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viernes, 7 de febrero de 2014

La casa del Diablo (2ª parte)


Tras el desfase de la entrada anterior, en la que se me cruzaron los cables y terminé yéndome por los cerros de Úbeda en vez de hablar de lo que iba a hablar, retomo el tema, a ver si ésta vez es posible que me centre y no acabe dando una master class de física cuántica.

La casa del Diablo es otra de las muchísimas películas de temática satánica que se han puesto de moda hoy en día, con la diferencia de que esta es buena. Muy buena, qué coño, y junto a The Lords of Salem y la regular pero no desastrosa El último exorcismo, es de lo poco potable que vais a encontrar de momento.
La película parte de una idea muy simple (niñera a la que llaman para currar en una casa siniestra), y de un presupuesto bajísimo, pero el encanto de La casa del Diablo reside en su atmósfera, sus interpretaciones y, sobre todo, en su estética. Y aquí es donde ésta entrada confluye con la anterior, en la que comentaba el esfuerzo de muchas películas por querer parecer antiguas a base de carteles retro
y filtros que dan a la imagen un aspecto viejo y desgastado, pero que luego caen en el error de meter efectazos digitales y secuencias que una película de Serie B no podría soñar jamás, y entonces se rompe la magia y descubres que, pese a todos los adornos, estás viendo una película del puñetero 2011.
En cambio, La casa del Diablo es retro en su totalidad, no sólo en su póster y en su argumento. La banda sonora nos remite a los 80; la fotografía y la textura, sin necesidad de filtros barrocos, dan la impresión de pertenecer a una película de los 70; los créditos iniciales y finales son puramente añejos, y hasta la sencillez de los planos nos hace creer que estamos viendo algo con más de treinta años a sus espaldas. 
Veréis, cuando ponéis una película que trata de emular al cine barato de los 70 y 80, lo primero que nota el espectador (incluso el espectador poco experimentado en el tema) es que se está tratando de emular al cine de bajo presupuesto de los 70 y 80. En cambio, con La casa del Diablo no ocurre eso, ya que os prometo que, sobre todo al principio, cuesta diferenciar a qué año pertenece esta película, por muy del 2008 que sea.

Como ya he dicho antes, la película parte de un argumento simple hasta decir basta, lo cual no quita que sea efectivo y consiga su propósito, que no es otro que el de inquietar. Porque aunque algunos no lo crean, un guión simple no es sinónimo de guión malo y, por consiguiente, mala película.
La casa del Diablo tiene un guión perfecto para contar lo que quiere contar, directa al grano, sin segundas lecturas ni matices. Esto es una historia sobre satanismo, y ahí no es necesario un guión complejo, sino una buena atmósfera, una historia efectiva y, a ser posible, sentir amor por el género, algo de lo que Ti West va sobrado, o eso juraría yo. 

Y ahora os dejo con unos cuantos pósters de la peli. No consigo decidir cuál me gusta más...






La casa del Diablo (1ª parte)


A raíz del estreno de Planet Terror y Death Proof, allá por el lejano 2007, surgió una extraña pero interesante tendencia: rodar películas de terror con argumentos estrambóticos o directamente absurdos, con la premisa de homenajear estéticamente a la Serie B setentera y ochentera más casposa, cutre y encantadora. Esa que se encontraba en las esquinas más oscuras de los ya tristemente fallecidos videoclubs.
Estos films (la mayoría decepcionantes, salvo excepciones como Hobo whit a shotgun o Machete), como ya digo, no sólo trataban de imitar los argumentos disparatados de aquellas viejas películas de terror, sino también su estética, así que ya os podéis imaginar cómo iba la cosa: pósters con un diseño que simulaba desgaste y bordes rotos, títulos de créditos de aspecto retro, banda sonora igualmente retro y (esto no os lo sabría decir con seguridad) filtros de imagen que simulaban los arañazos, motas de polvo e imperfecciones en el negativo, lo cual hacía que la película tuviese un intencionado aspecto desastroso. Pero ya os digo, no sé si esto último lo hicieron más películas o sólo Planet Terror y Death Proof. 
En cualquier caso la broma tuvo gracia, hasta que, como no podía ser de otra forma (y a la fiebre zombie actual me remito), se pusieron pesados y repetitivos, y no había huevos de encontrar una película de terror de bajo presupuesto cuyo póster no imitase el estilo de los 70 y 80.

Y ahí radica la cuestión a la que quería llegar con todo el rollo que estoy soltando: la inmensa mayoría de las películas que jugaban al Grindhouse se quedaban sólo en un póster resultón con aires retro, porque cuando veías la película descubrías que allí no había nada de los 70 y 80, sino que se trataba de una simple película de terror mediocre. Es más, las propias Planet Terror y Death Proof son infieles a la estética y décadas que homenajean, y ojo, que ambas películas me encantan, pero vamos a ser sinceros.





En Planet Terror todo es retro, y la imagen está llena de arañazos y quemaduras, y la banda sonora parece que la ha compuesto John Carpenter para alguna de sus locuras ochenteras, pero luego ves esos efectos especiales que, sin ser nada del otro mundo, te sacan de esa máquina del tiempo que pretendía ser la película. Secuencias como la del helicóptero triturando zombies con sus aspas, o esos efectos digitales que, sí, cantan mucho, pero con ellos se consiguen cosas que hace cuarenta años habrían sido imposibles. En otras palabras: Planet Terror es algo así como una película casposa de altísimo presupuesto y hecha con los medios de hoy en día, y eso es algo que, bajo mi punto de vista, Robert Rodriguez debería haber evitado. ¿Quieres hacer una película como la de los 70? Bien, pues hazla como si estuvieses en los años 70, así que olvida el CGI y los efectos especiales de última generación.

Y en Death Proof ocurre tres cuartos de lo mismo. Todo muy retro y desgastado, un argumento absurdo y genial, pero amigo Tarantino, campeón, si diriges TAN JODIDAMENTE BIEN y te marcas esos planos secuencia y esas persecuciones que quitan el hipo, no parece que estés haciendo un subproducto de videoclub rodado con 4 duros. Menuda paradoja..., ¡está mal que la dirija tan bien! 
Pero bueno, ya os digo que todo esto que estoy comentando en realidad me importa un pimiento porque tanto con Death Proof como con Planet Terror me lo paso pipa, aunque me he enrollado demasiado, y lo que debería haber sido una introducción de cinco líneas para hablar de La casa del Diablo se ha convertido en toda una entrada, así que no sé si seguir o dejarlo para mañana, que es tarde, tengo frío y esto se me ha ido de las manos. 

Decidido, mañana continúo... 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante


A veces uno se topa casualmente con películas cuya existencia desconocía por completo, y este es uno de esos casos. La cuestión es que leí en una revista un breve comentario sobre la secuencia final de esta película, y pensé que si terminaba de esa forma no podía ser mala, o como mínimo no me dejaría indiferente, algo que ya es una razón de sobra para verla. Y estaba en lo cierto. 

¿De qué va esta película con nombre de film cómico/erótico europeo? Es extraña, tanto como el cine de Luis Buñuel (incluso como el de Alejandro Jodorowsky), del que estoy seguro que su director, Peter Greenaway, bebió muchísimo, especialmente de El discreto encanto de la burguesía (si no la habéis visto, dejad de leer estas chorradas que escribo y poneos a ello), pues tiene algunos puntos en común bastante obvios. 
El argumento, (cuyos protagonistas son esos a los que el título hace alusión, ni más ni menos), gira en torno a un mafioso dueño de un restaurante de lujo en el come a diario. Dicho mafioso (interpretado por Michael Gambon) es un tipo grosero, cruel, violento, psicótico y déspota, que disfruta de la comida tanto como de la humillación y el maltrato de todos aquellos que le rodean. 
Unos rótulos nos indican el día de la semana en la que nos encontramos, y acto seguido presenciamos la cena del mafioso, acompañado por sus compinches (entre ellos un joven y primerizo Tim Roth) y su esposa (Helen Mirren), quien le echa el ojo a un solitario cliente que resulta ser todo lo que no es su marido, es decir, buena persona. 

