a esto debemos sumarle el hecho de que su metraje fue reducido en más de una hora. Eso significa un buen puñado de cabos sueltos y momentos que, se miren por donde se miren, no tienen explicación.
Entonces, ¿Lynch ha obviado la película a la hora de escribir la temporada tres? ¡NO! No sólo no la ha ignorado, sino que es imprescindible haberla visto para poder “entender” (nótense las comillas) algunos momentos clave de la nueva temporada. Pero es que además de eso, The return ha heredado el tono y la atmósfera onírica y pesadillesca de la película, elementos más remarcados en el film que en la serie original (que ya es decir).
Para muchos, esto será una tortura. Para mí, que la película me parece fabulosa, es un regalo.
Hay una escena de la película, uno de esos momentos sin sentido que huelen a que hubo que cortar metraje explicativo, que ha sido más o menos aclarada en la tercera temporada. Es una explicación extraña, muy loca, muy de vamos a improvisar algo mientras nos tomamos el décimo café del día, pero resulta efectiva y da a la serie una nueva lectura sobrenatural. Y no es que Twin Peaks ande escasa de elementos sobrenaturales, pero uno más siempre es bienvenido.
Me refiero a la demencial escena en la que aparece el agente especial Philip Jeffries, interpretado por David Bowie. En esta secuencia, Jeffries hace acto de presencia mediante una ¿teletransportación? ¿Cruzando una puerta interdimensional? ¿Viajando en el tiempo? No lo sé. La cuestión es que el tío aparece en la oficina del FBI muy desubicado y desorientado, pero su presencia también llama la atención de su jefe, Gordon Cole, que se sorprende mucho al verle, e incluso hace alusión a que Jeffries desapareció tiempo atrás sin dejar rastro…  Hasta ahora, que ha regresado de nadie sabe donde.
En esta escena, Jeffries dice dos cosas clave. Primero comenta que no quiere que nadie mencione a Judy, y segundo se pone un poquitín histérico al ver al bueno de Dale Cooper, a quien acusa de ser un impostor. Todo el mundo presente en la oficina se queda con cara de ¿pero qué me estás contando?, y el espectador también, claro.
¿Quién es Judy? Un misterio que se planteó en 1992 y que desde entonces ha sido tema de conversación entre los fans de esta serie. Pero el enigma se resolvió en 2017 gracias a la tercera temporada, donde se nos revela que Judy es en realidad una antiquísima entidad maligna llamada Jiao Dai, y que resulta ser el villano principal de la serie, causante de todos los males.
Otra cosa que se nos aclara es que dentro del FBI existe un departamento especial secreto llamado Rosa Azul, encargado de resolver casos de índole sobrenatural o extraterrestre. A ese departamento especial pertenecía el ilocalizable Philip Jeffries, motivo por el cual terminó viajando en una de sus misiones a una dimensión paralela y cruzándose con la peligrosa Judy, de ahí que conozca su existencia.
Y queda otra cuestión: ¿por qué se altera tanto cuando Jeffries ve a Dale Cooper? Muy sencillo, al ser un viajero en el tiempo y conocer el futuro, sabe que Cooper acabará teniendo un doppelgänger maligno, motivo por el cual no sabe si ese Cooper es el bueno o el malo.
Lamentablemente, David Bowie falleció durante el rodaje de la tercera temporada sin darle tiempo a rodar su regreso como el agente Philip Jeffries. Pero estamos en una obra de David Lynch, así que todo es posible. De modo que sí, amigos, en la tercera temporada tenemos de vuelta a Jeffries, aunque no con la apariencia que esperábamos. En esta ocasión, y dado que Bowie no estaba disponible, Lynch decidió convertir al agente Jeffries en una cafetera parlante. ¿Por qué? Porque sí, chavales, porque sí. ¿No es maravilloso?
David Lynch ha sido muy valiente al no ser complaciente con nadie, ni siquiera con los fans de Twin Peaks.



3. SALIMOS DE TWIN PEAKS
Otra decisión arriesgada por parte de Lynch y Frost ha sido expandir la historia más allá de las fronteras del idílico pueblo que da nombre a la serie. De esta forma, Nueva York y Las Vegas son dos de los nuevos escenarios habituales en The return. Y digo que es una decisión arriesgada porque ampliar el universo twinpeaksniano del modo en que lo han hecho, puede suponer un rompecabezas al que no todos estén dispuestos a jugar. Al haber más localizaciones, se abren frentes, muchos frentes, cada vez más frentes… ¡Una puñetera tonelada de frentes! Sólo en los dos primeros episodios ocurren más cosas que en algunas temporadas completas de otras series. Es demencial. Lo más estresante es que la serie avanza y, en lugar de resolver las quinientas subtramas pendientes, crea otras o retuerce las ya existentes, y llega un punto, cuando la serie se acerca peligrosamente al episodio final, el dieciocho, en que parece que no habrá tiempo de zanjar los asuntos que se llevan planteando desde el primer capítulo. Experimentos secretos relativos a otras dimensiones, asesinatos inexplicables, vórtices, dobles malignos, tipos con superpoderes, vagabundos terroríficos que van por ahí pidiendo fuego y asesinando, viajes en el tiempo, monstruos, realidades alternativas, mafiosos… Quizá sea la mezcla más extraña y desquiciada de la historia del audiovisual. Para un guionista, lidiar con todo eso debe ser una labor titánica.



4. GOTTA LIGHT
Toda la serie, incluyendo sus dos o tres episodios más flojos e insustanciales, es una obra de arte contada en dieciocho horas. Quizá el evento televisivo más arriesgado, personal y LIBRE con el que nos hayamos topado en décadas.
Y luego está el episodio ocho, un punto y aparte. Ningún capítulo de The return es normal ni comercial, pero la locura desatada en el octavo, titulado Gotta light, es digno de estudio. Es el capítulo más surrealista y desquiciado, y al mismo tiempo uno de los que arrojan más luz, al menos en lo referente a un tema muy concreto: la llegada de Jiao Dai a nuestro mundo… o algo así. Sólo diré que la culpa de todo la tiene una explosión atómica ocurrida en los años 40.
El episodio, de una belleza estética superior (esa preciosa y sugerente fotografía en blanco y negro contrasta con el feísmo visual de los otros capítulos), funciona como un relato de ciencia ficción dura, a lo Philip K. Dick (toda la temporada parece influenciada por este escritor, dicho sea de paso) y una historia de terror.
Es duro hablar de este capítulo sin perder pelo mientras se hace, ya que como ocurre con buena parte de la filmografía de David Lynch, se puede describir pero no explicar.



