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lunes, 31 de julio de 2017

Baby Driver


Baby es un conductor especializado en huir de la policía, por eso se gana la vida conduciendo para atracadores. La particularidad de Baby es que para hacer bien su trabajo necesita dos herramientas esenciales: música y auriculares.


Me encanta cuando en alguna película combinan un temazo con las imágenes que estamos viendo, así que haceos una idea de lo que he sentido viendo Baby Driver, una película que VA DE ESO.
Edgar Wright, director que para mí es sinónimo de calidad, vuelve con una película que, siendo honestos, no parte de una idea demasiado original. The Driver, de Walter Hill, y Drive, de Nicolas Winding Refn, son dos películas que tratan de lo mismo, exactamente la misma propuesta: conductores que trabajan para delincuentes. ¿Entonces por qué Baby Driver, que básicamente es un remake alegre y edulcorado de Drive, es tan buena? No es por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Ahí reside la cuestión, ahora y siempre. Es complicado que un blockbuster resulte original, y podría decirse que el 99% parten de ideas que ya hemos visto antes, pero a veces los directores y guionistas se preocupan por coger una idea de sobra conocida y embellecerla de tal manera que tenga sabor a nuevo. Si a esto le sumamos que Edgar Wright es un fuera de serie de leguaje cinematográfico y el manejo de la cámara, el resultado ha de ser positivo sí o sí.


Baby Driver cuenta con un reparto espectacular encabezado por el sorprende y poco conocido Ansel Elgort, Lily James, Kevin Spacey, Eiza González, John Hamm y un desatado y jokeriano Jamie Foxx.
Otro elemento crucial en esta película es la enorme banda sonora, cargada de buen gusto y buenas canciones. La música no es un simple adorno colocado como telón de fondo, sino que, además de ser parte de la trama (el protagonista necesita escuchar música para silenciar los pitidos que retumban en sus oídos a raíz de un accidente de coche), varias escenas están rodadas y montadas al ritmo de la música que suena en ese momento, de modo que el resultado final recuerda poderosamente a un musical en el que se sustituyen los pasos de baile y las coreografías por persecuciones automovilísticas, golpes y disparos.
Está claro que la artillería de Wright está en la fusión de música e imagen, en lo bien rodada que está en general y en el carisma que desprende cada fotograma, personajes incluidos. La película es, casi por encima de todo, una oda al lenguaje cinematográfico.

Lo único que le achaco es que Wright está algo contenido... De hecho, creo que su estilo queda diluido casi por completo. Veo que la película es técnicamente impecable, pero no encuentro los habituales tics que hacen Wright a Wright. No entiendo por qué ha de contenerse un director que, siendo él mismo, resulta divertido, fresco y espectacular.
En cualquier caso, esto es una pequeñez que no enturbia el conjunto.

Soy el primero que a veces dice eso de que a un blockbuster no se le puede pedir mucho, pues su única función es entretener y hacer desconectar las neuronas, pero viendo cosas como Baby Driver, un blockbuster que además de entretenimiento es BUEN CINE, me arrepiento de pensar así en ocasiones. Qué demonios, un blockbuster puede ser inteligente, no estar encorsetado ni prefabricado y poseer valor cinematográfico... ¿Por qué no exigirlo más a menudo en lugar de conformarnos con cualquier cosa que simplemente entretenga? Puede que así se estrenasen Baby Drivers con más regularidad.

Imprescindible.

jueves, 18 de mayo de 2017

El Bar


Un grupo de personas, todas ellas radicalmente distintas entre sí, queda encerrado en un humilde bar madrileño porque en la calle comienza a morir gente de forma misteriosa.

Álex de la Iglesia lleva una racha regular. Quien años atrás nos sorprendiera gratamente con títulos rompedores y atrevidos como El día de la bestia, Muertos de risa o La Comunidad, parecía haber caído en un agujero negro del que no salía. Decepción tras decepción, parecía que de la Iglesia no iba a volver jamás a ser quien fue… y entonces llegó El Bar y todos nos calmamos. No es su mejor película pero sí es un regreso a los orígenes, a los buenos tiempos de títulos tan gamberros y oscuros como La Comunidad, donde se hacía una pesimista disección de la naturaleza humana y la mala uva que nos caracteriza. Y es que a la hora de plasmar lo peor del ser humano, su mezquindad, su patetismo y su, en ocasiones, repugnante filosofía y avaricia, pocos cineastas hay como Álex de la Iglesia. Todo eso está en El Bar, y ya se echaba de menos.
 
Viendo los trailers parecía que estábamos ante una propuesta similar a la planteada en la estupenda Última llamada (Joel Schumacher, 2002), donde Colin Farrell quedaba encerrado en una cabina telefónica, acorralado por un francotirador chiflado.
Pero me negaba a aceptar que de la Iglesia fuese tan poco original. Es cierto que en un primer momento puede parecer que el enemigo de esas pobres almas encerradas en el bar es un francotirador o un terrorista, pero pronto descubrimos que la realidad es aún más aterradora y siniestra. De hecho, el primer juego que propone la película es el del desconcierto, el misterio de no saber qué hay ahí fuera: ¿Se trata de un francotirador? ¿Un Apocalipsis bíblico? ¿Están los protagonistas muertos y no lo saben? ¿Es el bar el mismísimo purgatorio? Esa paranoia PhilipDickniana consigue que incluso el espectador esté confuso y espere cualquier respuesta por demencial que sea.
Pero la clave de todo, el motor que mueve la película, son las reacciones de este grupo de personas dispares entre sí. El modo de afrontar el hecho de no tener nada en común y, al mismo tiempo, estar sometidos a un enemigo invisible que amenaza sus vidas.


A partir de la segunda mitad de la película, cuando conocemos lo que se está cociendo en la calle y todo se centra en el plan de huída de los supervivientes, El Bar se vuelve algo más convencional y tópica, pero igualmente disfrutable y terrorífica a su manera. Pese a la relativa pérdida de frescura en la propuesta, el sello del director está ahí… El sello añejo, el bueno. El que tanto nos hizo disfrutar en los 90. El que echábamos de menos, en definitiva.

Y como viene siendo costumbre en las películas del director vasco, el reparto quita el hipo. No sólo está repleto de rostros conocidos (Terele Pávez, Blanca Suárez, Mario Casas, Secun de la Rosa, Carmen Machi y el malagueño Jaime Ordóñez entre otros), sino que todos están perfectos en sus roles.