Podría tratarse de una especie de aburrida novelita rosa, pero la forma en que la película está rodada y los toques surrealistas puramente Buñuelescos hacen que las dos horas de metraje se conviertan en una
experiencia muy curiosa y especial que, guste o no la película, difícilmente dejará indiferente a algún espectador. 

Ya de por sí resulta abstracta la forma, exageradamente tiránica y cruel, en la que el mafioso trata a su esposa, amigos e incluso clientes, pero a esto hay que sumarle detalles que evocan lo onírico y surreal, como esos perros que siempre están rondando la puerta del restaurante, ese niño angelical que no para de cantar, el inmenso tamaño de la cocina del restaurante o los constantes cambios en el color de la ropa de los personajes, a juego con la habitación en la que estén en ese momento. 

También hay momentos escatológicos, grotescos y violentos, además de un final que es para que se te caigan los huevos al suelo y aplaudas. 

En el apartado técnico destaca prácticamente todo; la pegadiza, sugerente e hipnótica banda sonora de Michael Nyman (que a veces recuerda a Morricone) y el milimétrico y calculado trabajo de cámara, lleno de movimientos mecánicos y suaves. Y por supuesto hay que mencionar la maravillosa escenografía, cuidada al máximo, así como el peculiar vestuario de los personajes, que en ocasiones hace que nos parezca que estamos viendo uno de esos desfiles de moda en los que los modelos llevan ropa que luego no usa nadie. 

En definitiva, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante es una película no apta para todos los públicos ni todos los estómagos, pero desde luego es perfecta para cualquiera que esté interesado en ver cine alejado de los convencionalismos, y además de calidad.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Bigfoot Sangriento


Una de las varias razones por las que me encanta la revista Scifiworld (pese a tener erratas en casi todas las páginas), es que da a conocer títulos desconocidos, de esos que acumulaban polvo en las estanterías de los videoclubs durante los 80 y principios de los 90. Películas casposas pero adorables.

En el número de éste mes hablaban de forma escueta sobre una especie de slasher ochentero en el que el asesino de turno es el bigfoot, o algo así. 
Lo primero que me llamó la atención es que el principio de la película podemos ver una filmación casera que accidentalmente grabó un ataque del monstruo. Digo que me llamó la atención porque es un recurso muy de ahora, y choca verlo en una película de 1980.
Otro detalle curioso (y me estoy quedando sin ideas para seguir hablando de esta peli) es que Bigfoot Sangriento tiene el síndrome Death Proof, es decir, el asesino se cepilla a todas sus víctimas de golpe, en un solo ataque. En el caso de ésta película no es tan evidente como en Death Proof pero casi, y gracias a ese planteamiento tenemos un final bastante digno. SPOILER después de mucho marear la perdiz, el monstruo entra en la cabaña, se cepilla a todo el personal y adiós muy buenas SPOILER.

Pero no voy a venderos la moto, porque la película es mala con narices y no hay por dónde cogerla, pero si como a mí os gusta la caspa ochentera de videoclub, los monstruos y el slasher, Bigfoot Sangriento puede resultaros entretenida y, sobre todo, encantadora. Todo lo retro, y especialmente lo ochentero, es encantador, maldita sea. 

PD: si queréis ver como a un motero le arrancan la chorra en primer plano, buscad la versión sin censura. 

Bueno, os ahorro el trabajo. 

martes, 28 de mayo de 2013

Leatherface: La matanza de Texas 3


Partamos de la base de que la película en cuestión es mala. Mala de narices, lo reconozco, pero soy demasiado fan de la saga como para resistirme a los encantos de una película cuyo principal villano es un psicópata con una máscara de piel humana y una motosierra. ¿Qué le vamos a hacer? No soy de piedra, y a mi esas cosas me ponen sentimental. 

Recuerdo que ésta película la descubrí gracias a internet, a mis tiernos catorce años, cuando muchas de mis clases en el instituto las empleaba en curiosear en la red (a escondidas de los profesores) sobre películas poco conocidas de las que nunca había escuchado hablar. Tenéis que comprenderme, yo en aquella época no tenía internet en casa, así que aprovechaba los ratos que podía en el instituto para navegar y buscar información sobre mi principal vicio; el cine. 
Realmente era fascinante descubrir por primera el interminable océano de información que es la red de redes, pues literalmente flipaba buscando pósters, trailers, imágenes o sinopsis de películas que para mí eran desconocidas o de las que sólo conocía el título y poco más. 
Un día, de pura casualidad, encontré el póster de una película titulada Leatherface: La matanza de Texas 3, y mi curiosidad se puso cachonda. No tenía ni idea de su existencia. 
Por aquel entonces yo ya era fan de la saga, pero debido a la falta de medios a mi disposición para obtener información, sólo conocía la película original, su secuela y el bodrio La matanza de Texas: La nueva generación (porque encontré vi el VHS en un videoclub, que si no tampoco).

El póster de La matanza de Texas 3, con esa motosierra en primera plano en cuya afilada hoja podía leerse la sierra es la familia me volvió loco. Necesitaba ver esa película lo antes posible, pero recordad que estamos hablando del 2002 aproximadamente, por lo que las cosas no eran tan fáciles como ahora en lo que a encontrar rarezas cinematográficas se refiere, y a eso le sumamos que yo nunca he sido especialmente habilidoso con los temas informáticos, pues apaga y vámonos.

Pero tuve suerte. Pocos meses después de mi hallazgo, un amigo me dio una copia pirata (no está ni estaba editada en dvd, lamentablemente) grabada en un disco, y por supuesto la devoré al instante. 
¿Qué me encontré? Bueno, la película empezaba con los clásico rótulos introductorios, al igual que en la original, en la que se nos narra (quizá para dar un aire a basado en hechos reales, sin conseguirlo) la historia de la sádica familia de carniceros, usando frases como asesinos caníbales a discreción (¿¿qué coño significa eso??). Luego, a los pocos minutos de empezar, vemos a un periodista cubriendo una noticia aterradora; se ha encontrado una fosa común con todas las víctimas de la familia caníbal.
Recuerdo que mi amigo y yo lloramos de risa cuando escuchamos decir al reportero cuando un cadáver se entierra en estas circunstancias, con esta temperatura y durante mucho tiempo, se pudre. ¡GRACIAS, no nos lo hubiésemos imaginado nunca!

En fin, es obvio que si en menos de cinco minutos se sueltan dos perlas tan cutres, la película tiene que ser un despropósito de aúpa, y lo es, no os lo voy a negar, pero la vi con tantas ganas que me supo a gloria, y de hecho desde entonces la habré visto al menos cuatro veces más. 
Es terriblemente mala, pero muy divertida. No tan divertida ni humorística como la segunda parte, pero casi. No olvidemos que estamos hablando de una película de los 90, y los 90 no se caracterizan especialmente por su buen cine de terror. 

Como viene siendo costumbre con esta saga, la cual ha ido mutando cada vez más desde la primera entrega, lo ocurrido en la anteriores partes es ignorado, y es que de no ser así no existiría esta tercera película, puesto que todos los miembros de la familia caníbal mueren en la segunda. Así que La Matanza de Texas 3 podría considerarse un reinicio, aunque tampoco, ya que tiene algunas conexiones con la primera película, como el hecho de que Leatherface tenga una pierna lisiada (al final
de la primera película le caía la motosierra en la pierna), o la presencia de un personaje sospechosamente parecido al tarado de la cámara de fotos de la película original. Aquí también lleva una cámara de fotos, intenta vender las fotos que hace sin que nadie le haya pedido hacerlas, y por supuesto está mal del coco.