CONCLUSIÓN
Twin Peaks: The return es una serie (o película de dieciocho horas, como la describe el propio David Lynch) que se mueve en tierra de nadie. Por una parte, y como ya he explicado antes, no busca complacer a nadie, ni siquiera a los fans de la serie original... Tal vez podría decirse que el público perfecto para The return se encuentra en la gente que disfrutó con alguna de las obras más crípticas de Lynch, como Mulholland Drive, Fuego, camina conmigo, Inland Empire o Carretera Perdida. Y por otro lado, ningún consumidor de series convencionales aguantaría más de un episodio de este experimento audiovisual.
Pero resulta que, justo por eso, estamos ante una serie magnífica, única, compleja y terrorífica que ha conseguido algo que muy pocas series logran conmigo: mantenerme en vilo y hacerme desear la llegada del siguiente lunes para poder disfrutar de un nuevo capítulo, una nueva dosis de televisión gourmet. Y no sólo eso, sino que también ha dinamitado todas las expectativas y conjeturas, ya que resulta imposible saber por dónde van a ir los tiros de un capítulo a otro. Da igual lo que haya ocurrido en el episodio que acabas de ver; el próximo saldrá por donde menos te esperas, te cortocircuitará la cabeza… y querrás más.




lunes, 23 de octubre de 2017

Blade Runner 2049


No voy a entrar en la cantinela de siempre sobre si la primera película es insuperable y tal y tal. Ya sabemos que Blade Runner, adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, no sólo es buena, sino una obra maestra que repercutió en todo el cine de ciencia ficción que vino después, pero de ahí a dar por sentado que no se puede hacer una secuela digna que se le acerque o la iguale, pues no, no estoy de acuerdo. Lo digo porque cada vez que se “toca” un clásico infinito, no faltan los ataques de histeria por parte de los cinéfilos más conservadores o directamente carcas, que se echan las manos a la cabeza antes de ver la película (antes de que se haya rodado, a decir verdad). Huyo de esa mentalidad.
Y dicho esto, no sé cómo alguien podía dudar de esta secuela. Primero porque la dirige uno de los directores más potentes de la actualidad, Denis Villeneuve; y segundo porque la protagoniza, además de Harrison Ford y Ana de Armas (que está genial), Ryan Gosling, alguien perfecto para el papel de agente frío, calculador y callado. Podría decirse que repite la metodología que usó en la estupenda Drive.
Y añadiría una tercera razón por la que saber que Blade Runner 2049 iba a ser buena estaba cantado: repite Hampton Fancher, guionista de la original.

Blade Runner 2049 dura cerca de tres horas, pero son tres horas de espectáculo visual y argumental que no aburren en ningún momento. Es lenta, claro que sí, como debe ser, como lo era la primera Blade Runner, pero tanto en la forma como en el fondo resulta hipnótica, apabullante, bellísima, elegante. Cada imagen y cada diálogo rezuman buen gusto y estilo.
Pero aunque Blade Runner 2049 sea una película de estética impresionante, no se limita a mostrar escenarios que quitan el hipo, sino que se asegura de contar una buena historia sobre dilemas, filosofía y la sombra de la naturaleza humana. Todo lo que debe contener la ciencia ficción de calidad y con sustancia, en definitiva.
La película recurre al fanservice lo justo y necesario, optando por contar algo diferente a lo visto en la original. Blade Runner 2049 complementa a su predecesora pero, al mismo tiempo, se asegura de poseer entidad propia y hablar de temas diferentes. No es un refrito, para que nos entendamos. 

Por suerte para los que no queríamos un simple blockbuster de acción complaciente con las aburridas y facilonas preferencias del espectador medio, quien se pierde y aburre en cuanto una película supera los convencionalismos narrativos y argumentales a los que está acostumbrado, Blade Runner 2049 no busca ser amiga de ese tipo de público. Sus escenas de acción son tan impactantes como escasas, y el sonido de los disparos y puñetazos se clava en los tímpanos. Pero la historia prevalece por encima del efectismo, y eso que la película va hasta arriba de efectos especiales y planos que pretenden causar impacto. Es un film que aburrirá al espectador casual, y eso, en este caso, es bueno.
Dicho de otra forma, resulta sorprendente que una película tan cara no esté interesada en llegar al público masivo, sino a su público.

Dejando a un lado la nostalgia, el postureo y el conservadurismo atroz, yo voy a decir AHORA, en 2017, no dentro de treinta años, cuando todo dios se ponga de acuerdo en alabarla (como pasó con la primera; ahora es muy fácil dárselas de erudito y ponerle la etiqueta de obra maestra… ¡pero en 1982 no hubo huevos!), que Blade Runner 2049 es una maravilla cinematográfica de principio a fin. No me importa afirmar que está a la altura de la original. Y dicho esto, ¿qué más puedo decir? 

martes, 20 de junio de 2017

Alien: Covenant


Ridley Scott retoma la saga Alien tras la desastrosa Prometheus, película que me gusta y fascina por ciertos motivos, pero que, como ya digo, es un desastre por otro puñado de motivos que no voy a entrar a detallar. No es mala, pero tampoco es tan buena como debería haberlo sido.
Hablo de Prometheus principalmente porque Alien: Covenant ha resultado ser, al menos en parte, un desastre similar… ¿De quién es la culpa? De Prometheus y de los fans más cerrados de mente. ¿Es mala? No, pero, insisto, tampoco es tan buena como debería ser. De eso se trata.
Esto daría para cuatro artículos, así que voy a intentar ser breve y conciso.

Cuando Ridley Scott se planteó hacer Prometheus, no tenía intención de realizar otra película de aliens asesinos, revienta-pechos y toda la fauna que ya nos conocemos. Él quería hacer una película situada en el universo Alien, pero sin xenomorfos. Y ahí empezó el desastre, porque el guión tenía agujeros, introducía elementos con calzador (ese xenomorfo final bellísimo e impactante pero innecesario), los personajes se comportaban como imbéciles (más de lo habitual en este tipo de películas, quiero decir. A fin de cuentas, si los personajes fuesen demasiado racionales y listos, igual la peli duraba quince minutos y adiós… ¡esta y cualquiera!), y al final, más que despejar dudas, creaba más. Y pese a todo esto, me gusta Prometheus… pero tampoco estoy ciego.