Cierto es que algunos elementos de la trama están algo forzados, tanto que no resultan nada creíbles (esos objetos que, milagrosamente, sobreviven al incendio sólo porque el guión necesita que no se quemen), pero desde luego son pinceladas negativas que para nada estropean un conjunto con más virtudes que defectos.

jueves, 4 de mayo de 2017

Colossal


Gloria (Anne Hathaway), una chica desastrosa y con evidentes problemas con la bebida, se ve obligada a regresar desde Nueva York hasta su pequeño pueblo natal después de que su novio, harto de borracheras y resacas, la eche de casa.
Un día, los acontecimientos toman un giro demencial e inesperado. En las noticias hablan de un monstruo gigante que se divierte destruyendo edificios en Corea… y poco a poco, Gloria descubre que, de alguna forma que no comprende, está conectada a la criatura.

La sinopsis es una locura más grande que el monstruo de la película, ya lo sé. Este híbrido entre Young Adult, Cómo ser John Malkovich y Godzilla no será bien digerido por los espectadores que busquen un producto estándar y tópico, pero en fin, ¿qué sabrán ellos? Guste más o menos, Colossal es original, fresca, innovadora y profunda, y sólo por eso, su director, el español Nacho Vigalondo, merece nuestro agradecimiento. En estos tiempos, donde abundan las ideas manidas y casi todo el cine de consumo masivo carece de alma y ganas de innovar (ojo: no digo que no haya buenas ideas; digo que las hay pero no se usan por miedo al fracaso en taquilla), no puedo más que aplaudir este tipo de propuestas que desarrollan y llevan sus ideas de base hasta las últimas consecuencias por muy extravagantes que sean.

Los que conocemos la filmografía de Nacho Vigalondo, sabemos de sobra que no es para todos los públicos. Su obra más accesible (en cierta forma) es Los Cronocrímenes, un estupendo thrillers de viajes en el tiempo donde el principal aliciente reside en comprobar el follón que puede suponer viajar menos de una hora al pasado.
Luego dirigió la polémica Extraterrestre, una comedia romántica situada en el marco de una invasión alienígena. ¿Por qué resultó fallida? Porque al público no le gustó que la invasión extraterrestre fuese lo de menos en la historia. ¿Hay un OVNI? Sí, pero lejos, al fondo, entre los edificios. 
Después vino Open Windows, un thriller tecnológico bastante convencional si no fuese porque la totalidad de la historia está contada desde la pantalla de un ordenador conectado a Internet.
En fin, a mí me encanta el cine de Vigalondo porque me parece interesante, me parece valiente y me parece que hacen falta más directores así, autores con entidad y voz propia, en vez de tantos mercenarios vendidos al dinero, pero entiendo que el público mayoritario no conecte con este cine tan atípico y especial.


Colossal es su película más resultona a nivel visual (sin echar mano del exceso visto en Open Windows, quiero decir), su mejor trabajo desde Los Cronocrímenes y, desde luego, su película mejor dirigida. Vigalondo siempre ha tenido buena mano a la hora de hacer que la cámara hable, pero en Colossal se ha superado en ese sentido.


Pero tenemos que hablar de ese monstruo que está destruyendo Seúl, ¿verdad? Vale, el tema tiene mucha miga. Que, por favor, nadie espere una película de acción en la línea de Pacific Rim aunque en Colossal haya robots luchando con monstruos. Que nadie espere un espectáculo vacío de efectos especiales con el que pasar dos agradables horas de entretenimiento sin complejos.
Colossal, además de ser una comedia en su primera mitad y un drama bastante oscuro en la segunda, es, por encima de todo, una colosal (perdón, lo tenía a huevo) metáfora de la violencia de género y de la coacción mediante violencia física o psicológica.
Podría profundizar más en el tema porque, a decir verdad, todo está perfectamente planteado, pero no quiero entrar en spoilers (aunque sé que terminaré cayendo en ellos). Digamos, para resumir, que Gloria comprende el daño que causa el monstruo (monstruo que materializa ella) y, como la persona empática que es, decide poner punto y final a las catástrofes que su adicción está provocando. Pero Óscar (enorme Jason Sudeikis), el chico simpático que finalmente resulta ser un violento y celoso maltratador, usa su poder de destrucción (el robot que él genera) para manipular a Gloria de la peor forma posible, aprovechándose de su empatía. Puede que las víctimas estén lejos, a miles de kilómetros, pero eso no cambia el hecho de que sean seres humanos con sentimientos, familia y todas esas cositas. A Gloria le importa, pero a Óscar no… y ahí reside el conflicto que mueve la maquinaria de Colossal.

Aunque he de advertir una cosa que, a mi juicio, es importante. Por favor, que nadie vaya esperando hallar una respuesta “científica” a la presencia del monstruo y el robot. Puede que en este apartado la película falle para muchos y el director se haya marcado un pegote de los que hacen historia… Las gigantescas criaturas están ahí porque el guión así lo requiere, y ya está. Cuando Gloria entra en el parque de su pueblo a las ocho de la mañana, un monstruo aparece en Seúl. ¿Por qué? Porque sí.
A Vigalondo no le interesa ponerse a explicar nada, de la misma forma que Charlie Kaufman no explicó los motivos por los que esa dichosa puerta llevaba a la mente de John Malkovich. Podría decirse que se trata de la incursión del realismo mágico en una tragicomedia sobre el maltrato.


En definitiva, esta historia podría haberse contado de mil formas distintas, y todas ellas habrían requerido menos esfuerzo a la hora de abordar el tema y encajar la trama monstruosa con la violencia machista, pero el director/guionista ha optado, como siempre, por elegir el camino más extraño y enrevesado, y por eso su cine destaca por encima de la media. Insisto en lo que dije al principio: puede gustar más, menos o nada, pero el mérito y la valentía son incuestionables.

Sea como sea, los que amamos el cine diferente, arriesgado y que no teme alejarse de los cauces estandarizados de lo comercial, estamos de enhorabuena con Colossal.   

domingo, 9 de abril de 2017

Trainspotting 2


No hace falta ver Trainspotting 2 para saber que no supondrá lo que supuso la primera entrega. Aquella película gamberra, atrevida y dura, muy dura, alteró a toda una generación (aunque yo la descubrí bastante tarde) y se convirtió en un clásico de culto instantáneo. La escena inicial al ritmo de Iggy Pop y su Lust for life, con ese largo monólogo sobre las cosas que hay que elegir en la vida, es casi un himno para aquellos que vivieron el momento dorado de Trainspotting.
Ahora, después de casi dos décadas, llega Trainspotting 2 siguiendo la reciente estela de secuelas tardías (Jurassic World, Mad Max: Fury Road o la inminente Blade Runner 2049), y lo hace con bastante soltura y calidad.
Es innegable que el factor sorpresa se ha perdido, pero eso no significa que la película sea mala ni poco disfrutable.