¡Ah! y el armadillo atropellado en la carretera. Eso también está. 

La película, como ya digo, está mucho más cerca del tono graciosillo de la segunda parte que del realismo enfermizo de la original, de ahí que encontremos escenas tan surrealistas y descacharrantes como esa en la que a Leatherface le regalan una enorme motosierra cromada, o cuando dos de los psicópatas prueban el mecanismo que han diseñado para dar martillazos en la cabeza. 
A todo eso hay que sumarle la incursión de personajes que no sabemos de dónde salen, como la niña rubia de aspecto angelical pero chiflada, que se da piquitos con Leatherface y cuya muñeca es en realidad un bebé muerto momificado, o la vieja en silla de ruedas que habla a través de un micrófono incrustado en el cuello. 
Todo salpicado con algo de gore (no demasiado, recordad que son los 90)  y escenas asquerosillas típicas de la saga. 
Y por supuesto no nos podemos olvidar de la presencia de un desconocido por aquel entonces Viggo Mortensen y del mítico Ken Foree, a quien hemos podido ver en Zombie, de George A. Romero, o en la reciente The Lords of Salem, de Rob Zombie.

En definitiva, La Matanza de Texas 3 es técnicamente hablando una película malísima, pero adorablemente cutre  y adorablemente divertida. Un título que, a mi parecer, sólo disfrutarán los fans acérrimos de la saga, como yo. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Maniac (2012)


Mira que no me canso de decirlo, y cuando veo cintas como ésta con más fuerza lo hago: no todos los remakes son malos. Ni por asomo.

Franck Khalfoun, que ya nos deleitó (al menos a mí) con la notable Parking 2, regresa a lo bestia con el remake de la fabulosa y pionera Maniac, de William Lustig. Digo pionera porque no recuerdo ninguna película anterior a aquella en la que el protagonista fuese únicamente el asesino, y de hecho seguimos sin estar acostumbrados, ya que aunque el psicópata sea siempre la figura más atractiva en éste tipo de películas, la historia se nos suele contar normalmente desde el punto de vista de la policía o la víctima. Con Maniac no ocurría eso, por lo tanto la película funcionaba tanto como a modo de slasher como de diario macabro de las andanzas de un perturbado mental.
Khalfoun, apadrinado por el echado a perder Alexandre Aja (después de la maravillosa Alta Tensión y  el estupendo remake de Las colinas tienen ojos, el hombre ha perdido el norte) parece ser consciente de eso que comento, y posiblemente sea esa la razón por la que el 90% del remake está rodado en primera persona desde el punto de vista, cómo no, del asesino. 
Es obvio que el director quería hacer énfasis en ese sentido. No le bastaba con contarnos la historia en primera persona como en la original, sino que quería que esa primera persona fuese física, y que el espectador formase parte del siniestro día a día del protagonista. 
Pero el director no es tonto, y como ya he dicho antes la perspectiva subjetiva está presente en un 90%, no en el 100% del metraje, ya que en los momentos más impactantes o profundos es sustituida por una perspectiva convencional, de modo que el espectador consigue ver claramente lo que ocurre, ¿por qué? Porque el director quiere que lo veas. 

A decir verdad el tema de la primera persona es la mayor novedad que ofrece éste remake, ya que por lo demás es un calco del filme original, al menos en lo que a la trama principal se refiere, porque los asesinatos son diferentes. 
Y hablando de asesinatos, estos merecen una mención especial. 
Hacía tiempo que un slasher no me dejaba tan mal cuerpo como Maniac 2012, y es que los asesinatos son verdaderamente salvajes y realistas. No es un gore exagerado como el de Saw, Evil Dead, etc, que de excesivo termina siendo cómico. Éste te lo crees porque es totalmente verosímil. 
Hay mucha sangre, claro, pero los asesinatos no son convertidos en una fiesta de tripas y casquería, sino que son tratados de una forma muy cruda y real.
Todo esto que digo está aderezado por unos efectos especiales fantásticos, y aunque se deje ver por ahí algún que otro retoque digital, la mayoría de efectos están realizados a base de látex y prótesis. 

La banda sonora, al igual que la fotografía, es otro elemento que llama la atención por su calidad, evocando constantemente la música y sintetizadores de los 80. Pero su calidad no queda en la mera imitación nostálgica, sino que va más allá y nos ofrece unas partituras bellísimas y elegantes. 

Todos los que hemos visto la película original tenemos en mente a Joe Spinell en el papel del asesino,
ya que era un actor perfecto para interpretar a un personaje así, pero Elijah Wood, con su cara y físico de niño bueno, no se queda atrás, entre otras cosas porque realiza una gran labor interpretativa. Obviamente no tiene la pinta de psicópata que tenía Spinell, pero precisamente por eso impacta tanto.
A Spinell te lo imaginas cometiendo cualquier barbaridad, pero ver a Elijah Wood arrancando cabelleras de mujer... es algo que también se queda grabado a fuego. 
No digo que sea mejor que Spinell; digo que está al mismo nivel, y que ambos, pese a la radical diferencia física, son perfectos para el papel. 

Y poco más puedo decir sobre ésta joya del terror actual. Sólo me queda recomendarla a todos aquellos a los que les gustó la original, ya que encontrarán en éste remake un complemento perfecto que, pese a la similitud con la película de Lustig, aporta suficientes elementos y posee personalidad de sobra para ser tenido en cuenta como algo más que un simple remake de un clásico. 

PD: atención al genial guiño que se hace al mítico póster de la película original. 

lunes, 8 de abril de 2013

Evil Dead (2013)


Tarde o temprano tenía que pasar, y ya con la estupenda Arrástrame al Infierno Sam Raimi parecía querer decirnos eh, chavales, el remake de Evil Dead no tardará, y efectivamente ya tenemos con nosotros la nueva versión de aquel histriónico clásico semi amateur del terror ochentero, aunque Raimi no haya sido finalmente el director, sino el debutante (y parece que competente) Fede Álvarez. 

Para empezar, el remake es de esos que me gustan a mí, de los que no se limitan a copiar plano a plano el film original (algo que por suerte no es muy habitual en el mundo de los remakes), sino que complementa a la película del 81, añadiendo matices a la trama y cambiado ciertos elementos por otros, aunque el conjunto es básicamente lo mismo, es decir, un grupo de chavales aislados en una cabaña en el bosque leen un libro extraño y con mala pinta y se forma la de Dios bendito. Así que sí, en general es la misma trama que tenía la película de Raimi. 
¿Dónde reside la calidad de la que se ha estado hablando en diversas web, qué elevaban éste remake a la altura de film de culto? Muy fácil. Hay ciertos elementos que colocan a ésta película en la afortunada lista de remakes que, sin superan a sus originales (ni pretenderlo), pasan muy, muy cerca de igualarlos en calidad. 
En el caso de Evil Dead 2013, los elementos que hacen de éste un remake digno de ser recordado serían los siguientes:

Efectos Especiales: Fede Álvarez nos tomó un poco el pelo cuando dijo que todos, absolutamente todos los efectos especiales de la película eran a base de látex, prótesis y demás técnicas de la vieja escuela, pero no es así. Decía la verdad el 95%, pero hay ciertos momentos en los que se nota a la legua que se han usado efectos digitales. Ojo, no digo que esto sea un problema, ya que el CGI no da el cante y además se usa con muchísima moderación (y tampoco soy de esos nostálgicos talibanes que les tienen echada la cruz al CGI), pero hay que decir las cosas como son y ser sinceros, y lo cierto es que no todo es látex.
Aún así, teniendo en cuenta que estamos hablando de una película del 2013, es tremendamente artesanal, ya que de haber estado en manos de otro director todos y cada uno de los momentos gore se habrían solventado con un par de kilos de CGI y adiós muy buenas. De modo que, aunque como he dicho antes no todo sea látex, la película sigue siendo mucho más artesanal de lo que nos tienen acostumbrados desde hace un buen puñado de años. 

