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martes, 21 de marzo de 2017

Kong: la Isla Calavera


Un equipo de científicos y militares viaja hasta Isla Calavera con el objetivo de explorar la zona, que hasta ese momento ha permanecido oculta a los ojos del hombre.
Una vez allí, descubren que alguien gobierna el lugar y no desea visitas. Se trata de Kong, un gigantesco gorila que ejerce de guardián y absoluto rey de la isla.

Después de la espectacular pero imperfecta Godzilla (Gareth Edwards, 2014), y tras ver Kong: la Isla Calavera, uno puede pensar que Warner Bros se ha puesto las pilas y tomado nota de todo aquello que no convenció en la película del lagarto atómico. Vamos, que Godzilla salía poco y, para colmo, de noche. El público en general lanzó piedras contra la película (y en parte lo entiendo, aunque la película me gustó), por eso Kong toma un rumbo muy distinto. ¿Hacia dónde? Hacia el pulp y el entretenimiento sin complejos, alejándose así del ineficaz drama que Godzilla intentaba poner sobre la mesa. En una película de monstruos, los personajes humanos me suelen dar igual. Si están bien desarrollados lo agradezco, pero si no tampoco voy a perder el sueño. Lo que sí quiero que haya, y eso no lo perdono, es monstruos…, y en Godzilla no se lucían. El drama no funcionaba porque los personajes humanos importaban un pimiento, pero es que, para colmo, el bicho que da nombre a la película sale diez minutos en las dos horas de metraje… y casi siempre de noche. Godzilla me gusta porque es una película arriesgada y valiente, y también porque cuando acierta lo hace a lo grande y te deja con la boca abierta, pero eso no quita que esté salpicada de malas decisiones.

Y tres años después llega Kong: la Isla Calavera, una película que suple los defectos de Godzilla porque hace lo que aquella no hacía: si tus personajes humanos importan poco (y los de Kong no importan nada), céntrate en los monstruos y dales todo tu maldito cariño… y el protagonismo.
Kong es una película que, a diferencia de Godzilla (luego os explicó por qué no dejo de comparar ambos títulos), se regodea en su aspecto lúdico y nos da monstruos antes de que hayan pasado ni cinco minutos. La película no busca complicarse ni ser trascendente ni seria, y eso es justo lo que necesita este tipo de productos. Quizá se eche en falta un guión más sorprendente y menos plano, pero no se puede tener todo. La película da lo que promete, y yo sabía bien lo que iba a ver, así que salí encantado.

Sin embargo, pese a que Kong es una película destinada al público masivo, gris y estándar, se vislumbra en sus imágenes, sus efectos especiales, en el diseño de los monstruos y en la forma en que está rodada, que han puesto cariño y ganas en esta demencial aventura. Hay planos bellísimos, la selección musical es brutal (es una de las ventajas de ambientar la película en los 70), la fotografía es puntualmente impresionante (la del prólogo me recordó a Fury Road… y eso son palabras mayores) y las escenas de acción están rodadas a plena luz del día y de forma clara y limpia, para que podamos ver con todo lujo de detalles cada puñetazo, cada hueso roto y cada burrada.

El reparto es muy poderoso (Samuel L. Jackson, Brie Larson, John Goodman, Tom Hiddelston, John C. Reilly), aunque todos o casi todos acaban eclipsados por el catálogo de alimañas que habita en la isla. El director, Jordan Vogt-Roberts, sabe que los verdaderos protagonistas son los monstruos, y en ellos se centra. Así debería haber sido en Godzilla, porque aunque el tono de aquella cinta no se amolde al cachondeo generalizado que hay en Kong, nada justifica la continua sensación de coitus interruptus.

¿Y mis continuas comparaciones entre Kong y Godzilla? Quedaos hasta el final de los créditos y os llevaréis una sorpresa, aunque imagino que ya sabéis que ambas películas transcurren en el mismo universo, y eso sólo puede significar una cosa: Godzilla vs Kong próximamente. 


Si buscáis una buena película que entretenga desde el primer minuto hasta el último, y si os gustan los monstruos, dejad de leer esto y corred a ver Kong: la Isla Calavera.  