Basada en la novela Porno, de Irvine Welsh, que a su vez es la secuela de la novela en la que se basa la película original, Trainspotting 2 (no ha habido huevos de titularla igual que el libro) es en realidad muy distinta a su antecesora. Regresa a lugares ya conocidos y está llena de guiños nostálgicos que harán las delicias de los fans, pero por suerte no se basa únicamente en el regodeo nostálgico. Trainspotting 2 tiene alma propia, y aunque el director, el reparto y el tono gamberro sean los mismos, esta secuela tiene un aroma distinto, y eso se agradece. Vamos, que no es un refrito para sacarle la pasta a los fans. Trainspotting 2 tiene algo que aportar.
Si la película original narraba el día a día de un grupo de drogadictos sin futuro, la secuela se estructura de un modo más formal, más de película. Hay una historia definida, un objetivo, un villano… No digo que esto sea mejor, solo que le da a la película entidad propia. Original y secuela son distintas, muy distintas, pero se complementan.

El reencuentro con estos personajes que dejamos atrás hace veinte años, siendo interpretados otra vez por el mismo reparto, ha sido de lo más estimulante. Algunos de ellos han evolucionado (no necesariamente para bien), mientras que otros continúan anclados en la misma espiral de drogas y vicio. No obstante, Trainspotting 2 es, a su manera, mucho más optimista que su oscura, deprimente y sucia primera parte. El broche final de la película es un destello de luz necesario después de tanta miseria.
También es, como cabría esperar teniendo en cuenta los antecedentes y al director tras la cámara, Danny Boyle, una cinta de gran poder audiovisual. La banda sonora posee mucha fuerza e importancia, y las virguerías visuales psicodélicas, heredadas de la película de los 90, están presentes desde el primer momento.


Trainspotting 2 no puede significar lo mismo que aquella primera parte ni plantar cara a algo tan irracional como la nostalgia de los fans, pero desde luego es una digna continuación y una muy buena película que cierra, como es debido, la historia de estos personajes. 

jueves, 29 de diciembre de 2016

Doctor Zacarías


Comparto con vosotros DOCTOR ZACARÍAS, el último cortometraje que he grabado. Un corto que debía durar unos 16 minutos de no ser porque el asunto se me fue de las manos y acabó durando 40. Pero son 40 minutos de magia audiovisual y CINE en estado puro (nótese la ironía). 40 minutos de mala uva, obscenidades, psicofonías con menos sentido que de costumbre, rupturas de pareja mal llevadas y... un fantasma.
Ya sabéis que si os gusta (o al menos os echáis un par de risas) estaría de puta madre que lo compartierais por ahí. Y si no os gusta, ¡da igual!, vended la moto a vuestros amigos y familiares diciéndoles que es el mejor cortometraje antequerano que habéis visto jamás.
¡Muchas gracias!

https://www.facebook.com/narciso.pinero/videos/1315716155136923/

PD: lamento que haya que verlo en facebook. Youtube me da muchos problemas a la hora de subir cortometrajes (por el tema de los derechos de las canciones que uso... aunque no me lucre en absoluto ni lo pretenda), de modo que a partir de ahora voy a pasar de esa plataforma. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

War Dogs


Todd Phillips regresa a la palestra con una película que le viene como anillo al dedo. Tras cerrar la trilogía Resacón en Las Vegas, nadie debería poner en duda la pericia de este director cuando se trata de contar historias disparatadas sobre tíos que se meten en serios problemas por culpa de sus malas decisiones.
War Dogs va de eso, aunque quizá no sea tan graciosa como cabría esperar. Eso no es ni bueno ni malo, sólo que viendo el trailer, la sinopsis y el director esperaba una comedia pura y dura que no he encontrado, pero eso no significa que el material sea defectuoso, simplemente que mis expectativas eran otras.

War Dogs trata sobre un joven y fracasado masajista Miami que, harto de su aburrida y poco productiva vida, se embarca con un viejo amigo en un proyecto tan rentable como peligroso: el tráfico de armas. Como es evidente, los problemas no tardan en asomar las orejas.

Películas sobre el lado oscuro del sueño americano y perdedores que deciden arriesgar su existencia metiéndose en berenjenales siniestros hay muchas (Fargo, Dolor y Dinero), de modo que cuando uno ve War Dogs no puede esquivar la sensación de deja vu. La película de Phillips carece de entidad propia, porque si además de comprobar que la historia parte de una base arquetípica (el mencionado perdedor que emprende ilegalmente y la caga), en absoluto ayuda ese aroma a Scorsese tan evidente: planos congelados, voz en off, negocios ilegales, auge y caída estrepitosa… Todo eso lo hemos visto ya en Uno de los nuestros, Casino o la reciente El lobo de Wall street.
Pero no pasa nada. Da igual que War Dogs sea un collage de otras películas, porque al final resulta que es divertidísima y, aunque la originalidad no sea su fuerte, cumple con su cometido más que de sobra, es decir, entretener y presentarnos una historia que engancha y capta nuestro interés por mucho que sepamos cómo suelen acabar estas películas.

Como he dicho antes, la película puede parecer una comedia descacharrante sobre dos chavales que, viéndose hasta los topes de pasta, se sumergen en el mundo del desenfreno, las mujeres y las fiestas salvajes… Pero no, gracias a Dios no es eso. War Dogs resulta, no cruda ni adulta, tampoco nos pasemos, pero sí más seria y comedida de lo que esperaba. Hay humor y hay momentos locos, pero jamás se abusa de ellos. Puede decirse que War Dogs está en tierra de nadie: demasiado graciosa para ser un drama y demasiado seria para ser una comedia. Dicho de otra forma, la película nunca llega a ser exagerada ni caricaturesca. Dentro de la locura que se nos cuenta (basada en hechos reales, por cierto), siempre mantiene los pies en el suelo.
Todo esto aderezado con dos actores protagonistas con química y talento: Miles Teller (quien ya protagonizó la estupenda Whiplash) y el siempre gracioso, incluso cuando no lo pretende, Jonah Hill, quien parece haber nacido para este tipo de papeles.   

No, War Dogs no es brillante ni una obra maestra de las que te cambian la vida, pero sí es una película que gustosamente vería dos veces seguidas sin que se me atragantase. Decir que es divertida sería quedarse corto. 

martes, 6 de diciembre de 2016

Nuevo cortometraje... Doctor Zacarías.

Mi única forma de venderos el corto es recopilando en el trailer un montón de tacos fuera de contexto y coñas obscenas... Ah, y una explosión. 




viernes, 2 de diciembre de 2016

Army of One


Army of One, basada en hechos reales, cuenta la historia Guy Faulkner, un norteamericano chiflado que tomó la decisión de viajar a Pakistán, armado con una katana, con la intención de cazar con sus propias manos a Bin Laden, y todo esto por mandato divino.
Por supuesto que la película adereza los hechos reales con ficción y cachondeo, pero la base es verídica (podéis comprobarlo en youtube), y si existe en nuestro sistema solar un actor capacitado para protagonizar algo de este calibre, ese es el gran Nicolas Cage.

