Sinopsis
Durante un desastroso atraco a
una joyería, la policía sólo consigue atrapar a Curro (Luís Callejo), el
conductor encargado de evacuar a los delincuentes.
Tras ocho años de condena, Curro
sale en libertad sin saber que fuera le espera otro infierno igual o peor que
la cárcel.
José (Antonio de la Torre ), el novio de una
chica asesinada durante el atraco, busca venganza. Curro le tendrá que ayudar
por las buenas o por las malas.
Opinión
Tarde para la ira es la primera película dirigida por el actor Raúl
Arévalo, y sólo puedo decir que ojalá haga muchas más películas.
Al parecer, Raúl Arévalo pensó en
ser director de cine antes que actor, pero como le salió trabajo de los segundo
antes que de lo primero aparcó la idea de dirigir. Es evidente que durante el
tiempo que ha ejercido como actor ha ido tomando buena nota de los directores
con los que ha trabajado y aprendiendo el oficio a base de observar. Resulta
evidente, puesto que Tarde para la ira
es, pese a lo primerizo de su autor, una película notable, llena de energía y
cimentada sobre un planteamiento sencillo y eficaz a partes iguales.
Películas sobre venganzas se han
hecho y se harán muchas, pero la forma en que Arévalo escribe y dirige Tarde para la ira hace que el resultado
final destaque por encima de otras producciones de similares características.
En otras palabras, se aprecia que la película está hecha con ganas y concebida
desde las entrañas.
Por suerte no se trata de una de
esas películas españolas que tratan de imitar al cine americano, y no es que yo
tenga nada en contra de la cinematografía made in USA, al contrario, pero me
gusta que nuestro cine ponga sobre la mesa su propio estilo sin complejos.
Puede que Tarde para la ira sea una película de venganzas con escopetas y
asesinatos, pero a la vez es muy española, incluso costumbrista, y no intenta
disimular que la acción transcurre en España. Los personajes y los escenarios
son auténticos por más que Arévalo se haya dejado inspirar por Sam Peckinpah.
Si por ejemplo le echamos un vistazo
a Toro (Kike Maíllo, 2016), nos
daremos cuenta de que esa España y esos personajes no son reales, sino
caricaturas. La España
de Toro está más cerca de Los
Ángeles que de Málaga. Y no lo digo como algo negativo, sino como forma de
explicar la distancia que separa ambos estilos.
La película está rodada en 16 milímetros , lo que
le da una textura sucia y granulosa que recuerda al cine de los setenta, algo
que casa a la perfección con la dureza y sequedad (incluso habiendo un par de
breves y necesarios momentos cómicos) de la historia y las imágenes que la componen.
Otro punto a su favor es que,
pese a la sencillez de la trama, hay varias sutilezas salpicadas a lo largo del
metraje que se captan o adquieren un mayor significado cuando volvemos a ver la
película.
Tarde para la ira es una debut redondo. Sólo espero no tener que
esperar demasiado hasta la siguiente película de Raúl Arévalo.