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jueves, 18 de mayo de 2017

El Bar


Un grupo de personas, todas ellas radicalmente distintas entre sí, queda encerrado en un humilde bar madrileño porque en la calle comienza a morir gente de forma misteriosa.

Álex de la Iglesia lleva una racha regular. Quien años atrás nos sorprendiera gratamente con títulos rompedores y atrevidos como El día de la bestia, Muertos de risa o La Comunidad, parecía haber caído en un agujero negro del que no salía. Decepción tras decepción, parecía que de la Iglesia no iba a volver jamás a ser quien fue… y entonces llegó El Bar y todos nos calmamos. No es su mejor película pero sí es un regreso a los orígenes, a los buenos tiempos de títulos tan gamberros y oscuros como La Comunidad, donde se hacía una pesimista disección de la naturaleza humana y la mala uva que nos caracteriza. Y es que a la hora de plasmar lo peor del ser humano, su mezquindad, su patetismo y su, en ocasiones, repugnante filosofía y avaricia, pocos cineastas hay como Álex de la Iglesia. Todo eso está en El Bar, y ya se echaba de menos.
 
Viendo los trailers parecía que estábamos ante una propuesta similar a la planteada en la estupenda Última llamada (Joel Schumacher, 2002), donde Colin Farrell quedaba encerrado en una cabina telefónica, acorralado por un francotirador chiflado.
Pero me negaba a aceptar que de la Iglesia fuese tan poco original. Es cierto que en un primer momento puede parecer que el enemigo de esas pobres almas encerradas en el bar es un francotirador o un terrorista, pero pronto descubrimos que la realidad es aún más aterradora y siniestra. De hecho, el primer juego que propone la película es el del desconcierto, el misterio de no saber qué hay ahí fuera: ¿Se trata de un francotirador? ¿Un Apocalipsis bíblico? ¿Están los protagonistas muertos y no lo saben? ¿Es el bar el mismísimo purgatorio? Esa paranoia PhilipDickniana consigue que incluso el espectador esté confuso y espere cualquier respuesta por demencial que sea.
Pero la clave de todo, el motor que mueve la película, son las reacciones de este grupo de personas dispares entre sí. El modo de afrontar el hecho de no tener nada en común y, al mismo tiempo, estar sometidos a un enemigo invisible que amenaza sus vidas.


A partir de la segunda mitad de la película, cuando conocemos lo que se está cociendo en la calle y todo se centra en el plan de huída de los supervivientes, El Bar se vuelve algo más convencional y tópica, pero igualmente disfrutable y terrorífica a su manera. Pese a la relativa pérdida de frescura en la propuesta, el sello del director está ahí… El sello añejo, el bueno. El que tanto nos hizo disfrutar en los 90. El que echábamos de menos, en definitiva.

Y como viene siendo costumbre en las películas del director vasco, el reparto quita el hipo. No sólo está repleto de rostros conocidos (Terele Pávez, Blanca Suárez, Mario Casas, Secun de la Rosa, Carmen Machi y el malagueño Jaime Ordóñez entre otros), sino que todos están perfectos en sus roles.

Cierto es que algunos elementos de la trama están algo forzados, tanto que no resultan nada creíbles (esos objetos que, milagrosamente, sobreviven al incendio sólo porque el guión necesita que no se quemen), pero desde luego son pinceladas negativas que para nada estropean un conjunto con más virtudes que defectos.

martes, 24 de enero de 2017

Tarde para la ira


Sinopsis
Durante un desastroso atraco a una joyería, la policía sólo consigue atrapar a Curro (Luís Callejo), el conductor encargado de evacuar a los delincuentes.
Tras ocho años de condena, Curro sale en libertad sin saber que fuera le espera otro infierno igual o peor que la cárcel.
José (Antonio de la Torre), el novio de una chica asesinada durante el atraco, busca venganza. Curro le tendrá que ayudar por las buenas o por las malas.

Opinión
Tarde para la ira es la primera película dirigida por el actor Raúl Arévalo, y sólo puedo decir que ojalá haga muchas más películas.
Al parecer, Raúl Arévalo pensó en ser director de cine antes que actor, pero como le salió trabajo de los segundo antes que de lo primero aparcó la idea de dirigir. Es evidente que durante el tiempo que ha ejercido como actor ha ido tomando buena nota de los directores con los que ha trabajado y aprendiendo el oficio a base de observar. Resulta evidente, puesto que Tarde para la ira es, pese a lo primerizo de su autor, una película notable, llena de energía y cimentada sobre un planteamiento sencillo y eficaz a partes iguales.
Películas sobre venganzas se han hecho y se harán muchas, pero la forma en que Arévalo escribe y dirige Tarde para la ira hace que el resultado final destaque por encima de otras producciones de similares características. En otras palabras, se aprecia que la película está hecha con ganas y concebida desde las entrañas.


Por suerte no se trata de una de esas películas españolas que tratan de imitar al cine americano, y no es que yo tenga nada en contra de la cinematografía made in USA, al contrario, pero me gusta que nuestro cine ponga sobre la mesa su propio estilo sin complejos.
Puede que Tarde para la ira sea una película de venganzas con escopetas y asesinatos, pero a la vez es muy española, incluso costumbrista, y no intenta disimular que la acción transcurre en España. Los personajes y los escenarios son auténticos por más que Arévalo se haya dejado inspirar por Sam Peckinpah.
Si por ejemplo le echamos un vistazo a Toro (Kike Maíllo, 2016), nos daremos cuenta de que esa España y esos personajes no son reales, sino caricaturas. La España de Toro está más cerca de Los Ángeles que de Málaga. Y no lo digo como algo negativo, sino como forma de explicar la distancia que separa ambos estilos.

La película está rodada en 16 milímetros, lo que le da una textura sucia y granulosa que recuerda al cine de los setenta, algo que casa a la perfección con la dureza y sequedad (incluso habiendo un par de breves y necesarios momentos cómicos) de la historia  y las imágenes que la componen.
Otro punto a su favor es que, pese a la sencillez de la trama, hay varias sutilezas salpicadas a lo largo del metraje que se captan o adquieren un mayor significado cuando volvemos a ver la película.



Tarde para la ira es una debut redondo. Sólo espero no tener que esperar demasiado hasta la siguiente película de Raúl Arévalo.

martes, 10 de mayo de 2016

Techo y comida


Con Techo y Comida me ha pasado algo que hacía tiempo que no me ocurría: me ha parecido mala. Pero mala en el sentido más estricto de la palabra. MALA. Porque en general suelo hablar de películas que me gustan más, me gustan menos o no me gustan, pero casi nunca veo películas que de verdad considere malas dejando a un lado mis gustos personales, y en fin, le ha tocado a Techo y comida.
La película trata un tema tan actual como la crisis, la pobreza y el drama de los desahucios, y hasta ahí todo bien. El problema es que detrás de la cámara hay un director y guionista que ha jugado a ser Fernando León de Aranoa, pero le falta chispa e ingenio para llegar a ese nivel. Ha querido hacer Los lunes al sol de la década y la cosa no ha salido bien por diversas razones.

Para empezar, en un drama social de estas características hay que cuidar las interpretaciones, maldita sea. Para mí ese es un pilar básico, y los intérpretes de Techo y comida, encabezados por Natalia de Molina, están fatal. Su forma de actuar es digna de un corto amateur, y es una lástima porque poco después vi la genial KIKI, el amor se hace, de Paco León, y Natalia de Molina está genial… pero aquí no te la crees. Ni a ella ni a nadie, aunque si tengo que salvar a un actor sería al niño, que más o menos cumple.