Carnaza: La película no se anda por las ramas ni se corta un pelo a la hora de mostrar violencia explícita, heridas, mutilaciones, desmembramientos... vamos, todo lo que significa la saga Evil Dead.
Y bajo mi punto de vista, éste es uno de los puntos fuertes que ha hecho que el remake haya sido tan bien recibido, porque viendo el mojigato y edulcorado panorama actual del cine de terror comercial (repito, comercial), es de agradecer un título tan cafre y salvaje, y de hecho me sorprende que se haya estrenado sin problemas. 
Eso sí, se nota que han recortado bastantes cosas, por lo que imagino (y deseo) que habrá versión extendida en dvd y bluray. Sólo en el trailer y en alguna foto que he visto por internet he identificado cuatro momentos que no aparecen en la película. 

El director: Ya no es sólo que salte a la vista que Fede Álvarez, como director, sea algo más que un simple, soso y mediocre asalariado como John Moore y tantos otros, sino que tiene talento y pulso de hierro (que en el futuro sepa elegir buenos proyectos y explotar su talento ya es otro tema, pero de momento va muy bien), y lo más importante de todo: le gusta el cine y el material original que ha remakeado. 
No me cabe duda de que para ser buen director de cine te debe gustar el cine y ser algo más que un autómata sin personalidad que trabaja con el piloto automático, y que para hacer un buen remake es fundamental ser fan de la película original y del género, porque ese cariño, esas ganas y ese respeto se notan en el resultado final. 

Obviamente y como no podía ser de otra manera, muchos fanboys ya se han pronunciado en contra de éste remake con sus típicos argumentos rancios y absurdos, como por ejemplo destroza la película original, no se parece a la original, es una blasfemia, me niego a verla, hay CGI, no sale Bruce Campbell, bla, bla, bla, bla. Vamos, lo típico de gente con serias limitaciones mentales. 
La han criticado incluso por carecer de humor, ¡ni que en la original lo hubiese! Una cosa es que te rías con esos maquillajes hechos a base de plastilina, y otra muy distinta es que la película pretendiese ser graciosa. 
Y bueno, he leído bastantes chorradas más que ni me voy a molestar en comentar. 

Así que ignorad a los fanboys y hacedme caso a mí. Evil Dead 2013 es, independientemente de ser el remake de un clásico, una gran película de terror a la antigua usanza, potente, salvaje y explícita. Sólo por eso, y teniendo en cuenta los políticamente correctos tiempos que corren, vale la pena darle una oportunidad. 

lunes, 18 de febrero de 2013

Hostel


Llevo una racha en la que estoy revisando películas que de primeras no me gustaron o me gustaron muy poco, como Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, Avatar, La Jungla 2: Alerta Roja, o Hostel, entre otras.
Y la verdad es que me estoy llevando muchas alegrías porque todas, sin excepción, me han gustado en el segundo visionado, y las que me gustaron poco, ahora me gustan mucho más. Pero quizá ha sido con Hostel con la que más he cambiado de parecer, y es que aunque sigue siendo una película mediocre, la considero mucho más divertida y menos pretenciosa que títulos similares como la saga Saw. 

Hostel parte de unos supuestos hechos reales que Eli Roth, el director, descubrió casualmente navegando por internet. Al parecer encontró una noticia según la cual, en alguna zona de Tailandia (¿Tailandia? No estoy seguro, pero tampoco importa) alguien con problemas económicos se había ofrecido a sí mismo para ser asesinado a cambio de dinero, con el propósito de entregar dicho dinero a su familia una vez muerto. 
La historia es rocambolesca y macabra, pero perfectamente posible si se lleva a cabo en lo márgenes más alejados de la ley, y es ahí dónde comienza Hostel. El negocio de la muerte; pagar por matar, al igual que también se paga por follar. Esto último también está presente en la película, por lo que funciona como contraste entre ambos negocios, radicalmente opuestos y al mismo tiempo tan parecidos. 
Ahora convirtamos esa noticia que Eli Roth encontró en internet en una película de terror ochentera, con el tono desenfadado y divertido que eso conlleva, y el resultado es Hostel. 
Pero amigos, no voy a ponerme a filosofar ni a buscarle los tres pies al gato. Si hay algo que detesto es sobre-analizar algo que es más simple que el mecanismo de un botijo, y Hostel es así, así que aquí no valen las dobles lecturas más allá de lo que ya he comentado. 
También me gusta ser objetivo, así que sí, todas las malas críticas que habéis leído sobre ésta película están en lo cierto. Es mala, hay que admitirlo, como también hay que admitir que tarda en arrancar y que quizá no haya tanta carnaza como se nos prometió, pero eso no quita que sea rematadamente divertida, y que después de una primera media hora bastante mediocre (parece American Pie, joder), la cosa se pone gamberra y salvaje. 
No voy a engañaros. La historia base de la película daba para mucho más, pero aún así creo que no es tan mala como la pintan, y que como mínimo nos puede hacer pasar un rato entretenido viendo torturas y amputaciones (ains, mi querida salud mental ¿cuándo volveré a saber de ti?).

Dicho de otra forma, es una película para verse con la mente abierta de par en par, sin esperar un producto de calidad, sólo diversión y casquería, y algunos momentos que realmente consiguen dar mal rollo. 

miércoles, 6 de febrero de 2013

The ABC´s of Death


Como suele ocurrir con las antologías o películas de capítulos, no todos los cortos que forman la obra pueden estar a la misma altura, y éste caso no iba a ser una excepción, pero lo cierto es que el número de cortometrajes buenos supera con creces al de malos, por lo que The ABC´s of Death resulta una película notable.
Directores como Nacho Vigalondo, Ti West, Angela Bettis y un total de 26 cineastas (poco conocidos casi todos ellos) se dan la mano en ésta película, aportando cada uno su particular visión de la muerte, tirando de escatología, gore y mucha imaginación. 

A cada director se le ha asignado una letra del abecedario, y a partir de esa letra y de una palabra que empiece con ella, ha confeccionado cada uno de ellos un cortometraje sobre una temática común: la muerte. Eso sí, nada de convencionalismos. Cada cortometraje abarca éste tema de una forma grotesca, surrealista, extraña y salvaje. 

Cada cortometraje posee un estilo propio, por lo que es casi imposible que el espectador no encuentre al menos unos cuantos que le gusten. Y si toca uno coñazo, no pasa nada, porque la duración de éstos es muy breve, así que en seguida pasamos a otro capítulo totalmente diferente. 

Lo que más abunda en ésta película es el gore, el humor y lo políticamente incorrecto, pero aún así queda espacio para algún corto de corte (casi) serio, incluso abstracto, como el que corresponde al director de Amer. 

La variedad llega incluso a los niveles técnicos, habiendo cortos de aspecto ameteur, a otros totalmente profesionales y técnicamente impecables.

Bajo mi punto de vista los peores cortos, y los que suprimiría del metraje, son los de origen asiático (salvo el de la competición de pajas, que es buenísimo y bestia). Como suele ocurrir con el cine fantástico asiático, y razón por la cual no suele gustarme (salvo las películas que consiguen quedarse en un término medio), se pasan de raros y bizarros, y es que de tan excéntrico que quieren ser terminan siendo ridículos. 