Luego llegaron los fans, que entre el guión regular y la ausencia de xenomorfos, rompieron en cólera y crucificaron a Prometheus en un linchamiento bastante injusto y desmedido, al menos en mi opinión.
¿Las consecuencias de todo esto? Que Alien: Covenant es lo que es por culpa de esos fans que reclamaban más de lo mismo, así que lo que debería haber sido Paradise (el título original), se terminó convirtiendo por la fuerza en una entrega más de la saga Alien. Estoy convencidísimo de que esta película no se parece en nada a lo que Ridley Scott tenía en mente para la secuela de Prometheus… Y cambiar de rumbo de forma tan brusca conlleva unas consecuencias negativas e irreparables. Ridley se ha visto obligado a realizar una película pura y dura de Alien, pero lo ocurrido en Prometheus seguían ahí, esos cabos sueltos continuaban reclamando ser atados. ¿La solución para quitarse de en medio el marrón y ajustarse a las nuevas exigencias del estudio? Obviamente no voy a soltar tamaño spoiler, pero digamos que Scott se ha quitado de en medio todo lo referente a Prometheus con una triste secuencia de tres minutos. Borrón y cuenta nueva… y así no se hacen las cosas si quieres que queden bien. Ahora ha dejado el camino abierto para hacer todas las películas de Alien que quiera sin que Prometheus se entrometa. Y es una lástima, porque, recordemos, Scott no quería hacer otra película más de la saga Alien cuando anunció Prometheus… ¡y fijaos cómo ha terminado el asunto! En fin, Hollywood.


Pero la cuestión es la siguiente: pese al cambio de rumbo en los planes de Ridley Scott, y pese a que le hayan metido un petardo por el culo a Prometheus con tal de ajustarse a las exigencias del público, ¿es Alien: Covenant una película potable? Yo creo que sí. Vale que hubiese preferido ver una secuela 100% directa de Prometheus centrada en el mundo de los Ingenieros, pero soy demasiad fan del universo Alien como para despreciar una película en la que aparecen xenomorfos, engancha-caras, revienta-pechos, etc, y todo eso aderezado con mucha sangre y casquería.

Alien: Covenant no es una película perfecta, pero, al igual que ocurría con su predecesora, dudo que merezca los palos que está recibiendo.
Pese a ciertos problemas de ritmo, algunos efectos especiales regulares que contrastan con otros de primer nivel y una premisa que dista mucho de ser original e innovadora, Alien: Covenant me ha parecido una película disfrutable siempre y cuando se vaya con las expectativas no muy altas.
En fin, es una película de contrastes. Por un lado me ha parecido un producto aceptable, pero por otro no puedo evitar pensar que esto merecía más, mucho más, y que ser aceptable a secas es como dar por bueno que Albert Einstein saque un seis en un examen de física.

Estoy hecho un lío, ¡dejadme en paz! 

jueves, 4 de mayo de 2017

Colossal


Gloria (Anne Hathaway), una chica desastrosa y con evidentes problemas con la bebida, se ve obligada a regresar desde Nueva York hasta su pequeño pueblo natal después de que su novio, harto de borracheras y resacas, la eche de casa.
Un día, los acontecimientos toman un giro demencial e inesperado. En las noticias hablan de un monstruo gigante que se divierte destruyendo edificios en Corea… y poco a poco, Gloria descubre que, de alguna forma que no comprende, está conectada a la criatura.

La sinopsis es una locura más grande que el monstruo de la película, ya lo sé. Este híbrido entre Young Adult, Cómo ser John Malkovich y Godzilla no será bien digerido por los espectadores que busquen un producto estándar y tópico, pero en fin, ¿qué sabrán ellos? Guste más o menos, Colossal es original, fresca, innovadora y profunda, y sólo por eso, su director, el español Nacho Vigalondo, merece nuestro agradecimiento. En estos tiempos, donde abundan las ideas manidas y casi todo el cine de consumo masivo carece de alma y ganas de innovar (ojo: no digo que no haya buenas ideas; digo que las hay pero no se usan por miedo al fracaso en taquilla), no puedo más que aplaudir este tipo de propuestas que desarrollan y llevan sus ideas de base hasta las últimas consecuencias por muy extravagantes que sean.

Los que conocemos la filmografía de Nacho Vigalondo, sabemos de sobra que no es para todos los públicos. Su obra más accesible (en cierta forma) es Los Cronocrímenes, un estupendo thrillers de viajes en el tiempo donde el principal aliciente reside en comprobar el follón que puede suponer viajar menos de una hora al pasado.
Luego dirigió la polémica Extraterrestre, una comedia romántica situada en el marco de una invasión alienígena. ¿Por qué resultó fallida? Porque al público no le gustó que la invasión extraterrestre fuese lo de menos en la historia. ¿Hay un OVNI? Sí, pero lejos, al fondo, entre los edificios. 
Después vino Open Windows, un thriller tecnológico bastante convencional si no fuese porque la totalidad de la historia está contada desde la pantalla de un ordenador conectado a Internet.
En fin, a mí me encanta el cine de Vigalondo porque me parece interesante, me parece valiente y me parece que hacen falta más directores así, autores con entidad y voz propia, en vez de tantos mercenarios vendidos al dinero, pero entiendo que el público mayoritario no conecte con este cine tan atípico y especial.


Colossal es su película más resultona a nivel visual (sin echar mano del exceso visto en Open Windows, quiero decir), su mejor trabajo desde Los Cronocrímenes y, desde luego, su película mejor dirigida. Vigalondo siempre ha tenido buena mano a la hora de hacer que la cámara hable, pero en Colossal se ha superado en ese sentido.


Pero tenemos que hablar de ese monstruo que está destruyendo Seúl, ¿verdad? Vale, el tema tiene mucha miga. Que, por favor, nadie espere una película de acción en la línea de Pacific Rim aunque en Colossal haya robots luchando con monstruos. Que nadie espere un espectáculo vacío de efectos especiales con el que pasar dos agradables horas de entretenimiento sin complejos.
Colossal, además de ser una comedia en su primera mitad y un drama bastante oscuro en la segunda, es, por encima de todo, una colosal (perdón, lo tenía a huevo) metáfora de la violencia de género y de la coacción mediante violencia física o psicológica.
Podría profundizar más en el tema porque, a decir verdad, todo está perfectamente planteado, pero no quiero entrar en spoilers (aunque sé que terminaré cayendo en ellos). Digamos, para resumir, que Gloria comprende el daño que causa el monstruo (monstruo que materializa ella) y, como la persona empática que es, decide poner punto y final a las catástrofes que su adicción está provocando. Pero Óscar (enorme Jason Sudeikis), el chico simpático que finalmente resulta ser un violento y celoso maltratador, usa su poder de destrucción (el robot que él genera) para manipular a Gloria de la peor forma posible, aprovechándose de su empatía. Puede que las víctimas estén lejos, a miles de kilómetros, pero eso no cambia el hecho de que sean seres humanos con sentimientos, familia y todas esas cositas. A Gloria le importa, pero a Óscar no… y ahí reside el conflicto que mueve la maquinaria de Colossal.