También está por ahí Manuel Tallafé haciendo un papel pequeñito, pero entre que tampoco es un actor para tirar cohetes y que su personaje está mal llevado hasta el extremo (aparece en plano de forma brusca y metido con calzador, dice sus frases de villano esclavista arquetípico y desaparece hasta la próxima escena en la que le toca hablar), pues seguimos en las mismas.
Esta película debería haber sido desgarradora, pero la mediocridad de las interpretaciones consigue que a veces te salgas de la historia y que los momentos de mayor tensión dramática resulten ridículos.

Otro problema es la falta de sutilidad que tiene el director a la hora de contar la historia. Es todo tan directo, superficial y lleno de clichés rancios que a la media hora estás saturado por culpa del discurso panfletista en busca del aplauso y la lágrima fácil.
Todos los tópicos de este tipo de cine están concentrados aquí, y no sólo eso, sino que el director nos los restriega por la cara como si fuésemos tontos, para que nos quede claro (como si no lo supiésemos ya), que la crisis es muy mala, que los recortes son dañinos y que muchas familias lo están pasando mal. Insisto, en Los lunes al sol se habla más o menos de lo mismo y en ningún momento sientes que la cosa chirríe por ningún lado.


A veces es mejor mostrar la mitad y dejar que sea el espectador quien termine de atar cabos, sobre todo cuando el director se limita a encadenar momentos dramáticos de manual para llegar del punto A al B y luego al C. El resultado final es una rabieta de bar, de esas que todos escupimos cuando llevamos encima un par de cervezas y nos creemos capaces de arreglar el país.
Uno de los momentos más bochornosos y que resume todos los errores de la cinta viene en la escena donde la madre se abraza a su hijo y ambos rompen a llorar porque van a ser desahuciados, al mismo tiempo que de fondo vemos un grupo de futboleros celebrando por todo lo alto que España ha ganado el mundial. Una estampa que refleja la mala educación de un país adormecido que parece preocuparse más y estar dispuesto a sacar las uñas por cosas tan insignificantes e intrascendentes como el fútbol que por plantar cara al sistema que nos asfixia y roba día a día. Pan y circo.
Estoy completamente de acuerdo con lo que esta secuencia plantea, de hecho estoy de acuerdo con toda la película, pero no me parece que esté bien ejecutada. El momento fútbol queda forzado y artificial porque el director parece tener miedo de que su mensaje no quede claro, por eso recurre a lo explícito en vez de a lo sutil. Esta misma secuencia podría haberse realizado de una forma más discretita y, sobre todo, creíble.


Pero al final de todo, tras darle algunas vueltas a la película, creo que el principal problema está más en la época de su concepción que en la mediocre realización.
No hay un día en que no escuchemos hablar, en la calle o en los medios de comunicación, sobre desahucios, crisis, corrupción, recortes, etc. Es un tema demasiado habitual, demasiado actual y demasiado repetido como para pretender que una película que trata literalmente y punto por punto sobre esos mismos asuntos funcione. Es posible que si Techo y comida se hubiera estrenado dentro de diez años mi opinión acerca de ella fuese distinta, pero viéndola en 2016 y abarcando ésta el tema de la crisis tal y como se nos presenta a diario, no puedo más que considerarlo un filme poco interesante que no cuenta nada de lo que no estemos ya cansados de escuchar hablar.

Con más alegoría y menos panfletismo barato, el resultado hubiese sido mejor.

PD: Hay una escena en la que la protagonista resbuca comida en la basura. Pues bien, la tía se encuentra no sé cuántos paquetes de alimentos (galletas y cosas así) en perfecto estado, sin abrir ni manchar. Todo bien colocadito para que lo encuentre ella.
¡Anda y te vas por ahí! 

lunes, 1 de septiembre de 2014

El Niño


Los que me conocen saben que no tengo nada en contra del cine español, más bien todo lo contrario: me gusta, lo respeto y lo admiro. Pero este no es el cine español que me gusta, lo reconozco.
Toda la santa película con la misma cara, os lo juro. 
El Niño está muy bien rodada, tiene momentos muy logrados y las interpretaciones de Eduard Fernández y Luis Tosar son para quitarse el sombrero sí o sí. El problema es que lo que debería haber sido un thriller policial a lo French Connection (en algunos momentos recuerda a esa película, aunque sólo sea un espejismo), queda convertido en una historia de niñatos sin estudios que se dedican a trapichear con drogas, quedando la trama policial casi en segundo plano.

Me importa un carajo la vida y obra y los trapicheos de El Niño y su amigo graciosete. Lo que yo quiero ver es a la policía dándoles caza y liándose a tiros con ellos, pero no hay casi nada de eso por desgracia, y eso que Luis Tosar como policía obsesionado mola más que Dios.
Pero lo que más me revienta es el chaval que han elegido para hacer de El Niño.... ¿De dónde puñetas ha salido? Tiene cierta presencia, pero cuando el tío abre la boca te dan ganas de rogarle para que se calle. Soy andaluz como él, y por momentos me costaba entender qué coño estaba diciendo. Luego nos enfadamos cuando nos dicen que los andaluces hablamos regular, pero es que una cosa es hablar
andaluz, y otra es hablar CANI. Son cosas muy distintas, y el chaval éste habla cani 100%. Pero no es sólo que hable como el culo de mal, sino que en general no vale un duro como actor. Se nota a la legua que lo han puesto ahí como reclamo para el público femenino sólo porque tiene los ojos bonitos y nada más, porque de talento anda escaso, de modo que le recomiendo que vuelva a ser camarero, albañil o lo que demonios fuese antes de hacer la película, pero que deje el cine en paz. De hecho, hacía tiempo que no veía en pantalla a un actor tan rematadamente malo y poco creíble, y si para colmo lo pones al lado de dos actorazos como Luis Tosar y Eduard Fernández, pues apaga y vámonos.

En resumen: que si la película hubiese tenido menos Niño y más policías dando caña, esto habría sido un espectáculo.

martes, 3 de junio de 2014

Neuro World


Y de nuevo queda demostrado que se puede hacer buen cine con medios prácticamente inexistentes y presupuestos de risa. 
Neuro World, dirigida por Borja Crespo, adapta las historietas de Miguel Ángel Martín, y aunque soy muy lector y admirador de este autor de cómic, he de confesar (y aquí es donde voy a quedar como el culo) que no sé qué historia en concreto adapta, de hecho, sólo consegui identificar algo que ya había leído en los cómics, concretamente en el tomo surfing on the third wave; una frase que me encantó por lo cruel y verdadera que resulta: si ese chico que tanto te gusta supiera lo bien que la chupas, quizá se fijaría en ti. Me atrevería a decir que se trata de una adaptación, más que de los cómics en sí, del espíritu y estilo que rezuma la obra de Martín, y si estoy en lo cierto, Neuro World es una adaptación sobresaliente y completamente fiel. Si el nombre de Miguel Ángel Martín no hubiese aparecido en los créditos, igualmente habría pensado que la película tiene todo su espíritu, estilo y mala leche. 
Y bueno, resulta obvio que Borja Crespo domina el estilo narrativo y temático de Martín, además de tener ya cierta experiencia en este terreno, pues hace años adaptó a formato cortometraje el cómic Snuff 2000, también de M. A. Martín, al que en su momento le dediqué esta reseña 