Si eres director de cine y te encuentras con este proyecto entre manos, lo más inteligente es dejar que Cage haga lo que le dé la gana frente a la cámara. Dejarle llevar las riendas de su papel, porque el puñetero es especialista en personajes histriónicos, excesivos y excéntricos, tal y como es él en la vida real. Personaje loco, historia loca… ¿A quién llamamos? A Nicolas Cage.
Ya hacía tiempo que Cage no protagonizaba una película que de verdad mereciese la pena ser vista, y aunque Army of One no es ninguna obra maestra debido a sus nulas pretensiones, resulta una comedia divertida y con algo de trasfondo. Una película correcta, en definitiva.

El personaje de Guy Faulkner, pese a su absoluta demencia e irresponsabilidad, acaba siendo entrañable y más o menos encantador, y eso que en ocasiones dan ganas de meter la mano en la pantalla y darle una bofetada. Es un tipo que habla con Dios, que pasa de la oportunidad de ser feliz junto a su pareja e ignora su tratamiento de diálisis para marcharse a Pakistán con una katana y allí ir, no tras un sueño, pero sí tras un deber, una obligación que le ha llegado por vías de dudosa validez. Puede que el mensaje más claro y evidente que puede sacarse de Army of One es que las obsesiones, el ir por ahí persiguiendo molinos de viento, puede llevarnos a tirar muchas cosas por la borda. De hecho, la película nos presenta a Faulkner como un personaje que, si dejara a un lado sus obsesiones y fantasías, podría ser feliz junto a la mujer que ama, pero en lugar de eso prefiere viajar al culo del mundo y acumular fracasos persiguiendo un objetivo absurdo e irreal. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cazafantasmas (2016)


Tras un largo e injusto linchamiento fruto de la nostalgia más enfermiza y los prejuicios más dañinos, llega la nueva entrega de Cazafantasmas, un reboot que reinicia la famosa franquicia, esta vez en versión femenina.
Sin embargo, antes de empezar a hablar de la película me gustaría comentar brevemente todo lo sucedido antes del estreno. Lo cierto es que yo fui el primero al que esta película le dio igual en un primer momento. No la odié ni me la tomé como un insulto personal (algo que muchos extremistas no pueden decir), simplemente no me interesaba. Luego, conforme comenzaron a publicarse las primeras imágenes y trailers, empecé a considerar que era más interesante de lo que parecía al principio, y que la campaña de odio que había levantado era, a grandes rasgos, una mamarrachada; a Cazafantamas 2016 había que odiarla más por moda y tendencia que por verdadera convicción, lo cual es lamentable. Internet se llenó de opiniones clónicas y de dudoso fundamento, y en seguida salieron los carcas ultra conservadores de siempre acusando a la película de haberles violado la infancia (tíos de más de treinta años lloriqueando por eso. Pensadlo), de haber destruido un clásico (ya me diréis cómo se destruye una película que ya está hecha. Difícil sin una máquina del tiempo a mano) y de ser fruto de la falta de ideas en Hollywood (algo completamente falso. Lo que falta en Hollywood no son ideas, sino confianza en las nuevas ideas; dos cosas muy distintas). Todo un catálogo de cuñadismos que provocaron en mí el efecto contrario al pretendido: mi simpatía hacia la película subía como la espuma.
Pero, tal y como sospechaba, la película me gustó, así que todo salió bien. Aún así, aunque mi opinión no fuese tan positiva, hubiera seguido pensando que el linchamiento fue exagerado, absurdo y provocado por una borrachera de nostalgia nada sana. Mucho se ha hablado de la actitud machista de los detractores, pero yo creo que el principal problema de esa gente reside en no saber lidiar con la nostalgia que corre por sus venas, porque la nostalgia está bien y es bonita si se toma con moderación, pero en el instante en que condiciona la forma de pensar y juzgar, la cosa se enturbia. Dicho de otra forma, se puede ser fan sin actuar como un energúmeno.


¿Y qué tal la película? Simplemente en la línea de las anteriores, de las que soy muy fan, algo que no me ha impedido disfrutar de esta nueva entrega. Claro que no cuenta con la ventaja de la nostalgia (aunque nostalgia y calidad son dos elementos sin relación alguna) ni con el carisma del reparto original, pero eso no quita que sea una digna sucesora que además de homenajear con cariño a la película de Ivan Reitman, comparta su mismo espíritu. No creo que Bill Murray y compañía sean imprescindibles, ni que la película carezca de sentido sin ellos, puesto que Cazafantasmas era más que su reparto; también era el concepto en sí mismo: un grupo de amigos científicos que montan una empresa disparatada con el objetivo de hacer negocio atrapando espectros. Eso se puede hacer con y sin Bill Murray, Dan Akroyd, Harold Ramis, etc. Mientras el elenco principal tenga química y chispa se podrá hacer una película de Cazafantasmas, y el reboot posee todas esas características, por eso funciona.
Su estructura es similar a la de la película de 1984, pero ya está. De ahí a decir, como muchos han dicho, que se trata de un remake hay un trecho bastante grande.
Algunos la han acusado de tener un exceso de efectos especiales, como si la original no los tuviese a puñados… y más tendría si se lo hubiera podido permitir. Pero yo me pregunto, ¿y qué más da que haya muchos efectos especiales? ¿Qué hay de malo? ¿Acaso este tipo de cine los pide a gritos? Sí, ahora son generados por ordenador y antiguamente con marionetas y látex, ¿y? Mientras sean buenos, y los de Cazafantasmas 2016 lo son,  ¿qué importa? Algunos deben pensar que el CGI se hace metiéndole un billete de cinco dólares al ordenador, y no se paran a pensar en que detrás de un personaje o paisaje CGI hay un gran trabajo técnico y artístico.

Al final me quedo con lo que de verdad importa: dada la naturaleza de esta película, un puro blockbuster de verano sin más pretensión que la de entretener, ¿podemos decir que cumple con su parte? Por supuesto que cumple. A cada película hay que juzgarla en función de sus intenciones, y si lo que Cazafantasmas 2016 buscaba era hacer pasar un buen rato, lo ha conseguido de sobra. Y no, el reparto no tiene el mismo carisma que el original, pero reconozco a boca llena haberme reído con Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones y la genial Kate Mackinnon. Da igual que no sean Bill Murray y compañía porque lo hacen suficientemente bien como para brillar con luz propia. Ya sabemos que en estos casos las comparaciones son inevitables, pero no lo hagamos más de lo necesario.

