Cada vez que alguien habla de lo mal que está la tele y de la cantidad de basura que se emite, no puedo evitar pensar que, efectivamente, tienen razón, pero habría que puntualizar algo que puede parecer una tremenda obviedad y sin embargo juraría que para muchos no lo es: Si se emite tanta basura es porque la gente reclama basura. Sin la correspondiente audiencia, emitir mierda no sería viable, pero tristemente hay mucha, muchísima gente dispuesta a emplear su tiempo libre en dar bombo a miserables personajes que viven del cuento más casposo imaginable.
Algo falla en el discurso de esa gente, que probablemente no sean conscientes de:
A) La basura que se están chutando en el cerebro tan alegremente.
B) Que su mal gusto (Sí, mal gusto. Vamos a llamar a las cosas por su nombre, ¿no?) sea el principal causante de que tanta morralla social se lucre miserablemente a costa de vivir del cuento. Y mientras, esos mismos pardillos que gustosamente colaboran dando audiencia día tras día, tiene que currar como cabrones para llegar a fin de mes con menos de 1000€. Lo dicho: PARDILLOS.
Y ahora es cuando entra en escena Louis Bloom, el
protagonista de la magnífica Nightcrawler, una de las mayores sorpresas del año.
Bloom conoce de sobra lo mucho que vende el mal gusto de la gente,
por eso cada
noche patrulla las calles de Los Ángeles acompañado de su cámara en busca de
morbo, sangre y toda esa basurilla enfermiza que tanto éxito cosecha.
Jake Gyllenhaall, como de costumbre se marca otro personaje
memorable que añadir a su particular lista de personajes mentalmente inestables,
junto a Donnie Darko en la película homónima, Loki en Prisioneros, Adam en
Enemy o Graysmith en Zodiac. Todos ellos diferentes y a la vez con un
denominador común: tener, como mínimo, un tornillo perdido.
Su personaje, Louis Bloom, podría definirse como un eficaz
sociópata sin escrúpulos ni sentido ético. Un tipo cercano al Travis Bickle de
Taxi Driver, pero al mismo tiempo opuesto. Mientras Travis lucha por erradicar
la podredumbre de la ciudad a golpe de revólver, Bloom busca lucrarse y abrazar
las mieles del éxito gracias a esa misma carroña urbana. Ambos viven en el
mismo contenedor, pero cada uno lidia de forma muy distinta con la basura que
los rodea.
En definitiva, Nightcrawler es una gran película,
interesante, dura y crítica. Dudo mucho que haga pensar a los consumidores de
telebasura, y dudo aún más que les haga replantearse un par de cosas, pero
igualmente ahí está Nightcrawler, con las cartas sobre la mesa para el que esté
interesado en echarles un vistazo.