Estamos ante una película estática, rodada en un puñado de horas (como así lo exigen las normas de Little secrets film) y sin presupuesto, por lo que no vamos a encontrar grandes alardes, ni siquiera pequeños. Es una película extremadamente modesta y sencilla, pero que, y aquí viene lo bueno, sabe aprovechar los recursos de los que dispone. Me refiero a los diálogos; unos diálogos cargados de mala baba y cinismo. Los personajes también son un punto fuerte en Neuro World, ya que, al igual que en las viñetas de M. A. Martín, se mueven entre la envidia, el cinismo, la superficialidad más descarada, el materialismo... Del mismo modo que en los cómics de este autor, se nos muestra un catálogo de personajes que representan lo peor del ser humano, y aunque en ocasiones resulten exagerados, por momentos tienen un cierto halo realista y cotidiano que pone los pelos de punta.  
¿Nunca os ha pasado que cuando alguien que os cae fatal hace un chiste realmente gracioso os sentís mal por reíros? Y os sentís mal porque ese chiste viene de alguien que os cae muy mal. Pues en Neuro World ocurre algo muy parecido; prácticamente no hay ni un sólo personaje que caiga bien, ya sea por estúpido, engreído o "guay", y a título personal diré que la youtuber despertaba en mí unas ganas terribles de hacerla callar con una mordaza y quitarle la conexión a internet, y justo por esa razón, cuando en un momento determinado de la película hace un comentario (relacionado con la ingesta de semen) con el que me estuve riendo 5 minutos, me sentí mal por estar riéndole las gracias a una gilipollas integral. ¿O el gilipollas soy yo por meterme tanto en la película? No sé...

En resumidas cuentas, Neuro World es una película notable sobre las relaciones sentimentales inestables, la envidia, la mezquindad y el impacto de las redes sociales, especialmente de youtube, y es que creo que el tema de internet puede dar para muchas historias de verdadero terror y miseria humana. Sin ir más lejos, en la antología de relatos que estoy acabando, hay dos cuentos relacionados estrechamente con los horrores de internet. 

Borja Crespo tiene madera de buen director, qué duda cabe, así que espero que no tarde en conseguir un presupuesto normal y nos regale por fin una película hecha con medios. A ser posible que sea una adaptación de Keibol Black
Soñar es gratis, ¿no? 


miércoles, 28 de mayo de 2014

8 apellidos vascos


Vi esta película el día del estreno, así que la reseña llega con bastante retraso, y la razón es que se trata de un título que no me ha inspirado lo suficiente como para hablar de él. De hecho, no sé muy bien qué decir, ya que la razón que me ha empujado a escribir sobre 8 apellidos vascos no tiene casi nada que ver con la propia película.
A estas alturas está claro que nadie tiene la fórmula del éxito en el negocio del cine, porque de ser así todas las películas serían taquillazos, ¿no? Creo que es bastante obvio. Pero, ¿por qué 8 apellidos vascos ha sido un éxito tan abrumador? La fórmula usada en esta película se ha empleado ya miles de veces, sin dar nunca tan buenos resultados, pero ahora llega 8 apellidos vascos, una película que no inventa nada ni resulta novedosa, y ¡zasca! Exitazo. ¿La razón? PORQUE SÍ. No se me ocurre otra cosa. ¿La fuerte campaña publicitaria? ¿El boca-oreja? No sé, de repente se alinean los planetas y la gente va en masa a ver una película que, vamos a ser sinceros, no tiene nada de interesante. 
Una gran campaña publicitaria funciona sólo cuando el material que promociona es bueno, ya que engañarás a los primeros que vayan a verla, pero cuando ésos mismos salgan del cine dirán pues menudo bodrio me he tragado, y lo pregonarán por ahí, a sus amigos y conocidos; les aconsejarán que vayan a ver otra cosa. Imagino que la cosa funciona así, entonces ¿por qué ha gustado tanto 8 apellidos vascos y ha recaudado tantísimo? Pues eso, ni zorra idea.

Sin ir más lejos, recientemente se estrenó la infinitamente superior 3 bodas de más, y oye, no he visto a nadie hablando de esa película. Y hace unos años se estrenó la estupenda Primos, y de nuevo no tuvo ninguna repercusión. Pero cuidado, llega 8 apellidos vascos, una película muy estándar, plagada de tópicos (y no me refiero a los tópicos regionales que parodia), sin carisma y con aspecto de serie de Telecinco, y ala, a triunfar. No entiendo nada. 
En el guión está Borja Cobeaga, un tío muy válido que ya nos regaló la más que disfrutable Pagafantas y la aún mejor No Controles, pero, de nuevo, ninguna de las dos se acercó al éxito de 8 apellidos vascos, en la que hay algún destello del Cobeaga que a mí me gusta, pero nada, muy poca cosa. Lo peor que ha guionizado este hombre, y sin embargo, lo que más éxito ha cosechado.

No me malinterpretáis. Me alegro horrores de que una película española triunfe, ya que me encanta el cine patrio (tanto como el de cualquier otro país), y ojalá tuviéramos más éxitos de este tipo, que nos vienen fenomenales, pero he de reconocer que en este caso concreto, me parece un triunfo bastante irracional e inmerecido, porque si le echamos un vistazo a otras películas españolas estrenadas en los últimos años, y luego vemos la taquilla de 8 apellidos vascos, al menos yo no puedo evitar preguntarme pero qué me estás contando. Hay por ahí películas que merecían muchísimo más, y sin embargo el premio gordo se lo ha llevado un título de lo más normalito, tirando a insulso. 
Me lo pasé bien con la película, no me aburrí y hubo algún momento que me hizo gracia pese a no ser el tipo de comedia que me gusta (Karra Elejalde y los compadres fueron los únicos que de verdad me hicieron gracia. Rovira, méh, ni fu ni fa; y Carmen Machi insoportable y sin gracia, como siempre), pero lo siento, lo único que puedo sacar en claro de todo esto es que 8 apellidos vascos no es para tanto, y que la calidad de la película no está a la altura de su exagerado éxito. Ni por asomo. 

Algo así pasó con ese otro inesperado éxito de taquilla que fue Bienvenidos al Norte, que todo el mundo la vendía como la mejor comedia de los últimos años, prometiendo risas desde el primer minuto al último. 
Pues yo no la soporté más de 40 minutos. 

sábado, 8 de marzo de 2014

Cuerdas


No soy muy aficionado a hablar en el blog de películas que no me gustan, pero de vez en cuando creo que es necesario y sano despotricar un poco, así que vamos a salir de la rutina y la dinámica general del blog.

Creo que cualquiera que tenga un mínimo de experiencia en cine de terror y sepa apreciar la calidad y el buen hacer de un director y un guionista, sabrá que esas películas de miedo que basan toda su gracia en hacer que el espectador dé un espaviento a base de súbitas subidas de volumen y un ¡¡chan chaaannn!! potente no valen un céntimo. Es un recurso fácil y barato con el que hasta un mono podría conseguir que el espectador diera un salto de su silla, pero amigos, eso no es miedo, sino un puñetero acto reflejo. El mérito está en conseguir que el espectador se asuste haciendo uso de elementos como la ambientación, cosa que es bastante más difícil que limitarse a subir el volumen de la música, algo que, como ya digo, no tiene el menor mérito y cualquiera puede hacer.
Pues bien, esta regla es también aplicable a los dramas, como el cortometraje de animación Cuerdas (que ha sido viral en las redes sociales). Lo mismo que el terror mediocre usa recursos fáciles y traicioneros, los dramas marca Hacendado también lo hacen, sólo que estos, en vez de subir el volumen de la música, meten niños, enfermedades y amores imposibles, y si combinamos todo eso en un cortometraje imaginad el resultado; un pastelón EXAGERADAMENTE dramático y ñoño que busca la lágrima fácil al igual que el cine de terror de baja calidad busca el repullo.