Eso sí, como no todo es de color de rosa he de admitir que esta no es la película que los fans queríamos, o al menos no era la que yo quería. Han sido muchos años de idas y venidas con la posibilidad en el aire de una tercera entrega, y que al final esto haya resultado ser un reboot en lugar de Cazafantasmas 3 es algo decepcionante. Además, se podría haber contentando incluso a los detractores más conservadores si en lugar de hacer borrón y cuenta nueva, la película contase cómo los cazafantasmas originales pasan el testigo a una generación más joven para que siga desempeñando las mismas labores. Creo que de esa forma, todos hubiésemos ganado: los talibanes se habrían calmado (algunos), y los demás nos habríamos ahorrado escucharlos.

En cualquier caso, y aunque el punto de partida no sea el más adecuado, la película cumple con su función de blockbuster  y es un regalo para los fans… de mente abierta y estable. 

lunes, 20 de junio de 2016

Dos buenos tipos


Quizá el nombre de Shane Black, el director y guionista de Dos buenos tipos, no diga gran cosa al espectador casual, pero si recalcamos que este tío fue quien escribió los guiones de Arma Letal, El último boy scout, The monster Squad, y que además ha dirigido Iron Man 3 (que es la mejor de todas aunque el resto de la humanidad no se haya dado cuenta todavía) y la estupenda Kiss, Kiss, Bang, Bang, igual empezáis a mirarlo con otros ojos.
Este hombre, capaz de dejar su huella en cada uno de sus trabajos, tiene la sana capacidad de escribir guiones frescos, divertidos y llenos de buenos diálogos, por eso dos de sus películas más míticas (Arma Letal y El último Boy Scout) funcionan como un reloj suizo, ya que pertenecen a un subgénero (las buddy movies) al que las habilidades de Black le vienen como anillo al dedo.
Pero ya basta de dar la chapa. ¿Qué nos ofrece Dos buenos tipos? Pues, efectivamente, una buddy movie de manual perfectamente ejecutada, con geniales diálogos y una media de dos buenas ideas cada cinco minutos.

El argumento de Dos buenos tipos gira en torno a dos personajes completamente opuestos (un detective sinvergüenza interpretado por Ryan Gosling, y un matón a sueldo al que encarna Russell Crowe) que, en Los Ángeles de los años 70, se ven obligados a unir fuerzas para resolver un caso conspiratorio relacionado con dos grandes industrias: la del automóvil y la del porno.
A partir de aquí se sucederán un sinfín de momentos locos, graciosos y violentos a cargo de sus dos protagonistas, los cuales resultan carismáticos y entrañables gracias a la buena pluma de Shane Black y, sobre todo, a la química entre Ryan Gosling y Russell Crowe, dos actores que no han explotado su más que notable vis cómica.
Black consigue que el ritmo sea constante y que el espectador no sepa qué va a pasar dentro de diez minutos; primero porque el guión es así de bueno y estimulante, y segundo porque el director se encarga de colar un par de giros argumentales que convierten a la película en una montaña rusa.

Podría decirse que Dos buenos tipos es la secuela espiritual de Kiss, Kiss, Bang, Bang, ya que no hace falta tener un doctorado para ver que entre ambas hay bastantes elementos en común, pero lo más importante es que tanto una como otra poseen el mismo espíritu y ADN. Lo que quiero decir es que si os gustó la peli de Robert Downey Jr. y Val Kilmer, esta os va a gustar también porque es de la misma calaña… pero mejor, incluso.

De todas las cosas bonitas que se me ocurre decirle a la película, la más generosa es que si se hubiese hecho a principios/mediados de los 90, hoy sería de culto total y muy probablemente contaría con un par de secuelas. Esto último espero y deseo que se haga realidad aunque ya no estemos en los maravillosos 90. 

sábado, 4 de junio de 2016

Angry Birds: la película


Generalmente soy poco amigo de este tipo de cine de animación infantil que incluye pinceladas de humor adulto con el objetivo de conseguir que la película sea disfrutada por niños y, en cierto modo, por sus padres. El problema es que, para mi gusto, siempre fracasan y pocas veces les llego a ver la gracia. Se queda a medias, en tierra de nadie; un cine que no es ni para niños para adultos.
Angry Birds: La película juega a eso mismo y sin disimular. Es una película para niños, por supuesto, pero hay suficientes referencias a la cultura pop, canciones retro y chistes soeces, brutos o directamente de índole sexual para que un adulto no llegue a aburrirse ni perder la conexión. ¿Por qué Angry Birds: La película me ha gustado pese a ser más de lo mismo? Pues no lo tengo claro; porque tenía el día tonto, porque sabía muy bien lo que iba a ver o porque quizá, solo quizá, en cierta medida y en un porcentaje pequeñito, la película es más para adultos que para niños.


Como adaptación del famoso videojuego, muchos la han criticado afirmando que la película no muestra lo que constituye el juego hasta pasada una hora… Y yo me pregunto, ¿de verdad queremos 90 minutazos de pájaros siendo lanzados en tirachinas? Efectivamente, el tirachinas y los aspectos más reconocibles del juego no hacen acto de presencia hasta la recta final, pero es que es algo normal y lógico. No olvidemos que el videojuego carece de trama, de modo que para la película había que sacarse algo de la manga, y siendo sincero me parece que han acertado de pleno en la forma de transformar el escasísimo material argumental del juego en una película donde no sólo hay un argumento, sencillo pero efectivo y hasta en cierto modo satírico, sino que además todos los elementos del videojuego (incluyendo los imprescindibles cerdos verdes, las cajas de dinamita y el derribo de construcciones) están perfectamente integrados y justificados.
Bueno, quizá no todo esté justificado. En la película aparecen pájaros con habilidades especiales (supervelocidad y cosas así) que son los que protagonizan el videojuego, sin embargo en ningún momento se nos explica por qué poseen dichos poderes. Habría estado bien contarnos algo sobre eso, puesto que queda un poco forzado. Por ejemplo, hay un pájaro que explota cuando se altera, ¿por qué? Porque en el juego hay un pájaro que explota cuando se altera, y punto. Otra cosa, ¿por qué estos pájaros no vuelan? Simple y llanamente porque si volaran ni la película ni el juego tendrían sentido. Vamos a tomarlo como una licencia creativa y ya está, no le demos más vueltas.


En cualquier caso, insisto, dado que el juego carece de historia y solo posee un puñado de personajes carismáticos, cerdos y muros que demoler, la manera en que los artífices de Angry Birds: La película han tomado esos escasos recursos  y les han dado forma es más que elogiable.

Pero lo más importante de todo es que la película es divertida, gamberra y ocurrente desde el minuto uno hasta el último. 