Salvo el último aspecto que he comentado, que no deja de ser una simple opinión personal, por lo que no deberíais tenerla en cuenta a la hora de ver o no ver la película, The ABC´s of Death es una pequeña obra maestra muy curiosa, que puede satisfacer a cualquier aficionado al género fantástico por su gran variedad de tonos y estilos. 

sábado, 22 de diciembre de 2012

Cut and Run


Ésta vez espero no cagarla como hice a principios de semana reseñando una película (Django) que ya había reseñado meses atrás (Django). El día que tenga 1000 entradas no sé qué va a pasar...
Lo dicho, espero que no me ocurra más, porque es un poquito penoso... más aún cuando es uno de los lectores el que se da cuenta del error.

Bueno, hoy quiero hablaros de una divertida y lamentable Serie Z a cargo de Ruggero Deodato, un tipo al que le tengo admiración por ser el director de Holocausto Caníbal, pero que también odio un poco por haber engendrado ese aburrimiento total que es Trampa para un violador. 
Digamos que después de ver Cut and Run mi balanza se ha inclinado hacia el lado positivo, ya que estamos ante una película que, si bien no está exenta de momentos bochornosos y cutrones, en general es altamente disfrutable y entretenida, y por qué no decirlo, bastante cazurra (algo que no sorprende siendo Deodato el director).

La película nos presenta a un grupo de periodistas que van al amazonas a investigar no sé qué hostias de unos narcotraficantes, y terminan dándose de morros con una panda de chiflados compuesta por caníbales y más narcotraficantes chungos. De esta parte no me acuerdo demasiado bien, y además, son casi las doce de la noche y acabo de tomarme un café bien cargado de ron, de modo que perdonad si digo estupideces y no me acuerdo de la mitad de las cosas.


La cuestión es que los periodistas estos, por una parte quieren pirarse, y por otra quieren entrevistar al jefe de los narcotraficantes chiflados, que es una suerte de Coronel Kurtz de Apocalypse Now, pero en versión Hacendado. De hecho, todo el secretismo y el misterio que esconde la figura de éste tío, y el tiempo que tarda en aparecer en pantalla (sale desde el principio, pero durante segundos. Es al final cuando lo podemos ver bien y conocer las patochadas que tiene en la cabeza) recuerdan poderosamente a lo que ocurría con Marlon Brando en Apocalypse Now. 
Es más, cuando aparece el chiflado de Cut and Run al final de la película, descubrimos que tiene a su cargo toda una tribu de caníbales, y para colmo se pone a filosofar y intentar ser profundo. ¿De qué me suena todo eso? ¡Ay Deodato, que se te ve el plumero! 

Cut and Run también puede recordar levente a una pelicula de aventuras al más puro estilo Indiana Jones (salvando las gigantescas distancias), pero añadiendo un guión pésimo y unas escenas gore bastante explícitas y efectivas. 
Así que no esperéis una película de terror, porque no lo es. Cut and Run es una película de aventuras, pero con muy mala baba, eso sí. ¡Ah! y sale Michael Berryman, el tío feo de Las Colinas tienen ojos original. ¿Qué más queréis?

¿La recomiendo? Por supuesto. Ya sabéis que yo me paso por el forro que una película sea mala siempre y cuando me entretenga o me haga reír con su mediocridad, aunque es justo decir que Cut and Run no es precisamente mediocre. Las hay mucho peores, hacedme caso. 
Ojito los Ned Flanders y los altamente sensibles. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Messiah of Evil


Qué injusta es en ocasiones la industria del cine con ciertos títulos que, por una razón u otra, han tenido una distribución pésima y no los conoce ni Dios. Y no hablo de malas películas que hayan quedado condenadas al olvido, sino de films que, de haber tenido una distribución más decente, a día de hoy serían clásicos. 

Messiah of Evil es una de esas desconocidas películas que merecen ser reivindicadas una y otra vez, especialmente porque no se trata de una película de terror convencional, aunque en un primer momento pueda parecerlo por su argumento estándar.
¿Y qué no sea convencional la convierte en un título digno de mención? Aunque la falta de convencionalismos no tiene por qué ser sinónimo de calidad, en este caso estamos ante una maravillosa película que funciona por varias cosas. 
Como ya he dicho, el argumento es bastante tópico, pero el punto fuerte de Messiah of Evil reside en su estupenda ambientación y en su logradísima y terrorífica atmósfera, que nos traslada a un pueblo extraño y opresivo, donde lo pesadillesco y onírico se respira en el aire.
Podría decirse que Messiah of Evil es una adaptación no confesa de La sombra sobre Innsmouth, del gran Lovecraft, aderezada con elementos de La noche de los muertos vivientes y unas pinceladas oníricas que recuerdan al posterior trabajo de David Lynch. 

A lo largo del metraje encontramos varias escenas memorables y perturbadoras, como las secuencias del supermercado y el cine, o el momento protagonizado por el espeluznante negro albino devorador de ratas.
Durante toda la película flota en el aire una intensa e inquietante sensación de irrealidad, lo que, con permiso de Lucio Fulci y su obra maestra, El Más Allá, hace que parezca que la protagonista está dentro de una pesadilla de la que no puede despertar, pero por suerte para el espectador no se trata de una pesadilla, ya que hubiese sido muy decepcionante que la protagonista estuviese realmente soñando. Sencillamente la película transcurre en un pueblo bastante raro y desagradable. 

Altamente recomendable, aunque imagino que para verla tendréis que hacer las mismas cabriolas que he tenido que hacer yo, puesto que no se trata de una película precisamente asequible. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

La odisea Charlesmansonniana de Rob Zombie (2ª Parte)

No os lo vais a creer, pero cuando vi por primera vez Los Renegados del Diablo salí del cine horrorizado por el espectáculo de violencia que acababa de presenciar. La película me había parecido truculenta, desagradable y bestia. 
Si a cualquiera que me conozca le digo que una película no me ha gustado por ser violenta, seguro que se piensa que estoy de broma, y posiblemente así sea, pero Los Renegados del Diablo consiguió resultarme demasiado fuerte. 
Meses después volví a verla y todo lo que no me había gustado de ella, ahora me parecían virtudes. 
No recuerdo por qué cambié tan radicalmente de opinión, pero con el segundo visionado aluciné. 

Bien, esta película es la secuela directa de La casa de los 1000 cadáveres, como todos sabréis ya, pero sufre del mismo síndrome que Aliens: El regreso; hay un cambio de género dentro de una misma saga. 
Para mí, Alien es puro cine de terror, y Aliens: El regreso, acción. Sí, acción con tintes terroríficos y mucha tensión, pero acción a fin de cuentas. 
Al contrario de La casa de los 1000 cadáveres, que pretendía ser una película de terror al uso, con sus monstruos y sus asesinos chiflados, Los Renegados del Diablo parece querer encaminarse más hacia el western de Sam Peckinpah, o mejor dicho ¿como sería una película sobre las andanzas de Charles Manson dirigida por éste director? Pues aquí está la respuesta. 
Rob Zombie quiso darle a la película un enfoque muchísimo más realista y verosímil, así que se vio obligado a suprimir algún que otro personaje del film anterior, aunque ahora que lo pienso, juraría que sólo elimina a uno: el Dr. Satán, con el que, por cierto, grabó una sangrienta escena para esta secuela que finalmente fue eliminada porque desentonaba con el resto de la película. 

En la primera entrega de la saga era casi imposible creerse las escenas violentas, los asesinatos y las matanzas, porque todo era pura diversión pop y cachondeo videoclipero, pero ahora las cosas se ponen serias. La violencia está tratada de una forma mucho más realista y cruda, y el espectador empatiza mucho más con las víctimas. 
¿Recordáis la diferencia de tono de La Matanza de Texas 2 respecto a su antecesora? Pues aquí ocurre lo mismo, pero a la inversa.
La familia Firefly ronda las desérticas carreteras en busca de víctimas, al mismo tiempo que huye del peso de la ley, representado por un policía vengativo obsesionado con darles caza, aunque lo cierto es que dicho policía es casi tan hijo de puta como los criminales a quienes persigue.