miércoles, 23 de marzo de 2016

El Renacido



Lo mejor de El Renacido no es su guión, algo que ya se intuye por el trailer. Seamos consecuentes, esto es en esencia una película de Charles Bronson realizada con presupuesto y una calidad técnica que haría explotar la cabeza de cualquiera con una mínima sensibilidad cinematográfica. Pero insisto en que nadie debería ir a ver El Renacido pensando que esta va a ser una historia llena de profundidad, giros argumentales y personajes que evolucionan y cambian. No, la última película de Iñárritu es un western de venganzas en el que el protagonista debe ir del punto A al punto B sorteando los numerosos obstáculos del camino. Una historia en la que al bueno le sobran motivos para querer vengarse y el malo es un hijo de perra movido únicamente por el interés propio. Es un guión sencillo y directo, y no necesita más en realidad. No todas las películas requieren complejidad, aunque algunos así lo crean.
Creo que es importante recalcar esto porque muchos están acusando al director de ser pretencioso, cosa que yo no comparto. Iñárritu ha dirigido de forma maravillosa una película de trama sencilla y sin complicaciones, de modo que, ¿esto le convierte en un pretencioso? No, le convierte en un tío que dirige como Dios porque puede hacerlo y porque puede permitirse colar ciertas cabriolas artísticas que otros cineastas sólo alcanzan a imaginar. Eso le convierte en un director cojonudo, no en un pretencioso… Y sí, puede que su ego esté algo subido, pero qué demonios, echad un vistazo a su filmografía. Si vosotros hubieseis hecho esas películas, ¿no tendríais también el ego por las nubes? Por supuesto que sí, y yo el primero.


Pero como he dicho antes, el plato fuerte de El Renacido no está en su guión, sino en su realización técnica, donde destaca de forma sobresaliente en todos los sentidos. Si esta misma película la hubiese realizado otro equipo (y no hablo solo del director), habría resultado una chorradita llena de cromas y posiblemente directa a DVD.
Y fijaos, voy a rizar más el rizo. Creo que lo mejor de la película tampoco es su apartado técnico, por mucho que el trabajo del cineasta Alejandro González Iñárritu y el director de fotografía Emmanuel Lubezki sea una gozada, regalándonos algunas de las imágenes más bellas, hipnóticas y brutales que ha dado el cine en los últimos años; sin olvidar el también sobresaliente apartado interpretativo encabezado por un enorme DiCaprio que se pasa toda la película hecho un asco y un exquisitamente despreciable Tom Hardy que se pasa toda la película siendo un cabrón al que quieres ver muerto.
Todo esto que estoy comentando es extraordinario y convierte a El Renacido en una de las mejores películas de la década, pero lo que de verdad me entusiasmó fue su tono, el cual se nos deja claro desde el principio. Aquí no hay lugar para chistes, bromas o artificio hollywoodiense, y tampoco se frivoliza la violencia, sino que ésta se muestra de manera sucia y áspera. Cada golpe, desgarro y corte duele, escuece y te lo crees pese a las licencias que se toman y a la verosimilitud que en ocasiones se tambalea. 
Buena prueba de ello es la espectacular escena del oso, un largo plano secuencia terriblemente demoledor porque no es ni más ni menos espectacular de lo que sería el ataque de un oso en la realidad; es decir, nos lo muestran de la forma más verosímil posible, sin añadir ni quitar nada: el ataque de un oso es ASÍ, sin más, y si hubiesen tirado de fantasmadas y artificio el momento habría perdido buena parte de su fuerza e impacto. Bueno, pues así toda la película, incluyendo la pelea final entre el héroe y el villano, donde de nuevo se dinamita la épica y se opta por algo realista, humano y, por lo tanto, sucio, crudo y nada estilizado. Un poco en la misma línea de la salvaje pelea entre La Novia y Elle Driver en Kill Bill, y lejos de las coreografiadas y bonitas pero antinaturales batallas de The Raid.
Empatizamos con el protagonista porque no sólo apoyas la causa que lo mueve, sino porque además palpas su dolor y agonía. Nada de esto es habitual en el cine comercial, por eso choca y cuando termina la película te sientes como si hubieras recibido una paliza.


En definitiva, El Renacido es una película que de una forma u otra no da tregua al espectador, y que compensa la sencillez de su guión (un guión eficaz, insisto) con un despliegue técnico y visual para volverse loco.

>BONUS TRACK<
Yo hablando de este mismo asunto en la televisión local de Antequera.

jueves, 21 de enero de 2016

Star Wars: El despertar de la fuerza



Mis sentimientos hacia esta película eran encontrados, incluso demenciales. Por un lado temía que la saga volviese a hundirse en el fango como lo hizo en los Episodios I, II y III, pero por otra parte sabía que el director era J.J Abrams, alguien a quien se le puede acusar de muchas cosas… excepto de hacer películas aburridas.
Lo único que tenía claro con esta película era que iría a verla al cine, porque aunque no me considere un fanático de Star Wars, ni siquiera un fan, hay algo en esta saga que consigue que casi todo el mundo con sangre en las venas le tenga cariño como mínimo, por no hablar de la forma tan brutal en que ha echado raíces en la cultura popular. Star Wars es mucho más que una saga de películas, y eso, guste más o guste menos, hay que admitirlo.
Lo primero que se advierte en El Despertar de la Fuerza es que, gracias a vete tú a saber qué dios, el tono tedioso y aburrido de las precuelas ha desaparecido. Star Wars vuelve a ser acción, aventura, humor y mucho entretenimiento. Por lo que a mí respecta, con eso basta cuando se trata de este tipo de cine, lo que no puedo tolerar es que algo que lleve la marca Star Wars me aburra (y sí, estoy hablando otra vez de las precuelas).