PD: esa maravillosa incongruencia de tener que lanzar pájaros con un tirachinas en vez de ser ellos  mismos quienes guíen su trayectoria planeando... ¡que para eso son pájaros y vuelan! Ahí hay un error de base que parte del propio videojuego. Lo diseñasteis mal, cabrones. ¿Por qué no poner tortugas como protagonistas? Son lentas y ACORAZADAS (perfectas para ser disparadas con un tirachinas. Un pájaro es acolchado y frágil... ¡ya ves el daño que harás al lanzarlo!), y además ponen huevos, así que se podría haber mantenido el hilo argumental de los cerdos robando tan preciados alimentos. 

martes, 17 de mayo de 2016

Mr. Right


El director sevillano Paco Cabezas continúa sus andanzas americanas con su nueva película, Mr. Right, un thriller criminal la mar de simpático y lleno de humor y buen rollo.
Aparecidos y Carne de neón, las dos únicas películas que Cabezas ha realizado de momento en España, lo colocaron en mi lista personal de directores cuyo trabajo quiero seguir de cerca. Luego se piró a EEUU y se cascó Tokarev junto a Nicolas Cage, una cinta que me decepcionó bastante y me hizo dudar de si este director había perdido el norte metiéndose en productos sin alma, y es que Tokarev, pese a sus aciertos, es una peli sin personalidad que no está a la altura de la notable Carne de neón, la cinta que le abrió las puertas de América a este cineasta.
Aunque seamos honestos, Paco Cabezas es un director que carece de un estilo propio, definido y reconocible, puesto que los recursos visuales que hacen tan interesante a Carne de neón, su película más espectacular a nivel estético, están cogidos directamente del cine de Tarantino y Guy Ritchie.
Pese a todo, Cabezas es un tío que dirige bien y al que se le nota su pasión por el cine y el trabajo que desempeña.

Mr. Right sigue la estela de Carne de neón, al menos en lo estético. El tono, en cambio, es opuesto; mientras la película protagonizada por Mario Casas resulta incómoda, dura y agresiva, Mr. Right es un trago muchísimo más ligero y agradable. Una película que no sorprende, que no inventa nada que no hayamos visto y que no creará tendencia… pero que entra bien, se digiere mejor, resulta refrescante y deja un sabor de boca muy agradable. Qué demonios, hasta llegas a desear que dure quince minutos más. En fin, es un poco lo mismo que le ocurre a Primos, de Daniel Sánchez Arévalo, aunque temáticamente sean dos películas sin nada en común salvo el hecho de que ambas te las puedes poner sin problema si llegas a casa a las dos de la madrugada o tras un largo día de trabajo. Cine ligero para desconectar y pasar un buen rato, tan necesario y disfrutable como cualquier otro.
Pero Paco Cabezas no es el único responsable del buen resultado de la película. Aquí también cuenta, y mucho, la pareja protagonista interpretada por la simpática Anna Kendrick (que en persona no sé cómo será, pero en las pelis que hace siempre me cae bien) y el siempre efectivo Sam Rockwell, además de un secundario de lujo como Tim Roth.
Y no puedo terminar esta reseña sin mencionar al incansable e hiperactivo guionista Max Landis, hijo del director John Landis. Por lo que tengo entendido, Landis es un tío que no para de escribir guiones, y que si todos sus libretos se convirtieran en películas daría para estrenar tres o cuatro blockbusters a la semana durante un par de años. No puede decirse que sus guiones sean especialmente buenos y originales, pero de lo que no se les puede acusar es de ser aburridos.
Y así es Mr. Right.

Vídeo-Reseña

jueves, 31 de marzo de 2016

La gran apuesta



Hay varias cosas en esta película que me han llamado la atención, y me gustaría comentarlas punto por punto:

1- No he entendido nada.
Y he de aclarar que la película no está mal contada ni mucho menos, al contrario. En realidad el problema lo tengo yo, que de economía no entiendo lo más mínimo. Sin embargo es curioso que pese a haber entendido poco más de un 5% de la trama, he disfrutado como un enano. La película resulta ser una especie de híbrido entre Margin Call y El Lobo de Wall Street, tomando el tono apocalíptico y denso de la primera y el divertimento frenético y cínico de la segunda. De modo que al final tenemos una película que sólo un economista podría entender bien pero que, contra todo pronóstico, hasta un cazurro como yo podría disfrutar pese a no controlar nada del tema tratado.

2- El director.
Adam McKay, un tipo especializado en divertidas comedias tontorronas al servicio de Will Ferrell y sus habituales acompañantes, se mete de lleno en un berenjenal terriblemente espeso en el que por primera vez resulta ser un director serio. Pero es Adam McKay, así que pese a estar manejando un tema oscuro y dramático como lo es la terrible crisis económica que nos asola desde 2008 por culpa de banqueros desalmados capaces de engañar a su madre con tal de llenarse un poco más los bolsillos, toda la cinta está impregnada de un más que evidente tono humorístico y desenfadado.


3- El ritmo.
Que una película sobre economía y bancos resulte divertida y amena es una tarea complicada, pero La gran apuesta consigue captar la atención del espectador (sí, incluso la de ese espectador que, como yo, no se enteró de nada) gracias a unos diálogos ingeniosos y llenos de mala uva, un ritmo veloz que nunca decae, un estilo visual lleno de desenfoques y zooms que recuerda al de la serie The Office y un montaje que nunca sabes por dónde va a salir.
Da igual que no entiendas ni papa de economía. La película te atrapa igualmente,

4- El reparto.
Christian Bale, Steve Carell, Brad Pitt, Ryan Gosling… ¿Hace falta decir más? Sí, que todos están inmensos.

BONUS TRACK


sábado, 20 de febrero de 2016

Deadpool


Tal y como sospechaba, Deadpool no sólo es una comedia salvaje, de ésas que no dan tregua (si vas a mear te perderás una media de tres chistes), y una buena película de acción, sino que también es una perfecta traslación cinematográfica del personaje visto y leído en viñetas.

Creo que es científicamente imposible aburrirse con esta película. Deadpool, el personaje, es tal y como debe ser: un cachondo que no cierra la boca, que suelta palabrotas como una metralleta, que rompe la cuarta pared para dirigirse al público y que es tan adicto a matar como a la cultura pop.
La incorrección política está presente en casi todo el metraje, y bienvenida sea. En estos aburridos y mojigatos tiempos, donde hay que meditar mucho antes de abrir la boca para que evitar que te tachen de racista, machista, nazi o mala gente, se agradece que alguien mande al carajo toda esa rancia y absurda formalidad.

También me ha gustado muchísimo la selección musical y el uso de ésta. Todo lo que sea emplear canciones de los 60, 70 y 80 es ganarse mi corazón.

Otro punto a destacar son los créditos, tanto los iniciales como los finales. Creo que debería haber alguna ley que obligase a todas las películas a tener, como mínimo, una buena secuencia de créditos inicial o final... O ambas, qué cojones.

Deadpool es una de esas escasas películas comerciales hechas con sumo cariño hacia el material original y hacia el fan, porque la peli podrá gustar a un público que ante todo esté libre de prejuicios y sepa que no va presenciar una obra maestra, sino un 100 minutos de sano y necesario entretenimiento puro y sin pretensiones, pero por encima de todo es un regalo para los fans del cómic.
Al igual que ocurría con Fury Road, el guión se puede resumir en un par de líneas, pero en este tipo de casos lo importante es el viaje y no el destino.