Pese a que los miembros de la familia Firefly demuestran quererse y tener, entre ellos, un sentido de la lealtad bastante fuerte, creo que es imposible que el espectador empatice con ellos y no termine deseando a los pocos minutos de metraje que alguien les vuele la cabeza a todos ellos. 
Cada uno de los miembros de esa familia es un absoluto y total hijo de puta. Monstruos desalmados y fuera de control, desconocedores del significado de la palabra piedad y respeto por la vida humana. 
Sabiendo esto, es difícil no comparar los actos de esta panda de criminales con las atrocidades cometidas por Charles Manson y su "familia" de hippies desquiciados. Es más, el personaje de Otis es clavadito a Manson... sólo le falta hacer algún comentario jocoso sobre Sharon Tate. 

Otro de los puntos a tener en cuenta en Los Renegados del Diablo es, al igual que en la primera parte de la saga, ese aroma a homenaje al cine de terror setentero que aquí se acentúa gracias a unos créditos iniciales de estilo retro y una fotografía mucho más seca y lúgubre que en la colorida La casa de los 1000 cadáveres. 
No sólo de los crímenes de la familia Manson bebe esta película, sino también de títulos como La última casa a la izquierda o el cine de Sam Peckinpah, un cine protagonizado por personajes pendencieros y rebeldes que deciden vivir al margen de lo establecido, y que por norma general terminan muertos. 

Así que ya sabéis, si queréis violencia, sangre y tacos, ésta es vuestra saga, Por mi parte sólo me queda gritar ¡LARGA VIDA A ROB ZOMBIE!, uno de esos directores que sabe darle al aficionado al género lo que quiere. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

La odisea Charlesmansonniana de Rob Zombie (1ª Parte)

Creo que no es necesario recordar la influencia que la figura de Charles Manson y su panda de lunáticos seguidores ha ejercido sobre la filmografía de Rob Zombie (rara es la película de éste cineasta en la que, tarde o temprano, no se acaba mencionado a Manson), plagada de homenajes al seco cine de terror de los 70 y referencias enfocadas a la cinefagia del personal. 
Pero aún no toca hablar de Charles Manson, ya que el díptico La Casa de los 1000 cadáveres/Los Renegados del Diablo comienza como una referencia más directa (y casi única) a La matanza de Texas. 

La casa de los 1000 cadáveres es más que un homenaje al film de Tobe Hooper; es un remake videoclipero. Adolescentes idiotizados tirados en mitad de la carretera, familia de psicópatas a cada cual más enfermo y desquiciado... sí, lo dicho, un remake de colorido hortera  y ritmo frenético. 
Tengo casi comprobado al cien por cien que cuando surge una película de éstas características, es decir, fuera de su tiempo y tratando de emular los viejos clásicos (del género que sean), el artífice de todo, la mente pensadora que hay detrás del filme, es un amante del cine, no un empresario hambriento de dinero, pensando en hacer la película de cualquier forma, quitársela de encima y empezar a ganar pasta. 
La casa de los 1000 cadáveres, pese a sus carencias, está hecha por alguien que conoce el género, y lo más importante de todo: lo ama. 
Y eso se nota, no cabe la menor duda. Pensad en una lista de directores que sean conocidos, entre otras cosas, por su cinefagia; ahí está Tarantino, Vigalondo o el propio Rob Zombie. Todos ellos tienen en común que, dejando de lado los gustos personales del espectador, hacen buen cine, con sello propio, fácilmente identificable.
Cuando el director trabaja desde el cariño y el respeto hacía el medio en el que se mueve, el resultado se nota. 

Pero no nos vayamos demasiado por las ramas. Como ya he dicho, La casa de los 1000 cadáveres no es una película perfecta, pero al estar realizada por un tipo que conoce la materia prima con la que trabaja, el resultado es mucho más satisfactorio de lo que cabría esperar. 
Por otra parte es comprensible que muchos no soporten ésta película debido a ese montaje lleno de colorines, locura y frenesí. De hecho, a mí me costó bastante entrar en el juego durante el primer visionado, pero una vez acostumbrado a esa Matanza de Texas videoclipera, todo es un camino de rosas (lo que no significa que la película no pueda parecerte un truño y punto, claro está).
Pero a Rob Zombie parece que no le interesaba hacer una película tan realista y seca como La matanza de Texas, ya que, aunque se note su influencia, el film de Zombie sólo conserva la esencia más básica; La granja en mitad de ninguna parte. La familia de psicópatas. Las víctimas en mitad de una situación grotesca y demencial. Todo ello aderezado con buenas dósis de satanismo redneck. 
El resto es pura fantasía (la recta final con esos monstruos biomecánicos) y locura sin complejos, al contrario de lo que ocurría en la película de Hooper, dónde el espectador era testigo de unos actos que perfectamente podrían darse en la realidad, tanto por su sobriedad como por su verosimilitud. Se podía empatizar con las víctimas, mientras que en el film de Zombie esto resulta casi imposible debido a que, aunque el envoltorio pueda parecer creíble (familia de locos, por qué no), todo el contenido es puro cómic y chuflas ultraviolentas y malhabladas. Y admito que me encanta.  

Rob Zombie sabía lo que podía dar de si lo que tenía entre manos, así que, al igual que ocurre con La matanza de Texas y otras tantas películas de terror clásicas, creó varios elementos icónicos, como el personaje del Capitán Spaulding (mucho más aprovechado en la secuela) o el Dr. Satán. 
Otro punto a favor, puesto que cuando una película cuenta con personajes u objetos icónicos, es porque algo se ha hecho bien, y además, cuando existe algo que ayuda a identificar fácilmente la película (la motosierra de Cara Cuero, la máscara de hockey de Jason, el guante de cuchillas de Freddy, etc.), contribuye a que ésta pueda terminar convirtiéndose en un título de culto. 
No es una garantía de éxito, obviamente, pero sí una ayudita. 


CONTINUARÁ...

lunes, 30 de julio de 2012

Hobo with a shotgun


Imagino que todos recordaréis el año en que se estreno el díptico Grindhouse, formado por las excelentes Planet Terror y Death Proof, de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino consecutivamente. 
Gracias a estas dos películas (o película única en EEUU) se puso de moda el terror retro, el gore, las salvajadas, la violencia gratuita y los argumentos absurdos tan propios de los años 80, esa década en la que todo valía. Desde un policía resucitado gracias a la robótica, hasta un DeLorean capaz de viajar en el tiempo y funcionar con basura.
Fruto de aquella fiebre retro se han producido películas como Machete, Zombies Nazis, The house of the devil, y otras tantas  que trataban de emular el espíritu libre y loco del cine fantástico ochentero, sinembargo, bajo mi punto de vista la que mejor ha logrado este tono ha sido Hobo with a shotgun, que al igual que Machete, surgió gracias a un falso trailer que posteriormente se convirtió en la inexistente película que anunciaba. 
Hobo with a shotgun (el título de por si tiene miga...) narras las aventuras y desventuras de un vagabundo que llega a un pueblo aterrorizado por una banda criminal liderada por una especie de mafioso obsesionado con ser creativo a la hora de asesinar y provocar miedo, y sus dos hijos psicópatas que parecen sacados de una versión hardcore de El club de los cinco. 
Este vagabundo será testigo de innumerables barbaridades, además de sufrir la violencia en sus propias carnes, lo que le llevará a coger una escopeta y empezar a repartir justicia en forma de cartuchazos. 

Los créditos iniciales y la música que suena (que no sé si sería intención del director o no, pero se parece mucho a la de Holocausto Canibal) ya nos hacen saber que estamos ante un sentido homenaje al cine ochentero más cafre que podamos imaginar, y os aseguro que a lo largo del metraje seremos testigos de muchas salvajadas, multitud de momentos pasados de rosca y bastante humor negro. 