Cuerdas es un cortometraje en el que lo único destacable es su cuidada animación, pero por lo demás es una obra perezosa que tira de recursos fáciles (sólo les ha faltado incluir un cachorrito atropellado), traicioneros y nada imaginativos para que el espectador poco experimentado se enternezca y suelte un oooiish, qué boniiiito..., y automáticamente lo comparta en facebook o se lo pase a su amiga choni por whatsapp.
La Luna, por ejemplo, es un maravilloso y original corto que emociona como es debido, de forma sutil, sin echar mano de los grillados recursos baratos de siempre, pero Cuerdas es pura pornografía dramática para abuelas. Una horterada.

lunes, 20 de enero de 2014

Gente en sitios


Juan Cavestany es un director que es capaz de hacerte una película con la calderilla que lleve en ese momento en la cartera . O mejor dicho, la calderilla se la gasta en un paquete de pipas y una cocacola, y la película te la hace con cero presupuesto. 
Es así, sus dos anteriores películas (Dispongo de Barcos y El Señor) están hechas sin un miserable euro, y Gente en sitios, pese a la gran cantidad de rostros conocidos que se pasean por la pantalla (desde Santiago Segura a Ernesto Alterio), también se ha rodado sin presupuesto alguno. 
Y creo que lo comenté hace ya bastante tiempo en el blog, pero por si no lo hice lo hago ahora, aunque para algunos pueda resultar una frase tópica y manida: Para contar una buena historia no hacen falta presupuestos elevados. Porque tenemos obras maestras hechas con muchos millones, pero ¿acaso no puede existir el extremo contrario? Una obra maestra inmortal rodada sin dinero y sin cámaras profesionales, haciendo uso de lo que el director tenga a mano, aunque sólo sea una cámara doméstima y cuatro colegas que medio actúen bien. Parece una utopía, pero Gente en sitios demuestra que, si bien aún no hemos llegado a ese punto, estamos un par de pasos más cerca. 

Gente en sitios no engaña, y ya el título nos resume de qué va la película. Gente en sitios va sobre gente en sitios. Sobre gente que sale y entra, que se relaciona con otras personas que pululan por la ciudad, y sobre gente que, como vosotros y como yo, a veces se ve envuelta en situaciones cotidianas y al mismo tiempo absurdas o incómodas. Situaciones a las que llegamos sin saber cómo.
Las dos anteriores películas de Cavestany estaban más cerca de los puzzles mentales de David Lynch que de otra cosa, por lo que para ciertos espectadores debe ser algo imposible de digerir. En cambio, Gente en sitios se aproxima más al humor absurdo y desconcertante de Muchachada Nui o Miguel Noguera, y tanto es así que en vez de Gente en sitios podría haberse llamado perfectamente Ultrashow: la película.

Y precisamente por esto, Gente en sitios es también una película difícil de digerir. Distinta a las anteriores obras de Cavestany, pero igualmente difícil de digerir si no se es el espectador adecuado (vamos, lo que ocurre con todas las películas, incluso con las más comerciales).

En lo personal, me he reído muchísimo con esta película, y también me he quedado noqueado con algunos momentos en los que no sabía lo que estaba pasando, porque Gente en sitios puede hacerte reír, puede desconcertarte y puede hacer que sientas algún que otro escalofrío, y por eso es una película diferente, especial y, para mí, magnífica. 

lunes, 1 de julio de 2013

El Crack



Por muy fan que sea del cine español, debo admitir que la obra de Jose Luis Garci nunca me ha llamado la atención ni he encontrado nada en ella que me resultase interesante, hasta que un día descubrí éste título, El Crack
El argumento gira en torno a un ex policía metido a detective privado de métodos dudosos y con bastante mala leche, algo así como un Harry, el Sucio a la española, o eso pensaba yo.
No, de Harry Callahan, Charles Bronson y demás tipos duros tiene poco El Crack, pero sí mucho de Humphrey Bogart y todo el mundillo y tópicos que rodean al cine negro y las historias detectivescas. Obviamente la gracia de todo esto está en llevar ese estilo tan americano y tan emblemático, al terreno español. En otras palabras, españolizar al detective privado rudo, serio y de pocas palabras. Algo así como lo que hizo Santiago Segura con el clásico héroe de acción de Torrente, el brazo tonto de la ley, pero de una forma infinitamente más elegante y comedida. 

Lo primero que llama la atención de El Crack es ver a Alfredo Landa en un papel en el que jamás me lo habría imaginado nunca; con un revólver, cara de pocos amigos y soltando todo tipo de chulerías que ríete tú de John McClane. 
El magistral inicio de la película hace algo que hoy en día está muy de moda, es decir, comenzar con una escena impactante para presentarnos al protagonista y que no se nos olvide su cara. En este caso, Germán Areta (que así se llama el protagonista) disfruta en el típico mesón de carretera de un castizo plato combinado, el típico menú de 7,95€, cuando irrumpen en escena unos atracadores muy quinquis con la intención de desvalijar el lugar y a toda la gente que hay allí.
Areta, como es normal, no se inmuta. El cabrón sigue comiéndose su plato combinado, sin prestar atención a lo que está ocurriendo, hasta que uno de los atracadores se acerca a él para que le dé todo lo que lleve encima, especialmente cierto mechero de oro. Entonces Areta se saca la pistola, suelta el discursito (Bareta, dame el mechero o te quemo los huevos), y se acabó la tontería. 
No sé si os habéis dado cuenta, pero en Pulp Fiction hay una escena idéntica a la que describo (cambiad el mechero de oro por la cartera de Samuel L. Jackson en la que pone Hijo de puta peligroso), y si para más inri os digo que en El Crack hay un tema musical que también aparece en Pulp Fiction, creo que resulta obvio que Tarantino es fan de ésta película. 

Con una escena de introducción así muy mal tiene que ir la cosa para que el resto sea un bodrio, y por suerte no es así. La película sigue durante sus dos horas de metraje en la misma línea, con ese Alfredo Landa transformado en un personaje radicalmente opuesto a los que había interpretado con anterioridad, y con un guión entretenido, con ritmo, y con algún giro argumental que nos dejará con los huevos colgando. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Mi loco Erasmus


¿Y si David Lynch rodase una comedia? Pues no sé qué pasaría, pero es posible que se pareciese a ésta película, y es que Mi loco Erasmus es a la comedia lo que Melancolía (Lars Von Trier) fue al cine de catástrofes; es decir, una visión del género radicalmente diferente de lo que estamos acostumbrados, y eso, al menos yo, siempre lo agradezco.

Mi loco Erasmus, film de bajísimo presupuesto pero estupendo resultado, nos muestra las aventuras y desventuras de un aspirante a cineasta que trata de rodar un documental sobre los estudiantes de Erasmus que eligen Barcelona como destino para hacer de todo menos estudiar.  
Así que, en esencia, el film es un falso documental sobre un tipo que intenta hacer un documental pero no sabe cómo, y para colmo los entrevistados no tienen nada interesante qué decir. 