Aunque he de advertir una cosa que, a mi juicio, es importante. Por favor, que nadie vaya esperando hallar una respuesta “científica” a la presencia del monstruo y el robot. Puede que en este apartado la película falle para muchos y el director se haya marcado un pegote de los que hacen historia… Las gigantescas criaturas están ahí porque el guión así lo requiere, y ya está. Cuando Gloria entra en el parque de su pueblo a las ocho de la mañana, un monstruo aparece en Seúl. ¿Por qué? Porque sí.
A Vigalondo no le interesa ponerse a explicar nada, de la misma forma que Charlie Kaufman no explicó los motivos por los que esa dichosa puerta llevaba a la mente de John Malkovich. Podría decirse que se trata de la incursión del realismo mágico en una tragicomedia sobre el maltrato.


En definitiva, esta historia podría haberse contado de mil formas distintas, y todas ellas habrían requerido menos esfuerzo a la hora de abordar el tema y encajar la trama monstruosa con la violencia machista, pero el director/guionista ha optado, como siempre, por elegir el camino más extraño y enrevesado, y por eso su cine destaca por encima de la media. Insisto en lo que dije al principio: puede gustar más, menos o nada, pero el mérito y la valentía son incuestionables.

Sea como sea, los que amamos el cine diferente, arriesgado y que no teme alejarse de los cauces estandarizados de lo comercial, estamos de enhorabuena con Colossal.   

martes, 23 de agosto de 2016

Hardcore Henry



Hardcore Henry es una absurda epopeya de acción y ciencia ficción chusca de la que poco podríamos rascar si no fuese por lo macarra y bruta que resulta, y también, cómo no, por la forma en que está rodada. Ahí radica su mayor baza.
Juraría que estamos ante la primera película de acción rodada íntegramente en primera persona, y si existe otra no tengo constancia. El guión es una tontería, no voy a andarme por las ramas, y eso sería criticable de no ser porque ni la propia película se toma en serio a sí misma, y lo último que pretende es contar una historia compleja llena de personajes profundos y cosas similares; sabe que es un disparate, lo asume y juega con esas cartas hasta las últimas consecuencias. Lo que Hardcore Henry pone sobre la mesa es hora y media de acción y cachondeo sin tregua contada desde los mismísimos ojos de su protagonista, colar un disparate cada cinco minutos y pringar todo el metraje de sangre, tripas y desmembramientos (atención a los magníficos créditos iniciales). Eso y toneladas de plomo, explosiones y cuchilladas, claro.

La característica más arriesgada de Hardcore Henry, y su razón de ser, es la forma en que ha sido rodada. Hay que tener las ideas claras para realizar una película tan histérica y frenética en primera persona, con el obvio peligro de acabar resultando confusa, mareante e indigesta. Es muy fácil patinar, y sólo por eso sus artífices tienen todo mi respeto.
Pero la realidad es que la película marea mucho menos de lo que podría parecer en un primer momento, siendo sus burras y disparatadas escenas de acción más claras y bien coreografiadas de lo que cabría esperar. Hay errores de montaje, algo inevitable si tenemos en cuenta cómo ha sido realizada, pero son minucias.
¿El guión? Bueno, digamos que es una mera excusa para conectar una secuencia de acción con otra. No hay más, la verdad. Al mismo nivel que una porno.

Y dicho esto, creo que ha quedado claro que Hardcore Henry es una película mala pero muy divertida. ¿A quién no le apetece eso de vez en cuando?

domingo, 2 de agosto de 2015

Ant-Man



Yo sé, y vosotros sabéis, que cuando se empieza a marear mucho la perdiz durante la realización de una película suele ser señal de que las cosas no van bien y de que, por tanto, el resultado va a ser un truño. Ant-Man llevaba fraguándose desde hace un buen puñado de años, siendo Edgar Wright el encargado de llevar a cabo el proyecto. Los problemas empezaron cuando Wright abandonó el barco debido a ciertos desacuerdos creativos, y a partir de ahí comenzó a surgir un aluvión de posibles directores encargados de sustituir el vacío dejado por el director de, entre otras, Hot Fuzz. También hubo que arreglar el guión de Wright para que la película, que en un principio iba a ser completamente independiente, encajase en el universo cinematográfico de Marvel. En fin, problemillas que muchos auguraron que echarían a perder la película entera, y en parte yo también lo creí, porque pasar de un director como Edgar Writght a uno completamente desconocido es, cuanto menos, deprimente. 
Pese a todo no fui al cine esperando encontrarme un bodrio infumable, sino algo más bien insípido que no me disgustase (a secas), sin embargo me alegra mucho poder decir que salí del cine verdaderamente encantado con Ant-Man. Mucho más de lo que esperaba. 

He de reconocer que no estoy familiarizado con el personaje, y que más allá de haberlo visto pululando por ahí en algún que otro tebeo mi experiencia con él es muy profana, de modo que no puedo afirmar si es o no fiel al cómic, pero ya sabéis que a mí eso me importa poco, porque cuando voy a ver una película la juzgo como tal, no como adaptación. Que sí, puede ser mejor o peor adaptación, pero a mí lo que me importa es que sea una buena película. Eso es lo que de verdad cuenta. 

Ant-Man es una película en la que funciona prácticamente todo, empezando por un reparto encabezado por Michael Douglas (impresionante cómo lo han rejuvenecido en la escena inicial) y Paul Rudd, un actor que desde siempre me ha caído bien. Los amiguetes del personaje interpretado por Rudd también están geniales, dándole a la película un toque de humor extra, y no es que Ant-Man ande escasa de humor precisamente, porque ya desde los carteles promocionales se olía a cachondeo. Este es un punto que pondrá los pelos de punta a algunos, pero yo lo agradezco. El humor Marvel, por muy tontorrón que sea, siempre me saca una sonrisa. 