Abrams es un fan de la saga, y gracias a este hecho y al sentido del espectáculo que posee el director de Super 8, El Despertar de la Fuerza retoma el tono de la trilogía clásica, lo cual incluye el uso de efectos especiales prácticos como disfraces, animatronics, etcétera, a diferencia de las precuelas (efectivamente, vuelvo a lanzar mierda contra esa trilogía), donde se usaron los efectos digitales de forma absurda, excesiva e injustificada. Me atrevería a decir que al Episodio III: La Venganza de los Sith le falta el canto de un duro para que sea considerada una película de animación.

Hay que admitir que la película es un reclamo innegable para las nuevas generaciones. Cualquier chaval que vea el trailer se interesará automáticamente por la película, pero también lo harán los fans más veteranos, pues El Despertar de la Fuerza usa la nostalgia a cañonazos (encontramos Terminator: Génesis o Jurassic World, sin embargo la gran diferencia radica en que el Episodio VII tiene muchas más armas, recursos y ases en la manga. Usa la nostalgia de forma descarada, sin piedad, pero es que todo lo demás es maravilloso, desde la dirección y los efectos especiales hasta su sentido del espectáculo y personajes carismáticos que se pasean por la pantalla (todo el reparto es excelente, sobre todo Daisy Ridley y Oscar Isaacs), incluyendo el villano, el cual me ha parecido todo un acierto. En Jurassic World, por ejemplo, no había nada de eso ni ningún otro recurso artístico, sólo nostalgia barata como cebo para atraer a los fans.
equivalencias clarísimas con la saga original) para captar a sus antiguos seguidores. Yo mismo he criticado mucho este recurso traicionero usado también en títulos como


En resumen, quizá El Despertar de la Fuerza no sea una película revolucionaria ni original, y puede que tampoco sea mejor que la saga clásica (ni creo que fuese su intención), pero desde luego no me cabe duda de que está a la altura y es digna de llevar el nombre de Star Wars.  

lunes, 15 de junio de 2015

Jurassic World


Pues básicamente es lo que me esperaba, una película muy entretenida, con momentos épicos y otros que te tocan la patata (cada vez que suena la sintonía original de JP), dinos a tutiplén y mucha acción. Pero obviamente es una película a la que le falta el empaque que puede darle un director con personalidad. No digo que esté mal dirigida, pero Trevorrow no tiene sello propio, y eso es un hecho.

Es una película que apoya toda su artillería en la nostalgia, y eso, bajo mi punto de vista, es algo negativo. Una película debe tener garrar por sí misma, sin tener que usar como cebo a otra película (la mítica JP, en este caso). Si a JW le quitamos todos los vínculos que la atan a JP, habría pasado sin pena ni gloria. Mirad por ejemplo Mad Max: Fury Road, una película que con solo ver el trailer ya se vendía sola y provocaba una erección a cualquier persona con sangre en las venas. Podría haberse titulado Aventuras Nucleares en vez de Mad Max: Fury Road, que el hype levantado habría sido el mismo. En cambio, JW tuvo que hacer uso del mítico logo de la saga, la música y, en definitiva, la nostalgia, para poder captar la atención de la gente. De no ser por eso, esta película no habría suscitado tanta expectación. 
JP supuso un antes y un después en el cine comercial, dio un puñetazo sobre la mesa y gritó ¡Os traigo algo que no habéis visto jamás, cabrones! JW no puede presumir de nada de eso, y de hecho hay un diálogo metalingüistico que deja claro que los propios autores de la película lo saben y son conscientes de ello. Claire, el personaje interpretado por Bryce Dallas Howard, dice que hace 22 años la gente era muy impresionable, pero ahora son necesarios más que simples dinosaurios para sorprender al personal. Ahí no solo está hablando del parque, sino de la PELÍCULA y del panorama cinematográfico actual.
También admito que, en lo que a capacidad de sorprender se refiere, no me parece justo exigirle lo mismo a una película de 2015 que a una de 1993. Obviamente la de los 90 lo tenía más fácil para dejar al público patidifuso, pero desde esa época hasta la actual hemos visto muchísimas cosas y, por decirlo de alguna forma, estamos algo insensibilizados. Con esto no quiero decir que a día de hoy no existan buenas ideas ni que no me haya quedado con la boca abierta en el cine más de una vez, pero debemos reconocer que, en esta era de superhéroes, robots gigantes y mapaches con metralletas, es difícil mostrar algo que nos sorprenda de verdad. El cupo de disparates que podemos ver en una película está cubierto.