El estilo de la película, así como su humor, es un tanto peculiar, rozando lo surrealista y puramente absurdo, aunque viniendo de los creadores del falso programa Go, Ibiza, Go!, esperaba algo aún más extraño y sin sentido, dos conceptos que me gustan, pero que quizá para una película hubiesen resultado demasiado cansinos. 
Pese a que la película es desconcertante de principio a fin, no resulta excesivamente absurda, lo cual la hace digerible. Pero no os confundáis; que sea medianamente digerible no significa que todos los espectadores vayan a disfrutarla, porque pese a todo es más rara que un perro verde, además de hacer gala de un humor que realmente no es humor, sino cotidianidad y patetismo. 

No sé si os habéis dado cuenta, pero me está costando horrores explicaros cuál es el tono de la película. Es más, ni siquiera tengo claro a qué género pertenece, así que quizá sea mejor que vaya cortando aquí, porque Mi loco Erasmus me ha gustado, me ha parecido diferente e interesante, pero qué coño, no sé qué deciros sobre ella. Como suele decirse en estos casos, me ha dejado con el culo torcido. 

Y ahora hablando en serio. Éste tipo de cine, el llamado cine lowcost, tan de moda hoy en día, es posiblemente el cine al que aspiraran muchos jóvenes cineastas que quieran rodar una película y no dispongan de presupuesto. Se puede hacer cine con poquísimo dinero, siempre y cuando el público lo respalde y el boca-oreja haga el resto, así que no seáis malandrines y dadle una oportunidad a éste y a otros títulos del mismo estilo (Diamond Flash, Dispongo de Barcos o Carmina o Revienta) porque estas películas hechas sin medios son puro amor por el cine, de lo contrario ¿por qué iba a pringarse un joven director en rodar una película sin dinero, aún sabiendo que sólo la va a ver un público minoritario? Pues eso, ¡apoyad el cine lowcost! El cine hecho con dos duros es tan válido como el que se hace con millones. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

El otro cine español: El hombre perseguido por un OVNI


Resulta irónico que hable de ésta película teniendo en cuenta que cuando creé la sección El otro cine español era para hablar de películas españolas de calidad, y así contribuir a callar bocas de prejuiciosos ignorantes que creen que todo el cine español va de la Guerra Civil, yonkis, tetas, dramas sociales, bla, bla, bla. 

¿Por qué digo que resulta irónico? Porque El hombre perseguido por un OVNI no sólo es una de las peores películas españolas jamás rodada, sino una de las películas más malas que se ha hecho jamás a nivel mundial. Por algo llaman a Juan Carlos Olaria el Ed Wood español, aunque a diferencia del director de Plan 9, Olaria sólo dirigió una película.

No sé si lo he comentado ya, pero soy un apasionado de los temas paranormales, la ufología, la criptozoología y cualquier otro tema que pueda ser tratado en Cuarto Milenio, así que en mi colección de libros no faltan los que están dedicados a ésta escabrosa y polémica temática, lo que significa que he leído muchas burradas y absurdeces.
El argumento de El hombre perseguido por un OVNI es una soberana estupidez, pero si leéis incidentes con OVNIS de la España de los 70 y principios de los 80, seguro que encontraréis historias supuestamente reales tan o más absurdas que la narrada en la película. 

Vayamos al grano. La película trata sobre un escritor de novelas baratas que se ve envuelto en una tremebunda situación: un OVNI está tratando de darle caza, y nuestro querido antihéroe no sabe por qué... aunque tampoco parece preocuparle demasiado. 

Pero no sólo lo persigue la nave extraterrestre, también lo hacen algunos tripulantes de ésta, que además de intentar agredir al protagonista (defendiéndose maravillosamente a ladrillazos), le tiran el coche por un barranco y luego, una vez hostiado, lo abducen. ¿Por qué? PORQUE SÍ. 

El aspecto de los extraterrestres es de traca. Los que salen de la nave para buscar al protagonista parecen (bueno, no lo parecen, SON) tíos vestidos de forma completamente normal, con una extraña ¿máscara de goma? No sé lo que es, pero es cutre de narices.
Sinembargo, es el jefe de estos extraterrestres el que se lleva la palma en cuanto a diseño. A ver cómo os lo definiría... ¿un hombre con un casco de moto, gafas y guantes que habla en vasco inventado o algo así? Sí, eso mismo. Aunque también es verdad que en la recta final de la película cambia de look y se encasqueta unas gafas que darían vergüenza ajena al mismísimo Elton John. 

Toda la película se desarrolla entre el juego del gato y el ratón con el platillo volante y el protagonista, y todo lo que hay en medio, es decir, el protagonista para arriba y para abajo, contándole las penas a una prostituta, enfrentándose a extraterrestres y tratando de convencer a un policía de lo que le está pasando. 

Sinembargo, el momento cumbre de la casposidad y la ridiculez guionística viene cuando finalmente el platillo consigue abducir al pobre hombre, y el extraterrestre le explica el por qué de esa persecución. 
En ésta escena hay una serie de preguntas y respuestas absolutamente ridículas con las que es imposible no reírse. Esa conversación entre el protagonista y el extraterrestre debería estar en la lista de los momentos más cutres de la historia del cine por esa combinación entre ciencia de chufla, mensaje ecologista y cotidianidad (el hombre le habla al extraterrestre con toda la tranquilidad del mundo. Hasta se permite echarle en cara ese acoso al que se ha visto sometido).

Pese a que la película es, técnicamente hablando, un churro en todos los sentidos (aunque hay un par de planos en los que OVNI está medianamente bien insertado en la imagen, que ya los quisiera yo para un cortometraje mío), lo cierto es que te lo pasas bomba con ella, y como es cortita no le da tiempo a aburrir o cansar.
Como pasa con todas estas películas, su mayor fuente de diversión reside precisamente en su torpeza técnica y delirio argumental, pero lo que de verdad cuenta es que entretiene... o al menos yo me lo pasé en grande, pero no me hagáis mucho caso. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Brutal Box


Internet es una fuente de sabiduría e información, pero también es cierto que en la red de redes podemos encontrar a mucho tonto suelto con una webcam. En serio, habría que regular la venta de esas cámaras en función de la inteligencia del comprador, porque menudas perlas se pueden encontrar uno si profundiza un poquito. 

 Brutal Box, dirigida, escrita y co-protagonizada por Óscar Rojo no sólo habla sobre los especímenes que pululan por internet, sino de la audiencia que pueden llegar a tener. ¿Y qué busca dicha audiencia? El morbo, la violencia y la gilipollez pura y dura. 

 Creo que casi todos hemos escuchado hablar de "John cobra" y su archienemigo "el batu", dos imbéciles que se dedicaban a amenazarse y a tirarse los trastos a la cabeza usando youtube como medio de comunicación. Ya han caído en el olvido, por suerte. También están esos vídeos porno grabados con cámara oculta, en los que una de las dos partes no sabe que lo están grabando vilmente (aunque la mayoría de estos vídeos son falsos, todo hay que decirlo.) Y no nos olvidemos de esos adolescentes trastornados que hacen locuras para llamar la atención, llegando a grabar sus chorradas en ciertas ocasiones. 
Bien, Brutal Box es una sátira sobre todo ese mundillo morboso que, a veces, podría pensarse que le está quitando audiencia a la televisión, puesto que en internet hay muy pocas reglas, y por lo tanto, todo vale. Cosas que en televisión no se podrían emitir jamás las encontramos fácilmente en la red. 