El guión no es especialmente original, y de hecho el planteamiento parece un híbrido entre Iron Man y Ocean´s Eleven, pero termina siendo efectivo. Además el toque de Edgar Wright está ahí y por momentos asoma la cabeza, lo cual siempre es bueno. Al final lo que importa es que la película sea divertida, y en este caso lo es de sobra. 
El director, Peyton Reed, no posee ni el carisma ni la marca personal de Wright, pero se desenvuelve muy bien con las escenas de acción en general, aunque cuando más se luce es cada vez que el protagonista reduce su tamaño y, en cierta forma, accede a un mundo ajeno a nosotros, la gente de tamaño normal. En ese sentido es una maravilla visual, y prueba de ello son la secuencia en la que el protagonista usa el traje por primera vez, la batalla en el tren de juguete o la psicodélica escena de la reducción descontrolada. 

Puede que Ant-Man no tenga el empaque Los Vengadores: la era de Ultrón, y puede que tampoco sea tan espectacular... ¡pero es que tampoco lo necesita! Ant-Man es épica y espectacular a su manera, a una escala más reducida (nunca mejor dicho) pero igualmente efectiva. 
Es una película que funciona, que transmite buen rollo, que resulta simpática y que, ante todo, es divertida a rabiar. 

sábado, 11 de julio de 2015

Terminator: Génesis


Pese a que yo he sido uno de los principales detractores de esta película, he de admitir que me ha gustado. Quizá debido a las bajas expectativas con las que he ido a verla, pero la cuestión es que ha resultado ser una agradable sorpresa pese a sus limitaciones y la nula personalidad artística del director, alguien que, al igual que Colin Trevorrow y su Jurassic World, hace un trabajo aburridamente estándar, sin el menor atisbo de sello propio ni entidad. En ese sentido es justo lo que sabía que iba a ser: una película sin alma; un producto genérico para el consumo rápido fabricado en esa gigantesca cadena de montaje que es Hollywood.
Bueno, vale, lo admito. En el fondo sigo siendo un detractor de Terminator: Génesis

Hay ciertos bajones de ritmo, FX cantosos, referencias nostálgicas de baratillo y algún momento humorístico que sobra, pero en general ha resultado ser una película mucho más disfrutable de lo que esperaba.
Eso sí, para nada es comparable en lo que a calidad se refiere con Terminator y Terminator 2, y no hablo desde la nostalgia rancia, sino desde la pura objetividad. Terminator 3 también me parece bastante mejor y, sobre todo, mucho más divertida.

Por cierto, menuda campaña de marketing se han marcado los cabrones, ¿eh? Entre el bombazo de spoilers que han soltado y la mediocridad de los carteles e imágenes promocionales... Tela marinera. 

En resumen, no deja de ser un producto sin alma ni carisma, pero al final deja un sabor de boca más agradable del que esperaba. Me lo he pasado bien con ella pero, objetivamente, me parece una película regular, olvidable y con más defectos que virtudes. Te diré que es entretenida, pero no te diré que es buena.
Y en mi opinión, la clave para relanzar dignamente esta saga seria fichar a un director y un guionista decentes y dejar de una puñetera vez la historia de John y Sarah Connor y la máquina del tiempo. Un futuro apocalíptico invadido por máquinas asesinas da mucho juego como para estar siempre dándole vueltas a lo mismo.

martes, 19 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road


Es difícil ir a ver una película con el hype por las nubes y salir de la sala completamente satisfecho y sin un ápice de decepción, pero a veces ocurre.

Un momento, ¿he dicho satisfecho? Quería decir erecto, emocionado y con ganas de volver a ver la película de nuevo, sin pausa para mear ni tomar el aire ni mariconadas. OTRA RONDA, por favor. De hecho, las ganas y casi la necesidad de revisar Mad Max: Fury Road no son gratuitas, porque no se trata únicamente de volver a disfrutar de una película terriblemente divertida, sino también de observarla con atención y fijarse en detalles que se pasan por alto en un primer visionado. 

Que George Miller, un tipo de 70 años, haga una de las mejores y más originales películas de acción de lo que llevamos de década da que pensar. No digo que no se haga buen cine comercial, hay de todo, pero sí que en demasiadas ocasiones se nota una alarmante falta de frescura y un exceso de películas salidas de una cadena de montaje en Hollywood, lo que les otorga un desagradable aspecto estándar y genérico, sin alma ni personalidad. Entonces llega George Miller, ese señor de 70 años, y se folla a la industria con sus dos horas de Mad Max: Fury Road. El tío da una valiosa lección sobre cómo hacer buen cine de acción y aventuras con carácter, personalidad y valentía, y se queda tan ancho. Es cierto que también hay jóvenes directores de cine de acción que son la bomba, como Gareth Evans y su The Raid, pero son una minoría. 

En cuanto a la estética, me atrevería a decir que George Miller fue el mayor precursor de lo que todos entendemos por futuro post-apocalíptico. Ya sabéis, los páramos desérticos, las bandas de locos peligrosos ataviados de forma extraña, las deformidades provocadas por la radiación, la lucha por el agua y la gasolina... Son conceptos que desde Mad Max 2 se han imitado en incontables ocasiones, de modo que Miller ya contaba con esa base para la nueva entrega de la franquicia, aunque esta vez ha ido mucho más allá. Desde Prometheus no veía una película tan bonita y estéticamente espectacular. Desde los paisajes y el vestuario hasta las armas y los vehículos... Te dan ganas de pausar la película cada cierto tiempo y quedarte mirando el fotograma como si de un cuadro se tratase. 
La película cuenta con una fotografía y una profundidad de campo que hace que se te caigan los huevos al suelo, por no hablar de sus increíbles secuencias nocturnas, rodadas en noche americana y haciendo que algunos puntos en concreto permanezcan iluminados mientras que todo lo demás se mantiene en azulada penumbra. 

Todo el diseño de la película es fascinante, y si ya en Mad Max 2 llamaba la atención, imaginad ahora, con un buen puñado de millones extras y los avances técnicos que nos ofrece la actualidad. Gracias a esto Mad Max: Fury Road es un espectáculo que se sale de lo típico y tópico (¡gracias!), con una estética barroca, extravagante y excéntrica. Tan excéntrica como sus personajes, empezando por Inmortan Joe, el terrible villano opresor, y terminando por todos y cada uno de sus secuaces, desde Granja de Balas hasta el épico guitarrista desquiciado cuya función no es otra que la de poner ritmo a las persecuciones a golpe de guitarra y lanzallamas (adosado a la propia guitarra, como no podía ser de otra forma). Me tengo que quitar el sombrero ante semejante despliegue de imaginación, originalidad y locura. 
¿He dicho ya que el director tiene 70 años? 

