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martes, 8 de julio de 2014

Open Windows


Creo que aunque Open Windows no me hubiese gustado, igualmente la habría aplaudido por su valentía y original propuesta, y es que no todos los días nos topamos con una película que transcurra íntegramente en el monitor de un ordenador, valiéndose de imágenes de webcams, chats, etc.
Esta peculiar puesta en escena no es un simple capricho del director para intentar demostrar algo, sino que está más que justificado, y me atrevería a decir que Open Windows no tendría sentido si se hubiese contado de forma tradicional, aunque en el fondo se trate de un thriller común o casi común, con un héroe, una chica en apuros y un villano.

Si sois internautas habituales y sabéis de qué va la cosa, habréis comprobado que internet es un arma de doble filo que te da alegrías y penurias con la misma rapidez y facilidad. No debemos olvidar los casos de famosas como Scarlett Johansson que se han visto metidas en situaciones bastante desagradables por culpa de la filtración de alguna foto subida de tono. Open Windows juega precisamente con esas situaciones y accidentes cada vez más habituales debido al poder de internet, las redes sociales y la información que cae en malas manos, pero llevándolo todo a un nivel inimaginable.

Como ya he comentado, el punto fuerte de la película y lo que inevitablemente más llama la atención es su originalidad narrativa, pero detrás de todo hay un guión retorcido como pocos, aunque ameno (eso sí, antes de llegar al desenlace se harta de jugar con el espectador y confundirlo hasta el llanto). Porque las películas de Nacho Vigalondo tienen una particularidad: si atendemos a sus trailers y sinopsis, se intuye algo sencillo que va del punto A al punto B en línea recta, pero luego, cuando te enfrentas al visionado de la película, descubres que efectivamente va del punto A al punto B, pero antes se da una vuelta por todas las letras del abecedario. Ocurrió con Extraterrestre y ha vuelto a ocurrir con Open Windows; películas que parecen un paseo, pero no. Exigen que el espectador ponga los cinco sentidos en ellas.
La mayor parte de las críticas que leí antes de ver la película la acusaban de tener una recta final demasiado loca e inverosímil, y la verdad es que no podría estar más en desacuerdo. Sí, es cierto que chapó. Open Windows es un gran thriller, de los buenos, de los que no sabes por dónde coño te van a salir y rizan el rizo una y otra vez, y cuando por fin se llega al desenlace es muy probable que el espectador se quede con cara de idiota porque ni en cien años se habría olido la tostada. O al menos en mi caso me pilló muy desprevenido ese final. Si eres un espectador matemático y quisquilloso saldrás del cine indignado ante la frenética sucesión de giros de guión que conducen la película hasta unos cauces cada vez más fantasiosos (rozando el género de superhéroes. Ojo a lo que digo), pero yo sólo puedo decir
Otra cosa que se agradece son los puntuales momentos de humor, la mayor parte de ellos corren a cargo del villano de la función: Simon Chord, un hacker que está como una cabra y que además posee un arma terrible para sembrar el caos. Mala combinación.

Por lo demás, Open Windows inventa un estilo narrativo y visual nunca visto antes, de modo que, al igual que ocurre cuando montas en bicicleta por primera vez, antes de nada tienes que acostumbrarte y cogerle el truco, porque no es lo mismo ver explosiones, diálogos y persecuciones automovilísticas de forma convencional que a través de un ordenador.
Una experiencia completamente distinta, con un ritmo frenético y una historia deliciosamente retorcida y llena de sorpresas.

Y ni qué decir tiene que cuando salí del cine no podía sacarme este tema de la cabeza. 



Espero que Nacho Vigalondo siga con la buena costumbre de terminar todas sus películas con un temazo. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Maniac (2012)


Mira que no me canso de decirlo, y cuando veo cintas como ésta con más fuerza lo hago: no todos los remakes son malos. Ni por asomo.