El planteamiento de la película está bastante conseguido. Trata sobre una web especializada en colgar todo tipo de vídeos macabros y polémicos, y sobre la gente contrata por dicha web para conseguir más y mejores vídeos. Lástima que el escaso (casi nulo, diría yo) presupuesto no diese para mostrar buenos momentos gore, los cuales brillan por su ausencia. También hay que decir que las interpretaciones son una verdadera tomadura de pelo, casi amateurs, y que la banda sonora a base de hip hop desentona demasiado. No obstante, quitando esos detalles, Brutal Box es una película disfrutable y entretenida (no llega a los 90 minutos), y aunque en general sea bastante cutre, lo que verdaderamente importa en éste tipo de propuestas es el mensaje que se intenta transmitir. 

 Y ya que estamos, aprovecho para hablaros del siguiente proyecto de Óscar Rojo; Omnívoros, un film que trata acerca de un periodista encargado de elaborar un reportaje sobre restaurantes clandestinos en los que miembros de la alta sociedad y demás pijos se reúnen para degustar carne humana. Personalmente me parece una propuesta mucho más interesante que Brutal Box, y a tenor del trailer, más elaborada y enfermiza.

jueves, 23 de agosto de 2012

La Caza


Muchos años antes Deliverance, La Presa o El placer de la caza, Carlos Saura se atrevió a rodar una historia de terror rural a su manera, retratando la España profunda más hija de puta.
La Caza no trata sobre cómo un grupo de urbanitas debe hacer frente al choque cultural entre el ciudadano medio y el paleto asilvestrado, sino que nos muestra cómo los urbanitas se atacan a sí mismos, directos a la yugular. Una guerra civil en miniatura. 

La película trata sobre un grupo de amigos que quedan para ir a cazar al monte, con sus botas de vino y sus fiambreras con paella, todo muy typical spanish. A esto hay que sumarle el horroroso calor al que estos personajes se ven sometidos, elemento que termina agobiando al propio espectador gracias al maravilloso trabajo de fotografía, el cual consigue transmitir una verdadera sensación de sofoco.  
Esto contribuye a crear más tensión si cabe en el grupo protagonista, cuya compañía se vuelve más tensa a cada minuto que pasa, desembocando en un clímax inesperado y violento. 


La Caza parece tener influencias Buñuelescas por la forma tan enrarecida en que es tratada la historia, y en cómo se critica la naturaleza humana, tan extraña y violenta. 
Como he dicho antes, el film parece ser una versión miniaturizada de La Guerra Civil española. Una moraleja que nos acusa de tropezar infinitas veces en la misma piedra, y ese esqueleto que encuentran en la cueva, perteneciente a un excombatiente de dicha guerra, es el testigo de todo lo que ocurre. El esqueleto, que representa nuestro oscuro pasado, observa desde la cueva como todo se repite otra vez, idiotas de nosotros.

Dejando de lado mis interpretaciones filosóficas y pretenciosas, La Caza es una magnífica película que funciona, bien como inquietante entretenimiento, o bien como alegoría de la estupidez humana. 
En cualquier caso, altamente recomendable. 

jueves, 5 de julio de 2012

Carmina o Revienta


Los que ya me conocéis, ya sea en persona o por el blog, sabréis que soy un defensor empedernido del cine español, y si además está hecho con pocos medios y cuatro duros, no sólo lo defiendo, sino que también lo promociono.

Esta mañana, aprovechando que tenía el día libre en el trabajo, estaba haciendo el vago en internet, echando un vistazo a los nuevos títulos disponibles en filmin, y de golpe me encuentro con Carmina o Revienta, la primera película dirigida y escrita por el actor Paco León. 
Sabía que esta película había sido pionera por haberse estrenado simultáneamente en cines, dvd, internet y televisión de pago, pero no sabía que ya estaba disponible.
Como ya he dicho antes, apoyo al cine español, y más aún al barato, así que sin pensármelo dos veces he echado mano de la tarjeta de crédito y he alquilado esta película que, si os soy sincero, no tenía planeado verla de momento.
Para disfrutar y entender plenamente Carmina o Revienta hay que ser andaluz, y esto es así. Yo creo que la gente de fuera de Andalucía, y no digamos ya de España, pondrán cara de póquer ante el desfile de tacos y expresiones tan propia del sur español.
Dicho, la película trata sobre una ama de casa, dueña de un mesón, a la que le roban ochenta jamones. Este hecho hará que la buena mujer, luchadora y sufridora nata, haga lo que sea por recuperar la mercancía o, como mínimo, cobrar el seguro. 
Aunque la trama dé para todo tipo de situaciones exageradas y momentos cómicos absurdos, la película mantiene las formas de principio a fin, sin excesos ni idas de olla que descoloquen al espectador, porque ante todo, Carmina o Revienta es un retrato fiel y crudo de la clase media andaluza, sin edulcorantes ni humor de más, sólo el justo.
En la película se combina el falso documental y los flashbacks, el ingenio, la picaresca y unas grandes interpretaciones. Si a esto le sumamos que la duración no llega a la hora y cuarto, me atrevería a decir que es imposible que alguien se aburra con la ópera prima de Paco León. 

De presupuesto no hablemos, porque esta película pertenece a esa maravillosa tendencia que es el cine low cost (de bajo o nulo presupuesto, vamos), algo que, lejos de interferir en la calidad del film, obliga al creador a darlo todo y a poner sobre la mesa el máximo ingenio posible, si bien es cierto que la historia que cuenta esta película no necesita presupuesto alguno, sólo un puñado de buenos actores, una cámara, y mucha imaginación. 

El tema del cine low cost da para toda una entrada, pero de momento sólo diré que me parece maravilloso el hecho de ver una película como Dispongo de Barcos, Diamond Flash, o la que acabo de comentar, y pensar esto también podría hacerlo yo, está a mi alcance. Es una esperanza enorme para todos aquellos que amamos el cine, y que además soñamos con rodar una película algún día, aunque el presupuesto de esta haya salido de la calderilla que llevamos en los bolsillos. 

Mi consejo es que le deis una oportunidad a esta película tan curiosa y valiente, porque por 1,95€ y una duración de poco más de una hora, ¿qué perdéis? Y que conste que esto no os lo estoy diciendo por caridad o lastima, ni mucho menos. Carmina o Revienta vale la pena.
Y una última cosa; si al final decidís verla, no la descarguéis ilegalmente, por favor. Este es el tipo de cine al que la piratería hace daño de verdad, así que pongamos todos un granito de arena, que por menos de 2€ nadie va a arruinarse. 

lunes, 11 de junio de 2012

Diamond Flash


Si leéis cualquier crítica de esta película en internet, os daréis cuenta que casi todas coinciden en lo mismo: es difícil hablar de Diamond Flash, especialmente si lo haces con alguien que no la haya visto... y no es para menos. 
Sólo puedo decir que toda la trama gira en torno al secuestro de una niña.
El film es una historia coral que trata temas tan dispares como la pederastia, el maltrato de género o los superhéroes, todo ello salpicado con unas pequeñas dosis de comedia. 
Sí, he dicho superhéroes en una frase en la que también se incluían las palabras pederastia y maltrato de género. No me he equivocado, amigos.
Esa es parte de la grandeza de Diamond Flash; su poder para desconcertar y dejar al espectador con los huevos colgando, sin saber qué puñetas está viendo... pero sin poder dejar de mirar para averiguarlo.
Y esa es otra. Podéis poner todo el empeño del mundo en sacarle el máximo jugo a la historia y tratar de entenderlo todo, pero hay una parte del jugo que no os vais a poder beber ni aunque veáis cien veces la película. Ese jugo se intuye, pero no está ahí, así que toca echarle imaginación y que cada cual saque sus conclusiones e imagine a qué sabe ese zumo tan misterioso. 

