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jueves, 19 de junio de 2014

Fargo, la serie


Bueno, supongo que a estas alturas ya estamos casi recuperados de las pajas que nos hicimos con Breaking Bad y True Detective, dos grandísimas series que han conseguido que a aquellos que las hemos visto, todo nos sepa a poco, lo cual nos lleva a la búsqueda de un material que, si bien es posible que no esté a la misma altura, al menos nos haga sentir algo parecido a las experiencias que nos regalaron ambas series. 

Cuando se anunció que Fargo iba a convertirse en una serie de televisión, pensé que sería una adaptación literal de lo que vimos en la película, pero alargándolo durante cuatro o cinco temporadas, y además de eso, por alguna razón, tenía el presentimiento de que el resultado sería mediocre. Pues bien, iba mal encaminado en todos los sentidos. 
Fargo no sólo ha resultado ser una serie mejor de lo que esperaba, sino que directamente es sobresaliente en todos los sentidos, tanto a nivel técnico como artístico. Y los que busquen algo parecido a Breaking Bad, es posible que Fargo les satisfaga, porque aunque argumentalmente hablando no tienen nada que ver, sí que hay puntos en común entre ambas series, como esos prólogos explicativos, el protagonista que trata de eludir a la ley por los pelos, o la facilidad con la que engancha y capta la atención del espectador gracias a una historia sencilla, directa y llena de momentos inesperados y desconcertantes.

En lo referente a la relación entre Fargo serie y Fargo película, he de admitir que apenas hay nada que las relacione, salvo algún guiño que sólo captarán aquellos que hayan visto la película. Quiero decir, la serie puede verla cualquiera, pero si has visto la película, la disfrutarás más. 
No es una secuela del filme de los Hermanos Coen, ni una adaptación seriada, sino una historia criminal y enrevesada que transcurre en el mismo lugar que la película. 
Podría decirse que hay más guiños a la filmografía de los Coen, que a la película concreta en que se basa la serie, de modo que los que estén atentos captarán sutiles referencias a El gran lebowski, Sangre Fácil o No es país para viejos (todo el personaje de Billy Bob Thornton es una referencia a esta película, ya que su personaje es un calco al que interpretaba Javier Barden en aquella cinta).

Por lo demás, es una serie que destila el estilo Coen al 100%, combinando tensión, violencia, sangre, surrealismo y mucho humor negro, y, como viene siendo habitual en las series de categoría actuales, la estética es puramente cinematográfica y no tiene nada que envidiar a la factura técnica y artística de cualquier película decente. Huelga decir que la labor del reparto es sencillamente perfecta, especialmente el trabajo de Billy Bob Thornton y Martin Freeman; el primero como eficaz e inhumana máquina de matar, y el segundo como personajillo simpático y perdedor que poco a poco se va convirtiendo en el Demonio. 
Mención especial merece el guión, el cual consigue que con tan sólo diez episodios le tengamos cariño, miedo o asco a los personajes, según sean dignos de una cosa u otra, además de la capacidad de la historia para atrapar al espectador desde el primer episodio hasta el último, y sin necesidad de alargar la trama innecesariamente durante incontables temporadas. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El Gran Lebowski



Vi esta película durante mi época anti-comedias. Sí, tuve una racha en la que consideraba a la comedia un género menor que rara vez conseguía hacerme reír. Por suerte hace tiempo que cambié el chip y me di cuenta de que esa forma de pensar es de idiotas, pero en cualquier caso El Gran Lebowski consiguió hacerme llorar de risa incluso durante aquella época. 