Pero ojo, que en general me ha gustado mucho y con eso me quedo. Es indiscutiblemente entretenida y espectacular, las perlitas de humor también me han hecho mucha gracia y los FX están muy bien aunque en momentos puntuales canten un poco. Los guiños especialmente pensados para los fans de la primera película también me han parecido muy correctos. 
Otra cosa que me ha gustado es que la película vaya de menos a más sin aburrir cuando está en la parte de menos, una norma que debería cumplirse en el 100% de los blockbusters.

En resumen, pese a sus errores y a que no aspira a tener ni una milésima parte de la relevancia que tuvo JP, para mí es la mejor secuela de esta saga con diferencia. Una película muy disfrutable.

martes, 19 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road


Es difícil ir a ver una película con el hype por las nubes y salir de la sala completamente satisfecho y sin un ápice de decepción, pero a veces ocurre.

Un momento, ¿he dicho satisfecho? Quería decir erecto, emocionado y con ganas de volver a ver la película de nuevo, sin pausa para mear ni tomar el aire ni mariconadas. OTRA RONDA, por favor. De hecho, las ganas y casi la necesidad de revisar Mad Max: Fury Road no son gratuitas, porque no se trata únicamente de volver a disfrutar de una película terriblemente divertida, sino también de observarla con atención y fijarse en detalles que se pasan por alto en un primer visionado. 

Que George Miller, un tipo de 70 años, haga una de las mejores y más originales películas de acción de lo que llevamos de década da que pensar. No digo que no se haga buen cine comercial, hay de todo, pero sí que en demasiadas ocasiones se nota una alarmante falta de frescura y un exceso de películas salidas de una cadena de montaje en Hollywood, lo que les otorga un desagradable aspecto estándar y genérico, sin alma ni personalidad. Entonces llega George Miller, ese señor de 70 años, y se folla a la industria con sus dos horas de Mad Max: Fury Road. El tío da una valiosa lección sobre cómo hacer buen cine de acción y aventuras con carácter, personalidad y valentía, y se queda tan ancho. Es cierto que también hay jóvenes directores de cine de acción que son la bomba, como Gareth Evans y su The Raid, pero son una minoría. 

En cuanto a la estética, me atrevería a decir que George Miller fue el mayor precursor de lo que todos entendemos por futuro post-apocalíptico. Ya sabéis, los páramos desérticos, las bandas de locos peligrosos ataviados de forma extraña, las deformidades provocadas por la radiación, la lucha por el agua y la gasolina... Son conceptos que desde Mad Max 2 se han imitado en incontables ocasiones, de modo que Miller ya contaba con esa base para la nueva entrega de la franquicia, aunque esta vez ha ido mucho más allá. Desde Prometheus no veía una película tan bonita y estéticamente espectacular. Desde los paisajes y el vestuario hasta las armas y los vehículos... Te dan ganas de pausar la película cada cierto tiempo y quedarte mirando el fotograma como si de un cuadro se tratase. 
La película cuenta con una fotografía y una profundidad de campo que hace que se te caigan los huevos al suelo, por no hablar de sus increíbles secuencias nocturnas, rodadas en noche americana y haciendo que algunos puntos en concreto permanezcan iluminados mientras que todo lo demás se mantiene en azulada penumbra. 

Todo el diseño de la película es fascinante, y si ya en Mad Max 2 llamaba la atención, imaginad ahora, con un buen puñado de millones extras y los avances técnicos que nos ofrece la actualidad. Gracias a esto Mad Max: Fury Road es un espectáculo que se sale de lo típico y tópico (¡gracias!), con una estética barroca, extravagante y excéntrica. Tan excéntrica como sus personajes, empezando por Inmortan Joe, el terrible villano opresor, y terminando por todos y cada uno de sus secuaces, desde Granja de Balas hasta el épico guitarrista desquiciado cuya función no es otra que la de poner ritmo a las persecuciones a golpe de guitarra y lanzallamas (adosado a la propia guitarra, como no podía ser de otra forma). Me tengo que quitar el sombrero ante semejante despliegue de imaginación, originalidad y locura. 
¿He dicho ya que el director tiene 70 años? 

Pero no todo es estética. Las largas secuencias de acción están rodadas con pulso firme, sin impedir que su frenético ritmo nos impida disfrutar claramente de lo que está ocurriendo en pantalla. ¿Y qué ocurre en pantalla? Pues coches reventando y saltando por los aires, kamikazes, locos con pértigas explosivas, acróbatas malvados, decenas de armas disparándose a la vez, fuego, flechas, tormentas infernales, motos, lanzallamas... Y todo rodado a la antigua, con coches y personas de verdad dándose hostias de verdad. Obviamente hay arreglos y retoques con CGI, pero la mayoría de lo que vemos es puramente analógico.

