Estos films (la mayoría decepcionantes, salvo excepciones como Hobo whit a shotgun o Machete), como ya digo, no sólo trataban de imitar los argumentos disparatados de aquellas viejas películas de terror, sino también su estética, así que ya os podéis imaginar cómo iba la cosa: pósters con un diseño que simulaba desgaste y bordes rotos, títulos de créditos de aspecto retro, banda sonora igualmente retro y (esto no os lo sabría decir con seguridad) filtros de imagen que simulaban los arañazos, motas de polvo e imperfecciones en el negativo, lo cual hacía que la película tuviese un intencionado aspecto desastroso. Pero ya os digo, no sé si esto último lo hicieron más películas o sólo Planet Terror y Death Proof.
En cualquier caso la broma tuvo gracia, hasta que, como no podía ser de otra forma (y a la fiebre zombie actual me remito), se pusieron pesados y repetitivos, y no había huevos de encontrar una película de terror de bajo presupuesto cuyo póster no imitase el estilo de los 70 y 80.
Y en Death Proof ocurre tres cuartos de lo mismo. Todo muy retro y desgastado, un argumento absurdo y genial, pero amigo Tarantino, campeón, si diriges TAN JODIDAMENTE BIEN y te marcas esos planos secuencia y esas persecuciones que quitan el hipo, no parece que estés haciendo un subproducto de videoclub rodado con 4 duros. Menuda paradoja..., ¡está mal que la dirija tan bien!
Pero bueno, ya os digo que todo esto que estoy comentando en realidad me importa un pimiento porque tanto con Death Proof como con Planet Terror me lo paso pipa, aunque me he enrollado demasiado, y lo que debería haber sido una introducción de cinco líneas para hablar de La casa del Diablo se ha convertido en toda una entrada, así que no sé si seguir o dejarlo para mañana, que es tarde, tengo frío y esto se me ha ido de las manos.
Decidido, mañana continúo...