Ryan Reynolds inmenso, con y sin disfraz. Es un actor que nunca me ha dicho gran cosa, y  sin embargo aquí se nota que está en su salsa, en un papel hecho por completo a su medida y de su agrado.
En cuanto al resto del reparto, no destaca nadie más excepto Gina Carano (para mal, porque es una actriz horrible), Morena Baccarin por su innegable química con Ryan Reynolds y T. J. Miller por básicamente lo mismo.


Sobre el equipo que forman Deadpool, Negasonic y Coloso, la chispa salta en cuanto se juntan, igual que en las buenas buddy movies, lo cual hace que me pregunte cómo habría sido esta película en manos de un tipo como Shane Black.
Coloso es un puñetero roba escenas encantador, y Negasonic una típica adolescente que, por alguna razón, me ha caído bien. Pese a la relativa poca presencia en pantalla de ambos personajes, terminan luciéndose y haciendo un hueco en la memoria del espectador.

Otro punto que me gustaría señalar, aunque en realidad no tenga demasiado que ver con la película, es que de nuevo y al igual que ocurrió con títulos como Kick-Ass, buena parte del público ha entrado en las salas de Deadpool con una bochornosa desinformación a sus espaldas, tal y como he podido comprobar tras leer ciertos comentarios vertidos en diversos foros y redes sociales. Me refiero a esos padres que han llevado con ellos a sus hijos pensando que se trataba de una película Marvel en la línea de las demás, pero también lo digo por algunos adultos, aburridos borrachines de corrección política y mojigatería, que han salido horrorizados y escandalizados de la sala ante semejante festival de groserías, violencia, chistes guarros y referencias a la cultura pop que ni siquiera han entendido.
Donde quiero llegar es a que no cuesta nada informarse antes de entrar a ver una película, especialmente si se trata de un material tan especial como Deadpool, que ni mucho menos es para todos los públicos… y no hablo de edades. Si haces los deberes antes de ir al cine o, por qué no, te lees un par de tebeos para saber de qué va la cosa y sacar conclusiones sobre si te interesa o no dicha película, puedes ahorrarte un mal trago y algunos euros; lo que no me parece válido es ir a lo loco y luego quejarte de que la película no es lo que esperabas. El espectador debe ser consecuente y responsable  de saber dónde se mete (porque eso de que el cliente siempre tiene la razón es mentira. Los nueve años que llevo trabajando de cara al público corroboran esto que digo), ya que después no vale culpar al cine o a la propia película, y menos en la actualidad, donde uno puede informarse de lo que sea con tan sólo googlear un par de minutos.
En el cómic ya está todo lo que aparece en la película, de modo que los que critican Deadpool por ser “extraña”, malhablada, sangrienta, violenta y grosera están poniéndola a parir por ser una buena adaptación. Tócate los cojones.

 El cine de superhéroes, debido a sus grandes presupuestos, se ve obligado a llegar al mayor número posible de espectadores. Es lógico. Pero sin duda se agradecen títulos como Deadpool o la serie de Daredevil. Es necesario que entre tanto producto para todos los públicos haya algunos exclusivos para adultos, del mismo modo que también resultan imprescindibles cositas como Guardianes de la Galaxia o Ant-Man, que pese a estar dentro de lo apto para todas las edades, se alejan de la oscuridad, el drama, la seriedad y la rectitud de títulos más "gordos" y pretenciosos como Batman VS Superman o Civil War, ofreciendo un entretenimiento ligero, eficaz y riquísimo. 
Ya que el mercado está saturado de superhéroes, lo mínimo que pueden hacer los estudios es variar el tono y la franja de edad de vez en cuando. Es la única forma de romper la monotonía y no cansarse, porque hasta de helado se puede uno hartar si nunca cambia de sabor.

En fin, lo único que puedo recriminarle a esta película es que no dure 20 minutos más y que la secuela no se estrene la semana que viene. 

Sin duda, Deadpool pasa a entrar en mi Top de las películas más divertidas y políticamente incorrectas que he visto en mi vida. 

miércoles, 27 de enero de 2016

The Final Girls


Parodiar es fácil, y si no que se lo digan a los creadores de la franquicia Scary Movie y similares, pero parodiar de forma inteligente y fresca es otro cantar reservado a unos pocos capaces de hacerlo.
The Final Girls nos cuenta la historia de un grupo de amigos que acaban metiéndose en una película de terror slasher, de ésas en las que un asesino enmascarado persigue y elimina a un puñado de jóvenes descerebrados. A partir de este punto, The Final Girls se convierte en un constante y divertido ejercicio de metacine como lo fue Scream en su día, solo que en este caso todo es diferente. Igual pero diferente al mismo tiempo.

The Final Girls, del mismo modo que Scream o la sobresaliente The Cabin in the Woods, funciona a base de tópicos, concretamente los del género que parodia, ya sea en forma de situaciones o personajes. Son su combustible y la historia avanza y se desarrolla gracias a eso, que es lo mismo que ocurría en Scream. La mayor diferencia es que, en este caso, los protagonistas están literalmente dentro de una película, lo cual genera situaciones y momentos tan surrealistas como el proceso de viajar a un flashback, ver el título de la película suspendido sobre las cabezas de los protagonistas o contemplar un amanecer mientras los créditos surcan el cielo.

Como ya digo, la fórmula no es nueva pero la manera de ejecutarse sí.
El director utiliza estos recursos para satirizar y reírse cariñosamente de un género que tuvo su mayor momento de gloria en los 80, pero al mismo tiempo, entre chiste y chiste, aprovecha para colarnos un trasfondo sobre la superación del duelo por perder a un ser querido. Y la jugada, por descabellada que parezca, le sale bien.

Lo único que chirría un poco de esta innovadora propuesta es su corrección política, y tanto es así que incluso me atrevería a afirmar que The Final Girls puede ser vista en familia. Esto no resultaría tan llamativo, e incluso frustrante, si no fuera porque lo que se parodia es un subgénero en el que, por encima de todo y hablando en plata, abunda la sangre y las tetas. Pues bien, en The Final Girls, incomprensiblemente, no hay nada de eso, siendo el resultado final una película muy original, divertida y bien realizada… pero descafeinada. Podría entender su recatamiento (¿existe esta palabra?) si se tratara de una superproducción de Hollywood, ya que debería llegar al máximo número de espectadores para recaudar todo posible, pero tratándose de una película independiente de bajo presupuesto, con una libertad creativa mucho mayor, me resulta cuanto menos curiosa su censura voluntaria.
Sea como sea, las virtudes son más que los defectos, y eso es lo importante. 

