Tras el desfase de la entrada anterior, en la que se me cruzaron los cables y terminé yéndome por los cerros de Úbeda en vez de hablar de lo que iba a hablar, retomo el tema, a ver si ésta vez es posible que me centre y no acabe dando una master class de física cuántica.
La casa del Diablo es otra de las muchísimas películas de temática satánica que se han puesto de moda hoy en día, con la diferencia de que esta es buena. Muy buena, qué coño, y junto a The Lords of Salem y la regular pero no desastrosa El último exorcismo, es de lo poco potable que vais a encontrar de momento.
La película parte de una idea muy simple (niñera a la que llaman para currar en una casa siniestra), y de un presupuesto bajísimo, pero el encanto de La casa del Diablo reside en su atmósfera, sus interpretaciones y, sobre todo, en su estética. Y aquí es donde ésta entrada confluye con la anterior, en la que comentaba el esfuerzo de muchas películas por querer parecer antiguas a base de carteles retro
y filtros que dan a la imagen un aspecto viejo y desgastado, pero que luego caen en el error de meter efectazos digitales y secuencias que una película de Serie B no podría soñar jamás, y entonces se rompe la magia y descubres que, pese a todos los adornos, estás viendo una película del puñetero 2011.
En cambio, La casa del Diablo es retro en su totalidad, no sólo en su póster y en su argumento. La banda sonora nos remite a los 80; la fotografía y la textura, sin necesidad de filtros barrocos, dan la impresión de pertenecer a una película de los 70; los créditos iniciales y finales son puramente añejos, y hasta la sencillez de los planos nos hace creer que estamos viendo algo con más de treinta años a sus espaldas.
Veréis, cuando ponéis una película que trata de emular al cine barato de los 70 y 80, lo primero que nota el espectador (incluso el espectador poco experimentado en el tema) es que se está tratando de emular al cine de bajo presupuesto de los 70 y 80. En cambio, con La casa del Diablo no ocurre eso, ya que os prometo que, sobre todo al principio, cuesta diferenciar a qué año pertenece esta película, por muy del 2008 que sea.
Como ya he dicho antes, la película parte de un argumento simple hasta decir basta, lo cual no quita que sea efectivo y consiga su propósito, que no es otro que el de inquietar. Porque aunque algunos no lo crean, un guión simple no es sinónimo de guión malo y, por consiguiente, mala película.
La casa del Diablo tiene un guión perfecto para contar lo que quiere contar, directa al grano, sin segundas lecturas ni matices. Esto es una historia sobre satanismo, y ahí no es necesario un guión complejo, sino una buena atmósfera, una historia efectiva y, a ser posible, sentir amor por el género, algo de lo que Ti West va sobrado, o eso juraría yo.
Y ahora os dejo con unos cuantos pósters de la peli. No consigo decidir cuál me gusta más...