Franck Khalfoun, que ya nos deleitó (al menos a mí) con la notable Parking 2, regresa a lo bestia con el remake de la fabulosa y pionera Maniac, de William Lustig. Digo pionera porque no recuerdo ninguna película anterior a aquella en la que el protagonista fuese únicamente el asesino, y de hecho seguimos sin estar acostumbrados, ya que aunque el psicópata sea siempre la figura más atractiva en éste tipo de películas, la historia se nos suele contar normalmente desde el punto de vista de la policía o la víctima. Con Maniac no ocurría eso, por lo tanto la película funcionaba tanto como a modo de slasher como de diario macabro de las andanzas de un perturbado mental.
Khalfoun, apadrinado por el echado a perder Alexandre Aja (después de la maravillosa Alta Tensión y  el estupendo remake de Las colinas tienen ojos, el hombre ha perdido el norte) parece ser consciente de eso que comento, y posiblemente sea esa la razón por la que el 90% del remake está rodado en primera persona desde el punto de vista, cómo no, del asesino. 
Es obvio que el director quería hacer énfasis en ese sentido. No le bastaba con contarnos la historia en primera persona como en la original, sino que quería que esa primera persona fuese física, y que el espectador formase parte del siniestro día a día del protagonista. 
Pero el director no es tonto, y como ya he dicho antes la perspectiva subjetiva está presente en un 90%, no en el 100% del metraje, ya que en los momentos más impactantes o profundos es sustituida por una perspectiva convencional, de modo que el espectador consigue ver claramente lo que ocurre, ¿por qué? Porque el director quiere que lo veas. 

A decir verdad el tema de la primera persona es la mayor novedad que ofrece éste remake, ya que por lo demás es un calco del filme original, al menos en lo que a la trama principal se refiere, porque los asesinatos son diferentes. 
Y hablando de asesinatos, estos merecen una mención especial. 
Hacía tiempo que un slasher no me dejaba tan mal cuerpo como Maniac 2012, y es que los asesinatos son verdaderamente salvajes y realistas. No es un gore exagerado como el de Saw, Evil Dead, etc, que de excesivo termina siendo cómico. Éste te lo crees porque es totalmente verosímil. 
Hay mucha sangre, claro, pero los asesinatos no son convertidos en una fiesta de tripas y casquería, sino que son tratados de una forma muy cruda y real.
Todo esto que digo está aderezado por unos efectos especiales fantásticos, y aunque se deje ver por ahí algún que otro retoque digital, la mayoría de efectos están realizados a base de látex y prótesis. 

La banda sonora, al igual que la fotografía, es otro elemento que llama la atención por su calidad, evocando constantemente la música y sintetizadores de los 80. Pero su calidad no queda en la mera imitación nostálgica, sino que va más allá y nos ofrece unas partituras bellísimas y elegantes. 

Todos los que hemos visto la película original tenemos en mente a Joe Spinell en el papel del asesino,
ya que era un actor perfecto para interpretar a un personaje así, pero Elijah Wood, con su cara y físico de niño bueno, no se queda atrás, entre otras cosas porque realiza una gran labor interpretativa. Obviamente no tiene la pinta de psicópata que tenía Spinell, pero precisamente por eso impacta tanto.
A Spinell te lo imaginas cometiendo cualquier barbaridad, pero ver a Elijah Wood arrancando cabelleras de mujer... es algo que también se queda grabado a fuego. 
No digo que sea mejor que Spinell; digo que está al mismo nivel, y que ambos, pese a la radical diferencia física, son perfectos para el papel. 

Y poco más puedo decir sobre ésta joya del terror actual. Sólo me queda recomendarla a todos aquellos a los que les gustó la original, ya que encontrarán en éste remake un complemento perfecto que, pese a la similitud con la película de Lustig, aporta suficientes elementos y posee personalidad de sobra para ser tenido en cuenta como algo más que un simple remake de un clásico. 

PD: atención al genial guiño que se hace al mítico póster de la película original. 

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