En cuanto al guión, pues sencillito y sin muchas complicaciones, como viene siendo habitual en esta saga. Tampoco creo que una película de acción tan espectacular y bella necesite apoyarse en un guión complejo y lleno de giros, aunque realmente pienso que Mad Max: Fury Road posee un trasfondo feminista del que ya se ha hablado en varias ocasiones. Quizá sea por eso que el personaje de Max termina siendo secundario mientras que Furiosa se erige como la verdadera protagonista, una guerrera harta de las malas decisiones de los hombres y de que las mujeres sean tratadas como objetos. No soy partidario de los panfletos feministas que llaman machista a cualquier cosa (y menos hoy en día, que prácticamente es un delito tener pene), pero considero que en la película está muy bien llevado el tema. 
La película también da un par de bofetadas al fanatismo religioso y a la absurda adoración de líderes, mostrando a un ejército de pirados sectarios educados desde pequeños en la más estricta veneración hacia Inmortan Joe, alguien que nadie en su sano juicio adoraría. 

En cuanto al reparto, tenemos a Tom Hardy dando vida a un Max Rockatansky algo diferente al que ya conocemos, porque esta vez se trata de alguien casi deshumanizado que apenas habla y que por lo general responde con gruñidos o monosílabos. Alguien que ha debido pasarse mucho tiempo vagando en soledad, y que aunque se desenvuelve bien en ese entorno tan hostil, da la sensación de estar un poco hasta los huevos de todo. 
Charlize Theron encarna a la verdadera protagonista de la cinta, Imperator Furiosa, que viene a ser la versión femenina de Max, aunque al contrario que él, ella tiene un objetivo claro y conciso. Max simplemente se limita a vagar y sobrevivir. 
Nicholas Hoult interpreta a Nux, uno de los soldados del ejército de Inmortan Joe, y posiblemente el personaje que más evoluciona a lo largo de la película. 
Y para terminar está Hugh Keays-Byrne como Inmortan Joe, el terrible líder que usa a las mujeres como perpetuas criadoras de bebés para su ejército personal y que maltrata y mata de sed (pese a que al cabrón le sobra el agua) a su pueblo, de quien él se considera amo y señor. 
Como curiosidad decir que Hugh Keays-Byrne también interpretó a Cortauñas, el villano de la primera entrega de Mad Max. 

En resumen, hay que ver Mad Max: Fury Road, ese fabuloso espectáculo y orgía visual que nos ha regalado George Miller. Hace falta más cine comercial así, por favor. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Mis Spielbergs favoritos

Se me ha ocurrido hacer una lista con mis películas preferidas de éste director, pero va a ser una lista en modo difícil, nada de Top 10 ni chorradas de esas. Lo mio va a ser un insufrible Top 3, y digo insufrible porque Spielberg es un director que, además de tenerle muchísimo cariño, me encanta, de modo que rebuscar y seleccionar sólo 3 películas entre su extensa filmografía va a resultar jodidillo, principalmente porque me gusta el 98% de su obra. Pero me lo tomaré como un reto personal. 

HOOK
Uno de mis primeros recuerdos (así, en general, desde que nací) es el anunció en televisión del VHS de Hook, así que imaginad lo que esta película supone para mí; nostalgia empalagosamente deliciosa y cariño a raudales. 
Pero la verdad es que, pese a los años que han pasado, Hook me sigue pareciendo una de las mejores películas de Spielberg. Primero porque es pura diversión y fantasía, que es lo que mejor se le da a éste director, y segundo porque, y me resulta extraño no habérselo escuchado decir nunca a nadie, Hook es una puta locura argumentalmente hablando; Peter Pan ha crecido y se ha convertido en un abogado casado y con hijos (¿?), pero el terrible Capitán Garfio, su eterna némesis, vuelve para recordarle que siguen en guerra, aunque los verdaderos motivos de Garfio para volver a tocarle las narices a Peter Pan son que, sin él, sólo es un vejestorio manco. 
Y ahí están Robbin Williams interpretando al crecidito y desmemoriado Peter Pan, Julia Roberts a Campanilla, y el gran Dustin Hoffman al Capitán Garfio, quien, directa o indirectamente, termina siendo el alma de la película, protagonizando escenas desquiciadas y delirantes, como ese absurdo intento de suicidio. Pero no sólo éso es absurdo; toda la película está plagada de momentos de una hilaridad (ese gigantesco cocodrilo disecado que, por alguna razón, sigue vivo; esos niños perdidos que parecen sacados de una película de Mad Max; ese cerrojo de la casa londinense de Peter Pan, que Dios sabe por qué, tiene la forma del garfio del Capitán Garfio, algo que incluso de pequeñajo me llamaba la atención y me confundía) que resulta excesiva incluso en una película de estas características, y justo por eso Hook es, para mí, una de las mejores y más especiales películas de Steven Spielberg.