Que los Hermanos Coen son unos cineastas peculiares es algo indiscutible, y que da igual el género que traten porque siempre le darán su toque especial e inconfundible. 
Antes de El Gran Lebowski ya tocaron la comedia en Arizona Baby, pero pese a ser dos películas del mismo género y hechas por los mismos creadores, no se parecen en nada.
Arizona Baby es algo así como una película de dibujos animados llevada a la imagen real, llena de exageración, golpes, explosiones y locura, pero El Gran Lebowski se aleja de todo eso y toma caminos más cercanos al thriller, con un tono más comedio y menos caricaturesco. 
Un momento, ¿qué estoy diciendo? ¿comedida? ¡Y una mierda! Vale que El Gran Lebowski es menos caricaturesca que la anterior comedia de los Coen, pero de comedida tiene lo que yo de cura. 

Hablar del tono de ésta película es algo complicado, ya que considero que resulta inclasificable. Por un lado tenemos una parte de comedia pura y dura, con toques absurdos y diálogos absolutamente geniales y descacharrantes, pero por otra parte existen en la historia ciertas reminiscencias y momentos "inquietantes" que, igual voy a decir una locura, pero me recuerdan poderosamente al David Lynch de Terciopelo Azul o Twin Peaks. Sé que es complicado de asimilar esto que acabo de decir, pero desde el primer visionado de El Gran Lebowski me pareció  una película con un toque misterioso y extraño que la convierte en una comedia aún más rara. 
Por una parte tenemos un misterio que debe ser resuelto, y que hará que los protagonistas se vean envueltos en situaciones de lo más variopintas, peligrosas e incomprensibles. 
Otra cosa que no faltan son los personajes marcianos. Creo que, salvo el personaje de Steve Buscemi o el protagonista, El Nota, no hay ni un sólo personaje que no sea como mínimo excéntrico. 
Y luego están los momentos oníricos, que obviamente no tienen el carácter pesadillesco de Lynch, pero bueno, ahí están. 

Que esta película tenga cosas en común con el cine de David Lynch es sólo una teoría mía, porque la he visto tantas veces que la sobreanalizo, y mira que es algo que detesto hacer... 
De lo que no cabe duda es de que El Gran Lebowski es una de las comedias más peculiares y divertidas que jamás podrán verse, y que se ha convertido por méritos propios en un filme de culto con religión propia incluida. 
Los personajes principales son todos puro carisma, empezando por El Nota y su inseparable compañero  de fatigas Walter (dos tipos totalmente opuestos que, aún así, se quieren. Uno, un agresivo y trastornado veterano de Vietnam; el otro, un hippie pacifista que sólo quiere vivir en paz y que no le toquen los huevos), o Donnie, ese pobre personajillo al que nunca dejan hablar, y que cuando consigue articular alguna palabra es ninguneado y mandado a callar. 

Pero es que incluso los personajes secundarios son geniales: Jesús, que posiblemente no aparezca más de 2 minutos en pantalla y aún así ha conseguido convertirse en uno de los personajes más recordados y graciosos de la película, sin contar su mítica escena de presentación a ritmo de los Gipsy Kings.
Los nihilistas, una banda de delincuentes-músicos o lo qué coño sean. Tipos que actúan raro, visten raro y que posiblemente ni ellos mismos sepan lo que quieren. 
Otro personaje que apenas aparece en pantalla es el policía que entrega a El Nota su coche desaparecido, pero sus escasos segundos en pantalla me provocaron no pocas carcajadas. 
Y así podría enumerar a todos y cada uno de los personajes que aparecen a lo largo del metraje, pero sé que no queréis que os dé la chapa. Todos son puro carisma, como la propia película. 
Una comedia redonda en la que confluyen una serie de elementos que la convierten en, no sólo única en su género, sino también buenísima y terriblemente divertida. Y es que cuando juntamos a un reparto de lujo (Jeff Bridges, John Goodman, Steve Buscemi, John Turturro, Philip Seymour Hoffman y Julianne Moore), un guión atípico, con ritmo y perfectamente ensamblado, unos momentos cómicos que se quedan grabados en el coco, unos personajes carismáticos e inolvidables, por muy poco que aparezcan en pantalla, y una banda sonora repleta de buenas canciones, el resultado tiene que ser forzosamente una película sobresaliente, y así es. 
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