Pero no todo es estética. Las largas secuencias de acción están rodadas con pulso firme, sin impedir que su frenético ritmo nos impida disfrutar claramente de lo que está ocurriendo en pantalla. ¿Y qué ocurre en pantalla? Pues coches reventando y saltando por los aires, kamikazes, locos con pértigas explosivas, acróbatas malvados, decenas de armas disparándose a la vez, fuego, flechas, tormentas infernales, motos, lanzallamas... Y todo rodado a la antigua, con coches y personas de verdad dándose hostias de verdad. Obviamente hay arreglos y retoques con CGI, pero la mayoría de lo que vemos es puramente analógico.

En cuanto al guión, pues sencillito y sin muchas complicaciones, como viene siendo habitual en esta saga. Tampoco creo que una película de acción tan espectacular y bella necesite apoyarse en un guión complejo y lleno de giros, aunque realmente pienso que Mad Max: Fury Road posee un trasfondo feminista del que ya se ha hablado en varias ocasiones. Quizá sea por eso que el personaje de Max termina siendo secundario mientras que Furiosa se erige como la verdadera protagonista, una guerrera harta de las malas decisiones de los hombres y de que las mujeres sean tratadas como objetos. No soy partidario de los panfletos feministas que llaman machista a cualquier cosa (y menos hoy en día, que prácticamente es un delito tener pene), pero considero que en la película está muy bien llevado el tema. 
La película también da un par de bofetadas al fanatismo religioso y a la absurda adoración de líderes, mostrando a un ejército de pirados sectarios educados desde pequeños en la más estricta veneración hacia Inmortan Joe, alguien que nadie en su sano juicio adoraría. 

En cuanto al reparto, tenemos a Tom Hardy dando vida a un Max Rockatansky algo diferente al que ya conocemos, porque esta vez se trata de alguien casi deshumanizado que apenas habla y que por lo general responde con gruñidos o monosílabos. Alguien que ha debido pasarse mucho tiempo vagando en soledad, y que aunque se desenvuelve bien en ese entorno tan hostil, da la sensación de estar un poco hasta los huevos de todo. 
Charlize Theron encarna a la verdadera protagonista de la cinta, Imperator Furiosa, que viene a ser la versión femenina de Max, aunque al contrario que él, ella tiene un objetivo claro y conciso. Max simplemente se limita a vagar y sobrevivir. 
Nicholas Hoult interpreta a Nux, uno de los soldados del ejército de Inmortan Joe, y posiblemente el personaje que más evoluciona a lo largo de la película. 
Y para terminar está Hugh Keays-Byrne como Inmortan Joe, el terrible líder que usa a las mujeres como perpetuas criadoras de bebés para su ejército personal y que maltrata y mata de sed (pese a que al cabrón le sobra el agua) a su pueblo, de quien él se considera amo y señor. 
Como curiosidad decir que Hugh Keays-Byrne también interpretó a Cortauñas, el villano de la primera entrega de Mad Max. 

En resumen, hay que ver Mad Max: Fury Road, ese fabuloso espectáculo y orgía visual que nos ha regalado George Miller. Hace falta más cine comercial así, por favor. 

viernes, 1 de mayo de 2015

Gyo


No recuerdo cómo llegué a este manga, pero sabía que existía y que, gracias a algunas imágenes sueltas que había visto por ahí, quería devorarlo. 
Gyo es una historia extraña de principio a fin, que logra que, al principio, el lector no sepa qué demonios está ocurriendo. Sin embargo, conforme avanza la trama las cosas se van esclareciendo poco a poco de forma nítida y amena. Ojo, esto no quiere decir que la historia deje de ser rarísima y grotesca, sólo que gracias al estupendo guión vamos entendiendo lo que está pasando (sin que por ello, repito, deje de ser todo un disparate). 

La historia comienza con una pareja que decide pasar unos días en la playa. Una noche encuentran un pez con patas que huele muy, muy mal, y la chica (insoportable en todo momento), le exige a su novio que se deshaga de la extraña criatura, pero las cosas no van a ser nada fáciles. Poco a poco todo se irá complicando, y lo que parecía ser un caso aislado (el pez con patas) termina por convertirse en una invasión en toda regla. 
Pero, ¿por qué los peces empiezan a tener patas y mala leche? Eso ya lo tendréis que averiguar vosotros. 

Gyo posee un magnífico guión gracias al cual le terminamos encontrando cierta coherencia y "verosimilitud" al enorme y rebuscado disparate que se nos cuenta, incluso cuando se trata de momentos especialmente surrealistas (la escena del circo, por el amor de Dios). Conforme la historia avanza, todo se va volviendo más y más grotesco y asfixiante, y el lector no puede hacer otra cosa que seguir pasando páginas con el fin de averiguar cuáles son los aterradores misterios ocultos en las profundidades marinas, algo que nos remite de forma directa a la obra de H.P Lovecraft.  O dicho de otra forma: la historia engancha, y eso siempre es bueno. 
Otro punto a su favor es que no se nos da todo mascado, sino que algunos elementos de la trama quedan en el aire para que el lector saque sus conclusiones. Yo soy de la opinión de que cuando se trata de historias tan retorcidas y atípicas, como es el caso, lo mejor es dejar información en el tintero y algún que otro cabo suelto. Explicarlo todo, todo, todo resulta ridículo y aburrido. 


Con el dibujo ocurre algo curioso. En general no es especialmente llamativo ni espectacular, pero cada X páginas el autor se casca un dibujazo aterrador y espectacular que hace que se te caigan los huevos al suelo. Es como si el cabrón ahorrase energía para luego soltarla toda de golpe en viñetas contadas y pillarte por sorpresa. ¡Menudo villano está hecho el amigo Junji Ito!

En resumidas cuentas, si buscáis una historia de terror y ciencia ficción que no se parezca a nada que hayáis visto/leído, zamparos Gyo.

PD: mientras escribía el artículo he descubierto que existe una película animada basada en este manga. Habrá que verla. 


lunes, 23 de febrero de 2015

The man from earth



Hace unos días, en mitad de una conversación sobre cine barato de ciencia ficción, un amigo me preguntó si había visto esa película sobre un tipo que decía ser Jesucristo. De primeras pensé que se trataba de una comedia, por lo que tampoco suscitó en mí un interés desmedido (y no es que tenga nada en contra de las comedias), pero entonces va el tío y me dice, sin anestesia de ninguna clase, que no, que de comedia nada, que la película es completamente seria. Y entonces, como diría Calvin Candie, captó mi atención y pensé que eso había que verlo lo antes posible. 

