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lunes, 16 de diciembre de 2013

Filth


No sé si lo dejé suficientemente claro en la reseña que escribí (aquí) de la novela de Irvine Welsh en la que se basa Filth, pero lo repito por si acaso: me hice fan al instante, y también me he hecho fan de la película, ya que por suerte no soy de éstos fanboys que se rasgan las vestiduras cuando la adaptación de turno no es 100% fiel al material original. Con esto no quiero decir que la película sea una mala adaptación ni mucho menos, sólo que, como es lógico, no profundiza tanto como el libro.

Pero bueno, ¿de qué va Filth? Pues va sobre un policía escocés llamado Bruce Robertson, que perfectamente podría irse de copas con Torrente sin escandalizarse. Un policía cabrón, racista, alcohólico y medio drogadicto, que se divierte haciéndole la puñeta a todo aquel que se le acerca, aunque sean compañeros de trabajo o las esposas de éstos. 
En otras palabras, Bruce Robertson es un deshecho humano.

Como ya he dicho, la película no profundiza tanto como la novela en la psicología del personaje (ahí es donde radica la mayor diferencia entre Filth y otras películas de temática similar, como Teniente Corrupto), pero aún así termina por confesar al espectador que ese policía tan hijo de puta tiene sus motivos para ser así. Motivos que igual no justifican su comportamiento, pero bueno, qué coño, son SUS motivos. 

Al igual que ocurre con la adaptación cinematográfica de American Psycho, se respeta extraordinariamente bien el espíritu del libro pese a pasar por alto muchos detalles, pero es que ni American Psycho ni Filth podrían adaptarse al cine de forma completamente fiel, ya que ambas novelas poseen unos niveles de depravación importantes. Con todo, Filth es, como adaptación notable, y como película sobresaliente. 

La película no tiene un argumento del todo lineal, y realmente no existe una trama clara, sino que se dedica a seguir a Bruce Robertson y mostrarnos sus fechorías, sus putaditas y sus juergas, todo ello intercalado en una trama más o menos importante en la que se investiga el asesinato de un joven asiático. 
James McAvoy borda el papel de Robertson, y tan pronto consigue que nos riamos con sus actos como que lo odiemos o sintamos lástima por él. El tío se marca la que posiblemente sea la mejor interpretación de su carrera. 

Por lo demás, una película llena de ritmo, humor negrísimo y una banda sonora fabulosa.
Mención especial para el final (doble final, en realidad), que si viviésemos en un mundo justo se pondría a la altura de los mejores de la historia del cine. Un desenlace que consigue que el espectador espere un típico final feliz, pero cuando llega el momento le da un puñetazo en el estómago y se ríe de él. Y es que, aunque el final sea bastante crudo (no tanto como el de la novela), se permite meter una coña en el último segundo de película. 
Gran acierto también meter detallitos aislados que sólo entenderán los que hayan leído la novela.

Y luego están los cachondos créditos finales. Debería existir una ley que obligase a todas las películas a tener unos créditos (iniciales o finales, a elegir) molones, en los que sonase alguna canción de puta madre, como en éste caso.

En resumen, una gran película, grotesca, graciosa, alucinógena, entretenida y llena de un humor negro no apto para todos los públicos. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Escoria


Irvine Welsh, el autor de Trainspotting, nos presenta un libro tremendamente asqueroso, divertido y cabrón, aunque a veces acabes sintiéndote culpable por reírte con ciertas cosas que aparecen en él.
El protagonista es el sargento de policía Bruce Robertson, que desde ya pasa estar en la lista de los personajes más hijos de puta, malnacidos y cachondos de la historia. Mezclad a Torrente, Nicolas Cage en Teniente Corrupto, Barney Stinson y Patrick Bateman, y tendréis una aproximación de quién es Bruce Robertson. El tipo tienen todos los defectos del mundo: alcohólico, drogadicto, racista, machista, psicótico, devorador de comida basura, ninfómano, manipulador y mentiroso... bueno, y para colmo tiene un sarpullido en los huevos y una solitaria en las tripas que toma consciencia propia y a veces se apodera de la narración. ¡Es más! la jodida lombriz intestinal es quien nos narra la vida y secretos del protagonista, a la vez que trata de analizar su psique.

La historia gira en torno al asesinato de un negro, hijo de un político. El caso le es asignado a Bruce Robertson, que no está conforme con la idea de buscar al asesino de un ser humano cuya muerte le importa dos cojones y medio.
Pero no, el libro no trata sobre la investigación policial, pues el prota pasa de todo, sino del día a día de Bruce Robertson y de cómo disfruta jodiendo a la gente como un verdadero experto en la materia.
Todo contado en primera persona, por lo que constantemente estamos dentro de la cabeza de Bruce, conociendo al detalle sus pensamientos llenos de ironía, sarcasmo, mala leche y odio.

Eso sí, las últimas 60 paginas más o menos se tornan tremendamente oscuras, desembocando en uno de los finales más macabros y cabrones que recuerdo, además de desvelar las dramáticas razones que han hecho de Bruce Robertson un completo bastardo. A eso hay que sumarle algunos giros argumentales que me han dejado con la boca abierta y que en ningún momento los vi venir. 

Muy pero que muy recomendable, especialmente para aquellos que disfrutan del humor negrísimo, lo políticamente incorrecto y los personajes carismáticos (y malvados).

Ahora sólo falta que la película esté a la altura y se atreva a ser fiel a la novela. Sea como sea, me muero de ganas de verla. 


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