No os voy a engañar, esta película no es para todos los públicos. Aquellos que busquen una película de acción trepidante (o de acción, a secas) se van a llevar un chasco enorme, por eso es bueno advertir que en Diamond Flash dominan los diálogos infinitos, costumbristas y nada forzados. Pero muy largos, eso sí, y si no os gustan las películas lentas, esta os atacará de los nervios. 
Diamond Flash está enfocada para paladares que sepan a lo que se enfrentan, y que lo sepan de antemano, para ir preparando cuerpo y mente y no llevarse sorpresas de última hora. 
Si alguien está buscando una película que necesite toda su atención para ella solita, Diamond Flash cumplirá las expectativas, porque es un puzzle. Un puzzle terrorífico y macabro como la vida misma.
Al espectador no se le está contando una historia, sino que la está viendo con sus propios ojos, como alguien que pasa por allí.  
Asiste a una serie de escenas inconexas, tal y como ocurriría en la realidad, y de él depende unir las piezas que se le están ofreciendo para poder entender el conjunto. Esto mismo hace que sea imprescindible ver más de una vez la película para apreciar detalles que de primera hora pasarán inadvertidos.


En general me ha recordado muchísimo a los cómics de David Sánchez (comentados en este blog, aquí y aquí), y no creo que sea casualidad, puesto que lo primero que vemos en la película son las páginas de un cómic de este autor.
La obra de David Sánchez se caracteriza por no dar al lector nada mascado, poniéndole las cosas difíciles y precisando de su astucia para unir las numerosas escenas sin sentido que están paseándose delante de sus narices. Además, los dibujos de David Sánchez transmiten la sensación de ser estáticos, como si una cámara colocada en un trípode grabara a los personajes.
Efectivamente, esto mismo también ocurre en Diamond Flash. En las poco más de dos horas de metraje, sólo hay dos breves momentos en los que la cámara se mueve (sutilmente), siendo todo lo demás planos fijos e inmóviles. Unos más largos y otros más cortos, pero todos inmóviles, lo que da a la película un aspecto de cómic bastante curioso. Más que escenas, parece que estamos viendo viñetas. 
Esto, y la falta de acción, convierten a esta película en una obra realmente poco comercial que a muchos se les indigestará y no la podrán ni terminar de ver, por lo que comprendo que su estreno oficial haya sido a través de internet. Creo que ha sido lo más inteligente y lógico, y posiblemente sea un paso adelante para todos esos cineastas que hacen (o quieren hacer) un cine arriesgado y diferente que no tiene cabida en salas comerciales, pero sí en internet. Ahí vale todo, y todos tienen su oportunidad, incluso piezas tan curiosas como Diamond Flash.

He hecho un par de alusiones a la falta de acción de la película, pero esto no debe entenderse como falta de ritmo, aunque imagino que cada cual tendrá un concepto distinto de lo que es el ritmo en el cine.
Para mí, el ritmo es ese elemento que hace que no te aburras, y no tiene por qué ser un montón de explosiones, disparos y puñetazos. Es eso que te atrapa cada vez más hasta el final de la película. Que te desconcierta y hace que no tengas ni idea de lo que va a ocurrir al minuto siguiente, y por lo tanto, quieres averiguarlo. 
En definitiva, el ritmo se consigue con una buena historia, y Diamond Flash la tiene. 

El reparto está compuesto en su mayoría por actrices totalmente desconocidas pero muy talentosas, todas y cada una de ellas.
El único rostro conocido en el reparto es el del humorista Miguel Noguera, y ya que lo menciono, aprovecho para animar a otros directores a que lo fichen. El tío es un actorazo por descubrir.

Sólo me queda insistir en que Diamond Flash es una gran película que sólo unos cuantos sabrán disfrutar como es debido. La película de superhéroes más extraña que jamás veréis, porque en este caso único hasta el momento, el protagonista no es el superhéroe, sino la gente que le rodea. Víctimas y villanos. 

jueves, 12 de abril de 2012

Extraterrestre


Nacho Vigalondo ha cambiado totalmente de registro, de una forma total y drástica. Si en Los Cronocrímenes nos mostraba las fatales consecuencias de realizar un pequeño viaje en el tiempo (menuda frase de mierda: un pequeño viaje en el tiempo. ¿Cómo puede ser eso pequeño? Estoy loco ¿eh?), en Extraterrestre se pasa a la cotidianidad, ligeramente alterada por la presencia de unos platillos volantes cuyas intenciones permanecen en el aire, igual que ellos. 
Ya se ha dicho por activa y por pasiva que Extraterrestre no es una película sobre invasiones alienígenas ni mucho menos. Este film se mueve en otros territorios... en los del extrarradio, para ser más concretos. Si, yo creo que es la mejor manera de describir lo que sucede en esta película. Hora y media de extrarradio puro y duro. La periferia de lo que sería una invasión alienígena, o lo que es lo mismo: la parte que no le importa a nadie. 
Estamos en Madrid, un domingo por la mañana, y los protagonistas, con una resaca de cojones, descubren que cientos de platillos volantes sobrevuelan nuestro planeta, pero eso no es lo que importa realmente. Aquí lo que interesa es el follón que se forma en ese domicilio, donde las mentiras empiezan a causar estragos, los secretos se intentan mantener bajo llave y la estupidez humana se adueña de la situación. 
En mitad de esta historia empieza a surgir la paranoia, esa misma que pudimos ver en películas como Carrera con el Diablo o, especialmente, La invasión de los ladrones de cuerpos, aunque el espectador sabe que todo es mentira. Aquí no hay lugar a la confusión o la duda, todo es fruto del intento desesperado de un hombre enamorado por conseguir a la chica de turno, y si para eso tiene que sembrar esa paranoia, pues lo hace. Total, hay un OVNI flotando sobre Madrid ¿por qué no aprovecharse en beneficio propio de esa descabellada situación? 


Extraterrestre es una película de ciencia ficción, claro que sí, pero eso no significa que el argumento no se centre en la historia de amor que se gesta en ese pisito, y la cantidad de malentendidos y mentiras que la rodean. Un verdadero embrollo que me pilló por sorpresa, porque la verdad es que esperaba un guión mucho más simple. No es que sea de una complejidad apabullante, pero sí que los malentendidos, las mentiras y las consecuencias de todo esto están tratadas de una forma muy inteligente. 
Pese a los líos amorosos, ahí fuera hay un maldito OVNI vigilando la ciudad, y según ciertos rumores, algo extraño ha sido visto rondando por las calles y bajo la nave. Lo que quiero decir con esto es que, pese a la importancia de la trama romántica, la ambientación de la película no deja de ser inquietante y misteriosa. 
Se me hace difícil no comparar Extraterrestre con Señales, de M. Night Shyamalan. Ambas siguen un mismo esquema, una misma mecánica. La primera es una comedia romántica, y la segunda una especie de drama familiar, y ahí están sus verdaderos cimientos, eso es lo que son. Luego está la invasión extraterrestre como telón de fondo, que aunque aporta un toque de misterio, no es el plato principal. 