SALVAR AL SOLDADO RYAN
Por una parte creo que el guión de esta película no sólo es más simple que el mecanismo de un botijo, sino que además considero que es un churro. Maldita sea, no tiene ni pies ni cabeza que un grupo de soldados dé su vida por un único hombrecillo que se ha perdido al otro lado de las líneas enemigas, y esto no lo digo yo, sino los propios protagonistas, que hablan del asunto en una escena. Es como si el guionista quisiera confesar a través de los diálogos de sus personajes que su guión carecía de lógica y
dejaba mucho que desear, pero en fin, qué coño, todo sea por el espectáculo de calidad, que lo hay a
raudales.

Y fijaos cómo son las cosas, que pese a todo Salvar al soldado Ryan es una de las mejores películas bélicas que recuerdo haber visto en toda mi vida, y la brutalidad, la contundencia y el realismo de las escenas de acción, así como la extrema crudeza con la que se plasma la violencia (cuando Spielberg se pone serio hay que tener cuidado, porque es MUY CABRÓN) consiguen que ese guión regular tirando a malo quede completamente eclipsado y olvidado. 
Porque Salvar al soldado Ryan podrá tener un guión cojo, pero es que además de ser entretenida hasta decir basta, hace gala de un poderío y una perfección técnica tal, que el guión podría haber sido incluso un poquito más malo y, aún así, seguiríamos ante una colosal película de guerra.
Y como ya he dicho antes, ojito con cuando Spielberg se pone serio. Que nadie se piense que por ser el autor de las amables E.T o Encuentros en la tercera fase no va a mostrar en pantalla cómo alguien revienta de un petardazo o le vacían la cabeza a tiros.

MUNICH

Y volvemos a la mala hostia que se gasta Spielberg, que en Munich está más que presente, y no podía ser de otra forma debido a su temática y, en especial, a su moraleja: la violencia engendra violencia. 
Munich es algo así como la versión de Malditos Bastardos que habría rodado Scorsese en los años
70 (aunque la película resulta extrañamente Davidfincherniana), y aunque muchos la acusaron de ser excesivamente larga, e incluso aburrida, para mí es una de las mejores y más logradas cintas de éste director. Una historia de venganzas a lo grande, con un regustillo a thriller setentero irresistible para cualquier aficionado a ése género y a ésa década.
Munich trae de vuelta la crudeza de la que hablaba al comentar Salvar al soldado Ryan; realismo, sangre, violencia explícita y falta de humanidad, llegando a límites casi primitivos. 
Munich es una de las películas más sombrías y serias de éste director, y aunque hace ya tiempo que la vi por última vez, no recuerdo que en ella hubiese el menor atisbo de humor, lo cual, nuevamente, contrasta con ese Spielberg alegre, familiar y desenfado que muchos tienen en mente.   



jueves, 10 de octubre de 2013

Gravity


Estaba dudando si comentar Gravity o dejarla para dentro de unos meses, cuando no todo el mundo estuviese hablando de ella, pero creo que es un buen momento puesto que la tengo reciente, me ha gustado mucho y se me ocurren algunas cosillas que decir sobre ella. 
Lo primero que quiero comentar es el profundo respeto que me merecen esos guionistas que se atreven a escribir películas como ésta. Es decir, argumentos terriblemente cerrados en sí mismos, limitados y, qué coño, difíciles de escribir. Ahí tenemos películas como Buried o Última Llamada, que si me hubieran encargado a mí escribir el guión no habría conseguido pasar de las 2 páginas.
Gravity es una de esas películas ambientadas en un lugar con el que es difícil tratar si eres guionista; el espacio. 
No hablamos de una película que transcurra en un planeta lejano o en una nave espacial, cosa que daría mucho más juego, sino que lo hace en el puto espacio. Ahí, en mitad de la nada. Hay que tenerlos bien puestos para desarrollar un guión decente a partir de esa premisa.

Y hablando del guión y de sus méritos, hay que decir que, pese a lo que algunos "iluminados" han insinuado, la película es mucho más que un despliegue técnico de esos que hacen que se te contraigan los huevos y se te suban a la altura del ombligo. Es decir, hay un buen guión como base, porque como ya he dicho, éste tipo de películas de supervivencia en espacios limitados y reducidos (paradójicamente Gravity transcurre en un lugar de todo menos reducido, pero en la práctica viene a ser lo mismo. O incluso peor) se apoyan únicamente en el buen hacer del guionista, quien debe ser capaz de desarrollar decentemente y con imaginación una historia llena de obstáculos y límites, por lo tanto, si Gravity y otras películas del mismo estilo existen, es porque sus guiones son buenos, al menos en la mayoría de los casos.
Así que no os dejéis engañar por los cuatro amargados de siempre que si no encuentran fallos en una película se los inventan. Gravity es una BUENA película en todos los aspectos, y aunque los efectos especiales sean lo que más destaca, no hay nada en ella que no merezca una mención especial.