Lo primero que llama la atención de The man from earth, sobre todo conforme avanza el metraje y te vas dando cuenta de que la película es ASÍ, es su naturaleza altamente limitada en todos los sentidos. Un par de escenarios, un reparto mínimo y una cabaña. El mayor alarde de la película es mostrar un miserable coche de policía y una ambulancia, ya está. 
No, esto que estoy describiendo no es ningún problema, ¿por qué? Porque el guión es inmenso. Y es que en títulos como Coherence o la propia The man from earth no hay más remedio que apoyar la tremenda falta de presupuesto en un guión sólido que atrape al espectador. Si eso se consigue, da igual que toda la película consista en dos tipos charlando en una cocina mientras se comen una tarrina de helado. Si el guión es bueno, se tiene más de medio camino recorrido. Bastante más de medio camino, me atrevería a decir. 

The man from earth consta de dos únicas piezas: un grupo de amigos y una cabaña. Nada más, en eso consiste toda la película, y por eso digo que TODO el peso recae sobre un guión que forzosamente ha de estar bien pulido y engrasado para que la película funcione. 
Estoy hablando de un guión tan bien elaborado, que la absoluta falta de medios pasa desapercibida, aunque la realidad es que esta película no necesita un presupuesto millonario. Es decir, cuenta una historia maravillosa partiendo de una base humilde y sencilla, ¿para qué se quiere entonces más presupuesto si no es necesario meter monstruos gigantes ni explosiones? A veces, lo que podría haber sido una buena película es arruinada por un presupuesto innecesariamente elevado que desemboca en la añadidura de elementos que sobran. ¿Os imagináis Drive hecha con cincuenta millones más? ¡La habrían terminado convirtiendo en A Todo Gas!

La película, que bien podría haber pasado por un buen capítulo de La dimensión desconocida, trata sobre un tipo que siembra la duda entre sus amigos gracias a que decide contarles unas vivencias tan chorras y disparatadas, pero a la vez tan bien argumentadas, que difícilmente pueden ser rebatidas por sus sorprendidos amigos. Pero también provoca incertidumbre en el espectador, quien, a lo largo del metraje, dudará más de dos y de tres veces si lo que ese hombre está contando es verdad o no. 


Soy un ferviente admirador de este tipo de películas que cuentan grandes historias mediante presupuestos mínimos, aferrándose a triquiñuelas varias y mucha, mucha imaginación para lograr sacar de la chistera una buena película. Títulos como Coherence, Los Cronocrímenes, Primer, Honeymoon o, ahora que recuerdo, Señales (y sus OVNIS... ¡invisibles! qué maravillosa idea para aligerar el presupuesto), han demostrado que para contar una buena historia con cuatro duros sólo es necesaria una cosa: imaginación. Adaptarte al presupuesto y no al revés. Forzar la maquinaria y aprovechar las adversidades para exprimirte el cerebro en busca de buenas ideas.

Pero como cortometrajista low cost que soy (de chufla, pero cortometrajista a fin de cuentas), no puedo evitar sentir cierta rabia/envidia al ver propuestas como The man from earth. Por una parte disfruto como un enano, y por otra, mientras veo la película pienso ¿por qué coño no se me habrá ocurrido a mí? The man from earth es un caso especialmente sangrante, porque si la habéis visto o tenéis pensado verla, habréis comprobado (o comprobaréis) que cualquiera con una cámara medio decente podría haber rodado esta película. Es imposible pensar en un planteamiento más barato y al mismo tiempo eficaz que el de The man from earth. Por esa razón la amo y odio a partes iguales. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Robocop, la saga


Llevaba tiempo pensando en escribir un artículo sobre Robocop, que es una de mis películas favoritas de toda la vida, y ahora va a parecer que soy un oportunista que ha aprovechado el tirón del remake para sacar a relucir la saga del famoso policía robótico. En parte es así, pero la realidad es que tarde o temprano habría escrito éste artículo, con o sin remake. 
No voy a extenderme demasiado porque quiero hablar de cada película, y ya sabéis que cuando me enrollo la cosa va para largo, así que seré conciso y breve, porque a fin de cuentas todos sabemos quién es Robocop. No os voy a descubrir el fuego.

Robocop
La original, dirigida por Paul Verhoeven y estrenada en 1987, es un indiscutible clásico del cine de acción, ciencia ficción y cyberpunk, y os advierto que no voy a ser objetivo hablando de ésta película porque la llevo viendo desde los puñeteros 5 años, así que Robocop es sinónimo de mi infancia. No me pidáis que hable mal de ella, porque lo llevaréis chungo.
Es la historia del agente Murphy, acribillado a tiros en su primer día de trabajo por una banda de criminales y posteriormente convertido en un cyborg, creación de los desquiciados y avariciosos de la OCP.
Para mí, esta primera entrega es una película perfecta (y obviamente la mejor de la saga), construida sobre un guión sólido y lleno de ironía, sátira y mala leche. Un guión en el que todo es exagerado, desde la violencia (grotesca en ocasiones) hasta el diseño del propio Robocop, y es que siendo Detroit, la ciudad del motor, su hogar, no podía ser un bicho con un diseño comedido y discreto, que va. Robocop es hijo de los excesivos años 80, de Detroit y, por encima de todo, de Norteamérica, de ahí esa apariencia de tanque descomunal: grande, pesado, fuerte y armado. 
Robocop va más allá del simple entretenimiento, los tiros, la sangre y los conflictos morales y emocionales de un robot con cerebro humano, sumergiéndose en la crítica a las grandes e inhumanas corporaciones repletas de ejecutivos capaces de todo con tal de ganar pasta. La moral no tiene cabida en los grandes rascacielos, y para mostrarnos este mundillo, Verhoeven se vale de un afilado y mordaz humor negro. 
Pero si dejamos de lado la "profundidad" de la historia y nos centramos en su naturaleza principal (una película de acción pura y dura), estaremos ante un título de factura técnica impecable, sin pelos en la lengua y cargado de violencia y mala leche. Para la posteridad quedará la brutal muerte de Alex Murphy, en la que vemos cómo es acribillado y desmembrado a tiros, o el accidente con el mastodóntico (y torpe) ED-209, que termina con un pobre desgraciado convertido en un colador, mientras que a los jefazos sólo les preocupa la mala imagen que
han generado. Que le den a ese tipo que yace en el suelo con 50 kilos de plomo metidos en el cuerpo. 
Lo que hace de Robocop una película tan especial y salvaje es que todo en ella es exagerado; la violencia, la sangre, el ED-209 rugiendo (un robot RUGIENDO), los buenos muy buenos, los malos muy malos... Hasta la potencia de las armas es exagerada. Y por todo esto es una película perfecta de principio a fin, aunque si queréis sacarle el máximo jugo, procurad ver la versión sin censura. No es que la versión normal sea suave ni mucho menos, pero ya sabéis: más sangre siempre es bienvenida. 