La banda sonora, la estética de algunos personajes, la falta de vergüenza a la hora de mostrar todo lo que al director le ha salido de los cataplines... todo nos remite a los 80.
No sé hasta qué punto será cierto o sólo imaginación mía, pero creo que uno de los referentes principales de Hobo with a shotgun podría ser Street Trash, ya que ambas comparten el uso de una violencia tan explícita y exagerada que termina siendo caricaturesca y cómica.
El uso de planos frenéticos y bruscos también es similar en ambas películas, incluso la presencia de colores chillones es idéntica. 

Hay secuencias que arrancarán las carcajadas de más de uno, como ese momento en el que uno de los miembros de La Plaga (ya veréis quiénes son La Plaga) está tachando las fotografías de sus objetivos eliminados. Bien, una de las fotos marcadas es de... ¡Jesucristo! 
Otro momentazo que no debería hacernos reír, pero como yo estoy enfermo me partí de risa, es ese en el que suena Disco Inferno. No diré más. 

lunes, 9 de abril de 2012

The Dead


Hay quien piensa que quizá tengamos una sobredosis de zombies considerable, en televisión, cómics, literatura y cine, pero yo opino que nunca es demasiado. Nunca hay demasiados zombies.
Lo bueno de explotar algo es que, tarde o temprano, aparece alguna joya por ahí. Quiero decir que si sólo se hace una o dos películas de zombies (o vampiros o lo que sea), es probable que sea un bodrio, pero si se hacen muchas, hasta hartar y tocarle los huevos a cierto público, seguro que al final encontramos una buena película. Concretamente los zombies creo que han salido muy bien parados en ese sentido, ya que hay buen material, y prueba de ello son títulos como Amanecer de los muertos, 28 días después (que sí, ya sé que no son zombies, sino infectados, pero la mecánica es la misma), u obras literarias como Guerra Mundial Z o el cómic The Walking Dead, así como su correspondiente y notable adaptación a serie televisiva.
Se está abusando de los zombies, cierto, pero creo que en este caso hay más material bueno que malo. 


El cine de zombies es uno de los más propicios para la innovación, y es que es casi obligatorio inventar cosas nuevas dentro de este subgénero para no resultar cansino y repetitivo, aunque bueno, esto es aplicable a cualquier género.
The Dead  es una película de zombies bastante común, aunque sí que es cierto que innova en algo; el escenario donde transcurre, es decir, África. 
El paisaje desértico, enorme, caluroso y salvaje resulta agobiante, y la sensación de constante amenaza está presente durante todo el metraje. 
Muchas veces las películas de zombies usan a estas putrefactas criaturas como elemento alegórico para contar algo más, un trasfondo, pero The Dead es una película de muertos vivientes pura y dura, sin segundas lecturas ni metáforas. Porque aquí hay zombies para dar y regalar, a mansalva. Es raro el minuto de metraje en el que no hay un zombie intentando comerse al protagonista o dando tumbos en segundo plano, ignorando a todo el mundo. Están ahí, vagando por toda la maldita sabana africana.
El guión es más simple que el mecanismo de un botijo, pero esto se compensa con un ritmo muy acertado que en ningún momento decae, llenando la película de tiros, gore y muchos zombies. No puedo pedir más. 
Otro elemento que debería estar presente en toda película de zombies que se precie (rectifico: en cualquier película que se precie, a secas) son los cabos sueltos, y en esta película los hay. Para empezar, el origen de la resurrección de los muertos no se explica (aunque quizá se de una pista. La pista en sí es otro cabo suelto), como tampoco se nos dice qué ocurre con la humanidad y los protagonistas tras el apocalíptico acontecimiento. 
Por mí perfecto. Mejor ahorrarte explicaciones y quedar como un caballero, que pasarte de listo y cagarla.


¡Ah! se me olvidaba comentar que en breve (aunque aún no es seguro) abriré un nuevo blog dedicado exclusivamente a los estrenos cinematográficos, sin dejar de lado Motivos para levantarse, claro está. Mi idea es actualizar una vez por semana cada blog, y si el tiempo libre me lo permite, dos veces. 
Ya os iré contando. 

lunes, 16 de enero de 2012

Cine de medianoche: Phantasm


Phantasm es, posiblemente, una de las películas de terror más desconcertantes y extrañas que he tenido el placer de ver, alejándose de tópicos y planteando una trama ciertamente siniestra, con una ambientación que pone los pelos de punta. 
Dos hermanos descubren que en la morgue del cementerio de su pueblo está ocurriendo algo raro, y según parece, los extraños acontecimientos están relacionados con un misterioso hombre alto trajeado. Esta es la premisa con la que Don Coscarelli, el director, desarrolla una película que parece combinar ciencia ficción, terror y, si nos ponemos tiquismiquis, incluso llega a parecer una buddy movie terrorífica.  

Salta a la vista que Phantasm no es una superproducción y que sus medios son bastante escasos, es obvio que Coscarelli quería sacar adelante esta película, como tantos otros cineastas con ganas de mostrar al mundo su obra pese a las adversidades (osea, la falta de dinero).


Pese a todo, Phantasm cuenta con unos efectos especiales más que dignos y una puesta en escena perturbadora y onírica, que rezuma aires pesadillescos y opresivos. Lo que quiero decir es que los fallos técnicos y argumentales que esta película puedan tener son compensados con una ambientación sobresaliente y desconcertante. 
Quizá el ambiente onírico no sea casualidad, pues el germen de este filme tiene su origen en un sueño (pesadilla, diría yo) del director. 
Coscarelli incluso se permite el lujo de dejar numerosos cabos sueltos. Y se agradece, pues no siempre gusta que todo sea explicado al detalle como si los espectadores fuesen tontos. 

La película cuenta incluso con su propia iconografía, quizá no tan conocida como el famoso guante de Freddy Krueger o la máscara de hockey de Jason Voorhees, pero igual de mítica para los aficionados al género. El misterioso hombre alto (interpretado por Angus Scrimm), sus esbirros enanos, y las mortíferas esferas voladoras asesinas, que ya han pasado a formar parte de la historia del cine de terror.
En resumen, una película de terror atípica, hecha con cariño y que merece la pena ver sí o sí.

Existen tres secuelas. No he visto ningua, pero pronto me pondré con ello. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Muerto el 4 de julio


El dúo William Lustig y Larry Cohen (director y guionista, respectivamente), que ya nos regalaron ese clásico de culto que es Maniac Cop, volvieron a las andadas en 1997 con un slasher completamente desfasado y en una época en la que no encajaba, titulado Muerto el 4 de julio.
La primera vez que vi esta película fue en Antena 3, hace ya muchos años, en un programa que emitían una vez a la semana de madrugada y en el que ponían películas de terror bastante malas. Nunca había escuchado hablar de Muerto el 4 de julio, ni por aquella época sabía quien diablos era William Lustig, pero lo que si sé es que la película en cuestión me pareció un bodrio infumable. 
Años después (esta misma tarde, concretamente), quise revisar este curioso slasher, y la verdad, ha mejorado muchísimo, aunque técnicamente hablando siga siendo una basura.

Lo primero que llama la atención de esta película es que va más allá del típico slasher en el que un psicópata enmascarado se dedica a asesinar a todo bicho viviente. Durante todo el metraje se hace una clara sátira hacía el patriotismo extremo, además de enviar un mensaje antibelicista directo y contundente. 


El argumento trata sobre un militar que muere accidentalmente en combate eliminado por su propio ejército. Esto provoca la resurrección de Sam, que saldrá de la tumba invadido por una sed de venganza que sólo saciará asesinando a cualquier persona que dé señales del más mínimo antipatriotismo y que no actúe como un buen ciudadano americano. 