El reparto no puede ser más acertado, empezando por Julián Villagrán (también en Grupo 7. Muy recomendable, por cierto) y Michelle Jenner, que quizá sea la que menos destaque. No porque sea mala actriz, sino porque está rodeada de personajes mucho más excéntricos que la acaban eclipsando. 
Luego están los grandísimos Raúl Cimas y Carlos Areces que, bueno, ¿qué voy a decir? El primero hace de novio despistado y un tanto psicópata, y el otro de vecino cotilla y envidioso. Personajes que les vienen como anillo al dedo.
Mención especial para Miguel Noguera, un tipo que con sólo verlo hablar ya me parto de risa, y de hecho, sus apariciones en la película me parecieron lo más desternillante y surrealista de todo. 

Lo peor de esta película ha sido su lamentable distribución en cines. De verdad, vergüenza ajena, y para colmo ha tenido una recaudación de risa (aunque para lo poco que ha costado...). 
¿Qué le pasa a la gente? ¿Por qué tenemos un público tan estúpido? Un público que se queja hasta la saciedad de la falta de originalidad en el cine (y no les quito razón), pero cuando llega un Vigalondo, innovando y ofreciendo algo que se sale de lo común, el personal se mete a ver Ira de Titanes o Battleship, esas mismas películas de las que tanto ha rajado. ¿Prefieres ver esa mierda? perfecto, pero al menos no te quejes por la falta de originalidad en el cine, porque originalidad hay, el problema es el público de mente cuadrada que inunda las salas, y las distribuidoras que no apoyan ese cine que va más allá del típico blockbuster palomitero. 
Es la pescadilla que se muerde la cola: los espectadores reclaman mierda, y las distribuidoras les dan mierda a gran escala, por supuesto. No les trae cuenta apostar por cosas nuevas porque saben que el público es de mente cerrada. 
¡Ah! Y los prejuicios contra el cine español, casi lo olvidaba. Eso tampoco ha ayudado mucho que digamos. 
En fin, que Extraterrestre está de puta madre.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El otro cine español (10ª parte: Dispongo de barcos)


Ya llevaba tiempo sin dedicarle una entrada al cine español, y voy a hacerlo con una propuesta bastante poco convencional de manos de Juan Cavestany, cuya filmografía "normal" es bastante prescindible. Sin embargo, Dispongo de barcos, siendo una película prácticamente amateur, rodada con cámara casera y con cero presupuesto, es la película más interesante de Cavestany. 

Decir que es rara es quedarse corto, pero todos los que soportamos y "entendemos" el cine de David Lynch no sentiremos como pez en el agua durante la hora y siete minutos que dura Dispongo de barcos
Como ya he dicho, este filme tiene muchísimas semejanzas con Lynch, así que se podría calificar como una Mulholland Drive cañí, y bastante más cómica. 
El parentesco con Lynch no se limita a lo estético, sino también a la forma de entender la película, porque debemos tener claro que el 90% de lo que vamos a ver no tiene sentido, y si tratamos de buscar explicación a cada secuencia acabaremos tirándonos por la ventana. 
Ya lo dije en la entrada que le dediqué a Carretera Perdida, y lo repito; la mejor forma de disfrutar de este tipo de cine es sentándose en el sillón y dejándonos llevar por las imágenes, la música y los diálogos abstractos y cotidianos a la vez.


Un cortometraje, bastante más digerible por cierto, titulado El último golpe es el origen de esta película, y que recomiendo a todos que lo veáis si tenéis oportunidad. 
Se podría definir como la cara opuesta de Oceans Eleven. Un anti Oceans Eleven en toda regla, porque si en la película de Soderbergh todo el robo estaba perfectamente atado, en El último golpe ocurre lo contrario. El desinterés de los ladrones y la facilidad con la que dejan cabos sueltos que ya resolverán sobre la marcha durante el robo hace que la historia llegue a resultar surrealista. 
La película trata sobre lo mismo; un robo que desde el primer minuto sabemos que no puede salir bien porque los miembros de esa "banda" de ladrones creen que es un juego y no se lo toman en serio. 
Pero además del tema del robo, la película incluye numerosas secuencias extrañas, oníricas y marcianas, y no se nos termina de dejar claro si la historia ocurre en orden cronológico o no.
Personalmente yo creo que la película trata sobre una cosa: Gente que se aburre, y las consecuencias que eso puede conllevar. 

Pero el mayor logro de Dispongo de barcos, y lo que más admiro, es su realización, sin presupuesto alguno, y con sólo dos ingredientes: cariño e imaginación. 
Una película que cualquiera podría hacer. 

jueves, 11 de agosto de 2011

El otro cine español (9ª parte: El bosque del lobo)



La historia de Manuel Blanco Romasanta se remonta al siglo XIX, en Galicia, cuando España era una tierra dominada por la superstición, y donde la cultura era más bien escasa.
Romasanta, fue, ante todo, un enfermo mental que se creía un hombre lobo, y así lo retrata la película de Pedro Olea, El bosque del lobo, que bien podría estar emparentada con otros títulos que reflejan maravillosamente la España más profunda y garrula, como Furtivos o El séptimo día.
Los nombres de los personajes, empezando por el protagonista (que aquí se llama Benito Freire), han sido cambiados por respeto, imagino, a las personas que murieron durante estos macabros sucesos. El final de la película también dista bastante de lo que ocurrió en la realidad.
El encargado de interpretar al desquiciado protagonista fue José Luis López Vázquez, cambiado sus habituales registros cómicos por uno mucho más oscuro y siniestro.


Cuentan que el verdadero Romasanta era un pobre hombre de menos de metro y medio, de aspecto inofensivo y amable. Esto es algo que se consiguió transmitir notablemente en la película, pues su protagonista tiene pinta de todo, menos de psicópata. Imagino que nada de esto fue al azar, ya que desde el aspecto de Benito Freire, hasta su voz, de tono amable y pausado, denotan que uno de los objetivos de Pedro Olea era, ante todo, hacer que el asesino pareciese un pobre hombrecillo.

Pero que no se engañen los fans de la licantropía cinematográfica. En El bosque del lobo no veremos ningún acontecimiento fantástico, ni escenas de terror, ni transformaciones de ningún tipo. No olvidemos que todo ocurría en la cabeza del protagonista, que sólo era un asesino enfermo, pero no un hombre lobo.
En este sentido la película me ha recordado poderosamente a Besos de vampiro, a la que ya dediqué una entrada en este blog. El concepto de ambas películas es exactamente el mismo; dos hombres que se creen lo que no son, pero actúan como si lo fuesen, y eso los acaba llevando a la ruina.
Por supuesto, en El bosque del lobo, hay algo que no encontramos en Besos de vampiro; la superstición y la incultural, dos factores altamente peligrosos


Que tampoco espere nadie encontrar escenas violentas y crudas, aunque de esto si hay un poco, como cuando Freire le prende fuego a una niña hasta morir. No es una película especialmente violenta ni sangrienta, su cuestionable espectacularidad radica en ver como eran llevados estos temas en aquella lejana época, y como un simple hombre enfermo era tratado como si de un monstruo se tratase.
No es una película gore ni de terror, es sólo una siniestra historia costumbrista ocurrida en un pueblecito gallego que tuvo que enfrentarse a algo que para sus habitantes era desconocido y demoníaco.

Esta misma historia fue llevada al cine por segunda vez en el 2003, de la mano de Paco Plaza, en la película Romasanta. La caza de la bestia, pero no la he visto, de modo que no puedo decir gran cosa salvo que, después de ver El bosque del lobo, siento mucha curiosidad por saber si en esa segunda adaptación se eligió el mismo tono realista y humano que en la película de Olea.
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