¡Venga, hablemos de El lobo de Wall Street, esa película de la que habla todo el mundo! ¡Lancemos por la borda la originalidad y unámonos a la masa y los rebaños!
No, en serio, vale la pena hablar de esta película, maldita sea.
Cuando se empezó a hablar de la nueva película de Scorsese y vi que la cosa tenía como telón de fondo Wall Street pensé ¿una película de economía? ¡Vete a cagar! (en realidad la habría visto de todas formas porque la dirige Martin Scorsese, y aunque hiciese un documental sobre los ritos de apareamiento de las babosas, iría a verlo sólo por ser él), y es que, después del fútbol y la política, lo que más me aburre en esta vida es la economía.
Hasta el día en que salió el primer trailer. Un trailer frenético que dejaba claro que aquello tenía de economía lo que tengo yo de cura.
La película narra la historia real de Jordan Belfort, un broker de Wall Street que supo forrarse de la noche a la mañana usando técnicas de venta poco legales, pero por suerte la película no se centra en las ventas, la bolsa ni en nada de eso, sino que nos cuenta lo que Belfort hacía con el dinero, es decir: fiestas, putas, drogas, barcos y excentricidades de todos los colores. De eso va El lobo de Wall Street para fortuna de todos, de un grupo de personas de origen humilde que en cuestión de días se hicieron millonarios, y todos sabemos que hay gente que se vuelve peligrosa e irresponsable cuando tiene demasiada pasta en el bolsillo.
Y no esperéis una película edulcorada y suave como nos tienen acostumbrados en Hollywood, porque pese a tratarse de una cinta puramente comercial, tenemos tacos cada 2 segundos, desnudos, sexo y tantas rayas de cocaína que a los 20 minutos de metraje ya había perdido la cuenta de las que se habían esnifado.
El lobo de Wall Street, pese a sus 3 horas de duración, se pasa en un abrir y cerrar de ojos gracias a su ritmo endiablado y al constante desfile de escenas loquísimas y salvajes, a cada cual más bestia y depravada, y de las interpretaciones de Dicaprio y Jonah Hill no digo nada porque seguro que ya habéis leído mil veces que son fantásticas. De hecho tengo la sensación de que estoy escribiendo esta reseña con bastante retraso y que me estoy limitando a repetir lo que ya se ha dicho hasta la saciedad.
Scorsese dirige de puta madre, la banda sonora es un pasote y bla, bla, bla. Todos sabéis ya lo que hay que saber, ¿qué pinto yo aquí entonces?
Así que no hablemos más de la película, que ya sabéis que es buena y hay que verla. Hablemos de la gente y de los espectadores Flanders y mojigatos que se han escandalizado. Sí, por lo visto se han dado multitud de casos de gente que se ha echado las manos a la cabeza al descubrir que El lobo de Wall Street hace apología de las drogas y la vida loca, y yo pregunto: ¿sois tontos?
Entiendo que no es una película para verla en familia, pero de ahí a insinuar que incita al consumo de drogas me parece que hay un trecho insondable. Es como decir que La matanza de Texas incita a asesinato con motosierra sólo porque el villano sale indemne del asunto, sin morir ni ser ajusticiado.
En fin, dejando de lado las polémicas y a los mojigatos hiper sensibles de siempre, lo único que puedo es recomendar esta gran película con la que pasar un rato realmente divertido.
Para mí es desde ya una de las mejores películas del 2014, sin duda.