La película no destaca especialmente en ningún aspecto y, posiblemente, si le quitásemos el elemento satírico y caricaturesco del guión, perdería el poco fuelle que de por sí tiene, pero gracias a la nada sutil crítica que hace, Muerto el 4 de julio se convierte en una curiosa y entretenida película de terror que, imagino, no debió gustar demasiado al gobierno americano. 
Eso si, los asesinatos que lleva a cabo Sam son de lo más imaginativos, y van desde empalar con una bandera americana, hasta volar por los aires a un político corrupto a base de fuegos artificiales. 
No es una película que recomiende a todo el mundo porque, a decir verdad, es bastante mala, pero a mí personalmente me parece un filme sin pretensiones que da lo que ofrece y no aburre. No hay que pedir mucho más a este tipo de cine.

En el reparto encontramos varios rostros conocidos, como a Isaac Hayes, Robert Forster o Bo Hopkins.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Cine de medianoche: Videodrome


Cuando se habla de David Cronenberg es difícil no pensar en el concepto de la nueva carne, algo muy propio de este director y del subgénero cyberpunk, pero ¿qué es la nueva carne? ¿en qué consiste esta idea? Básicamente en la unión biomecánica del cuerpo con máquinas, creando así nuevas extensiones anatómicas, para bien o para mal. 
Es en videodrome donde Cronenberg explora más intensamente este concepto, pero sería injusto no mencionar a la más reciente eXistenZ, cuyo planteamiento es idéntico, aunque el contenido no lo sea tanto. 

Videodrome nos plantea de forma alegórica, explícita y directa las consecuencias a niveles psíquicos que puede ocasionar ver violencia y otro tipo de información por televisión (o internet, si nos ajustamos a los tiempos que corren).
Cronenberg eleva todo esto a su máximo exponente, y pone a Max, el protagonista, en mitad de una espiral de violencia, complots y sangrientas alucinaciones psicodélicas que tiñen de pesadilla lo que realmente está viviendo el protagonista.


Esta película requiere de un segundo visionado casi obligatorio, como todos los filmes con diferentes lecturas. Además, en un principio puede resultar confusa ya que, como he mencionado antes, la realidad del protagonista se ve gravemente alterada tras recibir las ondas de videodrome, cuyo objetivo es ser emitidas a gran escala para controlar la mente de las personas que se expongan a ellas. 
De modo que finalmente tenemos a Max, un antihéroe que acaba revelándose hacia quienes lo controlan, enfrentándose al sistema bajo el lema muerte a videodrome. Larga vida a la nueva carne, y la historia, una vez nos hemos familiarizado con ella, se simplifica considerablemente, sin perder por ello un atisbo de fuerza. 

Después de haber asimilado como espectadores que no todo lo que vemos en la película es real y que hay que diferenciar realidad y fantasía (tengamos en cuenta nuevamente que la película se narra desde el punto de vista de un hombre que ha sido mentalmente alterado), aún quedan muchos temas en el tintero, como la metáfora sobre la extrema unión entre el hombre y la televisión (y repito, hoy en día habría que añadir internet y las redes sociales), y la forma en que todo esto puede afectar negativamente a una persona.
En la película incluso llega a plantearse la idea de que la realidad televisiva sea más real e importante que la realidad fuera de la máquina, y esto se podría traducir hoy en día en el abusivo uso de redes sociales, que en algunos casos hacen pasar a segundo plano la vida real, así como la necesidad de estar enganchados a estas para sentir que formamos parte de la sociedad. Esto queda impreso en Videodrome, cuando vemos un centro de ayuda a vagabundos que le proporciona un televisor a cada uno de ellos con el fin de que se sientan integrados. 


Pero la cuestión principal que plantea el filme es, bajo mi punto de vista ¿puede la televisión y los medios de comunicación alterar nuestra mente de alguna forma o, como mínimo, hacernos cambiar de opinión?  Yo personalmente creo que sí, y que ese es el mensaje que Cronenberg nos transmitió con esta película mediante el uso de metáforas camufladas de alucinaciones, como esas cintas VHS que los creadores de videodrome introducen en el reproductor de vídeo orgánico que Max desarrolla en el vientre, en las cuales están grabadas las instrucciones que este debe acatar.

La película está protagonizada por el siempre magistral James Woods, acompañado de Deborah  Harry (la cantante del Blondie, que por cierto, es una actriz pésima).
La banda sonora corre a cargo Howard Shore, y los efectos especiales del gran Rick Baker.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cine de medianoche: La matanza de Texas 2


Hablar de La matanza de Texas 2 es hablar de una película radicalmente opuesta a su predecesora, ya que el director, Tobe Hooper, decidió mostrar en esta entrega todo lo que en la anterior únicamente se insinuaba. Dejó de lado la “elegancia” y discreción de la original para mostrarnos una orgía de sangre, locura, vísceras y violencia gratuita, y esto convirtió a La matanza de Texas 2 en un demencial referente casi tan importante como la película original de 1974.

El argumento nos cuenta la historia de una locutora de radio que es atacada por la mortal familia de matarifes locos, y es que cuando estos descubren que la chica tiene en su poder una grabación radiofónica que los puede poner en apuros, pondrán toda la carne en el asador para tratar de hacerse con dicha grabación y, de paso, matar a alguien.
Ya el argumento deja entrever que la película no tiene absolutamente nada que ver con la primera parte, la cual estaba más centrada en narrar una historia verosímil, cruda e impactante, mientras que esta secuela es más bien una autoparodia llevada a cabo por el propio director, que quiso llevar hacer algo más cómico, bizarro y gore.
Los problemas empezaron justo ahí, en la violencia y casquería de la que esta película hacía gala. Hooper tuvo que hacer varios recortes en el metraje para no llevarse una clasificación X, pero es que aún con los recortes, la película seguía siendo una salvajada que incluía destripamientos, despellejamientos, mutilaciones y un humor negro que no hizo demasiada gracia a los productores, de modo que le colocaron la X igualmente. Para evitar que la película acabase proyectada únicamente en circuitos pornográficos, le pusieron la etiqueta “sin catalogación”, de modo que podría proyectarse en cines comerciales, pero las películas con dicha etiqueta no podían ser anunciadas ni en televisión, ni en radio, ni nada de nada, así que podéis imaginaros el éxito de taquilla que pudo tener.  Eso mismo contribuyó a que hoy en día se considere una película de culto que, personalmente, me parece una joya del salvajismo ochentero.


Otra cosa que tampoco gustó demasiado a los productores fue la extrema violencia gratuita y alocada que rezumaba el filme, lo que les hizo pensar que algunas secuencias se rodaron bajo la influencia de sustancias alucinógenas, y la verdad es que estando Dennis Hopper en el reparto, me lo creo.
De todas formas esa atmósfera gótica y demencial, salpicada de sangre y escenas pasadas de rosca (el inicio, sin ir más lejos), así como la desmitificación de los personajes, en especial de Cara Cuero, y el hecho de que media película esté improvisada (el guión sufría cambios casi diariamente, de modo que aquello era un caos) convierten a La matanza de Texas 2 en una obra maestra del cine chusco.

Pero la pregunta del millón es ¿Es esta segunda parte mejor que la original? Digamos que es un buen complemento, pero le pasa igual que a Alien y Aliens: el regreso, dos películas que tratan de lo mismo, pero contadas de forma distinta y con tonos muy opuestos, lo que hace que compararlas sea complicado y casi injusto. 
Mientras que La matanza de Texas es una brutal historia sobre algo que podría ocurrir, contado de forma casi documental y sucia, centrándose en crear una atmósfera perturbadora y realista, La matanza de Texas 2 opta por el chiste (uno de los pósters parodia el cartel de El club de los 5), la exageración y la caricatura grotesca. 
Lo que está claro es que ambas películas son ejemplos de extraordinario cine de terror, de ese que ya apenas se hace.
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