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miércoles, 28 de enero de 2015

Nightcrawler


Cada vez que alguien habla de lo mal que está la tele y de la cantidad de basura que se emite, no puedo evitar pensar que, efectivamente, tienen razón, pero habría que puntualizar algo que puede parecer una tremenda obviedad y sin embargo juraría que para muchos no lo es: Si se emite tanta basura es porque la gente reclama basura. Sin la correspondiente audiencia, emitir mierda no sería viable, pero tristemente hay mucha, muchísima gente dispuesta a emplear su tiempo libre en dar bombo a miserables personajes que viven del cuento más casposo imaginable. 
Resulta paradójico que muchísimos de los que se quejan (y con razón) de los inmerecidos y estratosféricos sueldos de los políticos, luego sean cómplices, con su fiel audiencia, de que seres como Belén Esteban cobren más de 60.000€ semanales por hacer lo que hacen. Es decir, nada, porque ser una choni verdulera es algo que no merece ser remunerado ni con bordes duros de pizza. 
Algo falla en el discurso de esa gente, que probablemente no sean conscientes de: 

A) La basura que se están chutando en el cerebro tan alegremente.
B) Que su mal gusto (Sí, mal gusto. Vamos a llamar a las cosas por su nombre, ¿no?) sea el principal causante de que tanta morralla social se lucre miserablemente a costa de vivir del cuento. Y mientras, esos mismos pardillos que gustosamente colaboran dando audiencia día tras día, tiene que currar como cabrones para llegar a fin de mes con menos de 1000€. Lo dicho: PARDILLOS. 

Y ahora es cuando entra en escena Louis Bloom, el protagonista de la magnífica Nightcrawler, una de las mayores sorpresas del año. Bloom conoce de sobra lo mucho que vende el mal gusto de la gente,
por eso cada noche patrulla las calles de Los Ángeles acompañado de su cámara en busca de morbo, sangre y toda esa basurilla enfermiza que tanto éxito cosecha.
Nightcrawler se mueve a medio camino entre el thriller, el drama y la comedia negra, haciendo gala de una técnica impecable, una fotografía que recuerda a la genial Drive y un guión afilado y mordaz que no pretende dar lecciones de nada pero sí hacer pensar al espectador que esté dispuesto a hacerlo. Dan Gilroy, el director y guionista, no os va a decir ey, dejad de ver la mierda que veis, pero sí os dirá al menos sabed lo que se cuece detrás de bambalinas. Sabed qué hay tras esas imágenes lamentables que cada día os zampáis con toda la alegría del mundo.

Jake Gyllenhaall, como de costumbre se marca otro personaje memorable que añadir a su particular lista de personajes mentalmente inestables, junto a Donnie Darko en la película homónima, Loki en Prisioneros, Adam en Enemy o Graysmith en Zodiac. Todos ellos diferentes y a la vez con un denominador común: tener, como mínimo, un tornillo perdido.

Su personaje, Louis Bloom, podría definirse como un eficaz sociópata sin escrúpulos ni sentido ético. Un tipo cercano al Travis Bickle de Taxi Driver, pero al mismo tiempo opuesto. Mientras Travis lucha por erradicar la podredumbre de la ciudad a golpe de revólver, Bloom busca lucrarse y abrazar las mieles del éxito gracias a esa misma carroña urbana. Ambos viven en el mismo contenedor, pero cada uno lidia de forma muy distinta con la basura que los rodea.

En definitiva, Nightcrawler es una gran película, interesante, dura y crítica. Dudo mucho que haga pensar a los consumidores de telebasura, y dudo aún más que les haga replantearse un par de cosas, pero igualmente ahí está Nightcrawler, con las cartas sobre la mesa para el que esté interesado en echarles un vistazo. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Enemy



Cada vez que se estrena una película de este tipo no tarda en salir el típico listo para decir que le ha parecido una mierda porque no se entiende. De verdad, me las he visto con gente así; personas a las que sólo les va el 2 + 2 = 4, y de ahí no los saques porque se pierden los pobrecitos. 
Decir que una película es mala porque no la has entendido es tan absurdo como decir que el sexo es una mierda porque no se te levanta. Chaval, el problema lo tienes tú, aunque sí que es cierto que en ocasiones hay películas pésimamente narradas, pero no hay que confundir eso, que es un error del guionista, con el hecho de contar una historia de forma compleja y exigiendo al espectador hacer algo que hoy en día no está muy de moda: pensar. Eso es una cosa, y que la película esté mal contada o no
se entienda es otra muy diferente, no nos confundamos. Ahora bien, si lo que querías era una película que te lo diese todo bien mascadito y que tú sólo tuvieras que poner el piloto automático y la boca semiabierta, haber elegido mejor, pero no acuses a la película de ser mala sólo porque tú seas demasiado mentalmente limitado o simplemente seas de esos que consideran que pensar y ejercitar la mente está sobrevalorado.
Toda esta retahíla puede sonar pedante, pero lo realmente triste es escudarse en un problema propio para decir que una película es mala sólo porque tú no la has entendido. 
Además, el cine es arte... ¿Dónde está escrito que el arte tenga que entenderse? A veces la cosa va más sobre lo que nos hacen sentir, que sobre lo que nos quieren contar. 

Enemy, el último trabajo del gran Denis Villeneuve, es una de esas películas "raras" que muchos dirán que es un truño porque no han entendido nada.
El argumento puede sonar a ciencia ficción (un hombre descubre casualmente que tiene un doble), pero la realidad es que los tiros no van por ahí, así que nadie espere una trama fantasiosa sobre algún proyecto chungo del gobierno para clonar a ciertos individuos o vete tú a saber qué. Nada de eso.
Aunque no puedo adelantar demasiado, ya que es fácil spoilear y destripar el final. Un final que, por cierto, no inventa la rueda y algunos lo pueden llegar a  considerar incluso previsible, pero la grandeza de Enemy reside en su guión y en cómo nos cuenta una trama compleja como un rompecabezas de mil piezas en el que, como cualquier guión bien escrito, al final todo encaja a la perfección, sin forzar las cosas ni hacer trampas de última hora para intentar sorprender al espectador de forma barata y chapucera.

Esta película, como suele ocurrir con títulos tan crípticos como Eraserhead o Sólo Dios perdona, puede invitar al espectador a sacar sus propias conclusiones, pero no estoy de acuerdo en usar la palabra conclusiones en plural, porque conclusión sólo hay una. El espectador debe poner de su parte para desentrañar el misterio que se oculta en la historia y en su final, pero aquí no vale eso de sacar cada uno sus propias conclusiones, porque final sólo hay uno, y tú, como espectador, sólo tienes que limitarte a buscar todas las pistas y piezas repartidas a lo largo de los 90 minutos de metraje y unirlas. Nada más, no te flipes. 

Y bueno, si entramos en el apartado técnico nos encontraremos una película perfecta, algo habitual con Denis Villeneuve, pero quiero destacar a Jake Gyllenhaal, un actor que cada vez me gusta más y me cae mejor, y la amarillenta fotografía que le otorga a la cinta una atmósfera enrarecida, retro y desconcertante. 

Enemy es desde ya una de mis películas favoritas del 2014, con un guión tan bien construido que debería usarse como modelo en las escuelas de cine. Pero eso sí, si os decidís a verla no esperéis que os lo pongan fácil... 

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