Vale la pena echarle un vistazo. 

lunes, 31 de agosto de 2015

Operación U.N.C.L.E.


Guy Ritchie es uno de esos directores que han sabido evolucionar sin perder el estilo propio que tanto les caracterizó en su momento. Desde Lock & Stock y Cerdos y Diamantes han pasado muchos años y Ritchie ha cambiado de estilo radicalmente, sin embargo, a poco que se busque se encontrará en sus nuevas películas el sello personal que define a este director, y eso siempre es bueno ya que la inmensa mayoría de directores de películas de autor que terminan dando el salto a Hollywood pierden toda la gracia y terminan realizando productos genéricos y sin alma.
Operación U.N.C.L.E., basada en la serie de televisión El agente de CIPOL (que no he visto jamás, admito), es una nueva vuelta al cine de espías tan de moda últimamente (prueba de ello son Kingsman, Misión Imposible: Nación Secreta o las futuras 007: Spectre y Anacleto), pero pasado por el filtro de Guy Ritchie y su particular forma de concebir el cine. Obviamente se trata de una película más convencional que los primeros títulos de este director (son las consecuencias de rodar blockbusters), pero pese a todo se vislumbran retazos muy personales y característicos del director inglés. Me refiero al estilo de montaje, el uso de la banda sonora, el humor negro y ciertos recursos visuales y sonoros que son bastante propios de este cineasta.

La película no inventa nada nuevo y parte de un recurso gastadísimo, aunque siempre efectivo, como lo es unir a un par de héroes totalmente opuestos (en este caso dos agentes secretos en plena Guerra Fría, uno americano y otro ruso)  que se ven obligados a aunar fuerzas para derrotar al villano de turno, lo que provoca un sinfín de disputas, piques, discusiones y demás momentos cómicos. Todo esto lo hemos visto ya en multitud de buddy films como Arma Letal o El último Boy Scout, pero Ritchie sabe hacerse con las riendas y convertir lo que tiene entre manos en algo suyo. Porque, a fin de cuentas, lo que importa en estas película no es dónde nos llevan, sino cómo nos llevan. Todos sabemos
cómo terminan este tipo de cintas, y lo sabemos prácticamente desde el principio, pero ahí es donde entra en juego la labor del director, el encargado de hacer que ese viaje cuyo destino conocemos sea lo más estimulante y sorprendente posible, y Ritchie lo consigue.


No es la mejor película de este director, eso es cierto; le podría achacar ciertos problemillas de ritmo y me atrevería a decir que siendo el tipo de producto que es se echan en falta más escenas de acción, aunque las pocas que hay son verdaderamente intensas. Pero pese a todo es un título notable, muy divertido y uno de los más destacables e interesantes de este verano. 

sábado, 6 de diciembre de 2014

Relatos Salvajes


Cuando uno va de forma habitual al cine termina concienciándose de muchas cosas, por ejemplo que el público suele ser un tostón, pero también hay una norma de oro en esto de ir al cine con mucha regularidad, y es que, si vas a ver una película con las expectativas muy altas, acabas decepcionado. Es algo que, por otra parte, puede aplicarse a todos los aspectos de la vida.
Sin embargo, en ocasiones muy, muy contadas, uno se planta en el cine con las expectativas por las nubes y, cuando la película acaba, esas expectativas siguen ahí. No existe el menor indicio de decepción. Sí, es algo poco común, pero a veces pasa.

Relatos Salvajes es una película  maravillosa en todos los sentidos, empezando por un reparto magnífico, seguido de un ritmo trepidante que hace que sea imposible aburrirse, y terminando por una realización técnica impecable que nada tiene que envidiar al cine Norteamericano, pero la gran baza de la película es su guión, loco, retorcido y endiabladamente bien construido. Un guión formado por varios segmentos independientes, lo que convierte a Relatos Salvajes en una de esas antologías tan de moda hoy día, pero no en cualquier antología.

Películas de este tipo se dan mucho en la actualidad, pero casi siempre en el terreno del terror y con el reclamo de que cada segmento está dirigido por un cineasta diferente, normalmente vinculado al género. En el caso de Relatos Salvajes se rompen las reglas: No es una película de terror (aunque a veces huele a eso), y todo, de principio a fin, está dirigido por la misma persona.
Otro punto que convierte a Relatos Salvajes en un gran título es que no hay altibajos, y por norma general estas películas de episodios suelen tenerlos, y muchos. Tengamos en cuenta que son películas formadas por historias independientes, y no todas están al mismo nivel, sino que algunas son mejores y otras peores, o directamente unas buenas y otras pésimas. En Relatos Salvajes se consigue la homogeneidad total, logrando que cada episodio sea como mínimo notable. No hay altibajos de ningún tipo.

Dada la naturaleza de esta película es complicado hablar de ella como una unidad. Habría que indagar en cada uno de los segmentos que la conforman, pero eso sería extenderse demasiado y destriparla casi inevitablemente. De todas formas haré un brevísimo resumen de cada una de las historias:

Pasternak
El segmento más breve de todos, con un final demencial. Sirve como prólogo y como adelanto de lo que vamos a ver a continuación. 

Las Ratas
Quizá el segmento menos sorprendente, pero aún así brillantemente planteado y escrito. Parte de una idea muy simple y básica, pero contada de forma que crea tensión.

El más fuerte
Podría decirse que este segmento narra lo que habría sucedido si en un universo alternativo el camionero loco de El diablo sobre ruedas hubiese pillado a su víctima, pero además de eso se nos plantea, de forma sutil y alegórica, el delicado tema de la lucha de clases. 

Bombita
Quizá el episodio más gracioso y verídico. Una revisión en clave realista de Un día de furia, con Ricardo Darín dando vida a un héroe anónimo que lucha contra el sistema.

La Propuesta
La corrupción de la clase alta llevaba al límite... Tanto, que hasta los propios corruptos acaban asqueados de la podredumbre que les rodea. 

Hasta que la muerte nos separe
El broche de oro que pone punto y final a la película, y que al mismo tiempo sirve como conclusión de todo lo que hemos visto: Después de la tormenta, por muy grande que sea, viene la calma. 

Prefiero limitarme a decir que Relatos Salvajes habla de la naturaleza humana, ésa que en ocasiones consigue que hasta la persona más civilizada pierda los estribos y acabe protagonizando momentos de pura violencia absurda e irracional. Pero además de mostrar en pantalla a gente cabreada comportándose como animales, cosa que siempre es divertido ver, Relatos Salvajes se permite el lujo de hacer una mordaz y acertada crítica hacia nuestra sociedad corrupta e hipócrita.


En definitiva, una muy grata sorpresa. Fui al cine pensando en que vería una buena película, y encontré más que eso; algo que estará en mi Top 10 de lo mejor del año. Palabras mayores, amigos. 
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