Sobre los efectos especiales debo admitir que no sé cómo demonios han rodado esto. Imagino que añadiendo cromas y CGI a punta pala, pero es que hay planos secuencia, como el que inicia la película, que aún así me resultan imposibles. En fin, una locura preciosa.
Alfonso Cuarón, el director, ya tiene experiencia con eso de los planos secuencia. No hay más que ver la COLOSAL escena del coche en Hijos de los hombres, u otro larguísimo plano secuencia que hay casi al final de esa película, pero en Gravity va un paso más allá aunque pueda parecer que la cosa se simplificar al tener solamente a dos personas flotando en mitad de la nada, mientras que en los planos secuencia de Hijos de los hombres hay coches colisionando, motos, tiros, hemorragias, explosiones, etc, etc. Pese a todo, creo que, técnicamente hablando, Gravity es un prodigio aún mayor. 

Pero no sólo de planos secuencia vive Gravity, pues además de eso tenemos un trabajo de dirección de los que me gustan. Es decir, esos en los que vemos claramente todo lo que pasa, sin movimientos de cámara que nos mareen ni ochenta cortes de plano por segundo.
Todo eso ayuda a que, con 3D o sin 3D, el espectador se vea inmerso en una aventura espacial llena de verdadera tensión y momentos que hacen que te agarres a la butaca y te cagues en Dios en voz alta.
Pero si eres de esos tristes personajillos que la han visto en screener en el monitor de su ordenador para gastarse los 8 euros de la entrada en un cubata porque en internet la puedes ver gratis, no sólo mereces que te prohíban de por vida volver a ver una película, sino que además puedes tener la total seguridad de que NO has visto Gravity. Has visto una mierda pinchada en un palo, igual que lo que tú eres.

Pasemos a la parte relativamente negativa: Sandra Bullock.
Es una actriz a la que no soporto, además de parecerme bastante mediocre, pero lo que tenía claro era que no iba a dejar de ver la película sólo porque hubiese una actriz en el reparto que no me gustase. Todavía recuerdo a esos talibanes extremistas que pusieron a parir Pacific Rim (o incluso se negaron a verla) sólo porque Santiago Segura salía CINCO putos minutos. Lo último que quiero es parecerme a ese modelo de espectador. 
Pero aún así debo admitir que Bullock está bastante bien y hace una interpretación muy digna, aunque por supuesto sigue siendo Sandra Bullock, así que tampoco se le puede pedir gran cosa. 

En resumen: Gravity quita el hipo. Creo que no hace falta decir más. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal


Tengo una teoría inventada y sin validez, pero que suele cumplirse casi siempre, según la cual, cuando se continúa una saga cinematográfica que lleva muchos años inactiva, vuelve a lo grande, llevando a su máximo exponente todo aquello que pudimos ver en las entregas anteriores. 
¿Dos ejemplos? La Jungla 4.0 e Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, dos películas que regresaron por todo lo alto, haciendo gala de un posiblemente excesivo uso de los efectos especiales de última generación con los que no contaron cuando ambas sagas vieron la luz, y que ahora parece que por el simple hecho de estar disponibles hay que abusar de ellos y usarlos hasta la saciedad, convirtiendo el regreso de una vieja saga en un festival de fantasmadas, explosiones y piruetas imposibles. 
¿Por qué os digo ésto? Porque es la razón por la que creo que fallan tanto las resurrecciones de sagas clásicas, ya que hay espectadores que no conciben una película de Indiana Jones con explosiones nucleares casi en primera persona o hiperbólicas persecuciones de coches más propias de la saga Transformers que del aventurero del látigo. Como tampoco toleran ver a un héroe de acción "realista" como John McClane enfrentándose a un caza bombardero a ras del suelo. 
Entiendo que esos momentos de exageración que rozan la ciencia ficción puedan resultar molestos o indignantes a cierto sectores cinéfilos, pero chavales, esto es cine, y a veces es bueno dejar de lado la nostalgia y dejarnos llevar un poco, aunque el espíritu de la saga original se haya ido a tomar viento.
Entiendo que ver a Indiana Jones o John McClane rodeados de efectos digitales de última generación choque un poco con el encanto de las maquetas, el stop-motion y el látex, pero tampoco es necesario escupir bilis. A fin de cuentas las películas clásicas seguirán intactas (a no ser que se acerque a ellas George Lucas), por lo que no debemos considerar como amenazas a las nuevas entregas de viejas sagas, y ya que estamos, tampoco a los remakes, reboots o precuelas. 