Robocop 2
Siempre he tenido sentimientos encontrados con esta secuela. A veces me ha gustado, otras veces no..., pero con el tiempo le he cogido cariño y he aprendido a valorarla como una digna y descerebrada secuela de un clásico de culto.
Se trata de una película que pretende ir en la misma línea de la original, y aunque no consigue estar a la altura, casi lo logra. 
Lo más curioso es que el guión es (ojo) obra de Frank Miller, el autor de cómics como Sin City o 300, y aunque a este señor se le haya ido un poco la pinza y a día de hoy no haga nada decente, por aquella época aún tenía buenas y locas ideas, de ahí que en Robocop 2 haya niños mafiosos y robots drogadictos. 
Sin embargo, y como cabía esperar, Miller se pasó de la raya con su guión, así que hubo que modificarlo hasta dejarlo irreconocible (aunque sigue habiendo pequeños retazos Millernianos muy reconocibles), lo que me hace pensar en lo fabulosa y demencial que habría sido esta película si se le hubiese dado más libertad creativa a Miller.
De todas formas, si tenéis curiosidad por saber cómo era el guión original, no tenéis más que pillaros el cómic de Robocop en el que Frank Miller plasmó su guión tal y como lo había concebido para la película. 
En resumidas cuentas: Robocop 2 es más de lo mismo pero con menos frescura y naturalidad, aunque eso no quita que sea una secuela de sobra entretenida y aceptable. 

Robocop 3
Por alguna razón que desconozco, Robocop 3 se edulcoró hasta la náusea (¡hasta se incluyó una niña odiosa para que fuese amiga de Robocop), lo cual significó un más que evidente descenso de la calidad. Lo que sí es cierto es que no estoy de acuerdo con que Robocop 3 sean tan jodidamente mala como todo el mundo dice. Sí, no está a la altura de la original ni su secuela, pero como película de acción me parece un producto entretenido a rabiar. Además, otra cosa por la que se ha criticado mucho a esta película es por esa escena en la que Robocop vuela... Pues vale, ¿y? No entiendo el por qué de tanta mofa. Aceptamos sin problema que un policía reventado a tiros pueda volver a la vida gracias a una armadura robótica, pero si vuela con un jet pack nos echamos las manos a la cabeza. 
Que la película es mala resulta obvio, pero creo que no es TAN mala como la pintan. El problema está en que la gente tiende a comparar en vez de a evaluar de forma individual, y parece que
algunos quieren que todas las entregas de una saga sean obras maestras a la altura de la original. 
¡Ah! Y Frank Miller vuelve a estar detrás del guión, así que no faltarán las idas de olla, como los robots ninjas con katanas y los punkarras con aspecto de superviviente post-apocalíptico. 
Resumiendo: un mierdón la mar de entretenido, con puntuales momentos brillantes. 

Robocop 2014
Todos sabíamos que tarde o temprano habría de rodarse un remake, y ese momento ha llegado. 
Lo primero que quiero comentar respecto a este tema es que no tengo nada en contra de los remakes ni pienso que dañen a la película original, ni tampoco creo que arruinen infancias. Lo único que temo de los remakes son los comentarios de odio por parte de los talibanes fanboys de siempre; comentarios que, por otra parte, se basan en nada, ya que por lo general empiezan a despotricar desde el minuto 0, antes incluso de que se haya iniciado el rodaje. O lo que es lo mismo: 0 argumentos. 
Robocop 2014 empezó a masacrarse desde que se filtró la primera imagen del nuevo Robocop, que si bien no es tan tocho y bonito como el original, sí que me parece un diseño acertadísimo para adaptarlo a nuestros días. Ahora vivimos en la época de lo pequeño y práctico, por eso los chavales ya no llevan enormes radiocasettes sobre sus hombros mientras caminan por la calle al ritmo de la música, sino que llevan en el bolsillo un minúsculo reproductor de mp3 con 5 millones de canciones. De ahí que el nuevo Robocop no sea un pesado tanque, sino una máquina ligera, ágil y rápida, y esa es una de las cosas que más ha jorobado a los detractores, quienes querían un calco de la película original, tanto en argumento como en estética. 
Yo soy de la opinión de que un remake debe ser un nuevo punto de vista de una idea ya usada, no un calco, porque para ver un calco me pongo la película original y acabo antes. Por el contrario existe la extraña tendencia de querer que un remake sea, más que una revisión, una adaptación, y encima se le exige que aporte algo. Majo, si quieres que aporte algo no puedes pretender que al mismo tiempo sea un calco plano a plano de la peli original, así que, ¿en qué quedamos? Yo también le pido a los remakes que me aporten algo, y por eso mismo lo último que quiero es que sea un clon de la original; yo quiero que la idea base sea la misma, pero lo demás debe ser novedoso.
Dicho esto, es obvio que el remake está por debajo de la original, algo que todos sabíamos de antemano, especialmente cuando se anunció que sería catalogada para mayores de 13 años, lo cual
significa nada de sangre y nada de mala leche, y a decir verdad habría agradecido enormemente que fuese para mayores de 18, pero es lo que tiene el cine comercial.
No obstante, Robocop 2014 no deja de ser, pese a todo, una película de acción y ciencia ficción notable, con ideas bastante buenas, ritmo frenético, un reparto espectacular y algunas dosis de crítica, igual que su antecesora. 
Entiendo que las comparaciones son inevitables, pero yo prefiero evaluar cada película de forma individual, y dejando de lado esa obra maestras que es el Robocop de Paul Verhoeven, que siempre estará ahí, intacto, sólo puedo decir que su remake es de sobre disfrutable y a años luz de los malos augurios que los pelmazos de siempre pronosticaron antes de tiempo. 


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...