Yo vi Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal el mismo día del estreno, a la primera sesión de todas, y la segunda vez que la volví a ver fue hace un par de semanas, y la disfrute como un cabrón, pero admito que el día del estreno salí decepcionado de la sala de cine, pensando en que aquello no era lo que yo entendía como Indiana Jones. No era la marca que Spielberg me había vendido con El arca perdida, el templo maldito y la última cruzada.
El reino de la calavera de cristal es excesiva hasta decir basta, además de transcurrir en una época que  parece no ser la más adecuada para el Dr. Jones (no me preguntéis por qué), pero maldita sea, ¿de verdad alguien puede aburrirse con ésta película? Es cierto que el estilo aventurero clásico se ha perdido entre alienígenas y música rockabilly, pero el espíritu sigue estando ahí, y no me convenceréis de lo contrario, rufianes. 
Desde luego es la entrega más floja de la saga, pero yo tenía un recuerdo completamente distinto. Salí del cine pensando que ésta película no tenía absolutamente nada que ver con la saga original, pero cuando volví a verla no sólo aluciné ante tanta fantasmada de calidad (Spielberg es Spielberg), sino que además me pareció una nueva entrega más que digna, que no está al nivel de las anteriores, pero que casa perfectamente con ellas. ES Indiana Jones en estado puro, con algunos cambios y ciertos elementos que desentonan (los aliens o ese final completamente desbocado), pero a mi parecer las virtudes se comen a los defectos, y el resultado es una película de aventuras disfrutable de principio a fin. 

sábado, 22 de diciembre de 2012

Cut and Run


Ésta vez espero no cagarla como hice a principios de semana reseñando una película (Django) que ya había reseñado meses atrás (Django). El día que tenga 1000 entradas no sé qué va a pasar...
Lo dicho, espero que no me ocurra más, porque es un poquito penoso... más aún cuando es uno de los lectores el que se da cuenta del error.

Bueno, hoy quiero hablaros de una divertida y lamentable Serie Z a cargo de Ruggero Deodato, un tipo al que le tengo admiración por ser el director de Holocausto Caníbal, pero que también odio un poco por haber engendrado ese aburrimiento total que es Trampa para un violador. 
Digamos que después de ver Cut and Run mi balanza se ha inclinado hacia el lado positivo, ya que estamos ante una película que, si bien no está exenta de momentos bochornosos y cutrones, en general es altamente disfrutable y entretenida, y por qué no decirlo, bastante cazurra (algo que no sorprende siendo Deodato el director).

La película nos presenta a un grupo de periodistas que van al amazonas a investigar no sé qué hostias de unos narcotraficantes, y terminan dándose de morros con una panda de chiflados compuesta por caníbales y más narcotraficantes chungos. De esta parte no me acuerdo demasiado bien, y además, son casi las doce de la noche y acabo de tomarme un café bien cargado de ron, de modo que perdonad si digo estupideces y no me acuerdo de la mitad de las cosas.


La cuestión es que los periodistas estos, por una parte quieren pirarse, y por otra quieren entrevistar al jefe de los narcotraficantes chiflados, que es una suerte de Coronel Kurtz de Apocalypse Now, pero en versión Hacendado. De hecho, todo el secretismo y el misterio que esconde la figura de éste tío, y el tiempo que tarda en aparecer en pantalla (sale desde el principio, pero durante segundos. Es al final cuando lo podemos ver bien y conocer las patochadas que tiene en la cabeza) recuerdan poderosamente a lo que ocurría con Marlon Brando en Apocalypse Now
Es más, cuando aparece el chiflado de Cut and Run al final de la película, descubrimos que tiene a su cargo toda una tribu de caníbales, y para colmo se pone a filosofar y intentar ser profundo. ¿De qué me suena todo eso? ¡Ay Deodato, que se te ve el plumero! 

Cut and Run también puede recordar levente a una pelicula de aventuras al más puro estilo Indiana Jones (salvando las gigantescas distancias), pero añadiendo un guión pésimo y unas escenas gore bastante explícitas y efectivas. 
Así que no esperéis una película de terror, porque no lo es. Cut and Run es una película de aventuras, pero con muy mala baba, eso sí. ¡Ah! y sale Michael Berryman, el tío feo de Las Colinas tienen ojos original. ¿Qué más queréis?

¿La recomiendo? Por supuesto. Ya sabéis que yo me paso por el forro que una película sea mala siempre y cuando me entretenga o me haga reír con su mediocridad, aunque es justo decir que Cut and Run no es precisamente mediocre. Las hay mucho peores, hacedme caso. 
Ojito los Ned Flanders y los altamente sensibles. 
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